San Juan de la Cruz, un poeta en la noche (a los 425 años de su muerte)

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Xabier Pikaza

San Juan de la Cruz (1542-1591) es quizá el mayor poeta y testigo del amor en la tradición de occidente. Su obra tiene un fondo judío: puede interpretarse como un comentario al Cantar de los Cantares. Algunos de sus elementos se inspiran en la tradición platónica, tal como ha sido recreada por los renacentistas italianos e hispanos de los siglos XV y XVI.

Pero, en un sentido estricto, san Juan de la Cruz es un cristiano contemplativo, alguien que ha traducido la experiencia de la encarnación y la pasión del Dios en Cristo en símbolos de amor. Un poeta en la noche, un testigo de la luz y la Palabra, más allá de todos los silencios, en medio de todas las oscuridades. Buen día a todos sus amigos.

1. San Juan de la Cruz ha elaborado una cristología del amor encarnado. En su punto de partida está el misterio de la Trinidad, entendida como encuentro de amor del Padre y del Hijo (Amado y Amante) en el Espíritu (que es el mismo Amor).

«Como Amado en el Amante / uno en otro residía. / Y aquese Amor que los une / en lo mismo convenía / con el uno y con el otro / en igualdad y valía. /Tres personas y un Amado / entre todos tres había. / Y un Amor en todas ellas / un Amante las hacía. /Y el Amado es el Amante / en que cada cual vivía, / Que el ser que los tres poseen /cada cual le poseía» (Romance 21-34).

El ser de Dios es amor, unión de Amado y Amante, en reciprocidad completa, que brota del Padre y se expresa en el Hijo, para tornar nuevamente al Padre. En ese contexto, las dos experiencias más significativas (de padres/hijos y amantes) se acaban identificando: Dios es comunión engendradora (Amor de Padre-Hijo), siendo encuentro dual [Amor esponsal]. Desde ese fondo se entiende la encarnación del Hijo de Dios, entendida de un modo esponsal.

«Una esposa que te ame / mi Hijo darte quería, /que por tu valor merezca / tener nuestra compañía. /Y comer pan a una mesa / de el mismo que yo comía» (Romance 77-81).

Para desposarse con su esposa humana, el Hijo de Dios tiene que encarnarse y nacer entre los hombres: “Así como desposado / de su tálamo salía, / abrazado con su esposa, / que en sus brazos la traía” (Romance 289-291). Desposorio del hombre y Dios: eso es la encarnación.

2. San Juan de la Cruz ha elaborado una cristología del amor pascual, entendiendo la Cruz de Jesús como muerte en amor (por amor), más que como resultado de un conflicto social o como sacrificio expiatorio del Hijo de Dios, que aplacaría la ira de su Padre. La muerte de Jesús no es una consecuencia de la ira de Dios, ni castigo impuesto para expiación sobre su Hijo, sino experiencia radical de amor. No ha venido al mundo para imponer su ley a la fuerza, sino para vivir en forma humana el mismo amor divino, que es generosidad originaria, donación gozosa. No ha muerto simplemente porque unos hombres le han matado, sino por entrega de amor, como destaca el poema del Pastorcito crucificado. Jesús llora y sufre en la cruz porque los hombres le han rechazado:

«Que sólo de pensar que está olvidado / de su bella pastora, con gran pena / se deja maltratar en tierra ajena, / el pecho de amor muy lastimado». (Un pastorcico 3).

Dios es amor y así, por amor, muere Jesús, porque los hombres (que son su verdadera esposa) no responden a la llamada de su amor divino.

3. La trama del Cántico Espiritual. Amor de Dios, amor de hombre. Desde los rasgos anteriores, retomando de una forma genial los motivos del Cantar de los Cantares, ha escrito y comentado Juan de la Cruz uno de los poemas de amor más importantes de la historia de occidente, vinculando de modo inseparable a Dios y al hombre.

(a) Dios es amor enamorado, que vive en sí viviendo fuera de sí, en un “fuera” que no es exterioridad sino interioridad compartida. La Cábala judía había supuesto que Dios se retiraba, suscitando en su interior un tipo de vacío, para que pudiera surgir de esa manera el mundo, la historia de los hombres. En contra de eso, con la tradición cristiana, San Juan de la Cruz supone que Dios es amor enamorado y que de esa forma se abre hacia el Amado, no para perderse allí, sino para desplegar en el tiempo de los hombres su historia de amor eterno, es decir, la Trinidad.

b) Existiendo en Dios, el hombre es también un despliegue personal de amor. No nace por ley, ni por capricho de Dios o de los dioses, ni por fatalidad, sino como esposa o dialogante de amor del mismo Hijo Divino (hijo del Dios enamorado), a quien su Padre dice: “una esposa que te ame, mi Hijo darte quería, que por tu valor merezca tener nuestra compañía…” (Romance 77-78). Así brota el hombre, inmerso en la misma relación de amor de Dios. Brota en un espacio de finitud, dentro del tiempo que pasa y que tiende a perderse. Pero, en otra perspectiva, brota al interior del ser divino, como alguien que puede ser “Dios en el tiempo” (alguien diría “un dios pequeño”), por encima de todos los posibles esquemas de una ley que le dice y le marca su realidad desde fuera.

4. Una metafísica de amor. Al situarse en esta perspectiva, San Juan de la Cruz ha superado una ontología de la sustancia (plano griego), lo mismo que una filosofía moderna del pensamiento y de la voluntad, para presentar al hombre, desde una perspectiva metafísica, como relación de amor, como un viviente que sólo existe y se mantiene en la medida que se entrega y relaciona, desde y con los otros, vinculando de esa forma esencia y existencia, ser y hacerse, intimidad y encuentro interhumano. Sólo al interior del Dios enamorado podemos hablar de un amor de hombre pues el hombre no existe encerrándose en sí mismo (como sujeto de posibles accidentes, ser explicado y definido por sí mismo), sino sólo recibiendo el ser de otros y abriéndose a ellos, viviendo así en la entraña del mismo ser divino (que es relación de amor, encuentro de personas).

Más que animal racional o constructor de utensilios, pastor del ser o soledad originaria, el hombre es auto-presencia relacional, ser que se descubre en manos de sí mismo al entregarse a los demás, en gesto enamorado de creatividad y vida compartida. El hombre sólo existe de verdad (sobre la naturaleza cósmica, desbordando el sistema social) en la medida en que se entrega y/o regala su vida, compartiendo su misma realidad con otros hombres. Así podemos decir que es lo más frágil: no es una “cosa” objetiva, independiente de lo que ella sabe y hace, sino presencia amorosa. Pero, siendo lo más frágil, el hombre es lo más fuerte: es presencia en relación, es amor compartido. Así pasamos de la “ontología de la sustancia”, propia de un mundo en el que Dios se identifica en el fondo con el Todo, a una metafísica del amor, es decir, la relación y la presencia mutua. No hay primero persona y después relación de amor, pues el hombre sólo es presencia (auto-presencia, ser en sí) en la medida en que se relaciona, de tal manera que se conoce conociendo a otros (desde otros), desde el Ser que es Dios, a quien descubre como trascendencia amorosa.

5. Lo primero es el encuentro de amor. No existe primero el ser propio y después la alteridad, porque en el principio de mi ser (del ser de cada uno) se expresa el ser de Dios que es alteridad y presencia radical de amor (que se nos revela a través de los demás). De esa manera, existiendo en Dios, siendo presencia suya, también nosotros somos presencia relacional. Eso significa que no podemos crearnos de un modo individualista, para ser dueños de nuestra vida por aislado, en gesto posesivo, como sujetos absolutos.

Siendo en el amor de Dos, los hombres no somos ni sujetos ni objetos separados, sino presencia relacional. Eso significa que somos por amor, porque nos han mirado y llamado a la vida: puedo decir “soy” porque alguien me ha dicho que sea. En el principio no está el “yo pienso” (Descartes), ni el “yo actúo” (Kant), sino la palabra más honda de aquel que me dice ¡Vive, tú eres mi hijo, eres mi amigo, siento tú mismo!. Sólo tengo acceso a mi propia identidad como un ‘yo’ en la medida en que existo (alcanzo mi propia identidad) al interior del Dios enamorado, es decir, al interior de Aquél que me llama y me ama. No existo como sustancia independiente, sino como destinatario de una relación de amor. Soy porque me han llamado.

6. Aceptación mutua: nos hacemos ser. En ese fondo, San Juan de la Cruz ha elaborado implícitamente una “fenomenología del enamoramiento creador”, destacando el gozo y tarea de la vida compartida, como algo que desborda el nivel de la ley donde nos sitúan los sistemas legales del mundo. Para el sistema no existe un verdadero tú, ni un yo en sentido estricto. Tampoco existimos nosotros en cuanto personas, portadoras de un amor compartido.

El sistema sólo conoce estructuras y leyes intercambiables, al servicio de los intereses del conjunto. Por el contrario, la vida humana es siempre encuentro concreto de personas. Cada uno se deja liberar (nace a la vida humana) por el don del otro, de tal forma que podemos afirmar que el hombre no es ya naturaleza, sino gracia (un ser sobrenatural); tampoco es cultura, simple momento de un sistema económico-social. El hombre es gracia de amor, encuentro personal. Desde ese fondo se puede presentar la gran alternativa: o el hombre vive en diálogo de amor con los demás, en un nivel donde la vida es gracia (regalo) o se destruye a sí misma. Este proceso de liberación o surgimiento hace que la vida humana deba interpretarse como regalo.

7. Curación de amor. Desde las observaciones anteriores se entiende y puede interpretarse el Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, que ofrece una de las fenomenologías de amor más perfectas de occidente, una obra que habría que comentar estrofa por estrofa, verso a verso. A modo de ejemplo citamos las palabras que dicen: “Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura» (Cántico Espiritual 11).

En este contexto ha desarrollado san Juan de la Cruz una preciosa reflexión sobre el amor y la salud.

«La causa por que la enfermedad de amor no tiene otra cura, sino la presencia y figura del Amado, como aquí dice, es porque la dolencia de amor, así como es diferente de las demás enfermedades, su medicina es también diferente. Porque en las demás enfermedades – para seguir buena filosofía – cúranse los contrarios con contrarios; mas el amor no se cura sino con cosas conformes al amor.

La razón es porque la salud del alma es el amor de Dios, y así, cuando no tiene cumplido amor, (el alma) no tiene cumplida salud, y por eso está enferma. Porque la enfermedad no es otra cosa, sino falta de salud, de manera que cuando ningún grado de amor tiene el alma, está muerta; más cuando tiene algún grado de amor de Dios, por mínimo que sea, ya está viva, pero está muy debilitada y enferma por el poco amor que tiene; pero cuanto más amor se le fuere aumentando, más salud tendrá, y cuando tuviere perfecto amor, será su salud cumplida» (Comentario al Cántico B, 11). El tema del amor como salud integral constituye uno de los motivos de reflexión más importantes de nuestro tiempo.

Bibliografía

[1] San Juan de la Cruz, Obras completas, BAC, Madrid 1991.

Cf. J. Baruzi, San Juan de la Cruz y la experiencia mística, Consejería de Educación de CL, Valladolid 1993;

M. A. Cadrecha, San Juan de la Cruz. Una eclesiología del amor, Monte Carmelo, Burgos 1980;

D. Chowning, “Sanados por amor. El camino de la sanación en San Juan de la Cruz”: Revista de Espiritualidad 59 (2000) 253-333;

G. Morel, Le sens de l’existence selon Saint Jean de la Croix I-III, Aubier, Paris 1960-1961;

M. Ofilada, San Juan de la Cruz. El sentido experiencial del conocimiento de Dios, Monte Carmelo, Burgos 2003;

E. Pacho, San Juan de la Cruz. Temas fundamentales I-II, Monte Carmelo, Burgos 1984;

X. Pikaza, El “Cántico Espiritual” de San Juan de la Cruz. Poesía, Biblia, Teología, Paulinas, Madrid 1992; Amor de hombre, Dios enamorado, Desclée de Brouwer, Bilbao 2003;

C. P. Thompson, San Juan de la Cruz. El poeta y el místico, Swan, S. Lorenzo del Escorial 1985; Canciones en la noche. Estudio sobre san Juan de la Cruz, Trotta, Madrid 2002;

J. Vives, Examen de amor. Lectura de San Juan de la Cruz. Santander, Sal Terrae, Madrid 1978;

D. Yndurain, Poesía, Cátedra, Madrid 1989.

14 de diciembre de 2016

http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2016/12/14/p393217#more393217

2da Ronda de Reseñas: Pérez Álvarez, Eliseo. The Gospel to the Calypsonians: The Caribbean, Bible and Liberation Theology. México: El Faro, 2004.

 

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Nos reunimos en la Iglesia Luterana Divino Salvador en Cataño, Puerto Rico, durante el 6to Domingo de Pascua que caía el 16 de mayo de 2004, con el objetivo de realizar la 2da ronda de reseñas del libro: Pérez Álvarez, Eliseo. The Gospel to the Calypsonians: The Caribbean, Bible and Liberation Theology. México: El Faro, 2004.

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Algunas pinceladas de lo que dije:

Los Indios Nativos Americanos tienen 4 principios básicos:
Hablar desde el corazón
Escuchar con el corazón
Ser concisos y
Ser espontáneos

En mis años que tengo el gusto de compartir ideas con el teólogo y filósofo Eliseo Pérez Álvarez puedo decir que es muy parco al hablar, prefiere acallar humildemente su ego para tener acceso a las cruces y sabiduría vivencial de las demás personas. Pero cuando habla te conduce a: la risa, la reflexión honesta y asumir posturas. Sus planteamientos son simples y concisos como sus palabras, pero de unas profundas bases teológicas y filosóficas en las que en todo momento procura hacer entendible lo que conlleva ser realmente cristianos y hacedores del Reino de Dios desde el presente, en nuestra tierra. Su vasto conocimiento no le ha impedido ser un hombre sensible, embromón, accesible y creativamente espontáneo. Eliseo como buen descendiente indígena de la tierra azteca cumple con los cuatro principios de los indios. Su libro refleja su ser, sus opciones, sus preocupaciones y lo que sencillamente le molesta.

En su segundo libro de sermones es explícito su énfasis de que las iglesias re-lean el texto bíblico desde el contexto sociológico en el que se vive, sin el característico menosprecio de nuestras raíces. […] nos reta a ampliar nuestra limitada visión cartográfica aprendida. Haciendo esto, busca validar las otras culturas, modos de pensar, amar, hacer, predicar, adorar, comer, bailar, cantar y vivir.

Es su intento de Re-formarnos el pensamiento de manera creativa al invitarnos a “aprender a desaprender” el programado y acostumbrado diskette mental y re-construirnos nuevamente, según los valores innegociables del Reino: la vida, la dignidad humana, la solidaridad, el amor y los derechos humanos.

El libro es una joya homilética no sólo para el Caribe, sino para toda Latinoamérica por su pertinencia social, teológica y pastoral en los tiempos que vivimos.

Su obra nos alecciona en muchos tópicos de los cuales sólo voy a mencionar algunos: en ver con sospecha la historia escrita y dicha por los poderosos; a reorientar el mapa bíblico y hermenéutico, y a su vez, aterrizar nuestra cielografía y el Reino de Dios; en celebrar y aprehender la diversidad, porque Dios nos ha creado diferentes y con carismas distintos con el propósito de mostrar que en sus moradas cabemos todos; a validar a que soñemos… un mundo mejor; a ser y pensar diferente; a ser tal cual somos: originales; a ser holísticos en nuestros discursos teológicos y pastorales; que el pecado es la pérdida de identidad personal e histórica; que el diablo no es una persona, sino todo aquello que tiende a dividir, separar, excluir; que el amor, la solidaridad, el compromiso, la aceptación, une; la apatía, el odio, el miedo, la ignorancia y la tolerancia, divide.

El autor se posiciona con los perdedores del mundo, como Jesús en su tiempo, para promover la libertad, el amor, la solidaridad comunitaria por la esperanza de otro mundo utópico, del Reino de Dios. El subvierte el orden actual por el orden divino, es un desobediente civil y eclesial para ser un agente social de consciencia transformadora por su obediencia a Cristo. Más aún, al Reino. Eliseo es un profeta de Dios en nuestros tiempos.

Como profeta es un hombre de una aguda sensibilidad para discernir los argumentos que acarrean división, exclusión y muerte. Y con valentía se posiciona para denunciar y anunciar, como buen teólogo de la cruz, con nombre y apellido las potestades del mal sin cansarse de repetir lo mismo en beneficio de devolverle la dignidad a todas las personas atropelladas, silenciadas y vejadas de nuestras iglesias y sociedades.

El libro del Dr. Pérez se puede ubicar bajo la sombrilla de la Teología de la Liberación y variadas teologías contemporáneas, la Teología Feminista Latinoamericana, la Afro-Americana, la Indígena, la Ecuménica y la tan invisibilizada Teología Queer.

Eliseo des-invisibiliza la homofobia eclesial. El autor es de los pocos y atrevidos pastores latinoamericanos que ha escrito a favor de las minorías sexuales dentro de nuestro contexto marcadamente machista y heterosexista. Lo hace con audaz valentía con el propósito libertario de restaurarnos nuestra dignidad de personas en el común seguimiento de Jesucristo, sin coartar nuestra sexualidad o nuestra fe. Desde hace unos años el Dr. Luis Rivera Pagán viene anunciando que las iglesias deben tomar carta en el asunto y asumir posturas liberadoras e igualitarias con nosotras y nosotros. Eliseo con esta obra se suma en el anuncio liberador de las Buenas Nuevas a la Comunidad Queer de manera pública y por escrito.

Eliseo me ha abierto la puerta para que no me quede en el silencio y la negación. Y estoy aquí como lesbiana y cristiana tomando el lugar que me corresponde en la Casa de Dios como su hija amada. Ese es uno de mis dones y mis cruces, por ende, la lucha que me pertenece a mí batallar, pero junto a la Comunidad LGBTT y aliad@s: buscar espacios igualitarios en las iglesias para la Comunidad Queer en todos los ministerios, incluyendo la pastoral. Las personas homoeróticas no queremos más tolerancia apática y jerárquica, deseamos la aceptación e inclusividad solidaria real de todo nuestro ser, como también bautizados en el Espíritu de Dios. Eliseo en sus sermones, “Third Sex Christians” y “Liberating News for Queers” nos da nombre, nos da rostro, nos hace persona y nos hace dignos como criaturas de Dios.

El corazón de Eliseo se ha desnudado con esta excelente obra y muestra lo que el calendario litúrgico nos dice hoy en el Evangelio de San Juan (14:23, 27): “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él”. Y como fiel y valiente discípulo de Jesucristo habla y liberta sin miedo. A su vez, como hijo de su tierra mexicana también cumple con los 10 Mandamientos Indígenas, Eliseo:

Permanece cercano al Gran Espíritu
Muestra gran respeto a sus semejantes
Asiste y es solidario con quien lo necesita
Es verdadero y honesto en todo tiempo
Hace lo que sabe es su deber
Busca no sólo a las personas íntegras y sanas, sino a las que están en proceso de sanar
Trata la Tierra y todos sus habitantes con respeto
Asume total responsabilidad de sus palabras y actos
Dedica sus esfuerzos al Gran Bien Común
Trabaja en equipo para el bien de toda la humanidad

Pastor, maestro y amigo, gracias por tu modelaje de la orto-doxia y la orto-praxis cristiana, por tu anuncio y denuncia, por tus categorías filosóficas y tu teología de la cruz liberadora, por tu centralidad en la mesa tanto eucarística como en la mesa diaria, por devolvernos la historia silenciada, por tu calidad humana, por tu alma indígena y caribeña y por tu contínua opción por los perdedores del mundo como Dios lo hizo. Que viva el Jammin, el Jamar (comer) y el Calipso! Que Dios te continúe bendiciendo tanto a ti como a Gina. Y a echar pa’ lante que en el cielo/tierra hay fiesta hoy.

P.D.: Me antecedí a la decisión de inclusividad de la ELCA (EE UU) por varios años. Además, las fotos son una copia de las originales, pero al tener gloss estábamos arropadxs por la luz y pierden visibilidad, también añadí las que tenía el documento original.

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