¡A la UPR se le respeta!

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A la memoria del Dr. José Toro-Alfonso.

Imagínese que a usted le llega una carta solicitándole que debe entregar su estado financiero a un pariente lejano en 30 días durante las fiestas navideñas.

A la saliente presidenta interina, la Dra. Celeste Freytes González, se le exigió abrir la cartera Institucional en diciembre de 2016, con el propósito de vaciar aún más sus arcas. De ahí surgen las expresiones del secretario de Asuntos Públicos de la Fortaleza, Ramón Rosario Cortés, quien asegura el incumplimiento de la Dra. Freytes al no entregar el estado financiero al extinto Comité de Transición del gobierno entrante, demanda histórica para la Universidad de Puerto Rico, la cual no está obligada a realizarlo.

Como política institucional, la UPR posee autonomía universitaria. Por ende, el Estado y cualquier organismo autorizado por el gobierno de los EEUU no deben interferir por deferencia a la centenaria Universidad, mucho menos entrometerse en sus finanzas sin importar circunstancia alguna, incluyendo la actual debacle fiscal, provocada por gobernantes/administradores y sus políticas públicas mediocres desde antaño.

La Junta de Supervisión Fiscal (JSF), presidida por José B. Carrión III, hace un mal mayor al realizar la fría, distante y onerosa recomendación al gobernador Ricardo Rosselló Nevares de recortar $300M del presupuesto perteneciente al centro de educación superior más longevo, grande, prestigioso y productivo del País, adicionales a la trastocada fórmula de financiamiento de 9.6%, realizada por el ex-gobernador penepeísta, Luis Guillermo Fortuño Burset.

También la JSF propuso, y el gobernador sin pereza agiliza, la avara movida contra nuestra institución, su estudiantado, su docencia y sus no docentes para alzar el costo de la matrícula por medio de una matrícula ajustada a los ingresos familiares, provocar el recorte de la oferta académica, aumentar la ya cargada agenda docente y negar asignación económica a los fondos correspondientes para el mantenimiento, las mejoras, los programas y los servicios ofrecidos por la UPR. Ello representa una estocada directa y sin tapujos a la zapata fiscal institucional.

¿Cómo es posible que vengan hablando de crisis económica por décadas y el gasto operacional del gobierno sea mayor cada cuatro años? ¿Cuál es la justificación para el exorbitante doble salario de Julia Keleher? Y ¿por qué todavía no se ha contratado a personal capacitado y experimentado de la UPR para asesorar y ejecutar en el gobierno, al menos parcialmente?

Cualquier gobernante y organismo –anterior, actual o posterior– deben saber que la Universidad de Puerto Rico es el mejor proyecto de País con el que contamos y el que defenderemos. La UPR es, a su vez, una inversión a futuro y la que mayores frutos provee hoy día. Pero el hecho de que sea una joya y un tesoro no autoriza a la Junta ni al gobernador a saquear su alcancía con pasmosa tranquilidad. La UPR, repito, es una excelente inversión, no un gasto y mucho menos una alcancía para cuadrar la chequera gubernamental.

Si el gobernador y la Junta de Gobierno de la UPR la viesen como ese proyecto trascendental de País harían lo imposible por impedir que la JSF imponga atenuar la Institución. Tampoco el gobernador permitiría que su gabinete se inmiscuya en la misión, las funciones y las finanzas de la UPR. No se atrevería, además, allanar ni acortar el camino de la excelencia académica, investigativa y creativa con otras instituciones de menor envergadura pero mercantiles y dejaría de pensar en vender algunos Recintos a la competencia. ¡Once Recintos, Una UPR!

Dr. Rosselló, su responsabilidad ministerial con la UPR es salvaguardar nuestro primer y único centro docente público. Mientras, el compromiso y el derecho de la UPR en esta coyuntura histórica es velar y hacer valer que la UPR sea intocable por ningún gobierno o junta de paso.

Sépanlo, el ensañamiento con la UPR de parte de la JSF y el gobierno penepeísta es uno de índole político, pero con la apariencia y el pon de ser económico.

Ninguna presidenta interina, junta institucional ni la Universidad deben estar dispuestas a entregar obligadamente o voluntariamente sus estados financieros ni los de la UPR para auto aniquilarse.

¡A la UPR se le respeta!

Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 

Publicado en:

http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/alauprselerespeta-columna-2295797/

El Nuevo Día, Opinión-Tribuna Invitada, Lunes, 27 de febrero de 2017. Web

Once recintos, una UPR

 

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Michelle Gotay Morales

 

La educación es el arma más potente para cambiar el mundo (Nelson Mandela).

Con la creación de la Universidad de Puerto Rico el jueves, 12 de marzo de 1903, nuestra Isla emprende el proyecto de educación superior más prestigioso hasta hoy día. Esto es así porque durante el año en curso el Recinto de Mayagüez logró colocarse entre las mejores 1,000 universidades a nivel mundial, según el Center for World University Rankings. Mientras, la UPR como institución logró posicionarse en el puesto 59 de 526 universidades iberoamericanas, establecido por el Ranking Iberoamericano, debido a su excelencia académica, no obstante esa posición alcanzada debe producir un estímulo adicional en la Universidad.

Consiste en promover con ahínco la investigación, pero no solo la docente, sino también la estudiantil. De esa manera, la producción intelectual de la juventud emprendedora será conocida con igual importancia y pertinencia que la docente a través de publicaciones en revistas académicas, pertenecientes a los once recintos universitarios y sus respectivas facultades y escuelas, y, a su vez, se den a conocer en el exterior.

En el mundo competitivo actual, tener la oportunidad de publicar investigaciones en revistas académicas y libros siendo estudiantes puede ser la llave que posibilite ingresar a una escuela graduada de los once recintos e incluso posteriormente integrarse al claustro de la Universidad de Puerto Rico o fuera del país. Además, el Estado debe mejorar la disponibilidad de becas para los/as estudiantes graduados/as.

Sus acervos bibliotecarios son imprescindibles y de incalculable valor, y pueden aportar nuevos horizontes investigativos. De ahí, la importancia de preservar las colecciones bibliotecarias de los recintos e impulsar una mayor diseminación de conocimiento con investigaciones noveles y de envergadura a través de revistas académicas y la Editorial, que aquilatan el buen nombre de quien la escribe y de la institución. También debe fomentarse más la importancia educativa, social y cultural que provee el presentar sus investigaciones o proyectos artísticos en conferencias y simposios o exhibiciones tanto locales como internacionales. La investigación académica y artística, y su cultura enaltecen el prestigio de nuestra Universidad glocalmente y, por ende, deben ser prioritarias su promoción y respaldo aún en medio de grandes crisis fiscales y económicas.

Otro asunto acuciante es su plan académico y su proyección nacional, las que deben valorar con igual importancia tanto a las facultades y escuelas con una visibilidad en su rentabilidad, las ciencias, las ciencias ambientales y las ciencias ecológicas aplicadas y la administración de empresas, entre otras, como aquellas con una invisibilidad en su productividad, como es el caso de las humanidades, entre otras.

Un ejemplo reciente de intentar hacer del Recinto de Río Piedras uno mercantil, fue cuando al Departamento de Estudios Hispánicos, uno de los más longevos y reconocidos, fuera puesto “en pausa” en 2011, mientras a otros los pusieron en una lista para tomar acción sobre ellos después. Una reflexión atinada sobre la literatura y el poder la hizo la primera directora del Programa de Estudios de la Mujer y Género Mara Negrón Marrero en medio de la más reciente huelga universitaria durante su segundo año consecutivo en 2011, y dice así: “Constato una gran distancia entre lo que enseño y lo que hacen y dicen las instancias de poder que ostentan los cargos más importantes del país”. Se me hace urgente hacer constar que todas las facultades y escuelas de la Universidad de Puerto Rico acrecientan por igual su brillo y brío con investigaciones, presentaciones o exhibiciones.

En adición, la educación de los once recintos debe ser como la profesada por el educador brasilero Paulo Freire, “La educación debe ejercer la libertad y la creatividad” y debe además estar edificada “sobre cimientos de verdad y sobre bases de bien”, según manifestara el educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos y Bonilla.

La UPR no sin retos tiene de frente un futuro esperanzador.

Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

 

Miércoles, 14 de diciembre de 2016.

http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/oncerecintosunaupr-columna-2272194/

 

Francisco Matos Paoli, El Cantor Nacional

 

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Por: Michelle Gotay Morales[1]

 

 

A Ángel Darío Carrero Morales

Este ensayo es una introducción biográfica y literaria del poeta lareño y nacionalista Francisco Matos Paoli, y traza, a su vez, la teoría poética en su quehacer de escritor lírico y prosista.

 

1. Bi(bli)ografía mínima de Francisco Matos Paoli

Creo firmemente que Matos Paoli es

en este momento el poeta lírico

más profundo y original

con que contamos en Puerto Rico. 

– Dra. Margot Arce de Vázquez

Carta-Prólogo, Teoría del olvido (1944)

 

Me pasma cada vez la fecundidad,

la frescura, la soltura de su poesía.

El poeta se hace, y claro que se nace

ya predestinado. Usted nació y se hizo.

 

– Dr. Jorge Guillén

Carta a Matos Paoli, 2 de enero de 1977

 

Francisco Matos Paoli nace en Lares, Puerto Rico, el martes 9 de marzo de 1915. Su pluma comienza a verterse a borbotones con el fallecimiento de su progenitora Susana Paoli Gayá, el 28 de marzo de 1930. De este acontecimiento, Matos Paoli expresó que fue “muy doloroso”.[2] Desde entonces, su quehacer literario será imparable hasta su muerte, el sábado 10 de julio de 2000, con ochenta y cinco años. Cuenta con más de setenta poemarios publicados y sobre cien inéditos, aunque su quehacer se extiende al diario, las epístolas-críticas y los ensayos de teoría y crítica poética.[3] Sus artículos y entrevistas sobrepasan los doscientos documentos publicados en periódicos y revistas literarias, incluyendo los acervos del cristianismo católico.

El dolor por la pérdida de la madre en plena adolescencia produce el poemario neorromántico Signario de lágrimas (1931). También ese año se yergue el poeta-militante al participar en la procesión en conmemoración del Grito de Lares. Se desplaza de Lares hacia la ciudad universitaria con un contrato laboral, otorgado por Ramón Negrón Flores en el 1935. Allí Pedro Albizu Campos, Carmen Alicia Cadilla y Margot Arce de Vázquez serán figuras importantes en su formación intelectual, política, espiritual y estética. Fue educado en la Universidad de Puerto Rico y la Universidad de la Sorbona en París.

En el 1937 es publicada su segunda obra Cardo labriego y otros poemas de corte neocriollista. Conocerá a Isabel Freire Meléndez en las tertulias literarias Musarañilandia, ofrecidas en la casa de Carmen Alicia Cadilla, y se casarán en 1942. La educadora Freire Meléndez será no solo su inseparable esposa, con quien procrea a Susana Isabel y María Soledad, sino la preservadora de su inmensa producción literaria. Durante el 1944, año en que el Partido Popular Democrático gana las elecciones, publica dos poemarios titulados, Habitante del eco y Teoría del olvido que evidencian la experimentación con las nuevas improntas estéticas vanguardistas.

Sus primeros premios literarios reconocen su lirismo poético y su destreza ensayística con las piezas, Canto a Puerto Rico [1947] y José Gautier Benítez, Poeta del amor [1949]. Estas premiaciones fueron auspiciadas por el Ateneo Puertorriqueño en el 1949.

Condujo programas de apreciación poética en la estación radial Escuela del Aire del Departamento de Instrucción Pública durante los años 1941-1943. Ingresó al cuerpo docente del Departamento de Estudios Hispánicos en 1943, y es reinstalado al regresar de Francia en 1949. Como Catedrático de la Universidad de Puerto Rico enseñó Humanidades, Literatura Puertorriqueña y Literatura Española en el Recinto de Río Piedras. En adición, tuvo a su cargo la dirección de Literatura del Ateneo Puertorriqueño en 1945.

Durante la Asamblea General, fue elegido secretario del Partido Nacionalista de Puerto Rico en Arecibo, el domingo 18 de diciembre de 1949. Cuatro discursos políticos pronunciados en Cabo Rojo (8 de abril), San Juan (16 de abril), Guánica (25 de julio) y Lares (23 de septiembre) en 1950, lo llevan al presidio por infringir la Ley 53, o la Ley de la Mordaza y, eventualmente, al Hospital Insular de Psiquiatría o el Manicomio de Río Piedras, lo afirmará así: “no pude resistir el confinamiento solitario y como consecuencia fatal enloquecí, perdí la razón”.[4]

La sentencia agravada establecida por el juez Joaquín Correa Suárez fue de 20 años, pero los abogados defensores Juan Hernández Vallé y Francisco Hernández Vargas lograron reducir la reclusión a 10 años, debido al alegato de doble exposición ante el litigio legal de los fiscales José C. Aponte, Baldomero Freyre, Guillermo A. Gil Rivera, Ángel Viera Martínez y José Dávila Ortiz. Francisco Matos Paoli identificado como F-2798, sin embargo, cumple una sentencia de dos años en la cárcel La Princesa. Estuvo recluido en sumaria con Paulino Castro, Enamorado Cuesta y José Rivera Sotomayor. Luego es trasladado a la celda La Escuelita, junto a Pedro Albizu Campos, Ramón Medina Ramírez y Pedro Ulises Pabón. Su temprana libertad provisional fue por $10,000 dlls. de fianza el 16 de enero de 1952, y se debió a daños a su salud físico-mental. En marzo de 1954, será arrestado nuevamente pero en la Penitenciaría Estatal de Río Piedras, comúnmente llamada Oso Blanco, e indultado el 26 de marzo de 1955, por el Lic. Luis Muñiz Marín, quien fuera gobernador en aquella época.

Su obra de prisión son los poemarios Luz de los héroes [1951] y Canto nacional a Borinquen [1955]. Estando prisionero en La Princesa, no obstante, escribió varias obras todavía inéditas, Pensamientos [1951-1954], Piedras vivas [1952] y Holocausto de Juan el Bautista y otros poemas [1952]. La merma en su salud psico-emotiva y el preso que borraba sus versos fueron impedimentos para una mayor producción y preservación estética durante su segundo encierro. Sin embargo, Matos Paoli tiene publicados otros poemarios anhelantes de libertad, tales son: La marea sube (1971), La semilla encendida (1971), Unción de la tierra (1975) y Jardín vedado (1980). Tanto Canto a Puerto Rico como Luz de los héroes están dedicados al líder Nacionalista Pedro Albizu Campos.

Luego de salir de prisión es nombrado transitoriamente Conferenciante de la Facultad de Humanidades del recinto ríopedrense, por el Rector Jaime Benítez. Su magno poemario Canto de la locura (1962) rememora su primer encierro carcelario en La Princesa. Con lirismo poético se hace referencia al cristianismo y el encuentro al amanecer en Criatura del rocío (1958). Por su parte, El viento y la paloma (1969) es la continuación del Canto de la locura (1962).

Desde 1970 Francisco Matos Paoli será Escritor Residente, distinción otorgada con anterioridad a Clara Lair, Luis Palés Matos, Evaristo Ribera Chevremont, Juan Ramón Jiménez, Jorge Mañach y Juan Bosch. Seis años antes, el 27 de agosto, fallece su padre Juan Matos Vélez, y escribe dos poemarios inéditos en 1964, Décimas y Poesía descalza.

Canto de la locura y Rostro en la estela (1973) están dedicados a la lideresa Nacionalista Dolores “Lolita” Lebrón Sotomayor, quien cumplía condena carcelaria por irrumpir armada, junto a Rafael Cancel, Irving Flores y Andrés Figueroa en la Casa de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, el 1ro de marzo de 1954. Vestido para la desnudez (1984) es de corte sartreano. Contra la interpretación (1989) es el poemario que expone auto-reflexión poética y literaria explícitamente. Durante sus últimos años, el quehacer literario adquiere un nuevo giro político y religioso, que puede apreciarse desde los títulos de sus obras. De corte político será El pensamiento político de Don Pedro Albizu Campos (1995) y el religioso, La locura de la cruz (1997).

Francisco Matos Paoli ostenta ser el primer escritor puertorriqueño nominado al Premio Nóbel de Literatura en 1977. El premio de la Academia sueca, sin embargo, fue otorgado a Vicente Aleixandre. El poeta, no obstante, recibió nombramientos, premiaciones y títulos honoríficos a lo largo de su vida de diversas instituciones.  En 1976, Matos Paoli fue instalado en la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico. Alcanza ser finalista del Premio Cervantes en 1978, pero el premio recayó en Dámaso Alonso, quien fuera el director de la Real Academia Española. Se le otorga el Doctor Honoris Causa en tres ocasiones, por la Universidad Mundial en 1977, la Universidad Interamericana-Arecibo, 1984 y la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras en 1991. Recibe la Medalla de Honor de la Fundación Josefina Romo Arregui, Inc., New York  en 1988. Se le nombra como Poeta Nacional por la Sociedad de Autores Puertorriqueños en 1981 y Caballero de la Orden de las Artes y Letras de Francia durante el 1992.

 

2. Trazos introductorios a la teoría poética de Francisco Matos Paoli

¿Qué es la poesía?                                                        

Lo he comprendido al fin:

oigo un canto; veo una flor:

¡oh, que jamás se marchiten!

 

– Netzahualcóyotl

“Romance de los Señores

de la Nueva España” (1450)

 

 

No acostumbro a escribir una poesía mascada…

Tampoco creo necesariamente en que

la poesía se llene de soberbia enigmática.

 

– Francisco Matos Paoli

“Sobre el Hermetismo” (1971)

 

A lo largo de su quehacer poético, Francisco Matos Paoli se propuso con igual afán escribir sobre la poesía y su quehacer estético.[5] De cardinal importancia son los artículos publicados en periódicos y revistas a partir de 1955 hasta 1981. Así como, las entradas numeradas compiladas en sus cinco diarios, de los cuales el Instituto de Cultura Puertorriqueña publicó en conjunto los primeros dos tomos de Diario de un poeta, y que hoy día están agotados.[6] Sus poemarios, los diarios, el ensayo-prólogo “Autobiografía Espiritual”, las epístolas-críticas y los ensayos de teoría y crítica poética establecen su teoría poética, o lo que desde antes llamara “teoría de la rosa”.[7]

En la teoría poética de Matos Paoli existe coincidencia con el teórico español, Carlos Bousoño al conceptualizar la poesía como “comunicación”.[8] La poesía es el medio que une al autor implícito y su “contenido psíquico sensóreo-afectivo-conceptual” como autor real con lo ajeno de sí mismo: las personas, la naturaleza, la sociedad y Dios.[9] De esa manera, afirma que “toda poesía es social” y, por ende, no es “teleológica”.[10] Para la historiadora de la literatura puertorriqueña Josefina Rivera de Álvarez, la poesía es el lugar epistemológico privilegiado en el poeta nacionalista.[11] Al establecer a la poesía como comunicación se procura rasgar el silencio con la palabra, estableciendo algo superior al mutismo o al misterio, la poesía. Esta es, a su vez, mayor a la ignorancia por darse al conocimiento o, mejor aún, a la “sabia ignorancia”, acuñada por Nicolás de Cusa.[12] Pero también el silencio permite el encuentro y, a su vez, el cultivo de la voz poética del poeta-cantor, y constituir la proximidad que impide la soledad del yo-subjetivo ante el mundo.

La comunicación, por su parte, no se da en un vacío, sino que emerge de un contexto interior y exterior, según la teoría comunicativa tanto de Carlos Bousoño como de Gabriel Celaya.[13] Para ser poeta y escribir poesía, Matos Paoli aconsejaba instituir un estilo lingüístico personal o lo que denominó “idiolecto” como instrumento imprescindible e innegociable en la técnica poética y comunicativa. Comprende a la poesía como el equilibrio entre música (Edgar Allan Poe) y pintura (Stéphane Mallarmé), oír y ver, ritmo (Paul Valéry) y metáfora, poesía y filosofía-historia (Platón-Aristóteles). Para la confección y selección de la poesía aclara que su procedimiento se asemeja al pulimiento de un diamante pero con la delicadeza de pensarla rosa y, a su vez, provocando la ilusión de fácil elaboración poética en la audiencia.

Clasifica a la poesía en vanguardista y clásica, lo que Manuel de la Puebla nombra como “dúctil” y “rígida”.[14] En Matos Paoli, la belleza radica en el equilibrio entre la porosidad vanguardista y la precisión clásica. Desde que se inicia en el neorromanticismo, su poesía se inserta en la tradición cantora a la Isla, también incursiona con el costumbrismo criollo y el realismo neocriollista en menor medida. Luego, precede al trascendentalismo del ’45, cuando transforma su poesía influenciado por escritores europeos de Inglaterra y Francia. Este constante cambio demuestra su distanciamiento ante poetas cuyas estéticas estaban empozadas en la quietud de estilos literarios y, por otra parte, emula la “forma de la huida” en palabras juanramonianas.[15] También fue crítico de estos, al refutar el exceso de optimismo moderno y la pérdida de esperanza vanguardista. Por estos motivos, rechazó el purismo literario y nacional, así como el escapismo.

Pero la importancia del lenguaje en el devenir socio-histórico conlleva responsabilidad ética junto a la estética y, con esto, un compromiso autorial con la sociedad en su arte poético. La obra de Matos Paoli tiende a mayor metaforización que historización desde un lenguaje tangencial y opaco, en menor medida diáfano. Esta opacidad lingüística ocasionó que la crítica literaria clasificara su poesía como “hermética”. Su teoría poética, sin embargo, rechaza no solo los excesos sentimentalistas e irracionalistas expresados con los modos conceptuados de “musicalismo” y “pictorismo”, sino también la carencia de emotividad y logicidad. De adolecer cualquiera de estos excesos, catalogaba la poesía de índole esteticista. Mientras, para José Julián Martí Pérez significaba la apreciación equilibrada de ambos, en poesía “todo es música y razón” en Versos sencillos (1891).

Consecuentemente, la poesía no debe tener un télos ensimismado o encorvado, sino estar enhiestamente volcada a la projimidad, a ser con otras y otros. Es por esto, que la poesía comunica, y por lo cual el cántico produce ligera cercanía, un arrobo por lo extraño. A su vez, la poesía es “[e]l cerco diferenciador” cuyo lenguaje metafórico y simbólico agrupa e, inevitablemente, segrega.[16] Ya en Monsieur teste (1895), de Paul Valéry se ejemplifica el riesgo perpetuo a que la subjetividad se vuelva en un egoísta narcisista. “Pero si el[/la] poeta se acostumbra a ver en lo [cotidiano], lo extraordinario… entonces reconoce el instante de su mayor hondura espiritual”, afirma Francisco Matos Paoli, el Cantor Nacional del siglo XX.[17]

 

Notas: 

[1] Actualmente realiza su tesis doctoral en la vida y obra de Francisco Matos Paoli para el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

[2] Matos Paoli, Francisco. “Autobiografía espiritual.” Prólogo. Primeros libros poéticos de Francisco Matos Paoli. Comp. Joserramón Melendes. San Juan: Editorial QeAse, 1982. xiii.

[3] Ciento quince cartas-críticas escritas a distintas personalidades en las letras a nivel nacional e internacional fueron recopiladas en el libro Matos Paoli, Francisco. Epistolario esencial. Hato Rey: Ramallo Bros, Printing, Inc., 1999.

[4] Freire de Matos, Isabel. “Cronología, 1915-1991.” Exégesis 4.12 (1992): xix.

[5] Cf. Matos Paoli, Francisco. Intelecto en éxtasis (Ensayos de poética). Comp. Susana Matos Freire. Colombia: Panamericana Formas e Impresos, S.A., 2014.

[6] Matos Paoli, Francisco. Diario de un poeta. Tomo I y Tomo II. 2da ed. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987. Estos diarios exceden las características del género menor, no solo por haber sido escritos en la adultez y por adolecer de datación en cada entrada, sino por el contenido a estudiarse. El proceso de escritura de los diarios-teóricos poéticos es como sigue: el primer tomo fue escrito entre 1970-1971, el segundo tomo, entre 1971-1975, el tercer tomo fue elaborado durante los años comprendidos entre 1975-1986, el cuarto tomo lo realiza en los años 1987-1988 y el quinto tomo, durante 1988-1989.

[7] Matos Paoli, Francisco. “El poeta y la palabra.” Asomante XIV.3 (1958): 10.

[8] Bousoño, Carlos. Teoría de la expresión poética. 5ta ed. aumtda. Madrid: Gredos, S. A., 1970; Matos Paoli, Francisco. “Sobre el concepto de la poesía.” Atenea (UPR-RUM) IX.1-2 (1972): 25.

[9] Ibíd. Bousoño, Carlos. 1970. 18.

[10] Op.Cit. Matos Paoli, Francisco. (1972): 29, 26.

[11] Rivera de Álvarez, Josefina. Literatura puertorriqueña. Su proceso en el tiempo. Madrid: Ediciones Partenón, 1983. 550.

[12] Nicholas of Cusa. Visions of God. Trans. Emma Gurney Salter. Escondido, California: The Book Tree, 1999, 76; Nicholas of Cusa. On learned ignorance. Trans. Jasper Hopkins. 2nd ed. 2nd print. Minneapolis: The Arthur J. Banning Press, 1990.

[13] Celaya, Gabriel. El arte como lenguaje. Bilbao: Conferencias y Ensayos, 1951.

[14] De La Puebla, Manuel. “Señales de identidad.” Mairena XVI.38 (1994): 12.

[15] Matos Paoli, Francisco. Diario de un poeta. Tomo I. 2da ed. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987. 72.

[16] Op.Cit. Matos Paoli, Francisco. (1958): 9.

[17] Op.Cit Matos Paoli, Francisco. (1972): 37.

 

Publicado en Claridad 9 al 15 de marzo de 2016.

Acerca de Eugenio María de Hostos y Bonilla (Narrativa)

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Publicado en: Claridad, En Rojo 7 al 13 de enero de 2016: 16-17, por Michelle Gotay Morales.

Ensayo crítico a Ángel Darío Carrero

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Por: Luce López-Baralt

 

“La rosa es / sin por qué/ florece/ porque florece” (p. 315)[1]. Tras apurar el cáliz infinito de la experiencia mística, Angelus Silesius aprendió a leer el lenguaje secreto con el que las criaturas entonan su cántico callado a Dios. Claro que Johannes Scheffler (1624-1677), quien firmaría su Cherubinischer Wandersman. El peregrino querubínico con el nombre de Angelus Silesius en el siglo XVII, cantó estos altos misterios en su alemán vernáculo, sirviéndose de alejandrinos rimados de “lacónica y sensible cadencia”. Así describió los epigramas Jorge Luis  Borges[2], quien, en su oda “Al idioma alemán” destacó a Silesius entre sus poetas preferidos:

Mis noches están llenas de Virgilio,

Dije una vez; también pude haber dicho

De Hölderlin y de Angelus Silesius.

Ángel Darío Carrero, que también tiene por poeta predilecto a Johannes Scheffler, ha vuelto a entonar el encendido cántico alemán en castellano, partiendo de la versión original y compulsando las numerosas traducciones de que ha sido objeto al inglés, italiano, francés y español. A la traducción pionera de Borges y María Kodama (1981) al español han seguido las de Rogelio Rodríguez Cáceres, Lluis Duch Álvarez y Juan Campo Pampliega: tras trabajar por cerca de 18 años con todo este material –pero sobre todo con el original alemán– el poeta puertorriqueño nos entrega un libro de renovada pasión que convierte los venerables dísticos silesiusianos en un inesperado libro de oración. Al potenciar la osadía poética de la plegaria original alemana, Ángel Darío hace que consuene perfectamente con nuestra sensibilidad contemporánea. Estamos, de otra parte, ante un libro de madurez en el contexto de la obra poética anterior de Ángel Darío Carrero, y no dudo en calificarlo como único en la historia de la poesía puertorriqueña, pues constituye un inesperado diálogo intertextual con la poesía alemana del siglo XVII. No es poco.

El poeta puertorriqueño reconfigura el título del Peregrino querubínico, eliminando la noción de “peregrinaje”, de seguro porque intuye que el antiguo cantor ya ha terminado de recorrer su camino espiritual y canta desde la cima misma del éxtasis. El poeta que ahora vacía en odres nuevos los dísticos alemanes tan sólo aspira a dejar su huella inquieta—de ahí su título, la Inquietud de la huella—en las incomparables monedas místicas de Silesius, como llamó Borges a los dísticos alemanes. Pero el nuevo cantor deja mucho más que su simple huella: logra cantar al unísono con Silesius: estamos escuchando dos poetas a la vez,  pero tan bien geminados que no advertimos fisura alguna en su canto unificado. En este libro podemos degustar tanto las vivencias espirituales de Silesius como la dulzura de los haikus de Angel Darío, sin que uno reste nada al otro. Al contrario: ambos poetas potencian mutuamente las intuiciones poéticas másaltas del otro.

Claro que, ya se sabe: traduttore, traditore. Angel Darío ha “traicionado’ de tal manera los dísticos alemanes que se declara no traductor, sino “intraductor” de ellos, haciéndose eco del feliz término del poeta brasileño Augusto de Campo. El proceso no es nuevo, pues el propio Silesius lo practicó al apropiarse de pasajes de Meister Eckhart, Jacob Boheme y Daniel Czepko von Reigesfeld.

Veamos más de cerca esta lograda “traición” poética gracias a la cual podemos escuchar a Silesius con más cercanía espiritual que nunca. Aunque siempre me ha conmovido la pasión de las paradojas místicas del poeta alemán, sentía distantes algunos de sus epigramas. Muchos son expresiones breves de sabiduría condensada, que se pliegan al discurso aleccionador propio del sermón o a la teología cristocéntrica. Uno de los primeros aciertos de esta intraducción es que los dísticos de Silesius han quedado prácticamente vaciados del dogma y de la alusión eclesial cerrada: el intraductor los ha hecho volar con libertad inusitada. Podemos atisbar de cerca el proceso porque Ángel Darío consigna en cada página la versión original alemana de los poemas. Advertimos así que en la nueva modulación del epigrama 62 el intraductor evita la alusión a la cruz del Gólgota, quintaesenciándola en “la cruz” (p. 88), mientras que en el dístico 103 (p. 129), la voz “Mesías”, tan cargada de pugnas teológicas, se suaviza como “el Enviado”. Hasta tal punto logra el nuevo poeta aligerar las anclajes histórico-teológicos de Silesius que estos nuevos versos libérrimos, sin dejar nunca de pertenecer al místico alemán, los hubiera podido firmar un budista o un sufí o un místico de cualquier fe religiosa. Sospecho que la “intraducción” de Angel Darío podría ser en un instrumento excelente para el diálogo interreligioso.

Pero la novedad más importante de la versión española del Peregrino querubínico es el cambio que el nuevo poeta introduce en la dirección del diálogo: mientras Silesius hablaba con los fieles en tercera persona –-a menudo con un inevitable aliento catequista—ahora Angel Darío habla de tú a Tú con Dios. Este giro tenue pero decisivo del caleidoscopio poético logra el prodigio: los dísticos hispanizados no aleccionan, sino que oran; no instruyen, danzan. Observa Juan Martín Velasco en su prólogo al libro que El peregrino querubínico pasa a ser, de “’teología en verso’ a lenguaje de la experiencia”.

Al dirigirse a un “Tú” supremo, como adelanté, los poemas se convierten en plegaria. Nos es dado escuchar por vez primera las oraciones íntimas que Silesius susurraría a su Creador en alguna Iglesia alemana del siglo XVII borrada por el tiempo: es como si Angel Darío hubiese levantado el velo de pudor que cobijaba las antiguas plegarias silenciadas, que nos devuelve con su pasión palpitante intacta. Conmovedor acierto: la “traición” del intraductor puertorriqueño ha logrado colocarnos más cerca de la intimidad espiritual de Silesius de lo que hicieron que sus propios dísticos originales. Al alterar las personas gramaticales y al obviar la alusión directa a Cristo, hijo de Dios, que hizo Silesius en el dístico 17, el intraductor ambigua el posible significado del verso: “estoy sentado a tu diestra/ tu espíritu/ tu carne/ y tu sangre/ me han reconocido/ soy tu hijo” (p. 43). No sabemos quién habla a Dios Padre, Jesús o el poeta místico, o ambos, unificados, a la vez: hermosa manera de declararnos hermanos en Cristo, no cabe duda. Este novedoso diálogo poético en segunda persona me lleva a recordar lo que un amigo sacerdote observó en la Voz a ti debida: si Pedro Salinas hubiera puesto en mayúsculas el apasionado “tú” que entrevera el poemario, en vez de versos de amor a una mujer habría escrito un libro místico.

En una nueva trasgresión literaria, el poeta puertorriqueño no se constriñe a la cadencia reiterada de los alejandrinos originales, sino que los hace aletear en versos libres, que danzan ahora con un nuevo ritmo. Martín Velasco celebra el experimento poético: “Se diría que, a la llamada del traductor, los yacentes alejandrinos alemanes se han puesto en pie, han quedado suspendidos en el aire, dando así la impresión de levedad […] el ritmo ascencional […] corresponde […] al movimiento de divinización que quieren expresar” (p. 15). Los versos, en efecto, ahora llamean en espiral y ejecutan la danza ritual del fuego místico abrasador. Silesius está celebrando la cima misma del éxtasis, y estos nuevos versos volatilizados corresponden con más fidelidad al espacio rarificado de la teopoiesis que los alejandrinos de ritmo silábico uniforme. Al menos, así lo sentimos los lectores del siglo XXI.

El poeta intraductor no descarta, de otra parte, fundir los títulos de los versos en el cuerpo mismo del poema, ni alterar el orden de los versos. El dístico 5, que en la versión de Borges, muy fiel por cierto al original alemán, lee “No sé lo que soy, no soy lo que sé: una cosa y una no cosa, un punto y un círculo” (p. 13), lee hora así:

No sé lo que soy

una cosa y no una cosa

un punto y un círculo

no soy lo que sé

En la nueva modulación poética la reflexión ontológica de Silesius queda potenciada: aunque el emisor de los versos sea incapaz de conocer los límites de su alma infinita, sabe bien que ésta no se limita a lo que conoce de su propio yo en este plano de conciencia. El orden de los versos se pliega pues al significado profundo del poema en la nueva intraducción, que saca a flote el mensaje subliminal de Silesius.

El relato autobiográfico de las vivencias de un alma en presencia de Dios que constituye el Peregrino querubínico de Santa Teresa, pero resulta aun más osada. En su vibrante Song of Myself, por parafrasear a aquel rotundo cantor del yo profundo que fue Walt Whitman, Silesius prodiga las paradojas. Los místicos suelen expresar el éxtasis indecible con un lenguaje apofático a base de contradicciones: como saben que la experiencia fruitiva del Todo sobrepasa el lenguaje, cuando afirman algo acerca de Dios, enseguida se desdicen con la afirmación contraria. Recordemos “la música callada” de san Juan de la Cruz: el poeta describe a Dios como música, pero como realmente Dios no es así, enseguida se desdice acallando la melodía: música callada. Otro tanto Silesius, que en sus paradojas no hace otra cosa que luchar contra un lenguaje insuficiente: se trata de una modulación más de la coincidencia oppositorum de Nicolás de Cusa, celebrador de la Docta ignorantia. O del “Aleph” infinito que Borges intenta inútilmente abarcar con el lenguaje: “arribo ahora al centro de mi relato: comienza aquí mi desesperación de escritor”. Y nos derrocha oximorónicas escenas a-temporales: “caballos de crin arremolinada en el mar Caspio en el alba” junto a la “delicada osatura de una mano”. Silesius podría exclamar con ellos y con Whitman, siempre consciente de sus paradojas: “Do I contradict myself? Very well then: I do contradict myself; I am large, I contain multitudes”. Todo escritor místico entabla una lucha agónica para dar alguna noticia, siquiera aproximada, de su experiencia supraverbal. Lo dice Silesius en un verso incomparable: amo/ una sola cosa /no sé lo que es / y porque no sé/ la elijo” (p. 69).

Una lectura comparativa del original y su versión hispánica nos confirman que los “dislates” del místico alemán siempre quedan potenciados en su nueva versión española: ello no es de extrañar, pues la poesía de Ángel Darío se encuentra entreverada a su vez de paradojas semejantes. El intraductor está a gusto con su poeta elegido, y por ello incluso logra embellecer los dísticos que los demás traductores dejaron de lado por su modesta calidad estética.

Silesius sigue celebrando su engolfamiento en el seno de Dios con su acostumbrados excesos poéticos. Como el camino del alma ha tocado a su fin, el emisor de los versos se sabe a salvo del mundo creado. Pero también, para sorpresa del lector, se declara libre también de la intercesión misma de los ángeles. Curioso que lo diga quien se llamó a sí mismo “querubínico”[3]. Su posición antropocéntrica, con todo, es cónsona con los postulados del renacentista Pico della Mirandola, que postulaba en su Ensayo acerca de la dignidad del hombre que éste puede sobrepasar la condición angélica por su capacidad de unirse con Dios mismo. Oigamos cómo lo dice Silesius en su nuevo odre hispánico:

Déjenme, serafines,

que no pueden calmar mi sed

fuera de aquí

todos los ángeles

con su gloria y resplandor

déjenme solo

frente al mar increado

sobre la cresta de las olas

Divinidad desnuda

me arrojaré

Con su constante alusión a los abismos del mar y al espacio interestelar, Silesius sugiere poderosamente la tesitura infinita del trance místico. El poeta puertorriqueño nada muy a gusto por estos mares silesiusianos sin orillas porque, una vez más, han sido leit motiv de sus propios versos. Los dos abismos–el alma del místico y la esencia infinita de Dios– se llaman: “Para encontrar/ mi principio y mi fin último/ debo sumergirme en ti /y tú en mí” (p. 32). En este camino que culmina vertiginosamente en el Todo, el emisor de los versos, elevado en Dios más arriba “que los luceros del alba” (p. 308), descubre que también él es sin medida: “busco tu fundamento / te sondeo/ sin sonda/ te mido/ sin medida/ ¡al fin lo comprendo! /soy uno contigo” (p. 68).

Algunos estudiosos han advertido el sabor panteísta del contemplativo alemán, que Ángel Darío respeta al máximo: “no puede existir /muerte más dichosa / desaparecer en ti / contigo” (p. 54).  Los excesos de la experiencia mística han hecho proferir este tipo de exclamación a los místicos de todas las persuasiones religiosas. “Amada en el Amado transformada” dejó dicho, sin ambages, san Juan de la Cruz, quien también aseguró que el alma se “endiosa” y se “deifica” en la culminación del abrazo con Dios. Lo supo bien Al-Hallach, que exclamó “¡Yo soy la Verdad!—Ana l-Haqq—y Al-Bistami, que terció, en vez de subhan Allahsubhani (“gloria a mí”). Ernesto Cardenal tampoco tuvo reparos en celebrar lo absoluto de su unión con Dios: “no es lo mismo estar juntos que ser lo mismo”. Importa no malentender estas avasallantes “songs of Myself”: los expertos en teología mística suavizan los alcances de lo que quisieron expresar estos contemplativos que en sus éxtasis unitivos sintieron que participaban momentáneamente de la Esencia Divina. Los he evocado para que no nos dejemos asombrar por las exclamaciones de Silesius, que son de las más extremas de toda la mística cristiana. He aquí uno de sus “dislates” más arriesgados: “me han llamado hijo/ podrían igualmente/ haberme llamado Dios/ te han reconocido/ a ti en mí/ a  mí en ti/ porque tú y yo/ somos lo mismo” (p. 281). El intraductor potencia al máximo los dísticos originales de Silesius, que suelen ser más píos en la versión alemana original. “Seré María/ y te daré a luz”, exclama Ángel Darío, quintaesenciando a traición otro de los poemas del Peregrino querubínico.

Dios busca al poeta místico con el mismo ardor con que lo busca el místico abrasado de amor: “cuando te grito:/ ¡mi Dios y mi todo!/ escucho/ el eco de tu voz/ que me dice/ ¡mi amor y mi todo!”. La dicha de ser infinito es tal que Dios mismo se pliega a su criatura: “estoy/ tan unido a ti / que no puedes condenarme / a no ser/ que te arrojes / conmigo / a las llamas/  y a la muerte” (p. 123). Vamos de extremo en extremo: “en verdad no eres nada/ eres algo/ tan solo/ porque me has elegido” (p. 2227). También san Juan supo de esa momentánea impecabilidad del alma unida a Dios, donde todo se armoniza: “ya bien puedes mirarme/ después que me miraste/ que gracia y hermosura en mí dejaste”. El beso embellecedor de Dios identifica la criatura con su Creador. Estamos ante un diálogo de esencias devenidas infinitas, un diálogo de igual a igual: “Somos/ el intercambio” (p. 132). Para potenciar esta verdad, el intraductor obliga los versos a mecerse rítmicamente:

me importas tanto

como yo a ti

yo te ayudo

a mantener tu ser

y tú el mío

Me sostienes te sostengo

eternamente

columpiamos

Hasta aquí hemos escuchando al místico inmanente: el que, según Evelyn Underhill, siente a Dios íntimamente cerca, como un Amado en el que se subsume con absoluta confianza. Estos son, según la experta, los místicos más “sanos” y amorosos de todos. San Juan apostrofaba a Dios con deliquios amartelados como “vida mía” y “mis amores”, y Silesius no se queda atrás con sus apelativos tiernos de “vida mía” y “mi luz” (p. 41). Pero no todo son caricias verbales en el Peregrino querubínico. Llega el momento en el que Silesius se asombra de su inusitada cercanía al Dios trascendente, y lo percibe entonces como un Ser infinitamente alejado de él. Se convierte así en un místico emanente, es decir, ya distante de su omnipotente Creador. Nuevamente nos columpiamos de un extremo a otro en el cántico alemán hispanizado: “si es verdad/ que soy una criatura/ salida de ti/ ¿cómo es que aún me mantienes/ en tu seno?/ acláralo/ sin separarme de tu lado” (p. 133). El infierno, por cierto, acecha aun desde el fondo del alma del místico endiosado: “el cielo está dentro de mí/ también anidan dentro/ los tormentos infernales/ lo que yo elija/ vivirá conmigo” (p. 17). En esta nueva modulación del éxtasis, la criatura depende de su Padre Eterno: “si miro al sol/  y pierdo la vista/ serán culpables  mis ojos/ no tu gran luz” (p. 204). Hemos pasado de la confianza más atrevida a la admisión del estado subordinado de la criatura vulnerable: gyra gyrando vadit spiritus.

 And yet, and yet Peregrino querubínico—tanto en alemán como en la versión hispana que lo potencia—ha sido la celebración exultante, incluso, osada, del éxtasis unitivo. Volvamos al dístico más famoso de Silesius: “La rosa es/ sin porqué/ florece/ porque florece/ no se presta atención/ a sí misma/ no pregunta/ si alguien la ve” (p. 315). Ahora podemos comprender mejor el alcance místico del aparente laissez faire de la despreocupada rosa silesiusiana, de sobre tonos budistas. Es precisamente un maestro Zen, Shizuteru Ueda, quien interpreta el “dejamiento” de la rosa: considerando que su florecer ya no es un fenómeno natural, sino un acontecimiento en Dios, un evento divino: ‘la rosa ha florecido desde toda la eternidad en Dios’. Cuando Silesius y su intérprete Ángel Darío enuncian el florecimiento de la rosa, aluden a la morada mística más alta: aquella en la que el contemplativo asume ya el universo sub specie aeternitatis: “un animal o un árbol [constituyen] un mensaje fiel que expresa sin ninguna tergiversación posible lo que Dios exactamente quiere expresar con eso,  y nada  más que eso. […] Cada cosa cumple fielmente en su ser loque Dios quiere que sea. Cada estrella, […] está contestando en el cielo: “¡aquí estamos!”. Todas las cosas irracionales son el deseo cumplido de Dios”[4]. Por eso el poeta nicaragüense pudo afirmar que todo ora en el universo: el coyote cuando aúlla solitario en la noche, la paloma cuando arrulla, el ternerito tierno cuando llama a su madre, las ranas cuando croan, Romeo cuando silba bajo el balcón de Julieta. San Ignacio lo supo bien, pues cuando acariciaba con su bastón las florecillas del campo les decía: “callad, ya sé lo que me decís”[5]. El místico que es capaz de celebrar con unción el obediente florecer de las flores, simple pero milagroso, sabe bien de la armonía última del universo en el seno de Dios. Lo explicita Silesius en otro dístico: “La rosa/ que ven mis ojos/ ahora/ florece/ en ti/ desde siempre/ y para siempre” (p. 134). Comulgar desde adentro con la rosa es orar la máxima plegaria: “Hágase Tu voluntad”. El místico alemán adquiere una gran ternura en el verso de Ángel Darío: “no hay plegaria/ que prefieras sobre ésta:/ adorada sea Tu voluntad/ y hágase”

Salta a la vista que las monedas místicas de Silesius, en su nueva acuñación bajo el sello inquieto de la huella de Ángel Darío Carrero, exhiben con fuerza renovada todo el manantial de riqueza inagotable de la vividura mística. Emocionante pensar que el venerable Peregrino querubínico alemán ha adquirido un cobijo poético puertorriqueño en esa “montaña liberada” que constituye su intraducción. Con ella el nuevo poeta pone a orar al siglo XXI al son de los dísticos renovados del gran poeta del barroco alemán. Nuestro poeta intraductor, alquimista como lo fuera Silesius[6], logra, como dije, obrar el milagro de darnos a leer dos poetas en uno. En su feliz alquimia poética, ningún poeta pesa más que el otro: ambos se compenetran y se potencian mutuamente. Asistimos al misterio místico del Unus/ambo –“el Uno que es dos”–hecho poesía.

¿Qué pulsión secreta movería a un escritor caribeño a acometer a empresa de verter por primera vez en español la totalidad del Libro I del Cherubinischer Wandersman? Estamos ante uno de esos misterios, como diría Don Quijote, “cuya averiguación no se ha de llevar hasta el cabo”. Así lo afirmó Silesius: La rosa es sin por qué/ florece porque florece. Celebro vivamente que esta rosa sin por qué haya florecido esta vez en mi tierra puertorriqueña.

          Gracias, Darío, por hacerlo posible.

Notas:

[1] Cito siempre por la edición de Trotta (Madrid, 2012): Inquietud de la huella. Las monedas místicas de Angelus Silesius. Prólogo de Juan Martín Velasco.

[2] Jorge Luis Borges y María Kodama, Cien dísticos del viajero querubínico de Angelvs Silesivs. Ediciones de la Ciudad, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1981, p.10.

[3] Silesius llega al extremo de sentir su alma endiosada por encima de la mismísima Virgen María: “María/ enaltecida en los cielos/ se que puedo subir/ aun más alto que tú/ yque todo el tropel / de los santos/ siempre todavía más allá” (p. 312).

[4], Ediciones Nicarao, Managua, p. 100.

[5] Hipólito Jerez, S. J., Ternuras ignacianas, Bogotá, 1941, p. 32.

[6] Vaya como ejemplo el dístico 280: “la piedra del alquimista/ nada es/ la piedra angular/ es tintura de oro/ piedra de todos/ los que aman la sabiduría” (p. 306).

 

http://www.elnuevodia.com/entretenimiento/cultura/nota/ensayocriticoaangeldariocarrero-2048577/

Libro Recomendado: Eros y violencia, de Luis Felipe Díaz

Luis Felipe Díaz. Eros y violencia en la novela hispanoamericana del siglo XX. San Juan: Isla Negra Editores, 2015. Impreso.

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Este texto (re)lee nueve de las novelas más paradigmáticas de la literatura hispanoamericana del siglo XX: Los de abajo, Tirano Banderas, La última niebla, Pedro Páramo, El coronel no tiene quien le escriba, Aura, El beso de la mujer araña, La guaracha del Macho Camacho y Cielos de la tierra. El autor observa, con destreza, profundidad y pasión, tras el lente del pensar postcultural cómo las aguas del devenir llevan consigo nuestros lastres y desechos (la desigualdad social, el carnaval de la dictadura, el imaginario imposible, el patriarcado fantasmal, el poder que es deseo, la necrofilia cultural, el triunfo del simulacro, el mundo criminalmente maquinal y el apocalipsis de la otredad). Todo parece desembocar en lo escatológico y en la caída, cada vez más ineludible, de la metáfora donde lo erótico conduce a la muerte.

ÍNDICE

Introducción.
Eros, violencia y muerte
en la novela hispanoamerica del siglo XX

Capítulo I.
Violencia, género y mito
en Los de abajo de Mariano Azuela

Capítulo II.
Vanguardismo narrativo y cronotópico
en Tirano Banderas de Ramón María del Valle Inclán

Capítulo III.
Feminismo y rupturas
en La última niebla de María Luisa Bombal

Capítulo IV.
Muerte del patriarcado y cultura fantasmal
en Pedro Páramo de Juan Rulfo (sus mitos)

Capítulo V.
Iniciales búsquedas del “macondismo”
en Aura de Carlos Fuentes

Capítulo VI.
Eros y espera
en El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez

Capítulo VII.
La cultura tardomoderna de la pseudo-comunicación
en La guaracha del macho Camacho de Luis Rafael Sánchez

Capítulo VIII.
Cruces genéricos
en El beso de la mujer araña de Manuel Puig

Capítulo IX.
Memoria y olvido
en Cielos de la tierra de Carmen Boullosa

 

Luis Felipe Díaz (n. 1950). Lizza Fernanda (n. 1976). Profesor de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Ha publicado varios libros: La regenta de Leopoldo Alas, Clarín, (Peter Lang, 1993),  La na(rra)ción en la literatura puertorriqueña (Ediciones Huracán, 2008), Semiótica, psicoanálisis, postmodernidad (Plaza Mayor, 1999), Nación, globalización, postmodernidad, editado junto a Marc Zimmerman (LACASA), Modernidad literaria puertorriqueña (Isla Negra, 2008), De charcas, espejos, velorios e infantes en la literatura puertorrriqueña (Isla Negra Editores, 2011) Modernidad, postmodernidad y tecnocultura actual (Gaviota, 2011). Ha ganado premios del ensayo de crítica en el Pen Club de PR y el Ateneo Puertorriqueño. Su blog de Google, (post)modernidadpuertorriqueña.blogspot.com ha alcanzado 120 mil lectores locales e internacionales. Es un militante de la comunidad gay y un travesti-transgénero, reconocido como Lizza Fernanda. Su mayor interés académico han sido el psicoanálisis (post)lacaniano, los estudios teóricos y aplicados, postestructuralistas y postcoloniales.

Publicado por la editorialislanegra.com