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La Biblia y la Homosexualidad

 Carlos Monsiváis

El texto que hoy publica La Jornada Semanal, en la traducción de Javier Rosales, pertenece a otro de los alegatos en torno a la Biblia, el libro de libros de la cultura judeocristiana, y a la homosexualidad, que ha pasado socialmente de “abominación a los ojos del Señor” a pecado sin remisión a enfermedad punible a desarreglo de los sentidos a opción sexual legítima que ya cuenta con derechos matrimoniales en cuatro países, y con una gran industria cultural adjunta. Sin embargo, El Vaticano, primero con Juan Pablo ii y luego Benedicto xvi, insiste en la condena y en el respeto a los homosexuales “sólo si se abstienen de ejercer su inclinación pecaminosa”.

¿Por qué esa obstinación de la Iglesia católica y del fundamentalismo cristiano en general que, como señala el texto presente y muchos otros, proviene de una lectura interesada y falsa de la Biblia? Desde fuera, sólo se advierte el ejercicio de la intolerancia y la profundidad de los prejuicios. En Hechos de los Apóstoles, capítulo 17 versículo 21, San Pablo se burla de la moda: “Entonces todos los atenienses y los huéspedes extranjeros, en ninguna otra cosa entendían sino o en decir o en oír alguna cosa nueva.” Algo similar y distinto podría ahora decirse de los teólogos conservadores: “…en ninguna otra cosa entendían sino o en decir o en oír alguna cosa vieja”. Al decretarse el cánon bíblico en el Concilio de Trento en 1546, se produce la interpretación inmodificable de la Biblia, y a los creyentes y los gobiernos, sólo les toca callar y obedecer.

En un libro extraordinario, Christianity, Social Tolerance and Homosexuality (University of Chicago Press, 1980), John Boswell analiza con cuidado el castigo del fuego que arrasa a Sodoma y Gomorra, las “ciudades de la llanura”. Boswell demuestra con citas bíblicas que el pecado genuino de Sodoma fue la falta de hospitalidad y la soberbia. En el libro del profeta Ezequiel (capítulo 16, versículos 49 a 52), la índole del pecado es inequívoca. El profeta reprende a la ciudad de Jerusalén (“ramera… mujer adúltera, multiplicadora de fornicaciones…”), y señala la culpa de Sodoma:

He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, hartura de pan y abundancia de ociosidad tuvo ella y sus hijas; y no corroboró la mano del afligido y del menesteroso.

Y Jesucristo corrobora esta versión en el Evangelio según San Mateo, capítulo 10, versículos 14 y 15:

Y cualquiera que no os recibiere ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.

De cierto os digo, que el castigo será más tolerable a la tierra de los de Sodoma y de los de Gomorra en el día del juicio que a aquella ciudad.

La controversia ha persistido en estos años y las exégesis bíblicas que relativizan o disminuyen el peso de la condena a los sodomitas, se inutilizan ante el dictamen papal: la homosexualidad es intrínsecamente perversa. El debate, por la condición de las sociedades del mundo judeocristiano, va más allá del absoluto de la teocracia y repercute en la vida cotidiana de muchísimos. Por eso, vale la pena examinar la raíz del prejuicio y sus consecuencias dictatoriales.

La Jornada Semanal, domingo 29 de enero de 2006, núm. 569

http://www.jornada.unam.mx/2006/01/29/sem-carlos.html

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El pecado de Sodoma*

Daniel A. Helminiak

La historia de Sodoma es quizás el pasaje de la Biblia más famoso que toca el tema de la homosexualidad, o que por lo menos se dice que toca el tema.

Esta historia se encuentra en el libro del Génesis, capítulo 19, versos 1 al 11:

Los dos ángeles vinieron a Sodoma en la noche; y Lot estaba sentado en las puertas de Sodoma. Cuando Lot los vio, se levantó para encontrarlos y los saludó poniendo la cabeza en el suelo. Él dijo: Por favor, mis señores, vengan a la casa de su sirviente y pasen la noche y laven sus pies; después se podrán levantar por la mañana y seguir su camino. Ellos dijeron: No, pasaremos la noche en la plaza. Pero él les insistió con vehemencia; así, ellos le acompañaron y entraron en su casa; y él les hizo un festín, y les preparó pan sin levadura y ellos lo comieron. Pero antes de que se acostaran, los hombres de la ciudad, los hombres de Sodoma, tanto jóvenes como viejos, toda la gente hasta el último hombre, rodearon la casa y llamaron a Lot: ¿Dónde están los hombres que vinieron contigo esta noche? Tráenoslos afuera, para que los conozcamos. Lot salió a la puerta, la cerró tras de sí, y dijo: Les suplico, mis hermanos, no actúen tan perversamente.

Miren, tengo dos hijas que no han conocido hombre; déjenme traérselas y háganles lo que quieran; pero no hagan nada a estos hombres, pues ellos han venido bajo la protección de mi techo. Pero ellos contestaron: ¡Apártate! Y dijeron: ¡Este tipo vino aquí como un extranjero (Lot no era originalmente de Sodoma), y él hará el papel de juez! Ahora te trataremos a ti peor que a ellos. Acto seguido ellos presionaron a Lot contra la puerta e intentaron romperla. Pero los hombres de adentro sacaron sus manos y metieron a Lot con ellos dentro de la casa, y cerraron la puerta. Y ellos dejaron ciegos a los hombres que estaban en la puerta de la casa, tanto chicos como grandes, de tal modo que fueron incapaces de encontrar la puerta.

Los ángeles visitantes luego advirtieron a Lot que Dios iba a destruir Sodoma en una lluvia de fuego y azufre. Así, Lot y su familia escaparon del pueblo. Sin embargo, la esposa de Lot desobedeció la orden de no mirar hacia atrás y fue convertida en una estatua de sal. Sodoma y su vecina Gomorra fueron destruidas, y he aquí que el humo de la tierra subía como el humo de un horno ardiente (19:28).

Una interpretación común de la historia

Desde aproximadamente el siglo xii, esta historia ha sido comúnmente tomada para condenar la homosexualidad. La mera palabra sodomita fue tomada para referirse a alguien que se involucra en sexo anal, y el pecado de Sodoma se interpretó como actos homogenitales masculinos. De ese modo supuestamente Dios condenó y castigó a los ciudadanos de Sodoma, los sodomitas, por actividad homogenital.

¿Qué significa conocer?

Ciertamente hay una clara referencia sexual en la historia. Lot ofrece a sus hijas como objetos sexuales a los hombres que se amontonaban en su puerta.

Sus hijas eran vírgenes, Lot dijo que no conocían hombre alguno. En la Biblia, “conocer” algunas veces significa tener relación sexual. Ese es el significado de la palabra en el Testamento Cristiano (también conocido como el Nuevo Testamento) en el que el ángel dijo a María que ella sería la madre de Jesús. María se preguntó, “¿Cómo puede eso suceder si yo no he conocido hombre?” (Lucas 1:34) El verbo conocer aparece más o menos unas 943 veces en el Testamento Hebreo (también conocido como Viejo Testamento). En diez de esos casos la palabra tiene una connotación sexual. Este texto es una de esas diez.

Resulta impresionante pensar que Lot hubiera ofrecido sus hijas a los sodomitas. Este es un buen ejemplo de cuán diferente era la cultura de Lot con respecto a la nuestra. En aquel tiempo el padre de la casa realmente poseía a las mujeres. Ellas eran de su propiedad. Él era libre de hacer con ellas casi cualquier cosa que quisiera. Hubiera sido muy costoso para Lot dar sus hijas a aquellos hombres, financieramente costoso, puesto que nadie hubiera querido casarse con aquellas mujeres ya usadas. Es sorprendente que Lot prefiriera dejar que aquellos hombres violaran a sus hijas antes que dejarles abusar de sus huéspedes.

¿Qué querían los hombres de Sodoma con los dos visitantes de Lot? Ellos decían que querían conocerlos. Algunos interpretan esto como que los hombres querían tener sexo con los visitantes. El hecho de que Lot ofrezca a sus hijas para el sexo en vez de sus visitantes masculinos, ciertamente indica algo así. Sin embargo, otros argumentan que la palabra “conocer” no necesariamente se refiere a sexo. Puede simplemente ser que los hombres de Sodoma querían descubrir quiénes eran estos extranjeros y qué estaban haciendo en su pueblo. Después de todo, Lot no era nativo de Sodoma. Él también era un extranjero. La gente del pueblo no estaba contenta con que se invitara extraños al pueblo.

En última instancia no hay manera de estar absolutamente seguros de si este texto se refiere a actos homogenitales o no. De hecho, la mayoría de los expertos cree que sí. Lo que es seguro es que este texto se refiere al abuso, no simplemente al sexo.

Como veremos más adelante, en las muchas referencias bíblicas al pecado de Sodoma no hay preocupación alguna acerca de la homogenitalidad, pero sí hay preocupación acerca de la dureza de corazón y del abuso. Aceptando que la palabra “conocer” realmente tenga una connotación sexual aquí, lo que está en cuestión es el abuso de un hombre hacia otro hombre, no simplemente el sexo de un hombre con otro hombre.

El deber de la hospitalidad

¿Por qué Lot habría estado dispuesto a exponer a sus hijas a violación? ¿Por qué Lot se habría de oponer a que los del pueblo interrogaran y abusaran de sus visitantes? Lot era un hombre justo o, como las Escrituras dicen, un hombre correcto. Él hizo lo que era correcto, lo mejor que pudo. De toda la gente de Sodoma, solo él tuvo la amabilidad de invitar a los viajeros a pasar la noche.

En campo desértico, donde descansa Sodoma, quedarse afuera expuesto al frío de la noche podría ser fatal. Así pues, una regla cardinal para la sociedad de Lot era ofrecer hospitalidad a los viajeros. La misma regla era una parte tradicional en las culturas semita y arábica. Esta regla era tan estricta que nadie podía dañar siquiera a un enemigo a quien se había ofrecido refugio para la noche. Así que, haciendo lo que era correcto, siguiendo la Ley de Dios como él la entendía, Lot se negó a exponer a sus huéspedes al abuso por parte de los hombres de Sodoma. Haberlo hecho hubiera sido violar la ley de la sagrada hospitalidad.

El significado del sexo anal masculino

Si, además, los sodomitas querían sexo con los visitantes a su pueblo, la ofensa contra ellos habría sido multiplicada. Puesto que forzar el sexo entre hombres era una manera de humillarlos. Durante la guerra, por ejemplo, además de violar a las mujeres y sacrificar a los niños, los vencedores a menudo sodomizaban a los soldados vencidos. La idea era insultar a los hombres al tratarlos como mujeres. Así, la esencia de la práctica del sexo anal masculino era la noción de que los hombres deberían ser machos y que las mujeres eran inferiores, piezas de propiedad al servicio de los hombres.

De hecho, a través de toda la historia occidental, una razón primordial para oponerse al sexo anal entre hombres era que, supuestamente, su práctica hacía a un hombre actuar como una mujer. San Juan Crisóstomo en Oriente, San Agustín en Occidente en el siglo v y Peter Cantor en el xii, declarados oponentes cristianos de la homogenitalidad, esgrimieron ese argumento.

San Agustin escribió: “El cuerpo de un hombre es tan superior al de una mujer como el alma lo es del cuerpo.” Ser la parte activa era generalmente más aceptado, pero ser la parte receptiva era considerado inhumano.

Evidentemente la objeción era más hacia que el hombre fuera afeminado a que tuviera sexo con otro hombre.

El pecado de Sodoma

¿Entonces cuál era el pecado de Sodoma? Abuso y ofensa contra extranjeros.

Insulto al viajero. Inhospitalidad hacia el necesitado. Este es el meollo de la historia entendida en su propio contexto histórico. Cuando la violación de un hombre a otro hombre se vuelve parte de la historia, la ofensa añadida es abuso sexual, gran insulto y humillación en los tiempos de Lot y en los nuestros. La historia completa y su cultura dejan claro que el autor no estaba preocupado por el sexo en sí, y era irrelevante si el sexo era hetero u homosexual. En lugar de sus huéspedes masculinos, sin pensarlo dos veces Lot ofreció a sus hijas. El punto de la historia no es ética sexual. La historia de Sodoma no trata más sobre sexo que de golpear la puerta de alguien. En la historia de So-doma, ambos, el sexo y golpear puertas son incidentales en relación con el punto principal de la historia. El punto es abuso y asalto, en cualquier forma que éstos tomen. Usar este texto para condenar la homosexualidad es usar mal este texto.

Jueces 19 cuenta otra historia que es un obvio paralelo a la historia de Sodoma. Un Levita que viajaba con su sirviente y concubina necesitaba refugio para la noche. Se sentó en la plaza del pueblo de Gibea. Nadie le ofreció hospitalidad, excepto un extranjero que vivía en ese pueblo.

Cuando todos estaban dentro, los hombres del pueblo asaltaron la casa y demandaron tener sexo con el Levita. Al igual que Lot, el anfitrión protestó: “No, mis hermanos, no actúen tan perversamente, pues este hombre es mi huésped, no hagan cosa tan mala.” El anfitrión ofreció a su hija virgen a los hombres del pueblo, pero ellos no la quisieron. Luego el Levita sacó a su concubina, y los hombres del pueblo la violaron durante toda la noche. En la mañana ella yacía muerta en la puerta de la casa. En castigo, todas las tribus de Israel reunieron un ejército y destruyeron el pueblo de Gibea.

Claramente, la historia de la concubina del Levita es indiferente a homosexualidad o heterosexualidad, como lo es la historia de Sodoma. Un hombre o una mujer servirían como objetos sexuales igualmente válidos. Y la violación en cualquier caso era igualmente atroz. La orientación sexual no es el punto. De hecho, tampoco lo es el sexo. En ambas historias, el asalto sexual sólo sirve para subrayar la perversidad de la gente del pueblo.

La gente de Gibea y de Sodoma son condenados por su mezquindad, crueldad y abuso. No la homosexualidad si-no la dureza de corazón es la ofensa de Gibea y de Sodoma.

El entendimiento propio de la Biblia sobre el pecado de Sodoma

Esa es la conclusión que sigue de una lectura crítica de la historia de Sodoma. Pero en este caso particular el significado del texto es obvio a partir de otras partes de la Biblia. La Biblia a menudo se refiere a la historia de Sodoma y dice francamente cuál fue el pecado de Sodoma.

El profeta Ezequiel (16:48-49) sentencia el caso sencillamente: “Esta fue la culpa de su hermana Sodoma: ella y sus hijas tenían orgullo, exceso de comida y próspera tranquilidad, pero no ayudaron al pobre y al necesitado.”

El pecado de los sodomitas fue que ellos se rehusaron a hospedar a los viajeros necesitados.

A algunas personas le gustaría ver homosexualidad en ese texto, y señalan que la palabra “abominación” aparece a lo largo de este capítulo de Ezequiel y aun en el verso 50, justo después del verso acerca de Sodoma. Entienden esto como si se refiriera a la abominación de Levítico 18:22: “No te acostarás con un hombre del mismo modo que con una mujer; es abominación.”

Pero en las Escrituras Hebreas la palabra abominación es usada para referirse a muchas cosas. La abominación en cuestión aquí es el adulterio y la prostitución de Jerusalén, y estas palabras son usadas simbólicamente. No se refieren a actos sexuales sino a idolatría, a la infidelidad de Israel hacia Dios, y al sacrificio de niños y al crimen.

Aun cuando el verso 50 menciona cosas abominables y se refiere a Sodoma, el verso 49 dice exactamente cuáles eran las cosas abominables en este caso.

Dice claramente cuál era la perversión de Sodoma y el sexo entre hombres no es mencionado. El capítulo 16 de Ezequiel trata claramente acerca de otras cosas.

De acuerdo a Sabiduría 19:13, el pecado de Sodoma era un amargo odio a los extraños y hacer esclavos de huéspedes que fueron benefactores.

Recordemos que los extraños, los huéspedes, eran en realidad ángeles en misión de Dios. El pecado fue tratarlos abusivamente. La referencia a hacer esclavos de huéspedes puede remitir a la práctica común en esos días en que el amo de una casa podía usar libremente a los esclavos para propósitos sexuales. Pero, otra vez, la ofensa no estaba en tener relaciones sexuales, ni siquiera en mantenerlos como esclavos, sino en aprovecharse, rebajar y abusar de otros.

Hasta Jesús hace referencia a Sodoma y el tema es el rechazo a los mensajeros de Dios:

Estos doce envió Jesús con las siguientes instrucciones:

…Cualquier pueblo o villa en la que entren, entérense de quién en ella es valioso, y quédense ahí hasta el último momento… Si para alguien no son bienvenidos, o alguien no escucha sus palabras, sacúdanse el polvo de sus pies al dejar esa casa o pueblo. En verdad les digo que el día del juicio será más tolerable para Sodoma y Gomorra que para ese pueblo. (Mateo 10:5-15)

¿Cuál es la referencia en este incidente del Evangelio? No hay referencia al sexo. Pero hay una clara referencia al rechazo de los mensajeros de Dios.

El paralelo entre el Evangelio y So-doma es el corazón cerrado que rechaza al extranjero, la perversidad que no recibirá a los heraldos de Dios. Hay otras referencias bíblicas menos directas a Sodoma: Isaías 1:10-17 y 3:9, Jeremías 23:14 y Zefania 2:8-11. Los pecados enlistados en esos pasajes son injusticia, opresión, parcialidad, adulterio, mentiras y alentar a los malhechores.

El adulterio es el único pecado sexual en esa lista, y aun en este caso el sexo en sí mismo no es la preocupación. En la mentalidad del Testamento Hebreo, el adulterio no es una ofensa contra una mujer ni contra la intimidad del matrimonio ni contra los requerimientos inherentes del sexo.

El adulterio es una ofensa a la justicia. El adulterio ofende al hombre a quien la mujer pertenece. El adulterio es el mal uso de la propiedad de otro hombre.

La Biblia comúnmente usa a Sodoma como ejemplo de la peor maldad, pero la preocupación nunca es simplemente el acto sexual. ¡Oh, cuánta estrechez mental sería eso! La menor preocupación de todas es la de los actos homogenitales.

El pecado de Sodoma hoy

Incluso Jesús entendió el pecado de Sodoma como el pecado de inhospitalidad. Otros pasajes de la Biblia están ahí para subrayarlo. Aun así la gente continúa citando la historia de Sodoma para condenar a la gente gay o lésbica.

Hay una triste ironía en la historia de Sodoma cuando la entendemos en su verdadero contexto histórico. La gente se opone y abusa de los hombres homosexuales por ser diferentes, raros, extraños o, como dicen, torcidos.

A las mujeres lesbianas y a los hombres gay simplemente no se les permite encajar. Se les destina a ser forasteros, aliens, extranjeros en nuestra sociedad. Sus familias los desheredan, se les separa de sus hijos, se les despide de sus trabajos, se les echa de sus departamentos o vecindarios, son insultados por figuras públicas, denunciados desde el púlpito, envilecidos en la radio y la tv, y luego golpeados en las escuelas y asesinados en las calles y en las regiones rurales de nuestra nación (Estados Unidos, n. del e.). Todo esto se hace en nombre de la religión y de la supuesta moral judeocristiana.

Tal perversidad es el mismísimo pecado del cual la gente de Sodoma fue culpable. Tal crueldad es lo que la Biblia realmente condena una y otra vez.

Así que aquellos que se oponen a la homosexualidad debido al supuesto pecado de Sodoma, podrían ser ellos mismos los verdaderos sodomitas en el estricto sentido de la Biblia.

Helminiak, un sacerdote católico romano, ha hecho lecturas cuidadosas del conocimiento bíblico erudito sobre la homosexualidad. En tanto que nos alerta a no interpretar las enseñanzas bíblicas como la última palabra en ética sexual, enfatiza en la necesidad de un entendimiento adecuado de lo que son las verdades bíblicas y concluye que la Biblia no provee bases reales para la condena de la homosexualidad. Usando los estudios en Yale de John Boswel (“Uniones del mismo sexo en la Europa premoderna”, Library Journal 7/94) y del profesor del seminario sobre Nuevo Testamento L. William Countryman, entre otros, Helminiak examina la historia de Sodoma (donde el pecado fue la inhospitalidad, no la homosexualidad), la condena de Judas sobre el sexo con ángeles y cinco textos —Levítico 18:22 y 20:13, Romanos1:27, Corintios I 6:9 y Timoteo 1:10—, todos los cuales, él concluye, tienen que ver con algo más que meras relaciones homogenitales.

Creyendo que las traducciones de la Biblia que se utilizan son la palabra infalible de Dios, algunos cristianos citan un puñado de sus pasajes para justificar su condena a la homosexualidad. Pero el conocimiento erudito bíblico moderno sostiene que las concepciones de estos creyentes sobre dicha infalibilidad está cimentada inocentemente, ya que las versiones traducidas de las escrituras originales en hebreo y griego están llenas de problemas de interpretación. Algunos académicos van más lejos y sostienen que los pasajes supuestamente antihomosexuales no son condenas encubiertas a personas o actos homosexuales. Ciertamente, en algunos casos, estos versos no se refieren en lo absoluto a la homosexualidad; significan cosas muy diferentes para aquellos a quienes fueron escritos, personas cuyas concepciones sociales sobre la sexualidad eran inmensamente diferentes que las nuestras.

Helminiak provee convincentes y accesibles datos sobre estos hallazgos revisionistas en los seis mayores pasajes de la Biblia y unas cuantas referencias que parecen condenar la homosexualidad. La Biblia no condena el sexo gay como lo entendemos hoy, concluye. Aquellos que buscan conocer francamente si el sexo lésbico o gay es bueno o maligno… tendrán que buscar la respuesta en otro lado…

Capítulo del libro What the Bible really says about homosexuality (Lo que realmente dice la Biblia sobre la homosexualidad), de Daniel A. Helminiak, publicado por Alamo Square Press, New Jersey, EU, 2000 (sin traducción aún al castellano).

Traducción de Javier Rosales Soto

http://www.jornada.unam.mx/2006/01/29/sem-carlos.html

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