Jubilo ecuménico por anuncio de liberación de Oscar López Rivera

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El Consejo Latinoamericano de Iglesias-CLAI celebra con inmensa gratitud a Dios la histórica decisión del presidente saliente de Estados Unidos, Barack Obama, quien concedió este 17 de enero el perdón al independentista puertorriqueño Óscar López Rivera y conmutó su condena a prisión, que expirará el próximo 17 de mayo.
Oscar López Rivera fue miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, grupo nacionalista que combatió al gobierno estadounidense en Puerto Rico. Esta organización planificó bombardeos en los Estados Unidos, con la supuesta intención de dañar propiedades sin hacer daño a inocentes. A pesar de que nunca se descubrió evidencia de Rivera López en los ataques, fue condenado a prisión por conspiración sediciosa. López Rivera fue detenido por la Oficina Federal de Investigación (FBI) en el 1981 y sentenciado a 55 años en prisión federal.
La Declaración Pastoral de la Sexta Asamblea del CLAI en la Habana, Cuba realizada en mayo de 2013 manifestó en relación a la situación de Puerto Rico y la liberación de Oscar López: “Apoyamos la libre autodeterminación del pueblo de Puerto Rico en su definición de su relación con los Estados Unidos. Esto implica demandar la inmediata liberación de Oscar López Rivera de su encarcelamiento por más de 30 años en cárceles norteamericanas.”
En la demanda por la liberación de Oscar López Rivera han participaron miles organizaciones sociales, de derechos humanos y personalidades de Puerto Rico y diversos países. Las iglesias y organismos ecuménicos mantuvieron un trabajo constante con este propósito por medio de Resoluciones de las Asambleas del Concilio de Iglesias de Puerto Rico, visitas pastorales, gestiones y movilizaciones conjuntas de la Coalición Ecuménica e Interreligiosa de Puerto Rico, el Consejo Latinoamericano de Iglesias y sus iglesias miembros en Puerto Rico, así como el Consejo Mundial de Iglesias y otras organizaciones ecuménicas a nivel global.
El Rev. Milton Mejía, secretario general del CLAI manifestó que las iglesias miembros del CLAI en Puerto Rico y en otros países de la Región, así como la junta directiva desde que conoció la noticia han dado gracias Dios y celebrado con júbilo ya que ven como una señal de esperanza que el trabajo por la búsqueda de justicia y la defensa de los derechos humanos puede tener resultados como la buena noticia que López Rivera será liberado en los próximos días.
Foto de Ángel Luis Rivera

Olga Jiménez al rescate de las Nacionalistas olvidadas

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Olga Jiménez al rescate de las Nacionalistas olvidadas

Pedro Aponte Vázquez

27 de enero de 2017

 

Reciban un saludo fraternal y solidario en este momento histórico en el que la patria sufre los peores vejámenes a los que en su arrogancia la ha sometido El Invasor desde el impune asesinato del compañero Filiberto Ojeda Ríos el 23 de septiembre de 2005.

Le agradezco al compañero Amílcar Tirado que optara por ofrecerme el honor de presentarles el libro Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot 1930s-1950s (N.J.: Markus Wiener Publishers, Inc., 2016, 347 págs.), de la prestigiosa historiadora boricua Olga Jiménez de Wagenheim. Con ello nos demuestra que es de esos profesionales, probablemente escasos, que no temen asumir riesgos. Por mi parte, dedico mi participación en este acto a la memoria de otra distinguida historiadora cuyo recuerdo la ingratitud opaca: la compañera Miñi Seijo Bruno.

Por más de un motivo he dicho que Amílcar no teme asumir riesgos. El de mayor peso es quizás el hecho de que mi determinación de decir libremente sobre cada asunto lo que crea necesario y a cada cual lo que estime que merezca, no es algo que me haya acarreado muchas simpatías. Otro motivo, tal vez de igual volumen, es el hecho de que recientemente tuve la osadía de asumir una posición diametralmente opuesta a la que optaron por defender un puñado de académicos, además de miembros prominentes del campo independentista ―y hasta algunos auténticos albizuistas―, en torno al contenido de un libro que abiertamente vilipendia al prócer Pedro Albizu Campos. la Historia nos dirá algún día con qué propósitos. Defender de ese modo la memoria de Albizu fue para algunos compatriotas hasta peor que haberle donado mi colección de documentos, fotos y algunos libros al Archivo histórico de la Fundación Luis Muñoz Marín.

Con lo que estoy seguro de que no habrá desacuerdos es con mi afirmación en este momento de que el honor de presentar este libro debió ser para la doctora Aselar Laguna, pues ya lo reseñó detalladamente por medio de la internet con erudición y excelencia (El Post Antillano, 8 sept 2016). Espero estar hoy al menos cerca de la altura a la que habría estado su presentación.

En su reseña, la doctora Laguna alude con toda justicia a la “rigurosidad” con la que Jiménez de Wagenheim aborda y conduce sus investigaciones históricas ―virtud a la que hoy día ya hasta se le da de codo―, afirma que esta “informativa, importante y provocadora” obra disfruta del aval de la “distinguida y sólida carrera” de la educadora Jiménez de Wagenheim “como catedrática en [la Universidad de] Rutgers” y añade que se le debe a ella, además, cito:

[…] la introducción de los primeros cursos de historia oral, iniciando a estudiantes en esa disciplina y de paso, rescatando las contribuciones olvidadas de los puertorriqueños en las demostraciones y las manifestaciones estudiantiles en la Universidad de Rutgers y en la ciudad de Newark para los últimos años de los sesenta y principios de los setenta. Y conviene señalar ―agrega― su monumental y central desempeño en la fundación del archivo de la comunidad puertorriqueña en la Biblioteca Pública de Newark (el New Jersey Hispanic Research and Information Center), contribuyendo de modo exhaustivo a la recuperación y preservación del acervo de los puertorriqueños y otros latinos residentes en el estado de New Jersey.

Precisamente, de rescatar del olvido y también de la indiferencia, es de lo que trata esta indispensable aportación de Jiménez de Wagenheim a nuestra historiografía y, por ende, a nuestra centenaria lucha de liberación nacional. En Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot 1930s-1950s, la historiadora que ya es parte de la indisoluble nación boricua en las entrañas del monstruo, les recuerda a sus lectores el hecho de que las mujeres boricuas no eran invisibles para nuestro opresor en el curso de nuestra lucha por liberarnos del Invasor (y todavía no lo son, permítaseme agregar). Nos provee ella una breve y vívida introducción con una impresionante narración de las condiciones objetivas que llevaron a la insurrección de 1950 contra la tiranía de EE. UU. Luego nos lleva de la mano a través de una exposición amena, profusa y rigurosamente documentada que nos provee una vista panorámica de nuestra más reciente historia política.

El libro les rinde merecido tributo a dieciséis mujeres. A Dominga de la Cruz Becerril, quien heroicamente sobrevivió la Masacre de Ponce en 1937 y otras 15 que fueron perseguidas y encarceladas por haber participado, o parecerle al Invasor que habían participado, directa o indirectamente en la lucha armada del Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador en los años de 1950. Estas son:

Blanca Canales
Leonides Díaz
Carmen María Pérez
Ruth Mary Reynolds
Isabel Rosado Morales
Doris Torresola Roura
Olga Isabel Viscal Garriga
Rosa Cortés Collazo
Lolita Lebrón Sotomayor
Carmen Dolores Otero de Torresola
Juana Mills Rosa
Juanita Ojeda Maldonado
Ramona Padilla de Negrón
Angelina Torresola de Platet y
Monserrate Valle de López de Victoria.

En alusión a esta prudente limitación que se impuso, Jiménez de Wagenheim dice estar “consciente de que otras puertorriqueñas han sido encarceladas por sus ideales políticos a partir de los años 50 y merecen también un estudio profundo de sus hazañas y contribuciones a la causa de la independencia de Puerto Rico” y con genuino pesar añade: “Lamento no ser yo la autora”.

Aunque el título nos indica que trata sobre “mujeres puertorriqueñas” Nacionalistas, justificadamente incluye a una que sin duda lo parecía mucho, pero que en realidad no fue ni borinqueña ni Nacionalista: la pacifista estadounidense Ruth M. Reynolds, oriunda de las Lomas Negras de los nativos Lakotas. Reynolds, quien perteneció al Comité Pro Defensa de don Pedro Albizu Campos que mantuve con doña Isabel Rosado y mi compañera Judith, desempeñó un importantísimo papel en nuestra lucha, pero, pacifista al fin, no perteneció al Partido Nacionalista ―un detalle que Jiménez de Wagenheim se ocupa de mencionar. El hecho es que Ruth cumplió cárcel por parecer Nacionalista.

Por otra parte, el subtítulo del libro, “Mujeres puertorriqueñas que la Historia olvidó”, invita a un análisis semántico, pues sería razonable alegar que a estas compañeras no las olvidó la Historia, por cuanto los Pueblos, sus líderes, sus reseñadores, sus políticos, sus educadores y sus historiadores somos quienes olvidamos. Los lectores, por otra parte, no deberán interpretar como indicio de menosprecio de la capacidad de la mujer boricua el hecho de que Albizu le hubiera asignado un puesto de liderato en su partido a solamente una de las mujeres aquí incluidas, toda vez que a algunas les encomendó ―y ellas no vacilaron en asumir― misiones no solo de alta confianza y responsabilidad, sino, además, de altísimo riesgo personal. Tampoco deberán los lectores conjeturar que esas militantes Nacionalistas hayan sido olvidadas o ignoradas por motivo del machismo que caracteriza a nuestra sociedad, pues no han sido pocos los hombres militantes del Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador que han sido olvidados o ignorados no solo por los historiadores, sino incluso por las pasivas y autocomplacientes organizaciones patrióticas del presente.

Jiménez de Wagenheim, perteneciente por muchos años a la denominada “diáspora” boricua y quien, aunque en las entrañas del monstruo, ha mantenido contra la corriente su primer apellido con todo y tilde, no es neófita en estas lides, pues ha publicado libros y artículos sobre otros importantes sucesos de la historia política de Puerto Rico, incluyendo nuestra rebelión contra el otro imperio, el español. Sobre todo, es preciso recalcar, lo ha hecho como es su estilo y su costumbre: con el debido respeto a los hechos históricos y a las fuentes de información.

A propósito del concepto de “diáspora”, y del debido respeto a los hechos históricos y a las fuentes, alguien se quejó en un artículo publicado en la red en defensa del aludido libro que vilipendia a Albizu de que, en su opinión, “la diáspora siempre tiene que humillarse ante los pies de la nación para ser recibida con los brazos abiertos”, y agregó: “Es interesante como se habla de nación en estos lugares sin considerar [a] los que no tienen país, [sic] porque no hay tiempo para reflexionar en eso, porque se tiene que trabajar, porque se tiene que sobrevivir, porque vivir no es posible”. Esos comentarios son cónsonos con el que publicó meses atrás con el mismo propósito, y en estos días repitió tranquilamente, el denominado National Institute for Latino Politics and Policy con base en ese mundo saturado de historia que es la Ciudad de Nueva York. Al igual que algunos comentaristas, esa entidad ha dicho que una razón por la que en nuestra patria algunos condenamos el libro aludido es que el autor es “nuyorican” y “cruzó la línea al escribir sobre un asunto que es visto como predio exclusivo de la izquierda en Puerto Rico”. Otra razón, asegura el supuesto instituto, es la “envidia” de los críticos residentes en la Isla, de quienes dice que hemos fracasado en “hacer el cruce” a la inversa, hacia la metrópoli. Ciertamente le queda mucho por aprender sobre los boricuas a ese instituto de política pública latina, aparente heredero ideológico de Ramón S. Vélez. De paso, los que escriben y hablan en nombre de ese grupo deben abandonar la práctica de valorar la confiabilidad del contenido de los libros y su utilidad didáctica en términos de la cantidad de ejemplares vendidos.

Es forzoso aludir aquí ahora al desagradable tema del referido libro por dos buenas razones: la autora del libro que les presento forma parte de esa diáspora y su contenido es un tema “de la izquierda puertorriqueña”, dicho lo último entre comillas. Esto quiere decir, a la luz de la insostenible posición de esos voceros, que la doctora Jiménez ha cruzado esa supuesta línea imaginaria que algunos han trazado con sus infundados criterios. En su ofuscamiento ideológico, ni los políticos ni los politicastros logran ver la irrefutable realidad de que no hay razón para que la diáspora boricua tenga que humillarse ante la nación a la que pertenece, ni ante entidad alguna, ni lo ha hecho ni lo hará. Es evidente que esa diáspora, a la que me integré durante unos 15 años en Nueva York, sí tiene país, pues de otro modo no sería diáspora, y ese país es Puerto Rico.

Sépase además, aquí y allá y por doquier, que los boricuas, dondequiera que estemos, tenemos el derecho y, sobre todo, el deber de exigir respeto por nuestra historia de parte de quienquiera que opte por escribir sobre la misma sin importar desde dónde lo haga ni qué organización política, decrépita o vigorosa, lo respalde. Por otra parte, a los autores de la diáspora boricua se les reconoce, como a cualquiera otro autor o autora, el derecho de escribir y publicar en el idioma que para ello escoja.

Nadie en la diáspora boricua, ya sea honesto intelectual, o colaborador de espías o mañoso explotador de la pobreza, tiene fundamento alguno para sostener que los escritores independentistas en Puerto Rico no recibimos con el debido respeto a los colegas que en sus obras a su vez respetan la Historia misma como ciencia social. Este hecho acaba de ser confirmado una vez más por la admiración y el afecto con los que hemos recibido en su patria a la compañera autora de este libro.

La concienzuda historiadora de nuestra diáspora, quien escribió este libro luego de su jubilación de la Universidad de Rutgers, cuando no se le podía aplicar aquello de “Publish or perish”, se valió principalmente de fuentes primarias tales como documentos públicos, la mayoría de los cuales vinieron a estar disponibles recientemente, testimonios escritos y entrevistas grabadas y personales con fuentes a las que ella, contrario a gárrulos de barbería, identifica debidamente. Sin embargo, por más que uno tenga preferencia por los detalles, como evidentemente es el caso de la compañera Jiménez de Wagenheim, siempre es propenso a omitir o dejar escapar o por algún motivo no resaltar sucesos que son especialmente significativos para algunos lectores. Por eso no encontré alusiones a otros asuntos de mi especial interés, como el caso Rhoads ―muy probablemente una de las causas por las cuales el partido Nacionalista recurrió a la lucha armada―; a las denuncias de Albizu de que se le exponía a la radiación ―las cuales Carmín Pérez e Isabel Rosado mencionan en sus entrevistas para el libro como lo hace Rosa Collazo en sus Memorias―; ni al diagnóstico de locura que el gobernador Muñoz Marín en su proverbial jaibería ordenó especialmente para Albizu con el fin de contrarrestar sus denuncias de tortura a la altura de la era atómica.

No obstante, es tal la abundancia de datos biográficos sobre las compañeras a las que ella alude en este valioso libro que, aunque durante unas décadas departí informalmente de vez en cuando con nueve de las compañeras aquí incluidas y de que entrevisté formalmente a algunas de ellas, encontré un caudal de datos que he venido a conocer solamente después de leer la meticulosa narración que generosamente optó por obsequiarle a su patria la doctora Jiménez de Wagenheim.

Habrá lectores a quienes, como a este autor, les extrañará su uso del verbo “asesinar” en referencia al intento de luchadores por la libertad de ejecutar o ajusticiar al presidente Truman, además de algunas afirmaciones sobre el estado de salud de Albizu mientras estuvo en Estados Unidos. Precisamente, en lo que se refiere al concepto de “asesinar” versus “ajusticiar” dentro del contexto de una lucha de liberación nacional contra un invasor militar, surgió aquí mismo en este recinto un intercambio de ideas durante un foro reciente en torno a la insurrección de 1950. Creo procedente señalar que la base de la distinción que los independentistas hacemos entre “asesinar” y “ajusticiar” es ideológica. Es la misma que hacemos entre “robar” o “hurtar” y “expropiar”. Por eso, mientras la prensa dice, por ejemplo, que los Macheteros cometieron un robo contra la empresa Wells Fargo, nosotros decimos que fue una expropiación. Sobre esta cuestión, es mi interés recalcar un asunto consabido: que es necesario y prudente fomentar el análisis y las discusiones de las discrepancias, el manejo de conceptos controvertibles y otros aspectos de la disciplinada narración histórica, con la debida sobriedad en civilizadas discusiones con respeto y elegancia, sin recurrir a exageraciones ni a insultos ni a afirmaciones infundadas.

Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot 1930s-1950s es, además, una confiable fuente de información en torno a los atropellos de los que hemos sido y somos víctimas bajo el abusivo imperialismo estadounidense. Por estar escrito en inglés, el libro tenderá a fortalecer aún más los lazos culturales y políticos entre los borinqueños en nuestra patria y los radicados en Estados Unidos de Norteamérica y en otros países. Además, iluminará a lectores del inglés, sean estadounidenses o de otras nacionalidades, quienes gracias a la internet están empezando a enterarse de nuestra existencia como nación caribeña subyugada.

En fin, esta nueva obra de 347 páginas de historia constituye un merecido reconocimiento de la autora a unas mujeres abnegadas, resueltas, dedicadas, que vivieron de modo cotidiano y en carne propia el postulado albizuista de organizarnos y entregarnos al rescate de nuestra soberanía con valor y sacrificio; mujeres que en el proceso ofrendaron vida y hacienda por la libertad y algunas hasta renunciaron a ser esposas y a ser madres. Constituye, de ese modo, un merecido homenaje no sólo a ellas, sino a la Mujer Boricua en general, la que con su temple, su valor, sus sacrificios y su firme determinación concebirá y alumbrará al fin una patria liberada. #

* Leído el 16 noviembre de 2016 en el auditorio de la Escuela de Comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

Oscar López y los prisioneros políticos de 1895-96

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Oscar López y los prisioneros políticos de 1895-96

El martes 17 de enero se produjo –¡por fin!– el anuncio de la conmutación de la pena carcelaria impuesta al prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera. Sin ánimos de realizar una cronología de los prisioneros y prisioneras políticos puertorriqueños en cárceles extranjeras, conocemos que desde el siglo XIX han existido boricuas presos por delito de conspiración, sedición o por propiciar rebeliones separatistas: primero contra España y luego desde 1898, contra los Estados Unidos. Un ejemplo de esto lo fue el caso de los rebeldes del sureste de Puerto Rico.

En octubre de 1895, veintisiete puertorriqueños de los pueblos de Patillas y Arroyo fueron detenidos por pertenecer a sociedades secretas donde se conspiraba con el fin de separar a Puerto Rico de España. Sin embargo, a falta de pruebas, fueron liberados por la Guardia Civil (fuerza militar española a cargo de los asuntos de seguridad internos de España). Para el octubre del 1896 los arrestaron nuevamente y fueron sentenciados por el Consejo de Guerra en San Juan de conspirar para una rebelión y atacar a las fuerzas armadas. Durante el segundo arresto de los sediciosos, el Consejo exigió al Gobernador General de la Isla el traslado de los penados a cárceles en la península debido a que contaban con antecedentes en contra del régimen colonial. Por lo tanto, era considerado inseguro que cumplieran sus condenas en cárceles locales. Por esta razón solicitaron trasladado en el primer barco de vapor que saliera hacia España.

A su llegada a la península fueron recibidos por el gobernador interino de Cádiz, quien inmediatamente los envió a prisión. No obstante, en espera de la orden militar que indicaba las distintas cárceles donde cumplirían las condenas, los rebeldes arrestados permanecieron un año presos en Cádiz. Finalmente, por intervención del Ministro de Ultramar, Segismundo Moret, fueron indultados. Más de la mitad de los arrestados zarparon desde la península con destino a la Isla el diez de febrero de 1898.

Como maestro de historia se me hizo inevitable comparar y contrastar estos prisioneros políticos puertorriqueños finiseculares con el prisionero político Oscar López Rivera. Son sobrados los paralelismos en estas dos historias, tanto en los prisioneros políticos de Arroyo como en Oscar López. En ambos sucesos encontramos que tanto los presos políticos de Cádiz como López Rivera pertenecían a sociedades secretas que conspiraban con fines separatistas, fueron sentenciados por los mismos cargos y enviados a cárceles extranjeras a cumplir sus condenas. Por otro lado, contrastan los elementos de la condena entre ambos casos. A ninguno de los prisioneros políticos por los sucesos de Arroyo se les sentenció a más de diez años de prisión, ni por los cargos de conspiración para la rebelión, ni por los cargos de ataques a las fuerzas armadas.

Ahora bien, debemos enfatizar en la similitud del contexto histórico en que se han desarrollado ambos procesos de liberación. El momento en el cual fueron puestos en libertad los prisioneros arroyanos se estaba llevando a cabo la instauración del gobierno Autonómico para Puerto Rico, bajo la administración del Gobernador General Manuel Macías Casado. Mientras que, en la actualidad, Puerto Rico espera la liberación de Oscar bajo el control de una Junta de fiscalización, acordado por el gobierno federal y en los albores del centenario del establecimiento de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños.

Desde noviembre de 1897, se exigió la liberación de prisioneros políticos en cárceles extranjeras por cargos de conspiración para la rebelión. Esperanzados, que el 2017, después de ciento veinte años, la historia se repite para que “Don Oscar” regrese a su casa y con él, la descolonización de nuestra Isla.

Publicado en: http://www.80grados.net

Arranca siembra de árboles en honor a Oscar López

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Arranca siembra de árboles en honor a Oscar López

La organización “33 en 33 X Oscar”, una de las diversas organizaciones que impulsaron la excarcelación del independentista Oscar López Rivera, y la Fundación Casa Albizu arrancaron hoy la jornada “Árbol de la libertad: sembrando patria”.

Barack Obama usó el pasado 17 de enero su poder ejecutivo para conmutar la pena de López Rivera tres días antes de abandonar la Casa Blanca y de pasar el bastón de mando, el viernes 20 de enero, al presidente electo, Donald Trump, y conmutó su condena a prisión, que expirará el próximo 17 de mayo.

Según en un comunicado de prensa, el propósito de la cita, que arrancó en el Bosque Urbano de San Sebastián, municipio natal de López Rivera, es sembrar árboles autóctonos de Puerto Rico, en cada uno de los 78 municipios.

Los árboles estarán acompañados de una placa alusiva al tipo de árbol e incluirá “la gesta patriótica-libertaria” de López Rivera.

Los organizadores de la cita de este sábado exhortaron a los residentes de cada uno de los municipios de la isla a participar en esta gesta, tal y como lo hicieron en las caminatas a favor de la excarcelación de López Rivera.

“Dichas caminatas tuvieron como resultado la incorporación de miles de personas reclamando su excarcelación, la cual pronto se convertirá en realidad”, indicaron.

La hija del independentista, Clarisa López Ramos, López Rivera puede ser liberado antes de mayo de una prisión en el estado de Indiana porque ya cuenta con una dirección residencial y puesto de trabajo.

López Ramos sostuvo que su padre viviría con ella en su residencia en la capital puertorriqueña y que trabajaría como gestor comunitario en el Municipio de San Juan, bajo la Administración de la alcaldesa Carmen Yulín Cruz Soto, una de las promotoras por la excarcelación de López Rivera.

López Rivera fue detenido en 1981 y condenado a una pena de 55 años de cárcel por conspiración sediciosa, entre otros delitos, a los que se añadieron posteriormente otros 15 años en 1987 por un intento de fuga.

Puerto Rico es territorio estadounidense desde 1898 y se define como Estado Libre Asociado a ese país, con Constitución propia y con un importante grado de autonomía, aunque EE.UU. se reserva apartados como defensa, moneda, inmigración y aduanas, entre otros.

La ley de EE.UU. imputa el delito de conspiración sediciosa cuando dos personas o más en cualquier estado, territorio o jurisdicción de su país conspiran para derrocar o destruir por la fuerza el Gobierno.

En 1999 el entonces presidente de EE.UU., Bill Clinton, conmutó la pena de López y varios integrantes de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), pero este rechazó la oferta en reclamo de la liberación de otros compañeros.

Publicado en: http://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/arrancasiembradearbolesenhonoraoscarlopez-2285482/

Libertad para Oscar: Ahora sí va

 

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Libertad para Oscar: Ahora sí va

El presidente estadounidense Barack Obama (2009 – 2017) faltando dos días para dejar la Presidencia y Casa Blanca, decidió conmutar a Oscar López Rivera, el más reciente preso político puertorriqueño y el más antiguo en cárceles norteamericanas durante la tarde del martes 17 de enero de 2017, cuya libertad será efectiva el mismo día en mayo del año en curso.

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El independentista fue detenido el 29 de mayo de 1981 en Glenview, Chicago.  Y condenado en septiembre del mismo año a 55 años carcelarios por conspiración sediciosa al pertenecer a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y luchar por la libertad de Puerto Rico.  En 1988 fue sentenciado a 15 años adicionales por un alegado intento de fuga.

Oscar con 74 años recién cumplidos el viernes 6 de enero, día trascendental en la cultura y sociedad puertorriqueña por la celebración de los Reyes Magos, ha cumplido 36 años de la sentencia impuesta por el Imperio Norteamericano, y de estos los más recientes estando encerrado en la cárcel federal FCI Terre Haute, en el estado de Indiana.

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“Si las agencias federales tuviesen una huella digital mía asociándome con cualquier cosa en que haya habido muertos, estuviera sentenciado a cárcel de por vida”, dijo en entrevista con El Nuevo Día, el 1 de diciembre de 2016.


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En la más reciente entrevista con El Nuevo Día, López Rivera mencionó que tan pronto salga de prisión irá a ver a su familia en Chicago. Pero, irá a vivir a su país. “(Quiero) disfrutar de Puerto Rico, de mi familia. Pero, a mí me gusta trabajar. Tengo unas destrezas – organizar, ayudar a los jóvenes – que quiero compartir con la gente”, dijo.

“Tengo la esperanza de que podré salir de la cárcel y que el tiempo que sea que me quede en este mundo dedicarlo a trabajar y luchar para ayudar a resolver el mayor problema que enfrentamos”, que es la situación colonial de Puerto Rico,  indicó López Rivera el pasado 6 de enero, cuando cumplió 74 años.

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López Rivera recibió también clemencia – condicionada a que cumpliera otros 10 años de cárcel-, en agosto de 1999, cuando el presidente Bill Clinton indultó a una docena de prisioneros de los grupos clandestinos Los Macheteros y la FALN.

Entonces, López Rivera – veterano de la guerra de Vietnam -, rechazó la oferta, principalmente porque los indultos no incluyeron a dos de sus compañeros – Carlos Alberto Torres y Haydee Beltrán.

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“Nunca, ni en Vietnam ni en la calle dejé a nadie atrás. Se me hizo difícil sabiendo que podía salir primero que ellos.  También en 10 años adicionales de cárcel no podía cometer ninguna infracción y en la prisión uno nunca sabe lo que el carcelero puede querer hacer”, dijo en 2013.

En 2011, con ambos en libertad, pidió entonces clemencia al presidente Obama.

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“Si él estuviera dispuesto a escuchar podría ver que todavía puedo ser productivo. No tengo nada por lo que se pueda decir que soy una persona maligna”, afirmó López Rivera en la más reciente entrevista con El Nuevo Día, reconociendo que una vez pasadas las elecciones presidenciales de 2016 crecieron sus oportunidades de ser excarcelado.

El prisionero independentista ha lamentado el alejamiento de su familia y la represión que sostiene sufrieron sus seres queridos.

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“Mis dos hermanos fueron llamados ante el Gran Jurado. Los dos rehusaron. Mi hermano menor cumplió 13 años de cárcel por rehusar declarar. Mi hermano mayor fue despedido de su trabajo. Mis hermanos no sabían absolutamente nada de lo que yo hacía. Nunca los involucré en nada. Una de las prácticas más feas era que los agentes iban a visitar a mi madre. Se metían a la casa cuando ella estaba fuera. Cuando ella regresaba la estaban esperando, diciéndole que si no me entregaban me iban a matar. En esos cinco años (en la clandestinidad) nunca vi un familiar mío. Cuando mi madre me dijo eso, para mí fue doloroso”, señaló recientemente López Rivera.

Para el movimiento “Nuestra revolución”, creado por el senador independiente y exprecandidato presidencial demócrata Bernie Sanders, después de 36 años en prisión, la excarcelación de López Rivera acentuará que a pesar de haber pasado 12 años en solitario “nunca estuvo solo”.

La familia de Oscar: su hermano José López Rivera, director del Centro Cultural Puertorriqueño en Chicago.

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Gracias, Dios.  Alegría, Alegría, Alegría.

Oscar López Rivera (87651-024): La paz libertaria de siglo XXI

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Michelle Gotay Morales[1]

 

De trazo en trazo sueña la esperanza.

Fuero de amor por la justicia.

Remanso de Paz es la alabanza

para la grandeza de una vida hermosísima.

Revolotean aspiraciones en tinta,

acariciando mudarte en abrazos.

Alado pecho que lucha en resistencia,

cuyo retumbar de los barrotes no apagan

el persistente océano de tu sonrisa.

De espiriticidio no está hecho tu tesón,

constructor del espíritu libertario de siglo XXI.

Con intensidad resplandece la razón,

que sonea Justicia tardía, no es justicia.

Danzas, sagrada vida, palmo a palmo

por Borinquen libre.

¡Oscar, te queremos libre!

[1] Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Estudian cómo el cerebro responde a las experiencias espirituales

 

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Por El Mercurio / GDA

Durante una experiencia espiritual, las emociones y la razón se entrelazan en el cerebro. Por eso, ahora el llamado Proyecto del Cerebro Religioso, que llevan adelante académicos de distintas universidades estadounidenses, incluidas las de Utah y de Harvard, comenzó a estudiar con resonancia magnética algunas prácticas como la oración y los estados meditativos de quienes participan en servicios religiosos, para aclarar cómo responde el cerebro a ellas.

En un primer estudio, analizaron a 19 fieles de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, mormones, con un promedio de edad de 27 años, y que asistían a servicios en su iglesia cada semana. A ellos se les realizó una resonancia magnética mientras los sometían a varios estímulos, como escuchar oraciones, prédicas de algunos de sus pastores, citas bíblicas o les mostraban imágenes de sus líderes durante los servicios, entre otros. Ellos presionaban un botón cuando sentían que estaban teniendo una vivencia espiritual.

Así se vio que en esos momentos se activaban diferentes redes neuronales, partiendo de las áreas más profundas ligadas a las emociones.

“Estamos recién comenzando a entender cómo el cerebro participa en estas experiencias que los creyentes interpretan como espirituales, divinas o trascendentes”, dice el autor principal del trabajo y neurorradiólogo Jeff Anderson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah.

“En los últimos años, las tecnologías de imágenes cerebrales han madurado, permitiéndonos abordar estas interrogantes que el hombre se ha planteado por siglos”, agrega el médico.

Los resultados de la investigación, respaldada por el Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU., se publicaron la semana pasada en la revista Social Neuroscience.

Redes cerebrales

Lo que se observa en el estudio es que “se activa el sistema límbico, ligado a las emociones de todo tipo, como el amor, el odio o la ira. Son áreas profundas y no conscientes del cerebro”, explica la doctora Evelyn Benavides, neuróloga y académica de la Universidad de los Andes.

Según explica, se trata de una parte más intuitiva, que no es controlable, y que corresponde a la vivencia menos modulada de la espiritualidad. Esta después se va elaborando más racionalmente, con la activación de áreas de la corteza prefrontal, donde se evalúa lo que pasa y finalmente se toman decisiones.

Para el doctor Anderson, en esta combinación de distintas redes cerebrales radicaría la tremenda influencia que tienen la religión y la espiritualidad en la toma de decisiones de las personas, las que afectan sus vidas y a su entorno social.

El mencionado proyecto pretende estudiar otros grupos religiosos cristianos con fuerte presencia en Occidente. Lo que se busca es comparar más adelante este conocimiento con estudios similares que ya se han hecho sobre mindfulness y meditación de tipo budista, prácticas espirituales con más arraigo en Oriente, pero que muchas veces van por caminos similares.

Así, esta iniciativa busca poder integrar estas experiencias como un aporte para el bienestar de las personas.

“La experiencia espiritual tiene un rol importante en la vida de los seres humanos, más allá de si se es oriental u occidental”, dice el psicólogo Claudio Araya.

En su opinión, lo más importante es la vivencia de la persona, que finalmente le produce bienestar y una sensación de estar conectado con los otros. “Algo fundamental para un mundo que está buscando sentido, una cosa que no es fácil encontrar en esta sociedad moderna en que vivimos”, añade.

En el caso del mindfulness, “si bien tiene su origen en el budismo, se trata de una técnica que trabaja con lo que es básicamente humano, no hay un discurso de fe de por medio”, dice Álvaro Langer, académico de la Universidad Austral de Chile e investigador del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap). Él ha trabajado con escolares y universitarios, haciendo intervenciones de ocho semanas en que se les enseña esta técnica, con la que mejoran sus niveles de atención en clases y de concentración en las pruebas, lo que les permite disminuir el agobio que muchas veces sienten en el aula. “Una atención más enfocada, una sensación de calma y de gozo, se encuentran tanto en la religiosidad como en las técnicas orientales”, explica el doctor Anderson. Todo lo cual impacta positivamente en el bienestar de quienes participan de estas prácticas.

El Nuevo Día, Lunes 12 de diciembre de 2016.

http://www.elnuevodia.com/estilosdevida/hogar/nota/estudiancomoelcerebrorespondealasexperienciasespirituales-2270703/

Naled no es eco-sustentable

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Por: Michelle Gotay Morales

Envenenemos nuetra tierra

y terminaremos envenenados.

-(Sabiduría indoamericana)

Las personas que promueven fumigar con el insecticida organofosforado Naled no acaban de entender que profesionales y científicas/os locales e internacionales no avalan su uso por cuestiones de salud en nuestro ecosistema.

Este asunto crucial me recuerda a los federales y otras autoridades, las cuales no asocian el cáncer con toda la artillería lanzada por tierra, mar y aire en nuestra amada isla de Vieques. El hecho de que algo se haya utilizado con anterioridad no significa que es saludable para nuestros alimentos, mujeres embarazadas y sus criaturas, infantes, envejecientes e insectos que laboran a favor de nuestra agricultura.

Ya existe data empírica que certifica contraproducente el uso de Naled. Por lo tanto, exhorto al gobernador Alejandro García Padilla a que no autorice la fumigación de tan pernicioso químico.

Antes de ir al extremo con verter por aire el insecticida neurotóxico, se debe hacer hincapié en fumigar tradicionalmente con mayor frecuencia por cada municipio y que en cada hogar se realicen las prevenciones necesarias para evitar los criaderos de mosquitos (Aedes aegypti). Para esto, el gobernador debe impulsar a las alcaldesas y los alcaldes de hacer lo propio y el gobierno y las agencias pertinentes deben ser quienes eduquen o re-eduquen a la ciudadanía.

Aunque la fumigación aérea con Naled será con fondos federales, es más factible, saludable y económico educar por radio, prensa y televisión y exigir a las personas incumbentes en las alcaldías la fumigación tradicional que derrochar dinero en asperjar, poniendo en riesgo a corto y a largo plazo a las personas, animales, aire, mar y tierra o lo que es igual, nuestra casa común inmediata. Además, es un mal precedente ambiental.

Gobernador Alejandro García Padilla, sabemos que nuestra economía ha perdido grandes actividades por una desproporcionada publicidad sobre el virus del zika cuando la estadística de personas infectadas ha sido relativamente baja y un mínimo de mujeres embarazadas contagiadas. Pero usted como gobernador tiene la inmensa responsabilidad de cuidar todo lo que la mayoría del pueblo de Puerto Rico ha puesto bajo su tutela.

Y cada día se levanta un creciente número de personas, profesionales de la medicina, químicas/os, ecologistas, agricultoras/es, agronómas/os, ingenieras/os, legisladoras/es, alcaldesas, religiosas/os y estudiantes universitarios que estamos en contra del experimento de usar Naled en nuestro aire y suelo con la intención de erradicar el Aedes aegypti, causante no solo del zika, sino del dengue y del chikungunya. Los problemas que acarrea el mosquito son ciclícos y en aumento; ocurren todos los veranos sin fallar y en nuestro país tropical hay que regresar a lo básico, a educar al pueblo y la labor sanitaria realizada por las alcaldías.

Alejandro García Padilla, su deber con la ciudadanía como gobernador es decir no al químico que ya ha causado un gran mal a otras floras y faunas y es un nefasto cancerígeno (Cox, Caroline. “Insecticide Factsheet – Naled (Dibrom).” Journal of Pesticide Reform 22.3 (Fall 2002): 18. Print.).

Ante la data desfavorable del insecticida Naled, lo sensato es retornar a lo conocido y útil por el bien de nuestra eco-sustentabilidad.

La autora es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: “Naled No Es Eco-Sostenible.” El Nuevo Día, Tribuna Invitada, 14 de julio de 2016. Impreso

Otro es el pecado

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Por: Michelle Gotay Morales/Especial para Claridad

A las mujeres

A los infantes

A los hombres

A las personas LGBTTIQ

Al placer A Puerto Rico

A la diáspora

A los(as) hispanos(as)

A nuestra casa común, el planeta Tierra

Las calles se confunden con el cielo. – Rosana

 

El eterno discurso del pecado es el mayor odio a la humanidad. Se adoctrina a las masas a considerar que la mujer es una propiedad. A las mujeres africanas se les prohíbe el placer mediante la extirpación del clítoris desde temprana edad. Todavía resuena la animalización a personas de etnias distintas. El texto bíblico ordena despreciar y apedrear a la mujer hasta la muerte, ha validado la esclavitud de mujeres, infantes y hombres, ha exigido la muerte de los hombres que se acuestan juntos, eufemismo moralista de relaciones sexuales entre ellos. Etc.

El concepto de pecado debe repensarse. Pocas veces o nunca se considera pecado las masacres perpetuadas a los(as) judíos(as) por la Alemania Nazi, la masacre de las indígenxs de América ante la Conquista, el colonialismo y neocolonialismo de los Imperios europeos y el norteamericano, la usurpación de bienes líquidos e ilíquidos de países, la explotación de infantes en la mano de obra, la pedofilia de curas restringidos en su sexualidad y de pastores libres para sostener relaciones consensuales o matrimoniales, la avaricia humana ante los limitados recursos que provee la naturaleza y el daño causado a la naturaleza, provocado por la producción y el consumo insostenible, y los variopintos homicidios y masacres a las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y queer, cuyas atrocidades más recientes fueron en Xalapa y Orlando. Estos pecados y muchos más nunca son aislados, ni realizados por una persona, porque siempre tienen como raíz el pecado, el pecado de ser diferentes a los hombres, las sexualidades, el color de piel, la edad para poder consentir, las naciones, las culturas y el mal interpretado y utilizado mandato de sometimiento y potestad.

Quien determina que tu vida es un pecado, te mata. Puede ser literal, puede ser por la tangente, pero siempre es realizado por personas que creen que están del lado correcto o sagrado del camino, de los(as) demás se puede prescindir por ser escorias profanas en el bando contrario.

La autora es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: Claridad, En el Mundo, 30 de junio al 6 de julio de 2016: 25.

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