Once recintos, una UPR

 

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Michelle Gotay Morales

 

La educación es el arma más potente para cambiar el mundo (Nelson Mandela).

Con la creación de la Universidad de Puerto Rico el jueves, 12 de marzo de 1903, nuestra Isla emprende el proyecto de educación superior más prestigioso hasta hoy día. Esto es así porque durante el año en curso el Recinto de Mayagüez logró colocarse entre las mejores 1,000 universidades a nivel mundial, según el Center for World University Rankings. Mientras, la UPR como institución logró posicionarse en el puesto 59 de 526 universidades iberoamericanas, establecido por el Ranking Iberoamericano, debido a su excelencia académica, no obstante esa posición alcanzada debe producir un estímulo adicional en la Universidad.

Consiste en promover con ahínco la investigación, pero no solo la docente, sino también la estudiantil. De esa manera, la producción intelectual de la juventud emprendedora será conocida con igual importancia y pertinencia que la docente a través de publicaciones en revistas académicas, pertenecientes a los once recintos universitarios y sus respectivas facultades y escuelas, y, a su vez, se den a conocer en el exterior.

En el mundo competitivo actual, tener la oportunidad de publicar investigaciones en revistas académicas y libros siendo estudiantes puede ser la llave que posibilite ingresar a una escuela graduada de los once recintos e incluso posteriormente integrarse al claustro de la Universidad de Puerto Rico o fuera del país. Además, el Estado debe mejorar la disponibilidad de becas para los/as estudiantes graduados/as.

Sus acervos bibliotecarios son imprescindibles y de incalculable valor, y pueden aportar nuevos horizontes investigativos. De ahí, la importancia de preservar las colecciones bibliotecarias de los recintos e impulsar una mayor diseminación de conocimiento con investigaciones noveles y de envergadura a través de revistas académicas y la Editorial, que aquilatan el buen nombre de quien la escribe y de la institución. También debe fomentarse más la importancia educativa, social y cultural que provee el presentar sus investigaciones o proyectos artísticos en conferencias y simposios o exhibiciones tanto locales como internacionales. La investigación académica y artística, y su cultura enaltecen el prestigio de nuestra Universidad glocalmente y, por ende, deben ser prioritarias su promoción y respaldo aún en medio de grandes crisis fiscales y económicas.

Otro asunto acuciante es su plan académico y su proyección nacional, las que deben valorar con igual importancia tanto a las facultades y escuelas con una visibilidad en su rentabilidad, las ciencias, las ciencias ambientales y las ciencias ecológicas aplicadas y la administración de empresas, entre otras, como aquellas con una invisibilidad en su productividad, como es el caso de las humanidades, entre otras.

Un ejemplo reciente de intentar hacer del Recinto de Río Piedras uno mercantil, fue cuando al Departamento de Estudios Hispánicos, uno de los más longevos y reconocidos, fuera puesto “en pausa” en 2011, mientras a otros los pusieron en una lista para tomar acción sobre ellos después. Una reflexión atinada sobre la literatura y el poder la hizo la primera directora del Programa de Estudios de la Mujer y Género Mara Negrón Marrero en medio de la más reciente huelga universitaria durante su segundo año consecutivo en 2011, y dice así: “Constato una gran distancia entre lo que enseño y lo que hacen y dicen las instancias de poder que ostentan los cargos más importantes del país”. Se me hace urgente hacer constar que todas las facultades y escuelas de la Universidad de Puerto Rico acrecientan por igual su brillo y brío con investigaciones, presentaciones o exhibiciones.

En adición, la educación de los once recintos debe ser como la profesada por el educador brasilero Paulo Freire, “La educación debe ejercer la libertad y la creatividad” y debe además estar edificada “sobre cimientos de verdad y sobre bases de bien”, según manifestara el educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos y Bonilla.

La UPR no sin retos tiene de frente un futuro esperanzador.

Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

 

Miércoles, 14 de diciembre de 2016.

http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/oncerecintosunaupr-columna-2272194/

 

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San Juan de la Cruz, un poeta en la noche (a los 425 años de su muerte)

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Xabier Pikaza

San Juan de la Cruz (1542-1591) es quizá el mayor poeta y testigo del amor en la tradición de occidente. Su obra tiene un fondo judío: puede interpretarse como un comentario al Cantar de los Cantares. Algunos de sus elementos se inspiran en la tradición platónica, tal como ha sido recreada por los renacentistas italianos e hispanos de los siglos XV y XVI.

Pero, en un sentido estricto, san Juan de la Cruz es un cristiano contemplativo, alguien que ha traducido la experiencia de la encarnación y la pasión del Dios en Cristo en símbolos de amor. Un poeta en la noche, un testigo de la luz y la Palabra, más allá de todos los silencios, en medio de todas las oscuridades. Buen día a todos sus amigos.

1. San Juan de la Cruz ha elaborado una cristología del amor encarnado. En su punto de partida está el misterio de la Trinidad, entendida como encuentro de amor del Padre y del Hijo (Amado y Amante) en el Espíritu (que es el mismo Amor).

«Como Amado en el Amante / uno en otro residía. / Y aquese Amor que los une / en lo mismo convenía / con el uno y con el otro / en igualdad y valía. /Tres personas y un Amado / entre todos tres había. / Y un Amor en todas ellas / un Amante las hacía. /Y el Amado es el Amante / en que cada cual vivía, / Que el ser que los tres poseen /cada cual le poseía» (Romance 21-34).

El ser de Dios es amor, unión de Amado y Amante, en reciprocidad completa, que brota del Padre y se expresa en el Hijo, para tornar nuevamente al Padre. En ese contexto, las dos experiencias más significativas (de padres/hijos y amantes) se acaban identificando: Dios es comunión engendradora (Amor de Padre-Hijo), siendo encuentro dual [Amor esponsal]. Desde ese fondo se entiende la encarnación del Hijo de Dios, entendida de un modo esponsal.

«Una esposa que te ame / mi Hijo darte quería, /que por tu valor merezca / tener nuestra compañía. /Y comer pan a una mesa / de el mismo que yo comía» (Romance 77-81).

Para desposarse con su esposa humana, el Hijo de Dios tiene que encarnarse y nacer entre los hombres: “Así como desposado / de su tálamo salía, / abrazado con su esposa, / que en sus brazos la traía” (Romance 289-291). Desposorio del hombre y Dios: eso es la encarnación.

2. San Juan de la Cruz ha elaborado una cristología del amor pascual, entendiendo la Cruz de Jesús como muerte en amor (por amor), más que como resultado de un conflicto social o como sacrificio expiatorio del Hijo de Dios, que aplacaría la ira de su Padre. La muerte de Jesús no es una consecuencia de la ira de Dios, ni castigo impuesto para expiación sobre su Hijo, sino experiencia radical de amor. No ha venido al mundo para imponer su ley a la fuerza, sino para vivir en forma humana el mismo amor divino, que es generosidad originaria, donación gozosa. No ha muerto simplemente porque unos hombres le han matado, sino por entrega de amor, como destaca el poema del Pastorcito crucificado. Jesús llora y sufre en la cruz porque los hombres le han rechazado:

«Que sólo de pensar que está olvidado / de su bella pastora, con gran pena / se deja maltratar en tierra ajena, / el pecho de amor muy lastimado». (Un pastorcico 3).

Dios es amor y así, por amor, muere Jesús, porque los hombres (que son su verdadera esposa) no responden a la llamada de su amor divino.

3. La trama del Cántico Espiritual. Amor de Dios, amor de hombre. Desde los rasgos anteriores, retomando de una forma genial los motivos del Cantar de los Cantares, ha escrito y comentado Juan de la Cruz uno de los poemas de amor más importantes de la historia de occidente, vinculando de modo inseparable a Dios y al hombre.

(a) Dios es amor enamorado, que vive en sí viviendo fuera de sí, en un “fuera” que no es exterioridad sino interioridad compartida. La Cábala judía había supuesto que Dios se retiraba, suscitando en su interior un tipo de vacío, para que pudiera surgir de esa manera el mundo, la historia de los hombres. En contra de eso, con la tradición cristiana, San Juan de la Cruz supone que Dios es amor enamorado y que de esa forma se abre hacia el Amado, no para perderse allí, sino para desplegar en el tiempo de los hombres su historia de amor eterno, es decir, la Trinidad.

b) Existiendo en Dios, el hombre es también un despliegue personal de amor. No nace por ley, ni por capricho de Dios o de los dioses, ni por fatalidad, sino como esposa o dialogante de amor del mismo Hijo Divino (hijo del Dios enamorado), a quien su Padre dice: “una esposa que te ame, mi Hijo darte quería, que por tu valor merezca tener nuestra compañía…” (Romance 77-78). Así brota el hombre, inmerso en la misma relación de amor de Dios. Brota en un espacio de finitud, dentro del tiempo que pasa y que tiende a perderse. Pero, en otra perspectiva, brota al interior del ser divino, como alguien que puede ser “Dios en el tiempo” (alguien diría “un dios pequeño”), por encima de todos los posibles esquemas de una ley que le dice y le marca su realidad desde fuera.

4. Una metafísica de amor. Al situarse en esta perspectiva, San Juan de la Cruz ha superado una ontología de la sustancia (plano griego), lo mismo que una filosofía moderna del pensamiento y de la voluntad, para presentar al hombre, desde una perspectiva metafísica, como relación de amor, como un viviente que sólo existe y se mantiene en la medida que se entrega y relaciona, desde y con los otros, vinculando de esa forma esencia y existencia, ser y hacerse, intimidad y encuentro interhumano. Sólo al interior del Dios enamorado podemos hablar de un amor de hombre pues el hombre no existe encerrándose en sí mismo (como sujeto de posibles accidentes, ser explicado y definido por sí mismo), sino sólo recibiendo el ser de otros y abriéndose a ellos, viviendo así en la entraña del mismo ser divino (que es relación de amor, encuentro de personas).

Más que animal racional o constructor de utensilios, pastor del ser o soledad originaria, el hombre es auto-presencia relacional, ser que se descubre en manos de sí mismo al entregarse a los demás, en gesto enamorado de creatividad y vida compartida. El hombre sólo existe de verdad (sobre la naturaleza cósmica, desbordando el sistema social) en la medida en que se entrega y/o regala su vida, compartiendo su misma realidad con otros hombres. Así podemos decir que es lo más frágil: no es una “cosa” objetiva, independiente de lo que ella sabe y hace, sino presencia amorosa. Pero, siendo lo más frágil, el hombre es lo más fuerte: es presencia en relación, es amor compartido. Así pasamos de la “ontología de la sustancia”, propia de un mundo en el que Dios se identifica en el fondo con el Todo, a una metafísica del amor, es decir, la relación y la presencia mutua. No hay primero persona y después relación de amor, pues el hombre sólo es presencia (auto-presencia, ser en sí) en la medida en que se relaciona, de tal manera que se conoce conociendo a otros (desde otros), desde el Ser que es Dios, a quien descubre como trascendencia amorosa.

5. Lo primero es el encuentro de amor. No existe primero el ser propio y después la alteridad, porque en el principio de mi ser (del ser de cada uno) se expresa el ser de Dios que es alteridad y presencia radical de amor (que se nos revela a través de los demás). De esa manera, existiendo en Dios, siendo presencia suya, también nosotros somos presencia relacional. Eso significa que no podemos crearnos de un modo individualista, para ser dueños de nuestra vida por aislado, en gesto posesivo, como sujetos absolutos.

Siendo en el amor de Dos, los hombres no somos ni sujetos ni objetos separados, sino presencia relacional. Eso significa que somos por amor, porque nos han mirado y llamado a la vida: puedo decir “soy” porque alguien me ha dicho que sea. En el principio no está el “yo pienso” (Descartes), ni el “yo actúo” (Kant), sino la palabra más honda de aquel que me dice ¡Vive, tú eres mi hijo, eres mi amigo, siento tú mismo!. Sólo tengo acceso a mi propia identidad como un ‘yo’ en la medida en que existo (alcanzo mi propia identidad) al interior del Dios enamorado, es decir, al interior de Aquél que me llama y me ama. No existo como sustancia independiente, sino como destinatario de una relación de amor. Soy porque me han llamado.

6. Aceptación mutua: nos hacemos ser. En ese fondo, San Juan de la Cruz ha elaborado implícitamente una “fenomenología del enamoramiento creador”, destacando el gozo y tarea de la vida compartida, como algo que desborda el nivel de la ley donde nos sitúan los sistemas legales del mundo. Para el sistema no existe un verdadero tú, ni un yo en sentido estricto. Tampoco existimos nosotros en cuanto personas, portadoras de un amor compartido.

El sistema sólo conoce estructuras y leyes intercambiables, al servicio de los intereses del conjunto. Por el contrario, la vida humana es siempre encuentro concreto de personas. Cada uno se deja liberar (nace a la vida humana) por el don del otro, de tal forma que podemos afirmar que el hombre no es ya naturaleza, sino gracia (un ser sobrenatural); tampoco es cultura, simple momento de un sistema económico-social. El hombre es gracia de amor, encuentro personal. Desde ese fondo se puede presentar la gran alternativa: o el hombre vive en diálogo de amor con los demás, en un nivel donde la vida es gracia (regalo) o se destruye a sí misma. Este proceso de liberación o surgimiento hace que la vida humana deba interpretarse como regalo.

7. Curación de amor. Desde las observaciones anteriores se entiende y puede interpretarse el Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, que ofrece una de las fenomenologías de amor más perfectas de occidente, una obra que habría que comentar estrofa por estrofa, verso a verso. A modo de ejemplo citamos las palabras que dicen: “Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura» (Cántico Espiritual 11).

En este contexto ha desarrollado san Juan de la Cruz una preciosa reflexión sobre el amor y la salud.

«La causa por que la enfermedad de amor no tiene otra cura, sino la presencia y figura del Amado, como aquí dice, es porque la dolencia de amor, así como es diferente de las demás enfermedades, su medicina es también diferente. Porque en las demás enfermedades – para seguir buena filosofía – cúranse los contrarios con contrarios; mas el amor no se cura sino con cosas conformes al amor.

La razón es porque la salud del alma es el amor de Dios, y así, cuando no tiene cumplido amor, (el alma) no tiene cumplida salud, y por eso está enferma. Porque la enfermedad no es otra cosa, sino falta de salud, de manera que cuando ningún grado de amor tiene el alma, está muerta; más cuando tiene algún grado de amor de Dios, por mínimo que sea, ya está viva, pero está muy debilitada y enferma por el poco amor que tiene; pero cuanto más amor se le fuere aumentando, más salud tendrá, y cuando tuviere perfecto amor, será su salud cumplida» (Comentario al Cántico B, 11). El tema del amor como salud integral constituye uno de los motivos de reflexión más importantes de nuestro tiempo.

Bibliografía

[1] San Juan de la Cruz, Obras completas, BAC, Madrid 1991.

Cf. J. Baruzi, San Juan de la Cruz y la experiencia mística, Consejería de Educación de CL, Valladolid 1993;

M. A. Cadrecha, San Juan de la Cruz. Una eclesiología del amor, Monte Carmelo, Burgos 1980;

D. Chowning, “Sanados por amor. El camino de la sanación en San Juan de la Cruz”: Revista de Espiritualidad 59 (2000) 253-333;

G. Morel, Le sens de l’existence selon Saint Jean de la Croix I-III, Aubier, Paris 1960-1961;

M. Ofilada, San Juan de la Cruz. El sentido experiencial del conocimiento de Dios, Monte Carmelo, Burgos 2003;

E. Pacho, San Juan de la Cruz. Temas fundamentales I-II, Monte Carmelo, Burgos 1984;

X. Pikaza, El “Cántico Espiritual” de San Juan de la Cruz. Poesía, Biblia, Teología, Paulinas, Madrid 1992; Amor de hombre, Dios enamorado, Desclée de Brouwer, Bilbao 2003;

C. P. Thompson, San Juan de la Cruz. El poeta y el místico, Swan, S. Lorenzo del Escorial 1985; Canciones en la noche. Estudio sobre san Juan de la Cruz, Trotta, Madrid 2002;

J. Vives, Examen de amor. Lectura de San Juan de la Cruz. Santander, Sal Terrae, Madrid 1978;

D. Yndurain, Poesía, Cátedra, Madrid 1989.

14 de diciembre de 2016

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2016/12/14/p393217#more393217

Oscar López Rivera (87651-024): La paz libertaria de siglo XXI

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Michelle Gotay Morales[1]

 

De trazo en trazo sueña la esperanza.

Fuero de amor por la justicia.

Remanso de Paz es la alabanza

para la grandeza de una vida hermosísima.

Revolotean aspiraciones en tinta,

acariciando mudarte en abrazos.

Alado pecho que lucha en resistencia,

cuyo retumbar de los barrotes no apagan

el persistente océano de tu sonrisa.

De espiriticidio no está hecho tu tesón,

constructor del espíritu libertario de siglo XXI.

Con intensidad resplandece la razón,

que sonea Justicia tardía, no es justicia.

Danzas, sagrada vida, palmo a palmo

por Borinquen libre.

¡Oscar, te queremos libre!

[1] Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

2da Ronda de Reseñas: Pérez Álvarez, Eliseo. The Gospel to the Calypsonians: The Caribbean, Bible and Liberation Theology. México: El Faro, 2004.

 

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Nos reunimos en la Iglesia Luterana Divino Salvador en Cataño, Puerto Rico, durante el 6to Domingo de Pascua que caía el 16 de mayo de 2004, con el objetivo de realizar la 2da ronda de reseñas del libro: Pérez Álvarez, Eliseo. The Gospel to the Calypsonians: The Caribbean, Bible and Liberation Theology. México: El Faro, 2004.

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Algunas pinceladas de lo que dije:

Los Indios Nativos Americanos tienen 4 principios básicos:
Hablar desde el corazón
Escuchar con el corazón
Ser concisos y
Ser espontáneos

En mis años que tengo el gusto de compartir ideas con el teólogo y filósofo Eliseo Pérez Álvarez puedo decir que es muy parco al hablar, prefiere acallar humildemente su ego para tener acceso a las cruces y sabiduría vivencial de las demás personas. Pero cuando habla te conduce a: la risa, la reflexión honesta y asumir posturas. Sus planteamientos son simples y concisos como sus palabras, pero de unas profundas bases teológicas y filosóficas en las que en todo momento procura hacer entendible lo que conlleva ser realmente cristianos y hacedores del Reino de Dios desde el presente, en nuestra tierra. Su vasto conocimiento no le ha impedido ser un hombre sensible, embromón, accesible y creativamente espontáneo. Eliseo como buen descendiente indígena de la tierra azteca cumple con los cuatro principios de los indios. Su libro refleja su ser, sus opciones, sus preocupaciones y lo que sencillamente le molesta.

En su segundo libro de sermones es explícito su énfasis de que las iglesias re-lean el texto bíblico desde el contexto sociológico en el que se vive, sin el característico menosprecio de nuestras raíces. […] nos reta a ampliar nuestra limitada visión cartográfica aprendida. Haciendo esto, busca validar las otras culturas, modos de pensar, amar, hacer, predicar, adorar, comer, bailar, cantar y vivir.

Es su intento de Re-formarnos el pensamiento de manera creativa al invitarnos a “aprender a desaprender” el programado y acostumbrado diskette mental y re-construirnos nuevamente, según los valores innegociables del Reino: la vida, la dignidad humana, la solidaridad, el amor y los derechos humanos.

El libro es una joya homilética no sólo para el Caribe, sino para toda Latinoamérica por su pertinencia social, teológica y pastoral en los tiempos que vivimos.

Su obra nos alecciona en muchos tópicos de los cuales sólo voy a mencionar algunos: en ver con sospecha la historia escrita y dicha por los poderosos; a reorientar el mapa bíblico y hermenéutico, y a su vez, aterrizar nuestra cielografía y el Reino de Dios; en celebrar y aprehender la diversidad, porque Dios nos ha creado diferentes y con carismas distintos con el propósito de mostrar que en sus moradas cabemos todos; a validar a que soñemos… un mundo mejor; a ser y pensar diferente; a ser tal cual somos: originales; a ser holísticos en nuestros discursos teológicos y pastorales; que el pecado es la pérdida de identidad personal e histórica; que el diablo no es una persona, sino todo aquello que tiende a dividir, separar, excluir; que el amor, la solidaridad, el compromiso, la aceptación, une; la apatía, el odio, el miedo, la ignorancia y la tolerancia, divide.

El autor se posiciona con los perdedores del mundo, como Jesús en su tiempo, para promover la libertad, el amor, la solidaridad comunitaria por la esperanza de otro mundo utópico, del Reino de Dios. El subvierte el orden actual por el orden divino, es un desobediente civil y eclesial para ser un agente social de consciencia transformadora por su obediencia a Cristo. Más aún, al Reino. Eliseo es un profeta de Dios en nuestros tiempos.

Como profeta es un hombre de una aguda sensibilidad para discernir los argumentos que acarrean división, exclusión y muerte. Y con valentía se posiciona para denunciar y anunciar, como buen teólogo de la cruz, con nombre y apellido las potestades del mal sin cansarse de repetir lo mismo en beneficio de devolverle la dignidad a todas las personas atropelladas, silenciadas y vejadas de nuestras iglesias y sociedades.

El libro del Dr. Pérez se puede ubicar bajo la sombrilla de la Teología de la Liberación y variadas teologías contemporáneas, la Teología Feminista Latinoamericana, la Afro-Americana, la Indígena, la Ecuménica y la tan invisibilizada Teología Queer.

Eliseo des-invisibiliza la homofobia eclesial. El autor es de los pocos y atrevidos pastores latinoamericanos que ha escrito a favor de las minorías sexuales dentro de nuestro contexto marcadamente machista y heterosexista. Lo hace con audaz valentía con el propósito libertario de restaurarnos nuestra dignidad de personas en el común seguimiento de Jesucristo, sin coartar nuestra sexualidad o nuestra fe. Desde hace unos años el Dr. Luis Rivera Pagán viene anunciando que las iglesias deben tomar carta en el asunto y asumir posturas liberadoras e igualitarias con nosotras y nosotros. Eliseo con esta obra se suma en el anuncio liberador de las Buenas Nuevas a la Comunidad Queer de manera pública y por escrito.

Eliseo me ha abierto la puerta para que no me quede en el silencio y la negación. Y estoy aquí como lesbiana y cristiana tomando el lugar que me corresponde en la Casa de Dios como su hija amada. Ese es uno de mis dones y mis cruces, por ende, la lucha que me pertenece a mí batallar, pero junto a la Comunidad LGBTT y aliad@s: buscar espacios igualitarios en las iglesias para la Comunidad Queer en todos los ministerios, incluyendo la pastoral. Las personas homoeróticas no queremos más tolerancia apática y jerárquica, deseamos la aceptación e inclusividad solidaria real de todo nuestro ser, como también bautizados en el Espíritu de Dios. Eliseo en sus sermones, “Third Sex Christians” y “Liberating News for Queers” nos da nombre, nos da rostro, nos hace persona y nos hace dignos como criaturas de Dios.

El corazón de Eliseo se ha desnudado con esta excelente obra y muestra lo que el calendario litúrgico nos dice hoy en el Evangelio de San Juan (14:23, 27): “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él”. Y como fiel y valiente discípulo de Jesucristo habla y liberta sin miedo. A su vez, como hijo de su tierra mexicana también cumple con los 10 Mandamientos Indígenas, Eliseo:

Permanece cercano al Gran Espíritu
Muestra gran respeto a sus semejantes
Asiste y es solidario con quien lo necesita
Es verdadero y honesto en todo tiempo
Hace lo que sabe es su deber
Busca no sólo a las personas íntegras y sanas, sino a las que están en proceso de sanar
Trata la Tierra y todos sus habitantes con respeto
Asume total responsabilidad de sus palabras y actos
Dedica sus esfuerzos al Gran Bien Común
Trabaja en equipo para el bien de toda la humanidad

Pastor, maestro y amigo, gracias por tu modelaje de la orto-doxia y la orto-praxis cristiana, por tu anuncio y denuncia, por tus categorías filosóficas y tu teología de la cruz liberadora, por tu centralidad en la mesa tanto eucarística como en la mesa diaria, por devolvernos la historia silenciada, por tu calidad humana, por tu alma indígena y caribeña y por tu contínua opción por los perdedores del mundo como Dios lo hizo. Que viva el Jammin, el Jamar (comer) y el Calipso! Que Dios te continúe bendiciendo tanto a ti como a Gina. Y a echar pa’ lante que en el cielo/tierra hay fiesta hoy.

P.D.: Me antecedí a la decisión de inclusividad de la ELCA (EE UU) por varios años. Además, las fotos son una copia de las originales, pero al tener gloss estábamos arropadxs por la luz y pierden visibilidad, también añadí las que tenía el documento original.

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San Juan de la Cruz

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Por Xabier Pikaza

 

Un día como hoy (14.12.16), hace 425 años, murió San Juan de la Cruz (SJC), quizá el mayor poeta de la literatura castellana, quizá el cristiano más radical e influyente (con Ignacio de Loyola) en la Edad Moderna.

En este blog he presentado varias veces una semblanza de su vida y obra (con el comentario de algunas canciones de su Cántico Espiritual). Este año quiero evocar, en dos o tres postales, la aventura más alta de su vida: los casi nueve meses de cárcel de Toledo, tragado por una ballena como él dice en una carta dirigida a su amiga Catalina de Jesús: 6.7.1581) y arrojado después en tierra extraña (como nuevo Job de desventuras).

Pero Job terminó quejándose del Dios de la ballena, mientras que San Juan de la Cruz escribió en la durísima cárcel (vientre de ballena) unas canciones de amor que siguen siendo fuente de inspiración y asombro para todos.

Alonso

Aprovecho la ocasión para presentar el libro de E. Alonso , una historia novelada de SJC desde la perspectiva de la ballena, resaltando más la parte ascética de aquella cárcel. Yo pondré en mis postales (en ésta y las siguientes) la parte dura pero también hermosa, amorosa y creadora de aquella experiencia. Buen día de San Juan de la Cruz a todos.

Imagen 1. Grabado de Toledo, del año 1689, dedicado al Cardenal. F. Portocarrero. Bajo el alcázar, símbolo del poder político-militar de la Corona, el convento del Carmen Calzado, donde a SJC “le tragó aquella ballena” y donde estuvo ocho meses preso, en peligro de muerte. En el vientre del gran pez le visitó el Amado, inspirándole sus Canciones.

Imagen 2. Portada del libro que A. Alonso, profesor de literatura, escritor y novelista, ha dedicado a SJC, el preso de la ballena. Ha sido publicado por mi amigo y colega Antonio Duato, en Atrio-Llibres (para información y visita del blog, cf. http://www.atrio.org/ ). A los dos, Eduardo Alonso y Antonio Duato mi admiración y agradecimiento.

Una experiencia de amor y dolor en la cárcel:

Una noche de la Octava de la Virgen de Agosto (entre el 16-18. VIII. 1578), tras casi nueve meses de dura prisión en un convento, donde le habían llevado a escondidas desde Ávila (tras haber sido secuestrado en la noche del 2 ó 3 del XII de 1577), Juan de Yepes (a quien llamaremos San Juan de la Cruz: SJC), logró descerrajar las llaves de su encierro, abrir el ventanal del alto muro y descolgarse con riesgo y audacia hasta una calle baja de Toledo, junto al Tajo. Le habían juzgado y condenado por rebelde, corría peligro su vida, y sintió el deber de conservarla y proclamar la historia de amor que allí había experimentado y fijado en bellísimas canciones, en contra de aquellos que le tenían condenado por opuesto al mandato de un tipo de Iglesia.

Salió a medio vestir, en la oscuridad ardiente de Toledo, y buscó el refugio de las carmelitas amigas, que primero le escondieron en la Iglesia, y luego hallaron la manera de ponerle a salvo, con amigos influyentes, de forma que pudo escapar de Castilla y encontrar asilo, y empezar la expansión su ejercicio de amor en Andalucía. Saltó de la altura sin nada, enfermo grave, con un hábito raído, pero llevaba en su memoria y corazón (y en un cuadernillo que al fin pudo escribir) el mayor de sus tesoros: Unos poemas de prisión y libertad, entre los que despuntaban treinta canciones de amor, en las que había condensado su más honda experiencia de vida, su visión del evangelio y su proyecto de reforma, como protesta contra la prisión y esperanza de transformación cristiana.

Desde la cárcel de Toledo

Estrictamente hablando, esas canciones no pueden tomarse como su autobiografía, pero condensaban, mejor que ningún posible texto de confesiones o memorias, el manantial de su experiencia y el proyecto de su nueva trayectoria en el “extraño puerto” de Andalucía donde le llevaron sus hermanos reformados. Así lo supieron las madres del convento de Toledo que le escucharon recitarlas (cantarlas) de forma emocionada, al acogerle con celoso secreto en su Iglesia, mientras reparaban sus vestidos y sus fuerzas, para que pudiera tomar el camino de Andalucía, bajo la protección de un amigo canónigo del Hospital de Toledo donde le llevaron primero para curarle a escondidas.

No había sido fácil mantener el ánimo y la vida en aquel penal, donde le habían juzgado, condenado y sepultado, en prisión secreta, los hermanos calzados de su Orden, con la aprobación (al menos tácita) de la jerarquía de la Iglesia, empezando por el Nuncio de Roma. Le culpaban de insolencia y desacato, de oposición a la autoridad y desobediencia a la Iglesia, en tiempos de fuerte crisis, cuando la unidad era más necesaria que nunca y los riesgos de falsas reformas se extendían por doquier, siguiendo el ejemplo protestante.

Sus “carceleros” no eran perversos ni injustos, tenían sus razones de orden y concordia en la sociedad cristiana, y así le instaron a volver a la “obediencia” religiosa, queriendo convencerle al principio con buenas razones, para que dejara la “reforma”, pues su ejemplo serviría para que también otros lo hicieran, de manera que se evitara el grave riesgo de escisión del Carmelo, con las consecuencias que ello podía implicar para la Iglesia. Ciertamente, estaba en juego un problema personal de Juan de Yepes, un “fraile” piadoso que desafiaba a sus pretendidos superiores con su libertad; pero en el fondo había también un problema eclesiástico y social, en un tiempo y país donde la Iglesia era un momento esencial del Estado.

En esa situación, Juan de Yepes se mantuvo fiel a su conciencia, por encima del orden superior de una Iglesia oficial, representada por sus acusadores. Ciertamente, las cosas no estaban claras, ni siquiera en lo referente a la Madre Teresa de Jesús, inspiradora y promotora de la Reforma del Carmelo, a la que Juan de Yepes se había sumado. Mientras esa Reforma intra-católica fuera cosa de “mujeres”, monjas encerradas en conventos recogidos, sin influjo directo en la marcha de la Iglesia, se pensaba que no había peligro. Pero el peligro surgió y se extendió desde el momento en que Teresa logró que algunos varones como Juan de Yepes (hombre de letras, que había querido ser cartujo y aislarse del mundo), con estudios y conocimiento, presbíteros de la Iglesia asumieron la Reforma.

No se trataba del riesgo protestante, que parecía quedar lejos de España, sino de algo incluso más funesto y peligroso en el catolicismo: La Reforma iniciada en el Camelo por Teresa de Jesús, y asumida de un modo especial por Juan de Yepes, representaba una Protesta contra un tipo de Iglesia de grandes poderes y conventos, vinculados a un tipo de poder político, eclesiástico y social, para volver sencillamente al evangelio, es decir, a la oración en libertad, a la transformación personal. Sin duda, Teresa de Jesús aprovechó sus influjos político-sociales, como mujer crecida en el seno de una burguesía influyente de “provincia”, pero con acceso a obispos y señores, e incluso al mismo rey Felipe II, y así pudo evitar la persecución directa, aunque debió pasar por tribulaciones y dificultades. Pero la situación era distinta para hombre menos influyentes en lo externo, como Juan de Yepes.

SJC provenía de una familia pobre (con parientes muertos literalmente de hambre), pero se hallaba dotado de inmensa sensibilidad e inteligencia. Había pasado muchas penurias, trabajando desde niño en hospitales y lugares de máxima miseria, pero, al mismo tiempo, había estudiado en los centros escolares más prestigiosos de su tiempo (jesuitas de Medina de Campo, Universidad de Salamanca). Profesó en la Orden del Carmelo y luego y, ordenado sacerdote, quiso entrar cartujo, para entregarse en soledad a la contemplación, fuera de los muros de opresión de un mundo que él había conocido bien, en el mercado de Medina (gran centro de comercio) y en la Universidad de Salamanca (centro de cultura universal).

Pero Teresa de Jesús le buscó en Medina, y le instó a dejar la idea de cartujo, asumiendo en vez de ello la Reforma que ella buscaba, para él y para otros, desde el mismo interior del Carmelo, en pobreza radical, en encuentro con Jesús, desde las márgenes del mundo. Eran y siguieron siendo muy distintos. Teresa era mujer de más mundo, y buscaba un Carmelo abierto a las corrientes sociales de su tiempo; SJC era en el fondo un ermitaño de amor, un hombre de pobreza interior y exterior, y así nunca dejó de ser un eremita.

Ciertamente, Teresa, que le necesitaba para su Carmelo, no quiso que él dirigiera oficialmente la Reforma, pues confiaba para ello en otras personas (en especial en el P. J. Gracián). Pero valoraba su experiencia de Dios y su sabiduría, y le juzgaba necesario para la Reforma, por el testimonio de su vida y sus dotes de educador. Y así fue como SJC vino a ser la figura más representativa del Carmelo Reformado (1568-1577), en la soledad de Duruelo y Mancera (entre Salamanca y Ávila) y, sobre todo, en la ciudad universitaria de Alcalá de Henares, donde siguió en contacto con la mejor cultura de su tiempo.

De un modo consecuente, en un momento clave, cuando a Teresa de Jesús le nombraron priora del gran convento “calzado” de la Encarnación de Ávila, donde había iniciado la vida religiosa y planeado su Reforma, ella misma quiso y logró que SJC fuera confesor y director espiritual de aquel convento, cosa que fue, desde 1572 hasta 1577, en que le llevaron preso. La Reforma no había logrado estabilizarse todavía, no se podía prever su resultado, si quedaría como un simple cambio espiritual en algunos conventos de mujeres, o si crearía un nuevo movimiento de vida en la Iglesia (es decir, en la sociedad).

El resultado dependía de Teresa de Jesús y de algunos reformados como SJC, pero también de sus opositores, entre ellos bastantes carmelitas calzados, que no aceptaban la “aventura” reformista, y otros eclesiásticos con poder e influjo social, poco propensos a los cambios. En ese contexto, a lo largo de cinco largos años, SJC vivió bastante cerca de Teresa, en la etapas que ella estuvo en la Encarnación, asumiendo la tarea de escuchar y despertar, convertir, moderar y animar a más de cien religiosas de todas las clases sociales (señoras, mujeres libres, criadas…) en aquel gran convento, que Teresa de Jesús quiso y no pudo ganar para su reforma.

Fue una gran labor, un contacto directo con la realidad, es decir, con la vida concreta de varias docenas de mujeres que eran monjas por vocación espiritual, pero también por presión social y por necesidad. Fue un experimento de aquello que pudo haber sido y no fue la reforma de conjunto de la Orden del Carmelo, sin la creación de una rama distinta de carmelitas, con lo que eso suponía de rechazo (y en el fondo de condena) de los carmelitas antiguos (calzados). Podríamos decir que su obra de confesor y reformador de carmelitas de la Encarnación no triunfó en lo externo, pero aquellos años marcaron su vida y le hicieron hombre de experiencia de amor, compañero, amigo y director de mujeres que optaban por asumir y recorrer en libertad un camino de iniciación/purificación en el amor, en la línea de lo que dirán sus Canciones. Allí descubrió en principio en sentido y las implicaciones de una Reforma expresada como Ejercicio de Amor, concretado de un modo especial en mujeres.

Reforma incierta, juicio obscuro

Quizá no era mucho lo que SJC pudo hacer externamente, pero tuvo una gran repercusión y significó un peligro para los que no aceptaban ese tipo de reforma del Carmelo. Por eso, los adversarios de la Reforma decidieron apartarle del camino, con un golpe de efecto, raptándole en secreto y llevándole preso (también en secreto, y conforme al Derecho “cristiano” y de la Vida Religiosa de aquel tiempo) a la cárcel conventual de Toledo donde quisieron que renunciara a la Reforma y aceptara la autoridad establecida del Carmelo Calzado, primero con argumentos de ley, después con halagos y finalmente con amenazas.

No era fácil optar sin más, desde la Ley oficial de la Iglesia (y desde la política religiosa de Felipe II en España), por la Reforma del Carmelo. Había muchos cabos sueltos, de manera que no podemos condenar sin más a los que encarcelaron a Juan de la Cruz. Ciertamente, en conjunto, ellos tenían sus razones, pero la forma de imponerlas nos parece hoy (2017) no sólo excesiva, cruel, nada cristiana y contraproducente, sino poco sensata, pues no sabían con quien se habían enfrentado, Juan de Yepes, ¡un hombre débil, pero capaz de mantenerse firme en medios de la persecución, precisamente por conciencia, porque sabía ya que el amor está por encima de toda ley, como iré poniendo de relieve en el comentario a las sus canciones de amor. Éste era el contexto:

En el seno de la Orden del Carmen se habían agravado las tensiones jurisdiccionales entre carmelitas calzados (la Orden antigua, oficial) y descalzos (los de Santa Teresa). Los primeros, decididos a evitar la separación de un grupo cada vez más nutrido de frailes, fueron impulsados por la curia romana y el papa; los segundos, seguidores de la regla primitiva no mitigada y ávidos de rigor, fueron apoyados por Felipe II, promotor de una reforma «a la hispana», rápida y radical. En 1575, el capítulo general de los carmelitas, reunido en Piacenza, determinó enviar un visitador de la orden para calzados y descalzos, el P. Jerónimo Tostado, con el objetivo de suprimir los conventos fundados sin licencia del General de la Orden.

No era fácil decidir en aquellas circunstancias, ni justificar sin más una reforma que parecía oponerse al orden establecido, y así eran muchos (quizá mayoría) los que empezaron respaldando a la autoridad oficial de la Orden, representada por los Calzados del gran convento de Toledo, a pesar de lo que diga con su habitual retórica la Madre Teresa en una carta en la que escribe al mismo rey Felipe II, intercediendo por Juan de la Cruz, y añadiendo que preferiría que hubiera caído en manos de moros más que de religiosos calzados.

Los que encarcelaron a SJC tenían sus razones que, posiblemente, en sentido jurídico, eran tan válidas como las razones de los reformados, al menos en eso momento, en el año 1577-1578. ¿Quién era aquel frágil y aún joven religioso, de 37 años, con aires de espiritual, para oponerse a la autoridad de la Iglesia establecida? ¿Qué sentido tenía buscar una Reforma, centrada especialmente en mujeres a las que él educaba para que desplegaran su vida en libertad interior y autonomía de amor, con riesgo de romper el orden establecido?

Parecía claro que debía mantenerse la tradición y la autoridad de las instituciones, al servicio de la Iglesia, con monjas sumisas a la jerarquía. La opción de SJC (con la Madre Teresa) aparecía ante muchos como una aventura poco realista, quizá como un oportunismo, un riesgo en contra de la verdadera libertad que se mantiene en el orden de la Iglesia, en un momento de autoridades cruzadas (la de Felipe II y la de Roma). En principio, los que optaron por el Carmen Calzado, con su autoridad sobre la Reforma, venían con la autoridad de un Capítulo General (celebrado en Piacenza (1575) y con el apoyo de F. Sega, Nuncio del Papa en España (1577-1581). Por eso, los que juzgaron a SJC estaban en “derecho” para hacerlo.

Ellos, los jueces de SJC en Toledo (empezando por el P. Jerónimo Tostado, que fue el Visitador enviado por el Capítulo de Piacenza, para calzados y descalzos) no pueden tomarse como “terroristas”, sino al contrario, eran hombres de ley. Ciertamente, utilizaron métodos de nocturnidad y ocultamiento, con prisión conventual, que hoy nos parecen contrarios a Derecho; pero eran los que entonces se empleaban en la Iglesia, y mucho más en los tribunales de la Inquisición.

No estamos, pues, ante una historia de buenos y malos, como si los descalzos (y en especial SJC) fueran buenos y los calzados malos. No se trata de bondad o maldad moral, sino de estructuras de Iglesia, y, en esa línea, la forma de actuar de los calzados en Toledo fue la que entonces se empleaba, en la sociedad civil y en la Iglesia. No estamos, según eso, ante el conflicto de unos jueces perversos (calzados de Toledo), contra un pobre indefenso (SJC) sino ante un juicio normal de autoridad de la Iglesia.

Es evidente que entre los ochenta carmelitas calzados del Carmen de Toledo había muchos moralmente intachables y santos en sentido legal, fieles a su conciencia, cumplidores de órdenes. Ellos tenían sin duda sus razones (aunque muchos pudieran sentirse molestos ante la forma de tratar a SJC, entre ellos el “carcelero” final que tácitamente le ayudó a fugarse). Lógicamente, sus raptores se juzgaban moral y religiosamente justificados para actuar como hicieron, en defensa de la Orden, de la paz social y la Iglesia. Por eso empezaron proponiendo a SJC que se retractara, que hiciera lo justo, volviendo al Carmelo establecido. Es normal que le ofrecieran una recompensa si lo hacía: Tendría lugar y ocasión para ser santo en el viejo Carmelo, siguiendo sus estudios, ocupando cargos de importancia y manteniendo la obediencia debida, dentro de la Iglesia, sin escándalos ni divisiones.

SJC se opuso, siendo por eso condenado a la cárcel conventual, como era costumbre en aquel tiempo (se hacía en las grandes órdenes, sin escándalo de las mayorías). Pero él rechazó la propuesta de sus “jueces”, que actuaban como sus superiores “ordinarios” (no había división de funciones), negando de esa forma la autoridad de sus opositores, y lo hizo por fidelidad a su conciencia y, sobre todo, por coherencia personal y libertad interna, en una causa que no estaba (en aquel momento) jurídicamente clara. Su oposición significaba un gesto clave de libertad, que podía considerarse incluso como desacato culpable, pudiendo ser castigado con la excomunión.

No se rebeló, según eso, contra unos “bandoleros”, al margen de la Iglesia y del orden cristiano, sino contra un sistema social y eclesial que le impedía vivir en libertad, con su proyecto de amor, en la línea de la Reforma de Teresa y de la descalcez, tal como él mismo la estaba interpretando. Su juicio fue, por tanto, un gesto clave de interpretación del cristianismo y de la vida de la Iglesia. Ciertamente, sus jueces creían obrar en nombre de Dios y de la buena Iglesia, dentro de un contexto de conflictos de los que estaba llena la vida de las iglesias de ese tiempo (1577-1578), y en esa línea podemos afirmar que aquellos carmelitas calzados de Toledo no eran mejores ni peores que los religiosos de otras órdenes (e incluso de los mismos Carmelitas Descalzos que aceptarán más tarde la estructura de poder de la Iglesia, en un contexto lleno de disputas, entre las que volvió a sufrir SJC en los últimos años de su vida).

No eran mejores ni peores, ésa es la cuestión. Era signo y reflejo de una Iglesia establecida, que se creía justificada para actuar en casos de conflicto de una manera represiva, para bien de la cristiandad. Pues bien, en ese contexto, SJC se mantuvo fiel a su conciencia y a su proyecto de Iglesia, como Jesús ante el tribunal del Sanedrín judío el año 30 d.C. Jesús fue condenado a muerte y crucificado. SJC pudo haber muerto también, pero se mantuvo fiel, por sus canciones de amor, y logró fugarse de la cárcel (con la ayuda tácita de uno de sus carceleros).

Estudian cómo el cerebro responde a las experiencias espirituales

 

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Por El Mercurio / GDA

Durante una experiencia espiritual, las emociones y la razón se entrelazan en el cerebro. Por eso, ahora el llamado Proyecto del Cerebro Religioso, que llevan adelante académicos de distintas universidades estadounidenses, incluidas las de Utah y de Harvard, comenzó a estudiar con resonancia magnética algunas prácticas como la oración y los estados meditativos de quienes participan en servicios religiosos, para aclarar cómo responde el cerebro a ellas.

En un primer estudio, analizaron a 19 fieles de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, mormones, con un promedio de edad de 27 años, y que asistían a servicios en su iglesia cada semana. A ellos se les realizó una resonancia magnética mientras los sometían a varios estímulos, como escuchar oraciones, prédicas de algunos de sus pastores, citas bíblicas o les mostraban imágenes de sus líderes durante los servicios, entre otros. Ellos presionaban un botón cuando sentían que estaban teniendo una vivencia espiritual.

Así se vio que en esos momentos se activaban diferentes redes neuronales, partiendo de las áreas más profundas ligadas a las emociones.

“Estamos recién comenzando a entender cómo el cerebro participa en estas experiencias que los creyentes interpretan como espirituales, divinas o trascendentes”, dice el autor principal del trabajo y neurorradiólogo Jeff Anderson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah.

“En los últimos años, las tecnologías de imágenes cerebrales han madurado, permitiéndonos abordar estas interrogantes que el hombre se ha planteado por siglos”, agrega el médico.

Los resultados de la investigación, respaldada por el Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU., se publicaron la semana pasada en la revista Social Neuroscience.

Redes cerebrales

Lo que se observa en el estudio es que “se activa el sistema límbico, ligado a las emociones de todo tipo, como el amor, el odio o la ira. Son áreas profundas y no conscientes del cerebro”, explica la doctora Evelyn Benavides, neuróloga y académica de la Universidad de los Andes.

Según explica, se trata de una parte más intuitiva, que no es controlable, y que corresponde a la vivencia menos modulada de la espiritualidad. Esta después se va elaborando más racionalmente, con la activación de áreas de la corteza prefrontal, donde se evalúa lo que pasa y finalmente se toman decisiones.

Para el doctor Anderson, en esta combinación de distintas redes cerebrales radicaría la tremenda influencia que tienen la religión y la espiritualidad en la toma de decisiones de las personas, las que afectan sus vidas y a su entorno social.

El mencionado proyecto pretende estudiar otros grupos religiosos cristianos con fuerte presencia en Occidente. Lo que se busca es comparar más adelante este conocimiento con estudios similares que ya se han hecho sobre mindfulness y meditación de tipo budista, prácticas espirituales con más arraigo en Oriente, pero que muchas veces van por caminos similares.

Así, esta iniciativa busca poder integrar estas experiencias como un aporte para el bienestar de las personas.

“La experiencia espiritual tiene un rol importante en la vida de los seres humanos, más allá de si se es oriental u occidental”, dice el psicólogo Claudio Araya.

En su opinión, lo más importante es la vivencia de la persona, que finalmente le produce bienestar y una sensación de estar conectado con los otros. “Algo fundamental para un mundo que está buscando sentido, una cosa que no es fácil encontrar en esta sociedad moderna en que vivimos”, añade.

En el caso del mindfulness, “si bien tiene su origen en el budismo, se trata de una técnica que trabaja con lo que es básicamente humano, no hay un discurso de fe de por medio”, dice Álvaro Langer, académico de la Universidad Austral de Chile e investigador del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap). Él ha trabajado con escolares y universitarios, haciendo intervenciones de ocho semanas en que se les enseña esta técnica, con la que mejoran sus niveles de atención en clases y de concentración en las pruebas, lo que les permite disminuir el agobio que muchas veces sienten en el aula. “Una atención más enfocada, una sensación de calma y de gozo, se encuentran tanto en la religiosidad como en las técnicas orientales”, explica el doctor Anderson. Todo lo cual impacta positivamente en el bienestar de quienes participan de estas prácticas.

El Nuevo Día, Lunes 12 de diciembre de 2016.

http://www.elnuevodia.com/estilosdevida/hogar/nota/estudiancomoelcerebrorespondealasexperienciasespirituales-2270703/

Naled no es eco-sustentable

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Por: Michelle Gotay Morales

Envenenemos nuetra tierra

y terminaremos envenenados.

-(Sabiduría indoamericana)

Las personas que promueven fumigar con el insecticida organofosforado Naled no acaban de entender que profesionales y científicas/os locales e internacionales no avalan su uso por cuestiones de salud en nuestro ecosistema.

Este asunto crucial me recuerda a los federales y otras autoridades, las cuales no asocian el cáncer con toda la artillería lanzada por tierra, mar y aire en nuestra amada isla de Vieques. El hecho de que algo se haya utilizado con anterioridad no significa que es saludable para nuestros alimentos, mujeres embarazadas y sus criaturas, infantes, envejecientes e insectos que laboran a favor de nuestra agricultura.

Ya existe data empírica que certifica contraproducente el uso de Naled. Por lo tanto, exhorto al gobernador Alejandro García Padilla a que no autorice la fumigación de tan pernicioso químico.

Antes de ir al extremo con verter por aire el insecticida neurotóxico, se debe hacer hincapié en fumigar tradicionalmente con mayor frecuencia por cada municipio y que en cada hogar se realicen las prevenciones necesarias para evitar los criaderos de mosquitos (Aedes aegypti). Para esto, el gobernador debe impulsar a las alcaldesas y los alcaldes de hacer lo propio y el gobierno y las agencias pertinentes deben ser quienes eduquen o re-eduquen a la ciudadanía.

Aunque la fumigación aérea con Naled será con fondos federales, es más factible, saludable y económico educar por radio, prensa y televisión y exigir a las personas incumbentes en las alcaldías la fumigación tradicional que derrochar dinero en asperjar, poniendo en riesgo a corto y a largo plazo a las personas, animales, aire, mar y tierra o lo que es igual, nuestra casa común inmediata. Además, es un mal precedente ambiental.

Gobernador Alejandro García Padilla, sabemos que nuestra economía ha perdido grandes actividades por una desproporcionada publicidad sobre el virus del zika cuando la estadística de personas infectadas ha sido relativamente baja y un mínimo de mujeres embarazadas contagiadas. Pero usted como gobernador tiene la inmensa responsabilidad de cuidar todo lo que la mayoría del pueblo de Puerto Rico ha puesto bajo su tutela.

Y cada día se levanta un creciente número de personas, profesionales de la medicina, químicas/os, ecologistas, agricultoras/es, agronómas/os, ingenieras/os, legisladoras/es, alcaldesas, religiosas/os y estudiantes universitarios que estamos en contra del experimento de usar Naled en nuestro aire y suelo con la intención de erradicar el Aedes aegypti, causante no solo del zika, sino del dengue y del chikungunya. Los problemas que acarrea el mosquito son ciclícos y en aumento; ocurren todos los veranos sin fallar y en nuestro país tropical hay que regresar a lo básico, a educar al pueblo y la labor sanitaria realizada por las alcaldías.

Alejandro García Padilla, su deber con la ciudadanía como gobernador es decir no al químico que ya ha causado un gran mal a otras floras y faunas y es un nefasto cancerígeno (Cox, Caroline. “Insecticide Factsheet – Naled (Dibrom).” Journal of Pesticide Reform 22.3 (Fall 2002): 18. Print.).

Ante la data desfavorable del insecticida Naled, lo sensato es retornar a lo conocido y útil por el bien de nuestra eco-sustentabilidad.

La autora es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: “Naled No Es Eco-Sostenible.” El Nuevo Día, Tribuna Invitada, 14 de julio de 2016. Impreso

Otro es el pecado

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Por: Michelle Gotay Morales/Especial para Claridad

A las mujeres

A los infantes

A los hombres

A las personas LGBTTIQ

Al placer A Puerto Rico

A la diáspora

A los(as) hispanos(as)

A nuestra casa común, el planeta Tierra

Las calles se confunden con el cielo. – Rosana

 

El eterno discurso del pecado es el mayor odio a la humanidad. Se adoctrina a las masas a considerar que la mujer es una propiedad. A las mujeres africanas se les prohíbe el placer mediante la extirpación del clítoris desde temprana edad. Todavía resuena la animalización a personas de etnias distintas. El texto bíblico ordena despreciar y apedrear a la mujer hasta la muerte, ha validado la esclavitud de mujeres, infantes y hombres, ha exigido la muerte de los hombres que se acuestan juntos, eufemismo moralista de relaciones sexuales entre ellos. Etc.

El concepto de pecado debe repensarse. Pocas veces o nunca se considera pecado las masacres perpetuadas a los(as) judíos(as) por la Alemania Nazi, la masacre de las indígenxs de América ante la Conquista, el colonialismo y neocolonialismo de los Imperios europeos y el norteamericano, la usurpación de bienes líquidos e ilíquidos de países, la explotación de infantes en la mano de obra, la pedofilia de curas restringidos en su sexualidad y de pastores libres para sostener relaciones consensuales o matrimoniales, la avaricia humana ante los limitados recursos que provee la naturaleza y el daño causado a la naturaleza, provocado por la producción y el consumo insostenible, y los variopintos homicidios y masacres a las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y queer, cuyas atrocidades más recientes fueron en Xalapa y Orlando. Estos pecados y muchos más nunca son aislados, ni realizados por una persona, porque siempre tienen como raíz el pecado, el pecado de ser diferentes a los hombres, las sexualidades, el color de piel, la edad para poder consentir, las naciones, las culturas y el mal interpretado y utilizado mandato de sometimiento y potestad.

Quien determina que tu vida es un pecado, te mata. Puede ser literal, puede ser por la tangente, pero siempre es realizado por personas que creen que están del lado correcto o sagrado del camino, de los(as) demás se puede prescindir por ser escorias profanas en el bando contrario.

La autora es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: Claridad, En el Mundo, 30 de junio al 6 de julio de 2016: 25.

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Francisco Matos Paoli, El Cantor Nacional

 

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Por: Michelle Gotay Morales[1]

 

 

A Ángel Darío Carrero Morales

Este ensayo es una introducción biográfica y literaria del poeta lareño y nacionalista Francisco Matos Paoli, y traza, a su vez, la teoría poética en su quehacer de escritor lírico y prosista.

 

1. Bi(bli)ografía mínima de Francisco Matos Paoli

Creo firmemente que Matos Paoli es

en este momento el poeta lírico

más profundo y original

con que contamos en Puerto Rico. 

– Dra. Margot Arce de Vázquez

Carta-Prólogo, Teoría del olvido (1944)

 

Me pasma cada vez la fecundidad,

la frescura, la soltura de su poesía.

El poeta se hace, y claro que se nace

ya predestinado. Usted nació y se hizo.

 

– Dr. Jorge Guillén

Carta a Matos Paoli, 2 de enero de 1977

 

Francisco Matos Paoli nace en Lares, Puerto Rico, el martes 9 de marzo de 1915. Su pluma comienza a verterse a borbotones con el fallecimiento de su progenitora Susana Paoli Gayá, el 28 de marzo de 1930. De este acontecimiento, Matos Paoli expresó que fue “muy doloroso”.[2] Desde entonces, su quehacer literario será imparable hasta su muerte, el sábado 10 de julio de 2000, con ochenta y cinco años. Cuenta con más de setenta poemarios publicados y sobre cien inéditos, aunque su quehacer se extiende al diario, las epístolas-críticas y los ensayos de teoría y crítica poética.[3] Sus artículos y entrevistas sobrepasan los doscientos documentos publicados en periódicos y revistas literarias, incluyendo los acervos del cristianismo católico.

El dolor por la pérdida de la madre en plena adolescencia produce el poemario neorromántico Signario de lágrimas (1931). También ese año se yergue el poeta-militante al participar en la procesión en conmemoración del Grito de Lares. Se desplaza de Lares hacia la ciudad universitaria con un contrato laboral, otorgado por Ramón Negrón Flores en el 1935. Allí Pedro Albizu Campos, Carmen Alicia Cadilla y Margot Arce de Vázquez serán figuras importantes en su formación intelectual, política, espiritual y estética. Fue educado en la Universidad de Puerto Rico y la Universidad de la Sorbona en París.

En el 1937 es publicada su segunda obra Cardo labriego y otros poemas de corte neocriollista. Conocerá a Isabel Freire Meléndez en las tertulias literarias Musarañilandia, ofrecidas en la casa de Carmen Alicia Cadilla, y se casarán en 1942. La educadora Freire Meléndez será no solo su inseparable esposa, con quien procrea a Susana Isabel y María Soledad, sino la preservadora de su inmensa producción literaria. Durante el 1944, año en que el Partido Popular Democrático gana las elecciones, publica dos poemarios titulados, Habitante del eco y Teoría del olvido que evidencian la experimentación con las nuevas improntas estéticas vanguardistas.

Sus primeros premios literarios reconocen su lirismo poético y su destreza ensayística con las piezas, Canto a Puerto Rico [1947] y José Gautier Benítez, Poeta del amor [1949]. Estas premiaciones fueron auspiciadas por el Ateneo Puertorriqueño en el 1949.

Condujo programas de apreciación poética en la estación radial Escuela del Aire del Departamento de Instrucción Pública durante los años 1941-1943. Ingresó al cuerpo docente del Departamento de Estudios Hispánicos en 1943, y es reinstalado al regresar de Francia en 1949. Como Catedrático de la Universidad de Puerto Rico enseñó Humanidades, Literatura Puertorriqueña y Literatura Española en el Recinto de Río Piedras. En adición, tuvo a su cargo la dirección de Literatura del Ateneo Puertorriqueño en 1945.

Durante la Asamblea General, fue elegido secretario del Partido Nacionalista de Puerto Rico en Arecibo, el domingo 18 de diciembre de 1949. Cuatro discursos políticos pronunciados en Cabo Rojo (8 de abril), San Juan (16 de abril), Guánica (25 de julio) y Lares (23 de septiembre) en 1950, lo llevan al presidio por infringir la Ley 53, o la Ley de la Mordaza y, eventualmente, al Hospital Insular de Psiquiatría o el Manicomio de Río Piedras, lo afirmará así: “no pude resistir el confinamiento solitario y como consecuencia fatal enloquecí, perdí la razón”.[4]

La sentencia agravada establecida por el juez Joaquín Correa Suárez fue de 20 años, pero los abogados defensores Juan Hernández Vallé y Francisco Hernández Vargas lograron reducir la reclusión a 10 años, debido al alegato de doble exposición ante el litigio legal de los fiscales José C. Aponte, Baldomero Freyre, Guillermo A. Gil Rivera, Ángel Viera Martínez y José Dávila Ortiz. Francisco Matos Paoli identificado como F-2798, sin embargo, cumple una sentencia de dos años en la cárcel La Princesa. Estuvo recluido en sumaria con Paulino Castro, Enamorado Cuesta y José Rivera Sotomayor. Luego es trasladado a la celda La Escuelita, junto a Pedro Albizu Campos, Ramón Medina Ramírez y Pedro Ulises Pabón. Su temprana libertad provisional fue por $10,000 dlls. de fianza el 16 de enero de 1952, y se debió a daños a su salud físico-mental. En marzo de 1954, será arrestado nuevamente pero en la Penitenciaría Estatal de Río Piedras, comúnmente llamada Oso Blanco, e indultado el 26 de marzo de 1955, por el Lic. Luis Muñiz Marín, quien fuera gobernador en aquella época.

Su obra de prisión son los poemarios Luz de los héroes [1951] y Canto nacional a Borinquen [1955]. Estando prisionero en La Princesa, no obstante, escribió varias obras todavía inéditas, Pensamientos [1951-1954], Piedras vivas [1952] y Holocausto de Juan el Bautista y otros poemas [1952]. La merma en su salud psico-emotiva y el preso que borraba sus versos fueron impedimentos para una mayor producción y preservación estética durante su segundo encierro. Sin embargo, Matos Paoli tiene publicados otros poemarios anhelantes de libertad, tales son: La marea sube (1971), La semilla encendida (1971), Unción de la tierra (1975) y Jardín vedado (1980). Tanto Canto a Puerto Rico como Luz de los héroes están dedicados al líder Nacionalista Pedro Albizu Campos.

Luego de salir de prisión es nombrado transitoriamente Conferenciante de la Facultad de Humanidades del recinto ríopedrense, por el Rector Jaime Benítez. Su magno poemario Canto de la locura (1962) rememora su primer encierro carcelario en La Princesa. Con lirismo poético se hace referencia al cristianismo y el encuentro al amanecer en Criatura del rocío (1958). Por su parte, El viento y la paloma (1969) es la continuación del Canto de la locura (1962).

Desde 1970 Francisco Matos Paoli será Escritor Residente, distinción otorgada con anterioridad a Clara Lair, Luis Palés Matos, Evaristo Ribera Chevremont, Juan Ramón Jiménez, Jorge Mañach y Juan Bosch. Seis años antes, el 27 de agosto, fallece su padre Juan Matos Vélez, y escribe dos poemarios inéditos en 1964, Décimas y Poesía descalza.

Canto de la locura y Rostro en la estela (1973) están dedicados a la lideresa Nacionalista Dolores “Lolita” Lebrón Sotomayor, quien cumplía condena carcelaria por irrumpir armada, junto a Rafael Cancel, Irving Flores y Andrés Figueroa en la Casa de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, el 1ro de marzo de 1954. Vestido para la desnudez (1984) es de corte sartreano. Contra la interpretación (1989) es el poemario que expone auto-reflexión poética y literaria explícitamente. Durante sus últimos años, el quehacer literario adquiere un nuevo giro político y religioso, que puede apreciarse desde los títulos de sus obras. De corte político será El pensamiento político de Don Pedro Albizu Campos (1995) y el religioso, La locura de la cruz (1997).

Francisco Matos Paoli ostenta ser el primer escritor puertorriqueño nominado al Premio Nóbel de Literatura en 1977. El premio de la Academia sueca, sin embargo, fue otorgado a Vicente Aleixandre. El poeta, no obstante, recibió nombramientos, premiaciones y títulos honoríficos a lo largo de su vida de diversas instituciones.  En 1976, Matos Paoli fue instalado en la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico. Alcanza ser finalista del Premio Cervantes en 1978, pero el premio recayó en Dámaso Alonso, quien fuera el director de la Real Academia Española. Se le otorga el Doctor Honoris Causa en tres ocasiones, por la Universidad Mundial en 1977, la Universidad Interamericana-Arecibo, 1984 y la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras en 1991. Recibe la Medalla de Honor de la Fundación Josefina Romo Arregui, Inc., New York  en 1988. Se le nombra como Poeta Nacional por la Sociedad de Autores Puertorriqueños en 1981 y Caballero de la Orden de las Artes y Letras de Francia durante el 1992.

 

2. Trazos introductorios a la teoría poética de Francisco Matos Paoli

¿Qué es la poesía?                                                        

Lo he comprendido al fin:

oigo un canto; veo una flor:

¡oh, que jamás se marchiten!

 

– Netzahualcóyotl

“Romance de los Señores

de la Nueva España” (1450)

 

 

No acostumbro a escribir una poesía mascada…

Tampoco creo necesariamente en que

la poesía se llene de soberbia enigmática.

 

– Francisco Matos Paoli

“Sobre el Hermetismo” (1971)

 

A lo largo de su quehacer poético, Francisco Matos Paoli se propuso con igual afán escribir sobre la poesía y su quehacer estético.[5] De cardinal importancia son los artículos publicados en periódicos y revistas a partir de 1955 hasta 1981. Así como, las entradas numeradas compiladas en sus cinco diarios, de los cuales el Instituto de Cultura Puertorriqueña publicó en conjunto los primeros dos tomos de Diario de un poeta, y que hoy día están agotados.[6] Sus poemarios, los diarios, el ensayo-prólogo “Autobiografía Espiritual”, las epístolas-críticas y los ensayos de teoría y crítica poética establecen su teoría poética, o lo que desde antes llamara “teoría de la rosa”.[7]

En la teoría poética de Matos Paoli existe coincidencia con el teórico español, Carlos Bousoño al conceptualizar la poesía como “comunicación”.[8] La poesía es el medio que une al autor implícito y su “contenido psíquico sensóreo-afectivo-conceptual” como autor real con lo ajeno de sí mismo: las personas, la naturaleza, la sociedad y Dios.[9] De esa manera, afirma que “toda poesía es social” y, por ende, no es “teleológica”.[10] Para la historiadora de la literatura puertorriqueña Josefina Rivera de Álvarez, la poesía es el lugar epistemológico privilegiado en el poeta nacionalista.[11] Al establecer a la poesía como comunicación se procura rasgar el silencio con la palabra, estableciendo algo superior al mutismo o al misterio, la poesía. Esta es, a su vez, mayor a la ignorancia por darse al conocimiento o, mejor aún, a la “sabia ignorancia”, acuñada por Nicolás de Cusa.[12] Pero también el silencio permite el encuentro y, a su vez, el cultivo de la voz poética del poeta-cantor, y constituir la proximidad que impide la soledad del yo-subjetivo ante el mundo.

La comunicación, por su parte, no se da en un vacío, sino que emerge de un contexto interior y exterior, según la teoría comunicativa tanto de Carlos Bousoño como de Gabriel Celaya.[13] Para ser poeta y escribir poesía, Matos Paoli aconsejaba instituir un estilo lingüístico personal o lo que denominó “idiolecto” como instrumento imprescindible e innegociable en la técnica poética y comunicativa. Comprende a la poesía como el equilibrio entre música (Edgar Allan Poe) y pintura (Stéphane Mallarmé), oír y ver, ritmo (Paul Valéry) y metáfora, poesía y filosofía-historia (Platón-Aristóteles). Para la confección y selección de la poesía aclara que su procedimiento se asemeja al pulimiento de un diamante pero con la delicadeza de pensarla rosa y, a su vez, provocando la ilusión de fácil elaboración poética en la audiencia.

Clasifica a la poesía en vanguardista y clásica, lo que Manuel de la Puebla nombra como “dúctil” y “rígida”.[14] En Matos Paoli, la belleza radica en el equilibrio entre la porosidad vanguardista y la precisión clásica. Desde que se inicia en el neorromanticismo, su poesía se inserta en la tradición cantora a la Isla, también incursiona con el costumbrismo criollo y el realismo neocriollista en menor medida. Luego, precede al trascendentalismo del ’45, cuando transforma su poesía influenciado por escritores europeos de Inglaterra y Francia. Este constante cambio demuestra su distanciamiento ante poetas cuyas estéticas estaban empozadas en la quietud de estilos literarios y, por otra parte, emula la “forma de la huida” en palabras juanramonianas.[15] También fue crítico de estos, al refutar el exceso de optimismo moderno y la pérdida de esperanza vanguardista. Por estos motivos, rechazó el purismo literario y nacional, así como el escapismo.

Pero la importancia del lenguaje en el devenir socio-histórico conlleva responsabilidad ética junto a la estética y, con esto, un compromiso autorial con la sociedad en su arte poético. La obra de Matos Paoli tiende a mayor metaforización que historización desde un lenguaje tangencial y opaco, en menor medida diáfano. Esta opacidad lingüística ocasionó que la crítica literaria clasificara su poesía como “hermética”. Su teoría poética, sin embargo, rechaza no solo los excesos sentimentalistas e irracionalistas expresados con los modos conceptuados de “musicalismo” y “pictorismo”, sino también la carencia de emotividad y logicidad. De adolecer cualquiera de estos excesos, catalogaba la poesía de índole esteticista. Mientras, para José Julián Martí Pérez significaba la apreciación equilibrada de ambos, en poesía “todo es música y razón” en Versos sencillos (1891).

Consecuentemente, la poesía no debe tener un télos ensimismado o encorvado, sino estar enhiestamente volcada a la projimidad, a ser con otras y otros. Es por esto, que la poesía comunica, y por lo cual el cántico produce ligera cercanía, un arrobo por lo extraño. A su vez, la poesía es “[e]l cerco diferenciador” cuyo lenguaje metafórico y simbólico agrupa e, inevitablemente, segrega.[16] Ya en Monsieur teste (1895), de Paul Valéry se ejemplifica el riesgo perpetuo a que la subjetividad se vuelva en un egoísta narcisista. “Pero si el[/la] poeta se acostumbra a ver en lo [cotidiano], lo extraordinario… entonces reconoce el instante de su mayor hondura espiritual”, afirma Francisco Matos Paoli, el Cantor Nacional del siglo XX.[17]

 

Notas: 

[1] Actualmente realiza su tesis doctoral en la vida y obra de Francisco Matos Paoli para el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

[2] Matos Paoli, Francisco. “Autobiografía espiritual.” Prólogo. Primeros libros poéticos de Francisco Matos Paoli. Comp. Joserramón Melendes. San Juan: Editorial QeAse, 1982. xiii.

[3] Ciento quince cartas-críticas escritas a distintas personalidades en las letras a nivel nacional e internacional fueron recopiladas en el libro Matos Paoli, Francisco. Epistolario esencial. Hato Rey: Ramallo Bros, Printing, Inc., 1999.

[4] Freire de Matos, Isabel. “Cronología, 1915-1991.” Exégesis 4.12 (1992): xix.

[5] Cf. Matos Paoli, Francisco. Intelecto en éxtasis (Ensayos de poética). Comp. Susana Matos Freire. Colombia: Panamericana Formas e Impresos, S.A., 2014.

[6] Matos Paoli, Francisco. Diario de un poeta. Tomo I y Tomo II. 2da ed. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987. Estos diarios exceden las características del género menor, no solo por haber sido escritos en la adultez y por adolecer de datación en cada entrada, sino por el contenido a estudiarse. El proceso de escritura de los diarios-teóricos poéticos es como sigue: el primer tomo fue escrito entre 1970-1971, el segundo tomo, entre 1971-1975, el tercer tomo fue elaborado durante los años comprendidos entre 1975-1986, el cuarto tomo lo realiza en los años 1987-1988 y el quinto tomo, durante 1988-1989.

[7] Matos Paoli, Francisco. “El poeta y la palabra.” Asomante XIV.3 (1958): 10.

[8] Bousoño, Carlos. Teoría de la expresión poética. 5ta ed. aumtda. Madrid: Gredos, S. A., 1970; Matos Paoli, Francisco. “Sobre el concepto de la poesía.” Atenea (UPR-RUM) IX.1-2 (1972): 25.

[9] Ibíd. Bousoño, Carlos. 1970. 18.

[10] Op.Cit. Matos Paoli, Francisco. (1972): 29, 26.

[11] Rivera de Álvarez, Josefina. Literatura puertorriqueña. Su proceso en el tiempo. Madrid: Ediciones Partenón, 1983. 550.

[12] Nicholas of Cusa. Visions of God. Trans. Emma Gurney Salter. Escondido, California: The Book Tree, 1999, 76; Nicholas of Cusa. On learned ignorance. Trans. Jasper Hopkins. 2nd ed. 2nd print. Minneapolis: The Arthur J. Banning Press, 1990.

[13] Celaya, Gabriel. El arte como lenguaje. Bilbao: Conferencias y Ensayos, 1951.

[14] De La Puebla, Manuel. “Señales de identidad.” Mairena XVI.38 (1994): 12.

[15] Matos Paoli, Francisco. Diario de un poeta. Tomo I. 2da ed. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987. 72.

[16] Op.Cit. Matos Paoli, Francisco. (1958): 9.

[17] Op.Cit Matos Paoli, Francisco. (1972): 37.

 

Publicado en Claridad 9 al 15 de marzo de 2016.

Acerca de Eugenio María de Hostos y Bonilla (Narrativa)

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Publicado en: Claridad, En Rojo 7 al 13 de enero de 2016: 16-17, por Michelle Gotay Morales.