El legado de Fidel

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El legado de Fidel

 

Papo Coss

13 de enero de 2017

 

A los 27 años, un joven abogado, proveniente de una familia privilegiada de Biran, en Holguín, Cuba, luego de ser arrestado como el líder y conspirador principal del asalto al cuartel militar Moncada, afirmó al final de su defensa personal, que la historia lo absolvería.

A los 31, desembarcó en Santiago con 82 guerrilleros del yate Granma y a los 33 años, bajó de la Sierra Maestra en el Oriente de Cuba, con un ejército libertador de campesinos, obreros, mujeres y estudiantes, que contaron con el apoyo del pueblo organizado en el clandestinaje, en todas las ciudades. Ese movimiento popular, tomó el poder en toda la nación e instauró una Revolución Socialista, a pocas millas de las costas del imperio más poderoso que ha conocido la humanidad.

Durante más de medio siglo, Fidel Castro Ruz encabezó la Revolución cubana y soberana (1959-2006), hasta que a los ochenta años, decidió retirarse de la actividad política oficial, debido a problemas de salud y contando con el apoyo masivo del pueblo, que hoy más que nunca se identifica políticamente como Fidelista.

Fallecido a los 90 años de edad, cumpliendo su último deseo, su cuerpo fue cremado y durante nueve días de duelo oficial, millones de cubanos de todas las edades, lo acompañaron en una Gran Caravana desde la Plaza de la Revolución en La Habana, hasta el destino final, una piedra de monolito en Santiago.

Allí reposan sus cenizas, con una sencilla tarja que dice Fidel, justo al lado del monumento del apóstol de la patria cubana, José Martí. Nunca antes se había celebrado un duelo tan masivo en la historia de América Latina y el Caribe.

Más de cincuenta Presidentes, Primeros Ministros y altos funcionarios de todo el mundo, viajaron a su despedida en Cuba y muchos más escribieron notas de reconocimiento a su gesta política y humanitaria. Nunca antes en la historia, un expresidente de América Latina y el Caribe, había recibido una demostración de reconocimiento internacional de tal magnitud.

La Organización de Naciones Unidas (ONU), le dedicó una sesión póstuma, por su histórica lucha apoyando la Descolonización, el Desarme Nuclear, los procesos de Paz y su contribución universal al alertarnos sobre el Cambio Climático.

Los más prestigiosos historiadores, lo comparan con el Libertador de América, Simón Bolívar y lo destacan como uno de los dirigentes políticos más influyentes del siglo veinte. Esta realidad explica el impacto internacional de su muerte natural, luego de sobrevivir más de 600 atentados de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

Sin pretender agotar el listado de contribuciones históricas de Fidel, ni sus cualidades de líder y conductor del pueblo de Cuba, destaco algunos aspectos que sobresalen de su formación intelectual y legado universal, de manera breve:

Primero: El pensamiento revolucionario de Fidel, que impactó a toda la humanidad, tiene su raíz en la vida y obra de José Martí, en el siglo 19, aplicado al contexto histórico del siglo 20. También están muy presentes en el ideario de Fidel, las enseñanzas de Karl Marx y Vladimir Illich Lenin, fundador del concepto lucha de clases en 1848 y de la Revolución Rusa del 1917, respectivamente.

Segundo: La influencia de la ética cristiana en su niñez y adolescencia (de 8 a 18 años) bajo la tutela de la Orden Jesuita, de la Iglesia Católica, fue parte esencial de su formación teórica. De ahí, su férrea defensa de la alianza entre cristianos y marxistas en las luchas de liberación nacional en América Latina y el Caribe, así como su relación fraternal histórica con El Vaticano. La honestidad, la compasión, la humildad y la lealtad como valores humanos esenciales, fueron siempre destacadas por Fidel.

Tercero: Su concepción de la solidaridad internacional, comprobada con el envío de decenas de miles de maestros, médicos, deportistas y profesionales a más de 60 países es un hito humanitario esperanzador. Ejemplo de ello es la creación de una escuela de medicina para jóvenes extranjeros en La Habana, símbolo de ese espíritu solidario que representa Cuba.

Cuarto: La gesta militar y política cubana, dirigida por Fidel, en apoyo a los procesos de liberación nacional de América Latina y la descolonización en Angola, Namibia y la derrota del sistema racista apartheid en África del Sur, cambiaron la correlación de fuerzas internacionales en nuestro hemisferio y en el mundo. La creación del Movimiento de Países No Alineados, tiene en Fidel sus gestores principales.

Quinto: La aprobación de una Constitución Socialista en 1976, bajo el liderato de Fidel, garantiza la participación del pueblo, de manera directa en todas las decisiones del gobierno y la elección libre de sus delegados del Poder Popular, en función de sus aportaciones a la sociedad, logrando la instauración de una democracia participativa sin precedentes, en América Latina y el Caribe.

Sexto: Los altos niveles de la calidad de la educación, los servicios de salud, el deporte y la recreación gratuita, al alcance de toda la sociedad, convierten a Cuba en una potencia cultural a nivel mundial. Esta realidad se ejemplifica en su clasificación número 48, en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la ONU y el país número 3 en América Latina y el Caribe, a pesar del bloqueo criminal de USA, que ya resulta obsoleto ante la heroica resistencia del pueblo cubano.

Séptimo: La seguridad social existente en Cuba, priorizada por Fidel, es producto sobre todo de la ausencia del narcotráfico como un problema social, lo cual garantiza un bajo nivel de criminalidad y la inexistente enfermedad de adicción a drogas. Esta realidad le permite a la sociedad cubana vivir en paz social y menores niveles de estrés que en los países capitalistas modernos.

Octavo: La advertencia mundial de Fidel, del potencial cambio climático y sus consecuencias desastrosas, como producto de la contaminación ambiental provocada por los países desarrollados, resultó una voz de alerta, décadas antes de convertirse en una prioridad internacional. Lo propio con su reclamo de no proliferación de armas nucleares y desarme, que lograron un consenso en la ONU, el Movimiento de Países No Alineados, el Foro Social Mundial y otros.

Noveno: El nivel de organización y participación ciudadana que ha alcanzado Cuba, a través de sus entidades de masas, como los Comités de Defensa de la Revolución, la Central de Trabajadores, la Federación de Mujeres, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación de Estudiantes y la Organización de Pioneros José Martí, junto a sus diversas instancias políticas del Poder Popular, la Asamblea Nacional, el Consejo de Estado y el Partido Comunista, que estratégicamente visualizó Fidel, son la garantía de la unidad del pueblo, la consolidación y continuidad de la Revolución.

Pueden seguir enumerándose aportes importantes de Fidel y la Revolución Cubana, también muchos errores, pero lo que no se puede negar, es su trascendencia como líder de un pueblo educado, sano y solidario, que hoy sirve de ejemplo para la humanidad.

Si Bolívar fue El Libertador de América, me atrevo a describir a Fidel como un visionario o un iluminado, que logró convertir en realidad casi todo lo que imaginó. Su legado de sabiduría, valentía, firmeza en los principios, flexibilidad táctica, vitalidad y ternura, lo convierten ahora en un símbolo aún más poderoso.

La historia lo absolvió y con su ejemplo de vida, logró perpetuarse en el alma del pueblo cubano y de las fuerzas progresistas del mundo.

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Oscar López y los prisioneros políticos de 1895-96

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Oscar López y los prisioneros políticos de 1895-96

El martes 17 de enero se produjo –¡por fin!– el anuncio de la conmutación de la pena carcelaria impuesta al prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera. Sin ánimos de realizar una cronología de los prisioneros y prisioneras políticos puertorriqueños en cárceles extranjeras, conocemos que desde el siglo XIX han existido boricuas presos por delito de conspiración, sedición o por propiciar rebeliones separatistas: primero contra España y luego desde 1898, contra los Estados Unidos. Un ejemplo de esto lo fue el caso de los rebeldes del sureste de Puerto Rico.

En octubre de 1895, veintisiete puertorriqueños de los pueblos de Patillas y Arroyo fueron detenidos por pertenecer a sociedades secretas donde se conspiraba con el fin de separar a Puerto Rico de España. Sin embargo, a falta de pruebas, fueron liberados por la Guardia Civil (fuerza militar española a cargo de los asuntos de seguridad internos de España). Para el octubre del 1896 los arrestaron nuevamente y fueron sentenciados por el Consejo de Guerra en San Juan de conspirar para una rebelión y atacar a las fuerzas armadas. Durante el segundo arresto de los sediciosos, el Consejo exigió al Gobernador General de la Isla el traslado de los penados a cárceles en la península debido a que contaban con antecedentes en contra del régimen colonial. Por lo tanto, era considerado inseguro que cumplieran sus condenas en cárceles locales. Por esta razón solicitaron trasladado en el primer barco de vapor que saliera hacia España.

A su llegada a la península fueron recibidos por el gobernador interino de Cádiz, quien inmediatamente los envió a prisión. No obstante, en espera de la orden militar que indicaba las distintas cárceles donde cumplirían las condenas, los rebeldes arrestados permanecieron un año presos en Cádiz. Finalmente, por intervención del Ministro de Ultramar, Segismundo Moret, fueron indultados. Más de la mitad de los arrestados zarparon desde la península con destino a la Isla el diez de febrero de 1898.

Como maestro de historia se me hizo inevitable comparar y contrastar estos prisioneros políticos puertorriqueños finiseculares con el prisionero político Oscar López Rivera. Son sobrados los paralelismos en estas dos historias, tanto en los prisioneros políticos de Arroyo como en Oscar López. En ambos sucesos encontramos que tanto los presos políticos de Cádiz como López Rivera pertenecían a sociedades secretas que conspiraban con fines separatistas, fueron sentenciados por los mismos cargos y enviados a cárceles extranjeras a cumplir sus condenas. Por otro lado, contrastan los elementos de la condena entre ambos casos. A ninguno de los prisioneros políticos por los sucesos de Arroyo se les sentenció a más de diez años de prisión, ni por los cargos de conspiración para la rebelión, ni por los cargos de ataques a las fuerzas armadas.

Ahora bien, debemos enfatizar en la similitud del contexto histórico en que se han desarrollado ambos procesos de liberación. El momento en el cual fueron puestos en libertad los prisioneros arroyanos se estaba llevando a cabo la instauración del gobierno Autonómico para Puerto Rico, bajo la administración del Gobernador General Manuel Macías Casado. Mientras que, en la actualidad, Puerto Rico espera la liberación de Oscar bajo el control de una Junta de fiscalización, acordado por el gobierno federal y en los albores del centenario del establecimiento de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños.

Desde noviembre de 1897, se exigió la liberación de prisioneros políticos en cárceles extranjeras por cargos de conspiración para la rebelión. Esperanzados, que el 2017, después de ciento veinte años, la historia se repite para que “Don Oscar” regrese a su casa y con él, la descolonización de nuestra Isla.

Publicado en: http://www.80grados.net

Hostos: una figura poliédrica

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6 de enero de 2017

José Ferrer Canales veía en Hostos una figura poliédrica. Con esa expresión se refería don Pepe al rico haz de surcos desde los cuales Hostos emprendió carreras exitosas.

El hecho de que Hostos no fuera hombre de partido, grupo o secta, no lo recluye a las esquinas o los rincones. Hostos fue hombre de compromisos. Un hombre que nació escindido entre el estudio y la acción, entre las armas y letras. Desde joven coordinó sus esfuerzos libertarios desde el periodismo militante, luego desde la tribuna, más tarde desde organismos de lucha política y de estudios –clubes ligas, asociaciones–, y desde el aula, finalmente. Es decir, que su vida no fue la del marginado sino la que emerge de un sentido de servicio instigado por un deber y una moral amplios. De ese esfuerzo brotaron esas múltiples facetas de su personalidad que evoca Ferrer Canales.

Cuando en la aduana de Brasil se le requiere el pasaporte, Hostos responde que no tiene patria: está creándola. Lejos de entender por esta anécdota que Hostos carece de identidad, lo que hay que ver en ello es la voluntad de adscribirse a identidades múltiples: las de aquellos países en los que alcance a ser útil para construir en ellos pueblos más libres.

Al decidir salir de España en el 1869 Hostos se despoja de su prestado hábito español para hacerle la guerra al gobierno de España. Su eje fundamental se desplaza a la guerra cubana libertadora de los diez años. Mas la meta de su lucha militante de la década del setenta era indefectiblemente la confederación de las Antillas.

En los trabajos tempranos del joven Hostos palpitaba la idea de la unidad de las Antillas. Hostos vio desde muy temprano en ellas el germen de una “nacionalidad común”. Su lucha por esa confederación la preside la necesidad de ver prevalecer la soberanía de sus Antillas. En la segunda edición de La peregrinación de Bayoán publicada en Chile ya está presente una temprana identidad múltiple de Hostos: es puertorriqueño, es cubano, es dominicano, y por necesidad y algún aprecio para con su pueblo que nunca cede, español. Ya puede verse el punto de partida de su identidad poliédrica. La peregrinación por los países de la América del sur que inicia en 1870 expandirá de manera insospechada, con dimensiones continentales, el espíritu expansivo de sus identidades múltiples.

Como sabemos, su periplo inicia en Colombia, Cartagena y el istmo panameño.

Tanto en la crónica diaria de sus viajes, como en artículos y reflexiones, Hostos se refiere de manera constante no solo a su solidaridad con las poblaciones y grupos que existen al margen de las dominantes, sino que se identifica con muchas de ellas. Quizás una de las primeras que refiere, apenas inicia ya el viaje al sur, sea la de los cholos que viajan con él a Cartagena. Hostos se sorprende de ver cómo los cholos convierten el buque en feria, y disfruta sobre cubierta de sus bailes y cantos, confundiéndose con ellos.

En Perú, por otra parte, se detiene a observar inquisitivamente la situación de las poblaciones incas y también la de los esclavizados chinos, totalmente marginados de la vida de la república. Su indignación arranca chispas. En Chile, no escapan a su atención los promancaes y los araucanos, los mapuches, huasos y rotos, y la situación de opresión y subordinación de la mujer. En Argentina, serán los gauchos y los inmigrantes. Aunque no le era ajena desde niño en Puerto Rico, en Brasil, lo escandalizan las maneras practicadas allí de la esclavitud africana.

En todo ello, dicho sea un tanto al margen de estas observaciones, Hostos está defendiendo los derechos de todas las poblaciones, marginadas, desamparadas y oprimidas, a integrarse en la vida de la república, es decir, a la democracia, que no puede existir sin la participación de todos. En esta solidaridad con los condenados o “desamparados” de la tierra, Hostos no deja de incluir, siquiera como un señalamiento en su Tratado de moral, la explotación que practican las grandes potencias europeas en las infinitas comunidades y culturas de cada rincón del planeta. Ese ejercicio imperialista lo indigna.

En este deslinde de identidades múltiples no debemos dejar de lado que, en el caso de Hostos, estamos ante una figura que se destacó en diferentes disciplinas intelectuales y que exploró muchas otras. Se destacó, tanto en el estudio de la disciplina, como su práctica, en la política, la filosofía –ética y lógica–, la sociología, la pedagogía, el derecho –penal y constitucional–, la geografía evolutiva y la política, la historia de las civilizaciones semítica y china, la gramática, la literatura, la crítica. Abordó también la sicología, ciencia en ciernes. Con lo anterior queremos decir que fue un historiador, un político, un geógrafo, un escritor, un sociólogo, un pedagogo, entre otras cosas.

Sus vínculos con la cultura masónica no están claros, pero son indudables. El krausismo no determinó en el Hostos definitivo una creencia en dioses, como en cambio, sí se manifiesta en el Hostos joven madrileño.

En el caso de las experiencias vitales del individuo, otro tanto. Es famosa, en ese sentido, su definición del “hombre completo”, es decir, del ser humano que reúne en sí mismo todas las edades, y las facultades y características que las definen: niño de corazón, adolescente de fantasía, armonía viviente de razón, sentimiento y voluntad, mediador entre el racionalismo excesivo y el pasionalismo.

El “Diario” refleja el desarrollo de un carácter fluido. El joven Hostos es un hombre solitario y de emociones intensas, con tendencia a la depresión, el autocastigo, seguido de la exaltación. Está constituido de “opuestos”. “Mal, mal, mal”, se repite. Es época en la que repercuten con intermitencias alusiones a motivos religiosos que luego se desvanecerán. El Hostos maduro da la espalda a esa dimensión de nuestra cultura.

Sorprende que la vinculación de Hostos con la cultura y los problemas de cada país que visita y de cada comunidad marginada que conoce lo mueva a la aspiración de “serlo todo a un mismo tiempo”: antillano por la América latina, latinoamericano por las Antillas; peruano, colombiano, chileno, argentino, ecuatoriano, boliviano, paraguayo, como pudiera serlo el mejor de sus patriotas. Y aun añade, además: indio, chino, huaso, roto y gaucho.

Quizás acercándose o evocando, con conciencia o sin ella, los predios del pensamiento de Prouhdon, Hostos siempre opta por los “desamparados” y los “desheredados”. Concurrente con sus afectos, aboga por cholos, indios, chinos, gauchos, y con particular denuedo, por los esclavos. A propósito de la esclavitud en Brasil, Hostos, mucho más allá de la mera abominación moral y humana, repasa matemáticamente, y en términos económicos, la explotación de los esclavos incluyendo el particular sobreabuso con la mujer esclava.

En octubre de 1869, en París, Hostos asiste a una “reunión de pueblo”. Son los tiempos revolucionarios que preludian la Tercera República y que vienen de las oleadas de un fuego sofocado y vuelto a arder desde el 1848. En esa reunión se habla de “ciudadanos”, y mientras Hostos describe “los pocos vestidos burgueses”, las abundantes gorras de obreros, se discute de la libertad y derechos de los obreros, de las huelgas, de la cuestión social, del llamamiento a la fuerza, a las armas, del ruido de un pueblo “dueño” de sí mismo, de un orador que se declaró comunista.

Se relacione o no con lo anterior, Hostos muestra conocimiento de los acontecimientos revolucionarios que a fin de siglo sacuden y se ciernen sobre el pueblo eslavo y, augurando ríos de sangre en el siglo XX, señala la futura lucha por la libertad que empezará “a resolver el problema moderno de la Industria: propiedad para todos; trabajo para todos; producción y consumo para todos”. Hostos no le da nombre a este sistema, pero los lectores podrán reconocerlo.

No hay que olvidar, por otra parte, que también hay en Hostos un espacio reiterado y medular que corresponde a la familia de su niñez. En ese espacio habita la veneración perenne de su madre que evoca afligido en cada aniversario de su muerte. Su padre, en segundo lugar, que lo auxilia continuamente y de cuyas penurias se compadece. Sus hermanos y hermanas, perdidos, uno a uno, a lo largo de su vida. Y tras la esposa e hijos antes mencionados, sus reiterados conatos de amor.

Mas, de la inmensa heterogeneidad humana que lo acompaña, Hostos, asentado como vivió en la historia heroica de la América nuestra, también se traslada mentalmente a la época de la conquista y colonización, para sentirse, según dice, “Bayoán, Caonabo, Hatuey, Guatimozín –Cuauhtémoc–, Atahualpa, Colocolo”.

Finalmente, una de las más estremecedoras identidades que asume por transferencia Hostos, está retratada de manera muy elocuente y lírica en la escena que refiere y con la cual culmina su discurso “El propósito de la Normal”. Cuenta Hostos que ve pasar por la puerta de la escuela Normal una campesina que, doblando la rodilla, se persigna y ora ante el “templo de la verdad”. Con evidente emoción, Hostos ve en ella la “personificación de la sociedad de las Antillas”, su derrotero más encarecido.

* (2007). El presente trabajo es un resumen de otro más amplio escrito como introito a una recopilación nuestra de ensayos sobre Hostos que desearíamos ver publicado un día.

Publicado en: http://www.80grados.net/hostos-una-figura-poliedrica/

José Martí, el masón

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José Martí, el masón

Mario J. Pentón

Profundamente liberal y comprometido en colocar al ser humano como centro de la justicia en la República por la que inmoló su vida, José Martí escogió la estrella como camino para destruir el yugo español que aprisionaba a su patria. Las condiciones históricas facilitaron su adhesión al movimiento masónico, una faceta del Apóstol independentista que permeó su obra y su accionar.

“La estrella de cinco puntas significa la perfección del maestro masón: la fuerza, la belleza, la sabiduría, la virtud y la caridad. Es un símbolo que podemos encontrar mucho en la obra martiana. Martí fue masón y encarnó esas virtudes hasta las últimas consecuencias”, explica por vía telefónica desde La Habana, Ramón Viñas Pérez, presidente de la Academia de Altos Estudios Masónicos.

La bandera cubana, diseñada por el masón Miguel Teurbe Tolón en 1848, adoptó la estrella de cinco puntas y el triángulo equilátero republicano. El también masón Narciso López la llevó consigo a Cuba en su expedición de 1850.

Pero la pertenencia francmasónica del Apóstol no siempre fue aceptada por periodistas, historiadores y políticos.

Hace apenas diez años, un hallazgo en los archivos de la Logia Fernandina de Jagua, de la ciudad de Cienfuegos, demostró la filiación masónica de José Martí. Hasta ese momento la polémica en torno a su pertenencia a esa sociedad había hecho correr ríos de tinta entre sus detractores y defensores, durante más de un siglo.

El doctor en Ciencias Históricas Samuel Sánchez Gálvez cambió para siempre las investigaciones sobre la adhesión de Martí a esa fraternidad. En sus pesquisas en el expediente masónico del español Amelio de Luis Vela de los Reyes, encontró un diploma de Maestro Masón y una carta. Ambos documentos llevaban la firma del líder cubano.

En el diploma aparecía la firma y la rúbrica usualmente utilizados por el Apóstol. La carta ostentaba su seudónimo: Anahuac, un vocablo aborigen que significa “rodeado de aguas”. Un análisis grafológico permitió comprobar la coincidencia de firma y rúbrica con los rasgos martianos registrados en otros de sus textos.

Los documentos encontrados probaban, además, que la logia que lo admitió no era, como se consideró hasta entonces, Armonía N° 52, sino la también madrileña Caballeros Cruzados N° 62, lo que situaba la iniciación masónica de Martí antes en el tiempo, entre febrero y julio de 1871.

“Encontrar esos documentos, solucionó un problema historiográfico, ratificó las investigaciones, estudios y obras de aquellos historiadores y biógrafos martianos que consideraron a Martí masón, y proporcionó un espaldarazo a la veracidad a quienes ofrecieron testimonio, directo o indirecto, de la pertenencia del Apóstol a la institución, ya fuera en la prensa, en diarios personales, o en determinados textos, entre ellos el propio amigo de Martí, Fermín Valdés Domínguez”, explica desde Ecuador, el catedrático Sánchez Gálvez, desde la Universidad de Guayaquil.

El hallazgo también abrió un campo nuevo de investigación en los temas relacionados con el Héroe Nacional.

“La masonería en general, y la Gran Logia de Cuba en particular, siempre sostuvieron la pertenencia de Martí a la institución. Mediante el hallazgo, se demostró la veracidad de estas afirmaciones”, agrega.

“En la masonería el grado máximo es el 33°. Cuando llegó a Madrid, Martí fue iniciado y en apenas dos años obtuvo el grado 18°. En nuestro museo están las joyas masónicas del grado 30 que correspondían al Apóstol”, explica Viñas Pérez.

“Las joyas masónicas martianas fueron entregadas a la Gran Logia de Cuba por la viuda de Fermín Valdés Domínguez tras la muerte del patriota. Actualmente se encuentran en el Museo Nacional Masónico de La Habana”.

Cuando nació Martí, el 28 de enero de 1853, el movimiento masónico tenía décadas de trabajo en la Isla. La corona española prohibía expresamente la masonería desde 1812 en la metrópoli y los territorios ultramarinos. Fue una hermandad masónica la que fraguó una de las primeras conspiraciones en 1809 para liberar a la Isla del dominio español.

La prohibición no hizo más que acrecentar el número de agrupaciones en las cuales militaban peninsulares, algunos contrarios a la monarquía y cada vez un mayor número de criollos. En la década de 1820, sólo en La Habana, que contaba por aquel entonces con unos 90,000 habitantes, llegaron a existir 66 logias.

En 1820 se funda la “Gran Logia Española del Rito de York” en La Habana. Más tarde se constituye una Gran Logia Soberana representativa de 66 logias que aglutinó el movimiento masónico cubano, constituyendo un acto de rebeldía frente al Gran Oriente Nacional de España que buscaba ejercer su dominio sobre la masonería en la Isla y no reconocía el derecho a la independencia de Cuba.

En este ambiente llegó Martí a la Península desterrado por sus actividades políticas. Según describió en 1908 Fermín Valdés Domínguez (1852-1910), “las noches –en los días de tregua en el estudio, que eran muy pocas– las dedicaba a los teatros o a la logia masónica, aquella logia ‘Armonía’ que presidía el General Pierat (…) en la que Martí era Orador”.

Valdés explicaba además que en esa logia se reunían los jóvenes cubanos que vivían en Madrid.

“Era la logia templo de amor y caridad: ella auxilió más de una vez a los cubanos presos en Ceuta, y así como atendía las necesidades de los pobres de cualquier país, seguía al cubano al hospital o a su casa”, se lee en el texto.

Para Samuel Sánchez Gálvez la relación masonería-movimiento independentista en los años previos a la Guerra de los Diez Años, “resultó trascendental desde el punto de vista ideológico, y también, por su determinada connotación conspirativa”.

Según el profesor universitario “figuras del calado de Carlos Manuel de Céspedes, Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera, Federico Fernández-Cavada Howard, entre otros, ocuparon en las logias las dignidades de Venerables Maestros”.

Citando al historiador cubano Eduardo Torres Cuevas, el investigador argumenta que “las liturgias masónicas en Cuba eran “esencialmente sociopolíticas y no sólo filantrópico-fraternales”.

“Formaron un sistema de pedagogía social y se constituyeron en manuales instructivos para la formación de ciudadanos, laicos, independentistas y, obvio, republicanos”, agrega Sánchez Gálvez.

Con estas credenciales crearon un proyecto para Cuba “basado en la igualdad social, la soberanía de las naciones, la sociedad laica, las libertades de palabra, prensa y reunión”.

“Es imposible hacer la historia de nuestras luchas por la emancipación de España, sin tomar en cuenta la actuación de la masonería y la de los masones cubanos”, añade Sánchez Gálvez. De esa fuente bebió José Martí.

Para el presidente de la Academia de Altos Estudios Masónicos, “José Martí es el más grande y el más universal de los nacidos en Cuba”.

“Los masones hemos declarado a Martí ilustre y meritísimo miembro de la orden masónica en Cuba. Como en otros lugares identifican a Juárez como el Benemérito –título reconocido por la masonería mundial– tenemos esperanza de que la masonería universal convalide esta decisión”, añade.

 

http://cartasdesdecuba.com/jose-marti-el-mason/

Oscar Collazo López y Griselio Torresola

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El 20 de enero de 1914 nace el nacionalista puertorriqueño Oscar Collazo López en el pueblo de Florida, Puerto Rico.  Desde 1932 perteneció al Partido Nacionalista de Puerto Rico cuando escucha absorto y entusiasta a su presidente Don Pedro Albizu Campos. Lo que le sucedió a todos y a todas quienes tuvieron la oportunidad de escucharlo.

Para la década de los ’40 emigra a Nueva York y se casa con Rosa Cortez.  Allí se hace secretario y más tarde presidente de la rama del partido nacionalista en las entrañas enemigas.  Se reencontrará con Albizu Campos, aunque en esta ocasión hospitalizado.  Y conocerá a su amigo Griselio Torresola (1925 – 1950), primo de la primera mujer nacionalista que dirige una revuelta contra los EE UU, Blanca Canales Torresola (1906 – 1996).  Torresola también fue un famoso nacionalista puertorriqueño de Jayuya, quien a su vez había emigrado a la ciudad de los rascacielos en 1948.

La sentencia fue de perpetua para Collazo López, o pasar el resto de su vida en prisiones norteamericanas, por ser uno de los jóvenes adultos que en aras de la libertad patria y para exponer la situación colonial de la Isla internacionalmente el 1ro de noviembre de 1950 tirotearon de muerte por el este y el oeste a la policía y a la Casa Blair, donde residía temporalmente el presidente Harry S. Truman (1945 – 1953) debido a que la Casa Blanca estaba siendo renovada.

Griselio Torresola asesina a uno de los oficiales, y le salva la vida a Collazo López.  Ya Torresola se encontraba a 30 pies de distancia del presidente Truman, cuando los agentes le gritan a su presidente que se aleje de la ventana.

El oficial Private Leslie Coffelt herido de muerte por Torresola busca la manera de detonar su arma, y asesina a Torresola de un tiro en la cabeza.  Collazo López, por su parte, se sobrepone de sus heridas y es enjuiciado y encarcelado en la prisión federal de Leavenworth, en el estado de Kansas.

Sobre la memoria de Griselio Torresola, Collazo López le dice al pueblo puertorriqueño: “No sería justo para Griselio solo recordarlo por su habilidad con las armas.  Nosotros debemos recordar su valentía y pericia en las guerrillas en las montañas de Jayuya y como el patriota que nunca dudó cuando su patria lo llamó para completar su deber”.

El presidente James Earl “Jimmy” Carter Jr. (1977 – 1981) conmutó la sentencia de Collazo López el 6 de septiembre de 1979, casi treinta años después.  También conmutó las sentencias de los héroes que atacaron a tiros al Congreso de Representantes del Imperio durante el 1ro de marzo de 1954: Dolores (Lolita) Lebrón Sotomayor, Rafael Cancel Miranda, Irving Flores Rodríguez y Andrés Figueroa Cordero, quien por los paupérrimos cuidados de salud enfermó de cáncer tras las rejas, viéndose al borde de la muerte en 1977.

El periodista, escritor y político colombiano Gabriel García Márquez fue uno de tantos que solicitaron la excarcelación del nacionalista enfermo. En su carta le dice a Carter lo siguiente:

“Sin otro título que el de escritor latinoamericano, le pido que considere, en el fondo de su corazón cristiano, la severa situación del patriota puertorriqueño Andrés Figueroa Cordero, quien ha cumplido 23 años en la cárcel en Estados Unidos, y ahora se enfrenta a la muerte debido a una enfermedad incurable”.

Seis días después de cumplidos los veinticinco años de la conmemoración del grito: “Viva Puerto Rico Libre” y los disparos de sus compañeros en el Congreso, muere a los 55 años Figueroa Cordero el 7 de marzo de 1979 en Puerto Rico.

Mientras, Oscar Collazo López muere a los 80 años en 1994 también en la Isla.

P.D.: Las fotografías son como siguen: Don Pedro Albizu Campos, Oscar Collazo López y Rosa Cortez, Griselio Torresola, Harry S. Truman, Collazo López herido, Torresola yace muerto, Collazo López es arrestado, sale la vda. de Torresola, los héroes del ’54, Jimmy Carter, Gabo con Fidel y Andrés Figueroa Cordero con Fidel Castro Ruz en Cuba 1978.

Libertad para Oscar: Ahora sí va

 

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Libertad para Oscar: Ahora sí va

El presidente estadounidense Barack Obama (2009 – 2017) faltando dos días para dejar la Presidencia y Casa Blanca, decidió conmutar a Oscar López Rivera, el más reciente preso político puertorriqueño y el más antiguo en cárceles norteamericanas durante la tarde del martes 17 de enero de 2017, cuya libertad será efectiva el mismo día en mayo del año en curso.

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El independentista fue detenido el 29 de mayo de 1981 en Glenview, Chicago.  Y condenado en septiembre del mismo año a 55 años carcelarios por conspiración sediciosa al pertenecer a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y luchar por la libertad de Puerto Rico.  En 1988 fue sentenciado a 15 años adicionales por un alegado intento de fuga.

Oscar con 74 años recién cumplidos el viernes 6 de enero, día trascendental en la cultura y sociedad puertorriqueña por la celebración de los Reyes Magos, ha cumplido 36 años de la sentencia impuesta por el Imperio Norteamericano, y de estos los más recientes estando encerrado en la cárcel federal FCI Terre Haute, en el estado de Indiana.

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“Si las agencias federales tuviesen una huella digital mía asociándome con cualquier cosa en que haya habido muertos, estuviera sentenciado a cárcel de por vida”, dijo en entrevista con El Nuevo Día, el 1 de diciembre de 2016.


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En la más reciente entrevista con El Nuevo Día, López Rivera mencionó que tan pronto salga de prisión irá a ver a su familia en Chicago. Pero, irá a vivir a su país. “(Quiero) disfrutar de Puerto Rico, de mi familia. Pero, a mí me gusta trabajar. Tengo unas destrezas – organizar, ayudar a los jóvenes – que quiero compartir con la gente”, dijo.

“Tengo la esperanza de que podré salir de la cárcel y que el tiempo que sea que me quede en este mundo dedicarlo a trabajar y luchar para ayudar a resolver el mayor problema que enfrentamos”, que es la situación colonial de Puerto Rico,  indicó López Rivera el pasado 6 de enero, cuando cumplió 74 años.

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López Rivera recibió también clemencia – condicionada a que cumpliera otros 10 años de cárcel-, en agosto de 1999, cuando el presidente Bill Clinton indultó a una docena de prisioneros de los grupos clandestinos Los Macheteros y la FALN.

Entonces, López Rivera – veterano de la guerra de Vietnam -, rechazó la oferta, principalmente porque los indultos no incluyeron a dos de sus compañeros – Carlos Alberto Torres y Haydee Beltrán.

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“Nunca, ni en Vietnam ni en la calle dejé a nadie atrás. Se me hizo difícil sabiendo que podía salir primero que ellos.  También en 10 años adicionales de cárcel no podía cometer ninguna infracción y en la prisión uno nunca sabe lo que el carcelero puede querer hacer”, dijo en 2013.

En 2011, con ambos en libertad, pidió entonces clemencia al presidente Obama.

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“Si él estuviera dispuesto a escuchar podría ver que todavía puedo ser productivo. No tengo nada por lo que se pueda decir que soy una persona maligna”, afirmó López Rivera en la más reciente entrevista con El Nuevo Día, reconociendo que una vez pasadas las elecciones presidenciales de 2016 crecieron sus oportunidades de ser excarcelado.

El prisionero independentista ha lamentado el alejamiento de su familia y la represión que sostiene sufrieron sus seres queridos.

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“Mis dos hermanos fueron llamados ante el Gran Jurado. Los dos rehusaron. Mi hermano menor cumplió 13 años de cárcel por rehusar declarar. Mi hermano mayor fue despedido de su trabajo. Mis hermanos no sabían absolutamente nada de lo que yo hacía. Nunca los involucré en nada. Una de las prácticas más feas era que los agentes iban a visitar a mi madre. Se metían a la casa cuando ella estaba fuera. Cuando ella regresaba la estaban esperando, diciéndole que si no me entregaban me iban a matar. En esos cinco años (en la clandestinidad) nunca vi un familiar mío. Cuando mi madre me dijo eso, para mí fue doloroso”, señaló recientemente López Rivera.

Para el movimiento “Nuestra revolución”, creado por el senador independiente y exprecandidato presidencial demócrata Bernie Sanders, después de 36 años en prisión, la excarcelación de López Rivera acentuará que a pesar de haber pasado 12 años en solitario “nunca estuvo solo”.

La familia de Oscar: su hermano José López Rivera, director del Centro Cultural Puertorriqueño en Chicago.

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Gracias, Dios.  Alegría, Alegría, Alegría.

Oscar López Rivera (87651-024): La paz libertaria de siglo XXI

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Michelle Gotay Morales[1]

 

De trazo en trazo sueña la esperanza.

Fuero de amor por la justicia.

Remanso de Paz es la alabanza

para la grandeza de una vida hermosísima.

Revolotean aspiraciones en tinta,

acariciando mudarte en abrazos.

Alado pecho que lucha en resistencia,

cuyo retumbar de los barrotes no apagan

el persistente océano de tu sonrisa.

De espiriticidio no está hecho tu tesón,

constructor del espíritu libertario de siglo XXI.

Con intensidad resplandece la razón,

que sonea Justicia tardía, no es justicia.

Danzas, sagrada vida, palmo a palmo

por Borinquen libre.

¡Oscar, te queremos libre!

[1] Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Otro es el pecado

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Por: Michelle Gotay Morales/Especial para Claridad

A las mujeres

A los infantes

A los hombres

A las personas LGBTTIQ

Al placer A Puerto Rico

A la diáspora

A los(as) hispanos(as)

A nuestra casa común, el planeta Tierra

Las calles se confunden con el cielo. – Rosana

 

El eterno discurso del pecado es el mayor odio a la humanidad. Se adoctrina a las masas a considerar que la mujer es una propiedad. A las mujeres africanas se les prohíbe el placer mediante la extirpación del clítoris desde temprana edad. Todavía resuena la animalización a personas de etnias distintas. El texto bíblico ordena despreciar y apedrear a la mujer hasta la muerte, ha validado la esclavitud de mujeres, infantes y hombres, ha exigido la muerte de los hombres que se acuestan juntos, eufemismo moralista de relaciones sexuales entre ellos. Etc.

El concepto de pecado debe repensarse. Pocas veces o nunca se considera pecado las masacres perpetuadas a los(as) judíos(as) por la Alemania Nazi, la masacre de las indígenxs de América ante la Conquista, el colonialismo y neocolonialismo de los Imperios europeos y el norteamericano, la usurpación de bienes líquidos e ilíquidos de países, la explotación de infantes en la mano de obra, la pedofilia de curas restringidos en su sexualidad y de pastores libres para sostener relaciones consensuales o matrimoniales, la avaricia humana ante los limitados recursos que provee la naturaleza y el daño causado a la naturaleza, provocado por la producción y el consumo insostenible, y los variopintos homicidios y masacres a las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y queer, cuyas atrocidades más recientes fueron en Xalapa y Orlando. Estos pecados y muchos más nunca son aislados, ni realizados por una persona, porque siempre tienen como raíz el pecado, el pecado de ser diferentes a los hombres, las sexualidades, el color de piel, la edad para poder consentir, las naciones, las culturas y el mal interpretado y utilizado mandato de sometimiento y potestad.

Quien determina que tu vida es un pecado, te mata. Puede ser literal, puede ser por la tangente, pero siempre es realizado por personas que creen que están del lado correcto o sagrado del camino, de los(as) demás se puede prescindir por ser escorias profanas en el bando contrario.

La autora es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: Claridad, En el Mundo, 30 de junio al 6 de julio de 2016: 25.

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Francisco Matos Paoli, El Cantor Nacional

 

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Por: Michelle Gotay Morales[1]

 

 

A Ángel Darío Carrero Morales

Este ensayo es una introducción biográfica y literaria del poeta lareño y nacionalista Francisco Matos Paoli, y traza, a su vez, la teoría poética en su quehacer de escritor lírico y prosista.

 

1. Bi(bli)ografía mínima de Francisco Matos Paoli

Creo firmemente que Matos Paoli es

en este momento el poeta lírico

más profundo y original

con que contamos en Puerto Rico. 

– Dra. Margot Arce de Vázquez

Carta-Prólogo, Teoría del olvido (1944)

 

Me pasma cada vez la fecundidad,

la frescura, la soltura de su poesía.

El poeta se hace, y claro que se nace

ya predestinado. Usted nació y se hizo.

 

– Dr. Jorge Guillén

Carta a Matos Paoli, 2 de enero de 1977

 

Francisco Matos Paoli nace en Lares, Puerto Rico, el martes 9 de marzo de 1915. Su pluma comienza a verterse a borbotones con el fallecimiento de su progenitora Susana Paoli Gayá, el 28 de marzo de 1930. De este acontecimiento, Matos Paoli expresó que fue “muy doloroso”.[2] Desde entonces, su quehacer literario será imparable hasta su muerte, el sábado 10 de julio de 2000, con ochenta y cinco años. Cuenta con más de setenta poemarios publicados y sobre cien inéditos, aunque su quehacer se extiende al diario, las epístolas-críticas y los ensayos de teoría y crítica poética.[3] Sus artículos y entrevistas sobrepasan los doscientos documentos publicados en periódicos y revistas literarias, incluyendo los acervos del cristianismo católico.

El dolor por la pérdida de la madre en plena adolescencia produce el poemario neorromántico Signario de lágrimas (1931). También ese año se yergue el poeta-militante al participar en la procesión en conmemoración del Grito de Lares. Se desplaza de Lares hacia la ciudad universitaria con un contrato laboral, otorgado por Ramón Negrón Flores en el 1935. Allí Pedro Albizu Campos, Carmen Alicia Cadilla y Margot Arce de Vázquez serán figuras importantes en su formación intelectual, política, espiritual y estética. Fue educado en la Universidad de Puerto Rico y la Universidad de la Sorbona en París.

En el 1937 es publicada su segunda obra Cardo labriego y otros poemas de corte neocriollista. Conocerá a Isabel Freire Meléndez en las tertulias literarias Musarañilandia, ofrecidas en la casa de Carmen Alicia Cadilla, y se casarán en 1942. La educadora Freire Meléndez será no solo su inseparable esposa, con quien procrea a Susana Isabel y María Soledad, sino la preservadora de su inmensa producción literaria. Durante el 1944, año en que el Partido Popular Democrático gana las elecciones, publica dos poemarios titulados, Habitante del eco y Teoría del olvido que evidencian la experimentación con las nuevas improntas estéticas vanguardistas.

Sus primeros premios literarios reconocen su lirismo poético y su destreza ensayística con las piezas, Canto a Puerto Rico [1947] y José Gautier Benítez, Poeta del amor [1949]. Estas premiaciones fueron auspiciadas por el Ateneo Puertorriqueño en el 1949.

Condujo programas de apreciación poética en la estación radial Escuela del Aire del Departamento de Instrucción Pública durante los años 1941-1943. Ingresó al cuerpo docente del Departamento de Estudios Hispánicos en 1943, y es reinstalado al regresar de Francia en 1949. Como Catedrático de la Universidad de Puerto Rico enseñó Humanidades, Literatura Puertorriqueña y Literatura Española en el Recinto de Río Piedras. En adición, tuvo a su cargo la dirección de Literatura del Ateneo Puertorriqueño en 1945.

Durante la Asamblea General, fue elegido secretario del Partido Nacionalista de Puerto Rico en Arecibo, el domingo 18 de diciembre de 1949. Cuatro discursos políticos pronunciados en Cabo Rojo (8 de abril), San Juan (16 de abril), Guánica (25 de julio) y Lares (23 de septiembre) en 1950, lo llevan al presidio por infringir la Ley 53, o la Ley de la Mordaza y, eventualmente, al Hospital Insular de Psiquiatría o el Manicomio de Río Piedras, lo afirmará así: “no pude resistir el confinamiento solitario y como consecuencia fatal enloquecí, perdí la razón”.[4]

La sentencia agravada establecida por el juez Joaquín Correa Suárez fue de 20 años, pero los abogados defensores Juan Hernández Vallé y Francisco Hernández Vargas lograron reducir la reclusión a 10 años, debido al alegato de doble exposición ante el litigio legal de los fiscales José C. Aponte, Baldomero Freyre, Guillermo A. Gil Rivera, Ángel Viera Martínez y José Dávila Ortiz. Francisco Matos Paoli identificado como F-2798, sin embargo, cumple una sentencia de dos años en la cárcel La Princesa. Estuvo recluido en sumaria con Paulino Castro, Enamorado Cuesta y José Rivera Sotomayor. Luego es trasladado a la celda La Escuelita, junto a Pedro Albizu Campos, Ramón Medina Ramírez y Pedro Ulises Pabón. Su temprana libertad provisional fue por $10,000 dlls. de fianza el 16 de enero de 1952, y se debió a daños a su salud físico-mental. En marzo de 1954, será arrestado nuevamente pero en la Penitenciaría Estatal de Río Piedras, comúnmente llamada Oso Blanco, e indultado el 26 de marzo de 1955, por el Lic. Luis Muñiz Marín, quien fuera gobernador en aquella época.

Su obra de prisión son los poemarios Luz de los héroes [1951] y Canto nacional a Borinquen [1955]. Estando prisionero en La Princesa, no obstante, escribió varias obras todavía inéditas, Pensamientos [1951-1954], Piedras vivas [1952] y Holocausto de Juan el Bautista y otros poemas [1952]. La merma en su salud psico-emotiva y el preso que borraba sus versos fueron impedimentos para una mayor producción y preservación estética durante su segundo encierro. Sin embargo, Matos Paoli tiene publicados otros poemarios anhelantes de libertad, tales son: La marea sube (1971), La semilla encendida (1971), Unción de la tierra (1975) y Jardín vedado (1980). Tanto Canto a Puerto Rico como Luz de los héroes están dedicados al líder Nacionalista Pedro Albizu Campos.

Luego de salir de prisión es nombrado transitoriamente Conferenciante de la Facultad de Humanidades del recinto ríopedrense, por el Rector Jaime Benítez. Su magno poemario Canto de la locura (1962) rememora su primer encierro carcelario en La Princesa. Con lirismo poético se hace referencia al cristianismo y el encuentro al amanecer en Criatura del rocío (1958). Por su parte, El viento y la paloma (1969) es la continuación del Canto de la locura (1962).

Desde 1970 Francisco Matos Paoli será Escritor Residente, distinción otorgada con anterioridad a Clara Lair, Luis Palés Matos, Evaristo Ribera Chevremont, Juan Ramón Jiménez, Jorge Mañach y Juan Bosch. Seis años antes, el 27 de agosto, fallece su padre Juan Matos Vélez, y escribe dos poemarios inéditos en 1964, Décimas y Poesía descalza.

Canto de la locura y Rostro en la estela (1973) están dedicados a la lideresa Nacionalista Dolores “Lolita” Lebrón Sotomayor, quien cumplía condena carcelaria por irrumpir armada, junto a Rafael Cancel, Irving Flores y Andrés Figueroa en la Casa de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, el 1ro de marzo de 1954. Vestido para la desnudez (1984) es de corte sartreano. Contra la interpretación (1989) es el poemario que expone auto-reflexión poética y literaria explícitamente. Durante sus últimos años, el quehacer literario adquiere un nuevo giro político y religioso, que puede apreciarse desde los títulos de sus obras. De corte político será El pensamiento político de Don Pedro Albizu Campos (1995) y el religioso, La locura de la cruz (1997).

Francisco Matos Paoli ostenta ser el primer escritor puertorriqueño nominado al Premio Nóbel de Literatura en 1977. El premio de la Academia sueca, sin embargo, fue otorgado a Vicente Aleixandre. El poeta, no obstante, recibió nombramientos, premiaciones y títulos honoríficos a lo largo de su vida de diversas instituciones.  En 1976, Matos Paoli fue instalado en la Academia de Artes y Ciencias de Puerto Rico. Alcanza ser finalista del Premio Cervantes en 1978, pero el premio recayó en Dámaso Alonso, quien fuera el director de la Real Academia Española. Se le otorga el Doctor Honoris Causa en tres ocasiones, por la Universidad Mundial en 1977, la Universidad Interamericana-Arecibo, 1984 y la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras en 1991. Recibe la Medalla de Honor de la Fundación Josefina Romo Arregui, Inc., New York  en 1988. Se le nombra como Poeta Nacional por la Sociedad de Autores Puertorriqueños en 1981 y Caballero de la Orden de las Artes y Letras de Francia durante el 1992.

 

2. Trazos introductorios a la teoría poética de Francisco Matos Paoli

¿Qué es la poesía?                                                        

Lo he comprendido al fin:

oigo un canto; veo una flor:

¡oh, que jamás se marchiten!

 

– Netzahualcóyotl

“Romance de los Señores

de la Nueva España” (1450)

 

 

No acostumbro a escribir una poesía mascada…

Tampoco creo necesariamente en que

la poesía se llene de soberbia enigmática.

 

– Francisco Matos Paoli

“Sobre el Hermetismo” (1971)

 

A lo largo de su quehacer poético, Francisco Matos Paoli se propuso con igual afán escribir sobre la poesía y su quehacer estético.[5] De cardinal importancia son los artículos publicados en periódicos y revistas a partir de 1955 hasta 1981. Así como, las entradas numeradas compiladas en sus cinco diarios, de los cuales el Instituto de Cultura Puertorriqueña publicó en conjunto los primeros dos tomos de Diario de un poeta, y que hoy día están agotados.[6] Sus poemarios, los diarios, el ensayo-prólogo “Autobiografía Espiritual”, las epístolas-críticas y los ensayos de teoría y crítica poética establecen su teoría poética, o lo que desde antes llamara “teoría de la rosa”.[7]

En la teoría poética de Matos Paoli existe coincidencia con el teórico español, Carlos Bousoño al conceptualizar la poesía como “comunicación”.[8] La poesía es el medio que une al autor implícito y su “contenido psíquico sensóreo-afectivo-conceptual” como autor real con lo ajeno de sí mismo: las personas, la naturaleza, la sociedad y Dios.[9] De esa manera, afirma que “toda poesía es social” y, por ende, no es “teleológica”.[10] Para la historiadora de la literatura puertorriqueña Josefina Rivera de Álvarez, la poesía es el lugar epistemológico privilegiado en el poeta nacionalista.[11] Al establecer a la poesía como comunicación se procura rasgar el silencio con la palabra, estableciendo algo superior al mutismo o al misterio, la poesía. Esta es, a su vez, mayor a la ignorancia por darse al conocimiento o, mejor aún, a la “sabia ignorancia”, acuñada por Nicolás de Cusa.[12] Pero también el silencio permite el encuentro y, a su vez, el cultivo de la voz poética del poeta-cantor, y constituir la proximidad que impide la soledad del yo-subjetivo ante el mundo.

La comunicación, por su parte, no se da en un vacío, sino que emerge de un contexto interior y exterior, según la teoría comunicativa tanto de Carlos Bousoño como de Gabriel Celaya.[13] Para ser poeta y escribir poesía, Matos Paoli aconsejaba instituir un estilo lingüístico personal o lo que denominó “idiolecto” como instrumento imprescindible e innegociable en la técnica poética y comunicativa. Comprende a la poesía como el equilibrio entre música (Edgar Allan Poe) y pintura (Stéphane Mallarmé), oír y ver, ritmo (Paul Valéry) y metáfora, poesía y filosofía-historia (Platón-Aristóteles). Para la confección y selección de la poesía aclara que su procedimiento se asemeja al pulimiento de un diamante pero con la delicadeza de pensarla rosa y, a su vez, provocando la ilusión de fácil elaboración poética en la audiencia.

Clasifica a la poesía en vanguardista y clásica, lo que Manuel de la Puebla nombra como “dúctil” y “rígida”.[14] En Matos Paoli, la belleza radica en el equilibrio entre la porosidad vanguardista y la precisión clásica. Desde que se inicia en el neorromanticismo, su poesía se inserta en la tradición cantora a la Isla, también incursiona con el costumbrismo criollo y el realismo neocriollista en menor medida. Luego, precede al trascendentalismo del ’45, cuando transforma su poesía influenciado por escritores europeos de Inglaterra y Francia. Este constante cambio demuestra su distanciamiento ante poetas cuyas estéticas estaban empozadas en la quietud de estilos literarios y, por otra parte, emula la “forma de la huida” en palabras juanramonianas.[15] También fue crítico de estos, al refutar el exceso de optimismo moderno y la pérdida de esperanza vanguardista. Por estos motivos, rechazó el purismo literario y nacional, así como el escapismo.

Pero la importancia del lenguaje en el devenir socio-histórico conlleva responsabilidad ética junto a la estética y, con esto, un compromiso autorial con la sociedad en su arte poético. La obra de Matos Paoli tiende a mayor metaforización que historización desde un lenguaje tangencial y opaco, en menor medida diáfano. Esta opacidad lingüística ocasionó que la crítica literaria clasificara su poesía como “hermética”. Su teoría poética, sin embargo, rechaza no solo los excesos sentimentalistas e irracionalistas expresados con los modos conceptuados de “musicalismo” y “pictorismo”, sino también la carencia de emotividad y logicidad. De adolecer cualquiera de estos excesos, catalogaba la poesía de índole esteticista. Mientras, para José Julián Martí Pérez significaba la apreciación equilibrada de ambos, en poesía “todo es música y razón” en Versos sencillos (1891).

Consecuentemente, la poesía no debe tener un télos ensimismado o encorvado, sino estar enhiestamente volcada a la projimidad, a ser con otras y otros. Es por esto, que la poesía comunica, y por lo cual el cántico produce ligera cercanía, un arrobo por lo extraño. A su vez, la poesía es “[e]l cerco diferenciador” cuyo lenguaje metafórico y simbólico agrupa e, inevitablemente, segrega.[16] Ya en Monsieur teste (1895), de Paul Valéry se ejemplifica el riesgo perpetuo a que la subjetividad se vuelva en un egoísta narcisista. “Pero si el[/la] poeta se acostumbra a ver en lo [cotidiano], lo extraordinario… entonces reconoce el instante de su mayor hondura espiritual”, afirma Francisco Matos Paoli, el Cantor Nacional del siglo XX.[17]

 

Notas: 

[1] Actualmente realiza su tesis doctoral en la vida y obra de Francisco Matos Paoli para el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

[2] Matos Paoli, Francisco. “Autobiografía espiritual.” Prólogo. Primeros libros poéticos de Francisco Matos Paoli. Comp. Joserramón Melendes. San Juan: Editorial QeAse, 1982. xiii.

[3] Ciento quince cartas-críticas escritas a distintas personalidades en las letras a nivel nacional e internacional fueron recopiladas en el libro Matos Paoli, Francisco. Epistolario esencial. Hato Rey: Ramallo Bros, Printing, Inc., 1999.

[4] Freire de Matos, Isabel. “Cronología, 1915-1991.” Exégesis 4.12 (1992): xix.

[5] Cf. Matos Paoli, Francisco. Intelecto en éxtasis (Ensayos de poética). Comp. Susana Matos Freire. Colombia: Panamericana Formas e Impresos, S.A., 2014.

[6] Matos Paoli, Francisco. Diario de un poeta. Tomo I y Tomo II. 2da ed. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987. Estos diarios exceden las características del género menor, no solo por haber sido escritos en la adultez y por adolecer de datación en cada entrada, sino por el contenido a estudiarse. El proceso de escritura de los diarios-teóricos poéticos es como sigue: el primer tomo fue escrito entre 1970-1971, el segundo tomo, entre 1971-1975, el tercer tomo fue elaborado durante los años comprendidos entre 1975-1986, el cuarto tomo lo realiza en los años 1987-1988 y el quinto tomo, durante 1988-1989.

[7] Matos Paoli, Francisco. “El poeta y la palabra.” Asomante XIV.3 (1958): 10.

[8] Bousoño, Carlos. Teoría de la expresión poética. 5ta ed. aumtda. Madrid: Gredos, S. A., 1970; Matos Paoli, Francisco. “Sobre el concepto de la poesía.” Atenea (UPR-RUM) IX.1-2 (1972): 25.

[9] Ibíd. Bousoño, Carlos. 1970. 18.

[10] Op.Cit. Matos Paoli, Francisco. (1972): 29, 26.

[11] Rivera de Álvarez, Josefina. Literatura puertorriqueña. Su proceso en el tiempo. Madrid: Ediciones Partenón, 1983. 550.

[12] Nicholas of Cusa. Visions of God. Trans. Emma Gurney Salter. Escondido, California: The Book Tree, 1999, 76; Nicholas of Cusa. On learned ignorance. Trans. Jasper Hopkins. 2nd ed. 2nd print. Minneapolis: The Arthur J. Banning Press, 1990.

[13] Celaya, Gabriel. El arte como lenguaje. Bilbao: Conferencias y Ensayos, 1951.

[14] De La Puebla, Manuel. “Señales de identidad.” Mairena XVI.38 (1994): 12.

[15] Matos Paoli, Francisco. Diario de un poeta. Tomo I. 2da ed. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987. 72.

[16] Op.Cit. Matos Paoli, Francisco. (1958): 9.

[17] Op.Cit Matos Paoli, Francisco. (1972): 37.

 

Publicado en Claridad 9 al 15 de marzo de 2016.

Acerca de Eugenio María de Hostos y Bonilla (Narrativa)

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Publicado en: Claridad, En Rojo 7 al 13 de enero de 2016: 16-17, por Michelle Gotay Morales.