Eclesiología

Van Gogh L'église_d'Auvers-sur-Oise - 1890

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Una mirada diferente al concepto tradicional de pecado:

Una reflexión teológica a partir de la masacre

de personas LGBTT Latinxs en Pulse, Orlando, FL

la madrugada del domingo, 12 de junio de 2016   

 

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A las mujeres
A los infantes
A las personas LGBTT
Al placer
A Puerto Rico
A nuestra casa común, el planeta Tierra

 

Las calles se confunden con el cielo.
Rosana

 

El eterno discurso del pecado es el mayor odio a la humanidad.  Se adoctrina a las masas a considerar que la mujer es una propiedad.  A las mujeres africanas se les prohibe el placer mediante la extirpación del clítoris desde temprana edad.  Todavía resuena la animalización a personas de etnias distintas.  El texto bíblico ordena despreciar y apedrear a la mujer hasta la muerte, ha validado la esclavitud de hombres, mujeres e infantes, ha exigido la muerte de los hombres que se acuestan juntos, eufemismo moralista de relaciones sexuales entre ellos. Etc.

El concepto de pecado debe repensarse.  Pocas veces o nunca se considera pecado las masacres perpetuadas a lxs judí@s por la Alemania Nazi, la masacre de las indígenxs de América ante la Conquista, el colonialismo y neocolonialismo de los Imperios europeos y el norteamericano, la explotación de infantes en la mano de obra, la pedofilia de curas restringidos en su sexualidad y de pastores libres para sostener relaciones consensuales o matrimoniales, la avaricia humana ante los limitados recursos que provee la naturaleza y el daño causado a la naturaleza, provocado por la producción y el consumo insostenible, y los variopintos homicidios y masacres a las personas LGBTT.  Estos pecados y muchos más nunca son aislados, ni realizados por una persona, porque siempre tienen como raíz el pecado, el pecado de ser diferentes a los hombres, las naciones, las culturas, la edad para poder consentir, las sexualidades y el mal interpretado y utilizado mandato de sometimiento y potestad.

Quien determina que tu vida es un pecado, te mata. Puede ser literal, puede ser por la tangente, pero siempre es realizado por personas que creen que están del lado correcto o sagrado del camino, de lxs demás se puede prescindir por ser escorias profanas en el bando contrario.

 

 

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La función espiritual de la Iglesia tiene dimensiones sociales y políticas

 

Racismo Fuentes

 

P. Luis Barrios/ESPECIAL PARA CLARIDAD

 

Un Dios liberador prefiere

que se le niegue con un acto libre

y no que se le afirme con un acto servil.

Giulio Girard

La Iglesia tiene en este mundo una función espiritual y la misma tiene dimensiones sociales y políticas. Esta función espiritual asume que en nuestro diario vivir nuestra fe tiene una faena dual de ser crítica y profética.

En la faena crítica su labor constante es la de problematizar –postulado tomado del profeta Pablo Freire- para que de esta manera quienes en nuestro sistema sociopolítico estén muy cómodos/as se sientan incómodos/as y quienes están incómodas/os se sientan cómodas/os. En la faena profética, la Iglesia tiene que tener la capacidad de identificar los problemas del diario vivir que trastornan al pueblo, luego denuncia esos problemas y por supuesto, también sale a destruir estos problemas. Pedirle al pueblo resignación o decirle que en el cielo se le compensará su sacrificio, más allá de faltarle el respeto a Dios, es pura basura mística que pretende encubrir los engendros teológicos que se inventó la clase dominante a través de una religiosidad morfinómana.

Por desgracia, en la mayor parte de las veces la Iglesia ha traicionado el proyecto de liberación de nuestra Diosa poniéndose al servicio de quienes se distinguen por explotar y oprimir al pueblo. De aquí la necesidad de construir un nuevo modelo de Iglesia que responda a los intereses del pueblo puertorriqueño. Permítanme compartirles unas humildes recomendaciones.

Primeramente, nadie puede negar que exista un aspecto espiritual en todos los seres humanos, crean o no crean en Dios. De aquí lo incorrecto de decir que la espiritualidad es exclusivamente un fenómeno de lo religioso. Eso sí, el postulado básico de esta espiritualidad es que ninguna realidad humana debe ser ajena a ella. De aquí que esta espiritualidad es por tanto una experiencia de empoderamiento solidario que busca, por un lado, el despertar de la conciencia crítica y de clase, para que podamos entender nuestras realidades sociales, políticas, religiosas y económicas –entre otras- sin tener que recurrir a respuestas mágicas que nos enajenan de nuestras responsabilidades.

A través de esta espiritualidad se rescata una esperanza con carácter de combatividad la cual tiene como tarea principal forjar en las personas la convicción del optimismo radical. O sea, el convencimiento de que hay soluciones a las realidades existentes. Con esta espiritualidad, vuelvo y lo enfatizo, se persigue alcanzar la comprensión más crítica de cualquier situación de opresión, explotación, exclusión y colonización y se busca entender los procesos históricos, socioeconómicos y políticos, particularmente los efectos de éstos en nuestro diario vivir. De aquí el que crea que la función principal de esta Iglesia es rescatar la esperanza del pueblo con el propósito de eliminar su desmotivación y estatismo y entonces lograr su movilización para que logre un cambio significativo. Ahora bien, ¿cómo elabora esta Iglesia esta esperanza? Consiéntanme compartirles nueve apreciaciones que surgen de mi humilde opinión y usted le añade las que quiera.

Iglesia subversiva: La Iglesia subversiva no es partidaria del quietismo, su énfasis de praxis es subvertir el desorden religioso, político, social, económico, existente. En la fase de subvertir, quien hace la función de subversivo/a intenta alterar el orden de la desigualdad social existente. Esta función demanda que nos sublevemos contra toda injusticia; que denunciemos y actuemos. Un lugar para comenzar esta subversión es el desempleo y la pobreza que existe en Puerto Rico.

Iglesia impersuasible: Tengo que confesar que para mí lidiar con personas, que frente al oportunismo, conveniencia o interés personal, prestan, venden o traicionan sus convicciones a quien mejor ofrezca, es un ejercicio de paciencia. Reconozco que vivimos en una sociedad donde el oportunismo, la traición y el engaño son valores erróneos y no sólo se promueven a través de la socialización capitalista sino que también se retribuyen. Cada día, en nuestras relaciones con otras personas, estos valores erróneos nos ponen de cara al dolor y al sufrimiento. Cuando decimos que tenemos una Iglesia impersuasible queremos decir que la misma no hace tratos con el enemigo del pueblo, ni tampoco tiene precio. Cuando la Iglesia mantiene un silencio y no identifica, denuncia y ataca los problemas que arremeten contra el pueblo, definitivamente se vendió. Cuando esa Iglesia también se auto-censura definitivamente traicionó el proyecto de liberación de Dios. Un lugar para demostrar que no es persuasible es creando una agenda que promueva los verdaderos valores familiares que combatan la violencia intrafamiliar aquí en Puerto Rico.

Iglesia compasiva: Una Iglesia compasiva debe demostrar su receptividad en aquellos asuntos que distorsionan las causas del dolor del pueblo. Debemos desmantelar esa ideología de la clase dominante, la cual muy oportunamente se ha dedicado a la reproducción y promoción de la pobreza, justificándola como un mal individual. Nuestra Iglesia compasiva debe movernos primero hacia la comprensión de cómo funcionan una estructuras diabólicas dentro de este sistema capitalista y la manera en que éstas han creado la distribución errónea de los recursos de la creación, y por consiguiente unos/as pocos/as tienen mucho, y unas/os muchas/os tienen poco o nada. Un lugar para comenzar, me parece a mí, puede ser la comprensión crítica del clasismo y racismo de nuestra población carcelaria en Puerto Rico donde más del 90% son personas de caseríos y personas negras.

Iglesia emancipadora: La Iglesia emancipadora no busca privilegios, de lo contrario pasa a ser un negocio en el que revendemos lo que se supone sean derechos inalienables de todo ser humano: la libertad y la felicidad. Una pregunta diabólica que mancha y contamina cualquier proceso de emancipación es la siguiente: ¿qué beneficios me tocan a mí en todo esto? Por otro lado, y sin sonar vacilante, me parece que también es posible que si reorientamos y reorganizamos la adquisición de esos beneficios pudiéramos encontrarles mayor cabida dentro de la emancipación. Por ejemplo, ¿qué tal si en vez de buscar beneficios personales, como la compensación monetaria y el reconocimiento social, buscamos los beneficios comunitarios? O sea, socialicemos los beneficios a tal grado, que al saber que personas o estructuras han sido emancipadas, me produce una satisfacción personal. Me parece que un lugar para comenzar con esta emancipación comunitaria puede ser poder resolver el problema de no tener una agenda de salud pública preventiva aquí en Puerto Rico.

Iglesia vanguardista: Las acciones vanguardistas no deben, en ningún momento, promover el culto al sacrificio personal, como medida de validación y purificación. De este despropósito ya tenemos suficiente con la mayoría de los sacramentos y dogmas de la Iglesia. La Iglesia vanguardista en ningún momento me está pidiendo que renuncie a mí deber como agente en esta sociedad que requiere de un nuevo orden social, político, sexual, económico y de género. Lo que me está pidiendo es que renuncie a lo que pueda entorpecer con el cumplimiento de mí deber, como lo es el acomodamiento personal. La vanguardia de esta Iglesia puede estar organizada hacia el desarrollo de un programa de educación nacional que rescate los valores hostosianos de la responsabilidad ciudadana y la liberación nacional.

Iglesia descolonizadora: Dentro de esta realidad, por un lado, la Iglesia descolonizadora debe tener la capacidad de descubrir, denunciar y erradicar las fuentes, las causas, las formas y las manifestaciones del terrorismo colonialista. Y por otro lado, esa Iglesia debe ser capaz de establecer medidas de educación, de prevención que conduzcan a la descolonización, y en el caso particular de Puerto Rico, también a su independencia. Es necesario entender que en una Iglesia descolonizadora hay que creer y amar la libertad. En este preciso momento esta Iglesia descolonizadora debe respaldar el proyecto de una Asamblea Constitucional de Status que incluya también la excarcelación de nuestros/as prisioneros/as políticos.

Iglesia recordadora: Podríamos comenzar por preguntarnos; ¿cuál es la importancia de recordar? Por un lado, restituir la justicia y por el otro, mantenernos en estado de alerta para no permitir que se repitan las acciones opresoras y explotadoras. Hay que reconocer que dentro del contexto de su importancia, recordar también puede ser una reflexión crítica para conmemorar momentos que están acentuados con vivencias de liberación y con nuestra identidad nacional. Por esto, la necesidad de una Iglesia recordadora, que rescate el punto de referencia de dónde venimos como colonia española, en dónde estamos como colonia estadounidense y para dónde vamos como Nación soberana e independiente.

Iglesia anticapitalista: Uno de los errores serios que ha cometido la Iglesia como institución es copiar el modelo capitalista corporativo y reproducir los valores erróneos de la individualidad y la competencia. Una observación crítica a todos estos programas religiosos de radio y televisión que tenemos en Puerto Rico es una muestra de este desastre capitalista que se apoderó de la Iglesia. Tenemos una serie de radio y tele-evangelistas que lo único que hacen es vender la salvación y promover la resignación presente con una recompensa en el más allá. Mientras, ellos/as cada día se hacen más ricos/as y lo justifican con un paradigma donde nos dicen que son las bendiciones de Dios, cuando usted y yo sabemos que sus carros lujosos, mansiones de casa y ropas a todo lujo, son el resultado de robarle al pueblo hasta la esperanza. La mansión de una Iglesia anticapitalista está basada en el proyecto original de nuestra Diosa de la distribución equitativa de la creación. Por lo tanto, esta Iglesia debe rechazar nuestro sistema económico donde unos/as pocos/as cada día se hacen más ricos/as y mucha gente cada día se hace más pobre y sustituirlo por uno más justo y más democrático. Esta Iglesia tiene que rechazar la doctrina neoliberalista que por un lado promueve la adoración al dios dinero y por otro lado reduce cada día al mínimo el papel de la responsabilidad del Estado en la vida económica y social del pueblo. Yo entiendo que la alternativa para este mal capitalista es una Iglesia socialista que promueve una sociedad socialista.

Iglesia inclusiva: En la inclusividad, el reto mayor para esta Iglesia viene por lo menos de cuatro realidades que retan los procesos democráticos de la igualdad y la diversidad. Esta Iglesia debe tener la capacidad no sólo de incluirles sino también de celebrar estas diversidades como parte de la creación heterogénea de nuestra Diosa y respetarles en el plano de la igualdad. Una es la diversidad de la orientación sexual, donde esta Iglesia reconozca a nuestros hermanos/as gay, lésbicas, bi-sexuales y transgéneros/as y celebre esta diversidad creada por Dios. Otra lo es la diversidad de género en donde el lado femenino de nuestra Diosa no debe seguir siendo rezagada y oprimida a través de la supremacía masculina. Súmenle a esto la diversidad racial en donde todavía tenemos racismo camuflajeado y negamos la belleza de nuestra gente negra. Y por último, y no menos importante, se hace necesario el rechazo de un cristo-centrismo que no reconoce la diversidad religiosa que existe en nuestra patria. O sea, esta Iglesia inclusiva debe de condenar y rechazar los pecados capitales de la homofobia/heterosexismo, sexismo, racismo y el cristocentrismo.

Rescatemos la verdadera función espiritual de la Iglesia con sus dimensiones sociales y políticas y sigamos construyendo un mundo mejor. Paz con justicia.

Claridad, el periódico de la nación puertorriqueña, Especial para Claridad, 24 al 30 de marzo de 2005.

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La sexualidad, asignatura pendiente del cristianismo

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“Dice la Iglesia: el cuerpo es un pecado.

Dice el mercado: el cuerpo es un negocio.

Dice el cuerpo: yo soy una fiesta”.

– Mario Benedetti

 

Por: Juan José Tamayo-Acosta*

EL País, España, 09/02/2002

Las sanciones de la jerarquía eclesiástica contra el sacerdote de Valverde del Camino (Huelva) que ha declarado públicamente su comportamiento homosexual, así como las descalificaciones contra su persona (‘desorden moral’, según el portavoz de la Conferencia Episcopal, o ‘enfermedad’, según el obispo de Mondoñedo-Ferrol) vienen a confirmar que la sexualidad sigue siendo una de las asignaturas pendientes del cristianismo. El rechazo o la negación de la misma por parte de las iglesias cristianas en general radica en la concepción dualista del ser humano, que no tiene su origen ni en la tradición judía, de la que arranca el cristianismo, ni en Jesús de Nazaret, con quien se inicia el itinerario de la fe cristiana. En este terreno, el cristianismo es heredero de Platón, de Pablo de Tarso y de Agustín de Hipona.

De Platón arranca la concepción antropológica dualista que distingue en el ser humano dos elementos en oposición frontal: el cuerpo y el alma. Lo que identifica al ser humano es el alma, que constituye la esencia de la persona. El cuerpo es un lastre, una carga; peor aún, la cárcel donde vive prisionera el alma durante su peregrinación por la tierra. El cuerpo y sus deseos son los causantes de las guerras, luchas y revoluciones. Por su culpa no se puede contemplar la verdad ni conocer nada de forma pura.

En las cartas de san Pablo quedan numerosos restos de dualismo antropológico, como demuestran las exhortaciones morales que hace en sus cartas a los cristianos y cristianas de las comunidades fundadas o animadas por él. Buena parte de las listas de pecados que aparecen en dichas cartas tiene que ver con la sexualidad, y las actitudes morales que recomienda a los creyentes en Cristo son represivas del cuerpo. Carne y espíritu aparecen como dos principios que caminan en dirección contraria: ‘Proceded según el espíritu, y no déis satisfacción a las apetencias de la carne. Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí tan opuestos que no hacéis lo que queréis… Las obras de la carne son: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias… Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y apetencias’ (Gálatas 5, 16 ss).

Tras su conversión y la lectura de los neoplatónicos y de los escritos paulinos, san Agustín hizo suya la concepción antropológica dualista tanto en su vida, con la renuncia a los placeres del cuerpo por considerarlos un obstáculo para la salvación, como en su doctrina moral, proponiendo como ideal cristiano la abstinencia sexual. Desde entonces funge como teoría y práctica oficiales en las iglesias cristianas.

¿Cómo conseguir la liberación? Lacerando el cuerpo, reprimiendo los instintos, renunciando a los placeres corporales. ¿Cómo lograr la sabiduría y acceder al conocimiento puro? Desembarazándonos del cuerpo y contemplando las cosas en sí mismas sólo con el alma.

El cuerpo, preferentemente el de la mujer, se considera motivo de tentación, ocasión de escándalo y causa de pecado. Hay que evitar, por ende, exhibirlo, cuidarlo, mejorarlo, embellecerlo. Hay que ocultarlo (por ejemplo, con el velo, vestidos largos, etcétera), castigarlo, mortificarlo hasta dejarlo irreconocible. Desde esta lógica dualista se argumenta que el cuerpo de la mujer no puede representar a Cristo, que fue varón y sólo varón, no puede perdonar los pecados por su falta de sigilo, no puede, en fin, ser portador de gracia, sino de sensualidad pecaminosa. En consecuencia, tampoco puede ser sacerdote.

La imagen negativa del cuerpo femenino fue decisiva en las condenas de la Inquisición contra las mujeres. Éstas comunicaban los conocimientos inspirados por la divinidad a través de él. El cuerpo de las mujeres en éxtasis era signo de inhabitación del Espíritu Santo y de la presencia de Dios. Ciertas visiones, como el enamorarse de Jesús o los besos y las caricias de las místicas hacia él, tenían carácter erótico. En una época en que se sobrevaloraba lo intelectual como vía de acceso a Dios y se despreciaba el cuerpo, tales experiencias despertaban sospecha, y quienes las tenían terminaban por ser condenadas con frecuencia a la hoguera. ¡Cuanto más si eran mujeres!

Sin embargo, la concepción dualista del ser humano que lleva al rechazo de la sexualidad y al desprecio del cuerpo no parece la más acorde con los orígenes del cristianismo, ni refleja el pensamiento judío. Éste entiende a la persona como una unidad no compartimentada. Todo el ser humano es imagen de Dios. Y lo es como hombre y mujer. El ser humano es sexuado, y en cuanto tal se dirige a Dios. La moral judía no es represiva del cuerpo. Defiende el placer, el goce, el disfrute de la vida, como se pone de manifiesto en múltiples tradiciones religiosas de Israel. El libro bíblico del Eclesiastés, por ejemplo, afirma la vida material y sensual en la cotidianidad, e invita a comer el pan y beber el vino con alegría, a disfrutar del fruto del propio trabajo y a gozar con la persona a quien se ama, a llevar vestidos blancos y perfumar la cabeza (Eclesiastés, 9, 7-9). Llama a los jóvenes a disfrutar y pasarlo bien, a dejarse llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos, a rechazar las penas del corazón y los dolores del cuerpo (11, 9).

La vida y el mensaje de Jesús de Nazaret se ubican en ese horizonte vital, e incluso vitalista. La incompatibilidad que establece no es entre Dios y la sexualidad, entre el E(e)spíritu y el cuerpo, entre las bienaventuranzas y la felicidad, sino entre el Dios dadivoso y la opulencia, entre el Dios débil y el poder opresor, entre el Dios de vida y los ídolos de muerte.

La reflexión cristiana feminista está desarrollando hoy una importante teología del cuerpo en esa línea, de la que fue pionero el teólogo alemán Dietrich Bonhoffer en su emblemática obra Ética, donde muestra que el disfrute del cuerpo es fin en sí mismo -y no simple medio para la consecución de otro fin superior-, cauce privilegiado de comunicación interhumana, mediación necesaria entre los humanos para el encuentro de Dios, y que la felicidad es un derecho irrenunciable de toda persona que ninguna religión puede reprimir.

Termino con unos versos, creo que de Mario Benedetti, que vienen aquí como anillo al dedo: ‘Dice la Iglesia: el cuerpo es un pecado. / Dice el mercado: el cuerpo es un negocio. / Dice el cuerpo: yo soy una fiesta’. Cuando el cristianismo descubra que la sexualidad es una fiesta, y los confesores lo incluyan entre las buenas obras, habrá comenzado una nueva era.

* Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, Universidad Carlos III, España, y autor de Dios y Jesús. El horizonte religioso de Jesús de Nazaret.

Tomado de: http://elpais.com/diario/2002/02/09/opinion/1013209206_850215.html

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