Desiderátum

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Por Michelle Gotay Morales

 

En general las nueve décimas partes de nuestra felicidad se fundan en la salud.

– Arthur Schopenhauer

 

La salud es el primer requisito después de la moralidad.

– Thomas Jefferson

 

En la salud hay libertad. La salud es la primera de todas las libertades.

– Henri-Frederic Amiel

La salud es el fundamento en el cual reposan los pueblos.

– Ramón Emeterio Betances y Alacán

 

La salud holística es la mayor de las bondades en cualquier persona o país. La salud corpórea depende de factores genéticos y ambientales. En el desarrollo humano y espiritual la sanidad sentipensante depende de factores tanto internos como externos. Primero, se requiere reconocer que nuestra corporalidad es un ente formado por masa y energía, así lo confirmó el gran científico judío-estadounidense, Albert Einstein. Significa que cualquier materia se puede tornar en energía y cualquier pensamiento por insulso que parezca puede materializarse.

A estos componentes intrahumanos caben mencionarse los sociológicos y humanistas, política, economía, historia, cultura, música, arte, literatura, lenguaje y religión. Además, están las nuevas tecnologías y las comunicaciones de siempre. Para el gran pensador materialista y ateo, Karl Marx lo que hace a la vida ser vida y estar en la vida es el conflicto social, la lucha de la clase trabajadora ante quienes ostentan el poder.

La economía crea la ruta que provee la posibilidad de una vida digna, una vida con plenitud para cada persona. Creo necesaria junto a la formación política, la formación salubrista que forme la coraza individual para la lucha colectiva del movimiento estudiantil. Una educación con sentido social y para el progreso sustentable. La UPR es Puerto Rico.

Observamos el diseño de un plan social con ordenamiento legal que rige económicamente la vida toda de un país pero con énfasis en ciertos elementos universitarios y divergentes por su resistencia y combatividad al plan repetitivo y sin ordenamiento real, impuesto por el estado local y federal.

Existen innumerables factores que pueden ser la última gota para desbordar la copa de la desesperanza. Existen $450 millones de razones para sólo ver oscuridad en medio del campus universitario, o en cualquier otro escenario. Existen unas leyes vitales, no viables que exigen que el tren de la educación pública de envergadura internacional se obstruya, su sistema se descuartice y solo queden algunas unidades. Existen otros factores legales provocados por estudiantes y donantes políticos, quienes han impuesto el encarecimiento de la Huelga día tras día. Ahora falta la promesa o la realización desde el gobernador.

La gobernanza de la polis se rige con economía y derecho, señoras y señores. La ética se fundamenta en la razón y la misericordia pero nunca, nunca su deseo se fundamenta en la irracionalidad del poder y la codicia avara, ni en la pisotada del más fuerte y organizado. El medio ambiente no nos somete. Somos nosotros y nosotras quienes le damos forma y peso.

Han ocurrido dos suicidios de jóvenes huelguistas del Recinto de Río Piedras en éstos últimos meses de hecatombe y vorágine. Puede que esas “dos bajas”, como me confesara el afectado compa católico en la vía principal cerca de la Biblioteca Lázaro y el Museo, simbolizen la propuesta muerte pedagógica y vocativa de todo el estudiantado universitario de la UPR y sus respectivas estructuras con sus distintivos emblemas animalescos.

En cualquier suicidio la razón ha sido doblegada por las emociones negativas según nuestro pensador más completo y orgánico, Eugenio María de Hostos y Bonilla. Allí el pensamiento cree que la valía del sujeto nada vale. Su visión está afectada y confunde la verdad por el error. No logra ver luz en medio de la tormenta. No puede observar una escalera ante el inmenso muro. No alcanza vislumbrar razón y corazón en la calculada guerra económica y política. No logra confiar en sus facultades y sensibilidades. Tampoco logra tener temperanza. Menos proyectarse al futuro. Solo existe el presente. Y ahí solo hay deseo de muerte. Soledad. Silencio. Inmovilidad.

A nombre de la comunidad universitaria en Río Piedras nuestro más sentido pésame a las familias de esos dos jóvenes y la familia extendida, el estudiantado, la docencia, la no docencia y toda aquella persona que sienta cercana esas vidas únicas fugaces. La UPR-RP está de luto por partida doble, y duele a mares. Les deseamos fortaleza y sosiego a sus madres y padres.

El suicidio, la muerte no es solo asunto de mujeres. Ni debe verse como algo enteramente emotivo. Atender el suicidio es una tarea de mujeres y hombres que creen y apuestan por la vida, la juventud, el pasado, el presente y el futuro de la Universidad.

Jóvenes, sus ausencias son un vacío inmenso en medio de la lucha y la amistad. Toda vida es valiosa y sagrada. Con ella se ofrecen los dones individuales al entorno. Una pizca de arena glocal, local y global para el bien de todos y todas.

Si el todo no es superior a las partes, significa que ese todo no logra homogeneizar los componentes que lo conforman. Éstas son las individualidades. Pero visto desde el organigrama del gobierno institucional, son sus 11 Recintos. Y las defendemos desde el movimiento estudiantil con nuestra mente y cuerpa. Juventud combativa y emprendedora, seamos el arrojo, la valentía con análisis, teoría y metodología para contagiar de Revolución al país que está completamente enfermo y desanimado.

Si se quitan algunas Unidades, mantengámonos en pie de lucha. El Recinto de Río Piedras lleva la batuta, tiene el balón en sus manos. Pensemos. ¿Puede haber en realidad un Diálogo honesto, transparente y verdadero entre dos formas distintas de entender la vida?

Cuando el valor de la educación es alterado con el mercado, la desobediencia es ley. Sí, a la Revolución de consciencia y praxis. La victoria es nuestra.

Michelle Gotay Morales es teóloga luterana con estudios en psicología, y realiza estudios doctorales en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

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¡A la UPR se le respeta!

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A la memoria del Dr. José Toro-Alfonso.

Imagínese que a usted le llega una carta solicitándole que debe entregar su estado financiero a un pariente lejano en 30 días durante las fiestas navideñas.

A la saliente presidenta interina, la Dra. Celeste Freytes González, se le exigió abrir la cartera Institucional en diciembre de 2016, con el propósito de vaciar aún más sus arcas. De ahí surgen las expresiones del secretario de Asuntos Públicos de la Fortaleza, Ramón Rosario Cortés, quien asegura el incumplimiento de la Dra. Freytes al no entregar el estado financiero al extinto Comité de Transición del gobierno entrante, demanda histórica para la Universidad de Puerto Rico, la cual no está obligada a realizarlo.

Como política institucional, la UPR posee autonomía universitaria. Por ende, el Estado y cualquier organismo autorizado por el gobierno de los EEUU no deben interferir por deferencia a la centenaria Universidad, mucho menos entrometerse en sus finanzas sin importar circunstancia alguna, incluyendo la actual debacle fiscal, provocada por gobernantes/administradores y sus políticas públicas mediocres desde antaño.

La Junta de Supervisión Fiscal (JSF), presidida por José B. Carrión III, hace un mal mayor al realizar la fría, distante y onerosa recomendación al gobernador Ricardo Rosselló Nevares de recortar $300M del presupuesto perteneciente al centro de educación superior más longevo, grande, prestigioso y productivo del País, adicionales a la trastocada fórmula de financiamiento de 9.6%, realizada por el ex-gobernador penepeísta, Luis Guillermo Fortuño Burset.

También la JSF propuso, y el gobernador sin pereza agiliza, la avara movida contra nuestra institución, su estudiantado, su docencia y sus no docentes para alzar el costo de la matrícula por medio de una matrícula ajustada a los ingresos familiares, provocar el recorte de la oferta académica, aumentar la ya cargada agenda docente y negar asignación económica a los fondos correspondientes para el mantenimiento, las mejoras, los programas y los servicios ofrecidos por la UPR. Ello representa una estocada directa y sin tapujos a la zapata fiscal institucional.

¿Cómo es posible que vengan hablando de crisis económica por décadas y el gasto operacional del gobierno sea mayor cada cuatro años? ¿Cuál es la justificación para el exorbitante doble salario de Julia Keleher? Y ¿por qué todavía no se ha contratado a personal capacitado y experimentado de la UPR para asesorar y ejecutar en el gobierno, al menos parcialmente?

Cualquier gobernante y organismo –anterior, actual o posterior– deben saber que la Universidad de Puerto Rico es el mejor proyecto de País con el que contamos y el que defenderemos. La UPR es, a su vez, una inversión a futuro y la que mayores frutos provee hoy día. Pero el hecho de que sea una joya y un tesoro no autoriza a la Junta ni al gobernador a saquear su alcancía con pasmosa tranquilidad. La UPR, repito, es una excelente inversión, no un gasto y mucho menos una alcancía para cuadrar la chequera gubernamental.

Si el gobernador y la Junta de Gobierno de la UPR la viesen como ese proyecto trascendental de País harían lo imposible por impedir que la JSF imponga atenuar la Institución. Tampoco el gobernador permitiría que su gabinete se inmiscuya en la misión, las funciones y las finanzas de la UPR. No se atrevería, además, allanar ni acortar el camino de la excelencia académica, investigativa y creativa con otras instituciones de menor envergadura pero mercantiles y dejaría de pensar en vender algunos Recintos a la competencia. ¡Once Recintos, Una UPR!

Dr. Rosselló, su responsabilidad ministerial con la UPR es salvaguardar nuestro primer y único centro docente público. Mientras, el compromiso y el derecho de la UPR en esta coyuntura histórica es velar y hacer valer que la UPR sea intocable por ningún gobierno o junta de paso.

Sépanlo, el ensañamiento con la UPR de parte de la JSF y el gobierno penepeísta es uno de índole político, pero con la apariencia y el pon de ser económico.

Ninguna presidenta interina, junta institucional ni la Universidad deben estar dispuestas a entregar obligadamente o voluntariamente sus estados financieros ni los de la UPR para auto aniquilarse.

¡A la UPR se le respeta!

Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. 

Publicado en:

http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/alauprselerespeta-columna-2295797/

El Nuevo Día, Opinión-Tribuna Invitada, Lunes, 27 de febrero de 2017. Web

Olga Jiménez al rescate de las Nacionalistas olvidadas

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Olga Jiménez al rescate de las Nacionalistas olvidadas

Pedro Aponte Vázquez

27 de enero de 2017

 

Reciban un saludo fraternal y solidario en este momento histórico en el que la patria sufre los peores vejámenes a los que en su arrogancia la ha sometido El Invasor desde el impune asesinato del compañero Filiberto Ojeda Ríos el 23 de septiembre de 2005.

Le agradezco al compañero Amílcar Tirado que optara por ofrecerme el honor de presentarles el libro Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot 1930s-1950s (N.J.: Markus Wiener Publishers, Inc., 2016, 347 págs.), de la prestigiosa historiadora boricua Olga Jiménez de Wagenheim. Con ello nos demuestra que es de esos profesionales, probablemente escasos, que no temen asumir riesgos. Por mi parte, dedico mi participación en este acto a la memoria de otra distinguida historiadora cuyo recuerdo la ingratitud opaca: la compañera Miñi Seijo Bruno.

Por más de un motivo he dicho que Amílcar no teme asumir riesgos. El de mayor peso es quizás el hecho de que mi determinación de decir libremente sobre cada asunto lo que crea necesario y a cada cual lo que estime que merezca, no es algo que me haya acarreado muchas simpatías. Otro motivo, tal vez de igual volumen, es el hecho de que recientemente tuve la osadía de asumir una posición diametralmente opuesta a la que optaron por defender un puñado de académicos, además de miembros prominentes del campo independentista ―y hasta algunos auténticos albizuistas―, en torno al contenido de un libro que abiertamente vilipendia al prócer Pedro Albizu Campos. la Historia nos dirá algún día con qué propósitos. Defender de ese modo la memoria de Albizu fue para algunos compatriotas hasta peor que haberle donado mi colección de documentos, fotos y algunos libros al Archivo histórico de la Fundación Luis Muñoz Marín.

Con lo que estoy seguro de que no habrá desacuerdos es con mi afirmación en este momento de que el honor de presentar este libro debió ser para la doctora Aselar Laguna, pues ya lo reseñó detalladamente por medio de la internet con erudición y excelencia (El Post Antillano, 8 sept 2016). Espero estar hoy al menos cerca de la altura a la que habría estado su presentación.

En su reseña, la doctora Laguna alude con toda justicia a la “rigurosidad” con la que Jiménez de Wagenheim aborda y conduce sus investigaciones históricas ―virtud a la que hoy día ya hasta se le da de codo―, afirma que esta “informativa, importante y provocadora” obra disfruta del aval de la “distinguida y sólida carrera” de la educadora Jiménez de Wagenheim “como catedrática en [la Universidad de] Rutgers” y añade que se le debe a ella, además, cito:

[…] la introducción de los primeros cursos de historia oral, iniciando a estudiantes en esa disciplina y de paso, rescatando las contribuciones olvidadas de los puertorriqueños en las demostraciones y las manifestaciones estudiantiles en la Universidad de Rutgers y en la ciudad de Newark para los últimos años de los sesenta y principios de los setenta. Y conviene señalar ―agrega― su monumental y central desempeño en la fundación del archivo de la comunidad puertorriqueña en la Biblioteca Pública de Newark (el New Jersey Hispanic Research and Information Center), contribuyendo de modo exhaustivo a la recuperación y preservación del acervo de los puertorriqueños y otros latinos residentes en el estado de New Jersey.

Precisamente, de rescatar del olvido y también de la indiferencia, es de lo que trata esta indispensable aportación de Jiménez de Wagenheim a nuestra historiografía y, por ende, a nuestra centenaria lucha de liberación nacional. En Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot 1930s-1950s, la historiadora que ya es parte de la indisoluble nación boricua en las entrañas del monstruo, les recuerda a sus lectores el hecho de que las mujeres boricuas no eran invisibles para nuestro opresor en el curso de nuestra lucha por liberarnos del Invasor (y todavía no lo son, permítaseme agregar). Nos provee ella una breve y vívida introducción con una impresionante narración de las condiciones objetivas que llevaron a la insurrección de 1950 contra la tiranía de EE. UU. Luego nos lleva de la mano a través de una exposición amena, profusa y rigurosamente documentada que nos provee una vista panorámica de nuestra más reciente historia política.

El libro les rinde merecido tributo a dieciséis mujeres. A Dominga de la Cruz Becerril, quien heroicamente sobrevivió la Masacre de Ponce en 1937 y otras 15 que fueron perseguidas y encarceladas por haber participado, o parecerle al Invasor que habían participado, directa o indirectamente en la lucha armada del Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador en los años de 1950. Estas son:

Blanca Canales
Leonides Díaz
Carmen María Pérez
Ruth Mary Reynolds
Isabel Rosado Morales
Doris Torresola Roura
Olga Isabel Viscal Garriga
Rosa Cortés Collazo
Lolita Lebrón Sotomayor
Carmen Dolores Otero de Torresola
Juana Mills Rosa
Juanita Ojeda Maldonado
Ramona Padilla de Negrón
Angelina Torresola de Platet y
Monserrate Valle de López de Victoria.

En alusión a esta prudente limitación que se impuso, Jiménez de Wagenheim dice estar “consciente de que otras puertorriqueñas han sido encarceladas por sus ideales políticos a partir de los años 50 y merecen también un estudio profundo de sus hazañas y contribuciones a la causa de la independencia de Puerto Rico” y con genuino pesar añade: “Lamento no ser yo la autora”.

Aunque el título nos indica que trata sobre “mujeres puertorriqueñas” Nacionalistas, justificadamente incluye a una que sin duda lo parecía mucho, pero que en realidad no fue ni borinqueña ni Nacionalista: la pacifista estadounidense Ruth M. Reynolds, oriunda de las Lomas Negras de los nativos Lakotas. Reynolds, quien perteneció al Comité Pro Defensa de don Pedro Albizu Campos que mantuve con doña Isabel Rosado y mi compañera Judith, desempeñó un importantísimo papel en nuestra lucha, pero, pacifista al fin, no perteneció al Partido Nacionalista ―un detalle que Jiménez de Wagenheim se ocupa de mencionar. El hecho es que Ruth cumplió cárcel por parecer Nacionalista.

Por otra parte, el subtítulo del libro, “Mujeres puertorriqueñas que la Historia olvidó”, invita a un análisis semántico, pues sería razonable alegar que a estas compañeras no las olvidó la Historia, por cuanto los Pueblos, sus líderes, sus reseñadores, sus políticos, sus educadores y sus historiadores somos quienes olvidamos. Los lectores, por otra parte, no deberán interpretar como indicio de menosprecio de la capacidad de la mujer boricua el hecho de que Albizu le hubiera asignado un puesto de liderato en su partido a solamente una de las mujeres aquí incluidas, toda vez que a algunas les encomendó ―y ellas no vacilaron en asumir― misiones no solo de alta confianza y responsabilidad, sino, además, de altísimo riesgo personal. Tampoco deberán los lectores conjeturar que esas militantes Nacionalistas hayan sido olvidadas o ignoradas por motivo del machismo que caracteriza a nuestra sociedad, pues no han sido pocos los hombres militantes del Partido Nacionalista de Puerto Rico-Movimiento Libertador que han sido olvidados o ignorados no solo por los historiadores, sino incluso por las pasivas y autocomplacientes organizaciones patrióticas del presente.

Jiménez de Wagenheim, perteneciente por muchos años a la denominada “diáspora” boricua y quien, aunque en las entrañas del monstruo, ha mantenido contra la corriente su primer apellido con todo y tilde, no es neófita en estas lides, pues ha publicado libros y artículos sobre otros importantes sucesos de la historia política de Puerto Rico, incluyendo nuestra rebelión contra el otro imperio, el español. Sobre todo, es preciso recalcar, lo ha hecho como es su estilo y su costumbre: con el debido respeto a los hechos históricos y a las fuentes de información.

A propósito del concepto de “diáspora”, y del debido respeto a los hechos históricos y a las fuentes, alguien se quejó en un artículo publicado en la red en defensa del aludido libro que vilipendia a Albizu de que, en su opinión, “la diáspora siempre tiene que humillarse ante los pies de la nación para ser recibida con los brazos abiertos”, y agregó: “Es interesante como se habla de nación en estos lugares sin considerar [a] los que no tienen país, [sic] porque no hay tiempo para reflexionar en eso, porque se tiene que trabajar, porque se tiene que sobrevivir, porque vivir no es posible”. Esos comentarios son cónsonos con el que publicó meses atrás con el mismo propósito, y en estos días repitió tranquilamente, el denominado National Institute for Latino Politics and Policy con base en ese mundo saturado de historia que es la Ciudad de Nueva York. Al igual que algunos comentaristas, esa entidad ha dicho que una razón por la que en nuestra patria algunos condenamos el libro aludido es que el autor es “nuyorican” y “cruzó la línea al escribir sobre un asunto que es visto como predio exclusivo de la izquierda en Puerto Rico”. Otra razón, asegura el supuesto instituto, es la “envidia” de los críticos residentes en la Isla, de quienes dice que hemos fracasado en “hacer el cruce” a la inversa, hacia la metrópoli. Ciertamente le queda mucho por aprender sobre los boricuas a ese instituto de política pública latina, aparente heredero ideológico de Ramón S. Vélez. De paso, los que escriben y hablan en nombre de ese grupo deben abandonar la práctica de valorar la confiabilidad del contenido de los libros y su utilidad didáctica en términos de la cantidad de ejemplares vendidos.

Es forzoso aludir aquí ahora al desagradable tema del referido libro por dos buenas razones: la autora del libro que les presento forma parte de esa diáspora y su contenido es un tema “de la izquierda puertorriqueña”, dicho lo último entre comillas. Esto quiere decir, a la luz de la insostenible posición de esos voceros, que la doctora Jiménez ha cruzado esa supuesta línea imaginaria que algunos han trazado con sus infundados criterios. En su ofuscamiento ideológico, ni los políticos ni los politicastros logran ver la irrefutable realidad de que no hay razón para que la diáspora boricua tenga que humillarse ante la nación a la que pertenece, ni ante entidad alguna, ni lo ha hecho ni lo hará. Es evidente que esa diáspora, a la que me integré durante unos 15 años en Nueva York, sí tiene país, pues de otro modo no sería diáspora, y ese país es Puerto Rico.

Sépase además, aquí y allá y por doquier, que los boricuas, dondequiera que estemos, tenemos el derecho y, sobre todo, el deber de exigir respeto por nuestra historia de parte de quienquiera que opte por escribir sobre la misma sin importar desde dónde lo haga ni qué organización política, decrépita o vigorosa, lo respalde. Por otra parte, a los autores de la diáspora boricua se les reconoce, como a cualquiera otro autor o autora, el derecho de escribir y publicar en el idioma que para ello escoja.

Nadie en la diáspora boricua, ya sea honesto intelectual, o colaborador de espías o mañoso explotador de la pobreza, tiene fundamento alguno para sostener que los escritores independentistas en Puerto Rico no recibimos con el debido respeto a los colegas que en sus obras a su vez respetan la Historia misma como ciencia social. Este hecho acaba de ser confirmado una vez más por la admiración y el afecto con los que hemos recibido en su patria a la compañera autora de este libro.

La concienzuda historiadora de nuestra diáspora, quien escribió este libro luego de su jubilación de la Universidad de Rutgers, cuando no se le podía aplicar aquello de “Publish or perish”, se valió principalmente de fuentes primarias tales como documentos públicos, la mayoría de los cuales vinieron a estar disponibles recientemente, testimonios escritos y entrevistas grabadas y personales con fuentes a las que ella, contrario a gárrulos de barbería, identifica debidamente. Sin embargo, por más que uno tenga preferencia por los detalles, como evidentemente es el caso de la compañera Jiménez de Wagenheim, siempre es propenso a omitir o dejar escapar o por algún motivo no resaltar sucesos que son especialmente significativos para algunos lectores. Por eso no encontré alusiones a otros asuntos de mi especial interés, como el caso Rhoads ―muy probablemente una de las causas por las cuales el partido Nacionalista recurrió a la lucha armada―; a las denuncias de Albizu de que se le exponía a la radiación ―las cuales Carmín Pérez e Isabel Rosado mencionan en sus entrevistas para el libro como lo hace Rosa Collazo en sus Memorias―; ni al diagnóstico de locura que el gobernador Muñoz Marín en su proverbial jaibería ordenó especialmente para Albizu con el fin de contrarrestar sus denuncias de tortura a la altura de la era atómica.

No obstante, es tal la abundancia de datos biográficos sobre las compañeras a las que ella alude en este valioso libro que, aunque durante unas décadas departí informalmente de vez en cuando con nueve de las compañeras aquí incluidas y de que entrevisté formalmente a algunas de ellas, encontré un caudal de datos que he venido a conocer solamente después de leer la meticulosa narración que generosamente optó por obsequiarle a su patria la doctora Jiménez de Wagenheim.

Habrá lectores a quienes, como a este autor, les extrañará su uso del verbo “asesinar” en referencia al intento de luchadores por la libertad de ejecutar o ajusticiar al presidente Truman, además de algunas afirmaciones sobre el estado de salud de Albizu mientras estuvo en Estados Unidos. Precisamente, en lo que se refiere al concepto de “asesinar” versus “ajusticiar” dentro del contexto de una lucha de liberación nacional contra un invasor militar, surgió aquí mismo en este recinto un intercambio de ideas durante un foro reciente en torno a la insurrección de 1950. Creo procedente señalar que la base de la distinción que los independentistas hacemos entre “asesinar” y “ajusticiar” es ideológica. Es la misma que hacemos entre “robar” o “hurtar” y “expropiar”. Por eso, mientras la prensa dice, por ejemplo, que los Macheteros cometieron un robo contra la empresa Wells Fargo, nosotros decimos que fue una expropiación. Sobre esta cuestión, es mi interés recalcar un asunto consabido: que es necesario y prudente fomentar el análisis y las discusiones de las discrepancias, el manejo de conceptos controvertibles y otros aspectos de la disciplinada narración histórica, con la debida sobriedad en civilizadas discusiones con respeto y elegancia, sin recurrir a exageraciones ni a insultos ni a afirmaciones infundadas.

Nationalist Heroines: Puerto Rican Women History Forgot 1930s-1950s es, además, una confiable fuente de información en torno a los atropellos de los que hemos sido y somos víctimas bajo el abusivo imperialismo estadounidense. Por estar escrito en inglés, el libro tenderá a fortalecer aún más los lazos culturales y políticos entre los borinqueños en nuestra patria y los radicados en Estados Unidos de Norteamérica y en otros países. Además, iluminará a lectores del inglés, sean estadounidenses o de otras nacionalidades, quienes gracias a la internet están empezando a enterarse de nuestra existencia como nación caribeña subyugada.

En fin, esta nueva obra de 347 páginas de historia constituye un merecido reconocimiento de la autora a unas mujeres abnegadas, resueltas, dedicadas, que vivieron de modo cotidiano y en carne propia el postulado albizuista de organizarnos y entregarnos al rescate de nuestra soberanía con valor y sacrificio; mujeres que en el proceso ofrendaron vida y hacienda por la libertad y algunas hasta renunciaron a ser esposas y a ser madres. Constituye, de ese modo, un merecido homenaje no sólo a ellas, sino a la Mujer Boricua en general, la que con su temple, su valor, sus sacrificios y su firme determinación concebirá y alumbrará al fin una patria liberada. #

* Leído el 16 noviembre de 2016 en el auditorio de la Escuela de Comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras.

Lecturas para Dar Nuevos Sentidos a la Biblia

Texto biblico

 

En el famoso libro Hermenéutica Bíblica. Para una Teoría de la Lectura como Producción de Sentido, del biblista y teólogo argentino José Severino Croatto se propone una hermenéutica de liberación.[1]  La hermenéutica bíblica es el arte o quehacer teórico y teológico de interpretar los textos sagrados.[2] La tesis de Severino Croatto es que el texto bíblico “no es un depósito cerrado” como texto, tradición confesional y proceso interpretativo (5).  Siguiendo la lectura bíblica desde la Teología de la Liberación, la realidad actual pregunta al texto bíblico y el texto bíblico responde a la vivencia del presente.  El método hermenéutico que propone Croatto se compone de tres partes, estas son: 1) detrás del texto, 2) en el texto y 3) delante del texto.  Como liberacionista su énfasis recae en el “texto” y la “vida” (42).

 1) Detrás del texto. Hace referencia a la autoría, el contexto socio-histórico o diacrónico del acontecimiento que se escribe y la audiencia para la que está dirigido. Croatto asume el distanciamiento del “historicismo” con la ‘muerte’ autorial.  De esta manera, el texto no se “cierra” en la primera producción de sentido dirigida a las primeras comunidades de fe o el “horizonte del texto”.  También esto evita el “concordismo”, cuya lectura asemeja el cristianismo originario con la actualidad o el horizonte interpretativo, porque trae el pasado literalmente a nuestro tiempo sin lentes teóricos críticos de la modernidad y posmodernidad.  Es importante sostener la distancia socio-histórica y cultural para que emerja la polisemia de sentido que subyace en la Biblia.

2) En el texto. Los acontecimientos querigmáticos se transmitieron oralmente y existen distanciamientos de tiempo entre los libros canónicos, quienes los escribieron y la selección del material plasmado en la Biblia.  Sus escritores pertenecieron a distintas comunidades de fe con perspectivas y prácticas sociológicas, políticas, económicas y teológicas.  Las comunidades de fe que relatan el acto salvífico de un acontecimiento real están inspiradas, pero “se entiende mejor como fenómeno textual” del “Dios-que-actúa” en medio de la historia (73).  El “Dios-que-habla” en el texto bíblico pasa por un proceso de estructuración lingüística y redaccional manifiesta y profunda.  La Biblia es una arqueología sincrónica o estructura semiótica, narrativa y discursiva que sobrepasa el referente histórico autorial para la producción polisémica de sentido bíblico-teológico “que lo abre hacia adelante” (51).  En el texto existe un “exceso-de-sentido que desborda y debe ser recogido en nuevas prácticas y en nuevas palabras” (74).

3) Delante del texto. Con cada lectura se producen nuevos significados, porque quien lee se “apropia”, “actualiza” y “recrea” la producción de sentido al decir lo no dicho del texto (99, 108-110).  Cada lectura es interpretación, la que crea un texto nuevo.  Jesucristo acostumbraba a preguntar qué decía la tradición, para luego exponer su relectura o la “reserva-de-sentido” interpretativa que su autor originario no pensó o no lo realizó conscientemente.  “Jesús fue el acontecimiento nuevo de Dios que imponía una relectura de la Torá” (115).  Dios en la historia judía fue un acontecimiento salvífico que fue escrito y, a su vez, fue un horizonte interpretativo y teológico nuevo que releyó su tradición religiosa y cultural.  El nuevo texto se entreteje sobre un texto anterior o meta-texto que parte de un nuevo “acontecimiento” de vida -individual, comunitario y nacional- (59).

 Con el énfasis “en el texto” y en el “adelante del texto”, Croatto no invalida la importancia del contexto socio-histórico de la primera producción de sentido; el “detrás del texto” es crucial.  El planteamiento es que las interrogantes querigmáticas de hoy al texto bíblico parten de nuevos contextos socio-históricos y culturales a los cuales la Biblia responde desde la distancia, según la hermenéutica circular de la Teología de la Liberación.

Abordar el texto desde la propia realidad llena de nuevos sentidos el texto originario, porque se lee desde un horizonte interpretativo distinto.  La lectura que es interpretación “acumula sentido” no solo por la distancia socio-histórica y cultural, sino por los horizontes interpretativos de la crítica moderna y posmoderna.  La lectura bíblica parte de las preguntas de quién y dónde lee -social, cultural, económico, clase, política, género, orientación sexual, racial, étnico, educación, salud, profesión, edad, comunidad de fe, entre otras-.  Este posicionamiento en la vida personal leerá “en el texto” en búsqueda de apropiación, actualización y recreación del querigma salvífico.

Como antes se mencionara, el texto bíblico está lleno de distintas ideologías políticas, teologías, economías, sociologías que ordenan las sociedades y culturas, cuyos textos pueden ser “de terror” o “piedras de tropiezo”, cuando deben ser bálsamo de vida que nos hablan de un Dios amplio e inclusivo con actos salvíficos constantes en el día a día.[3]  El texto bíblico si se queda en su contexto socio-histórico muere para nosotras y nosotros, sería admitir que Dios mismo ya no tiene nada nuevo y original qué decirnos; lo que sería afirmar un reduccionismo interpretativo por mantener a Dios cautivo.  El texto contiene en sí mismo muchos sentidos esperando ser re-leídos desde nuestros muchos contextos.  La Biblia es, a pesar de proveer una pluralidad de sentidos, una sola Palabra: la de Dios y su justicia, la de la vida, la de la afirmación de los derechos humanos, la de la reivindicación de las personas y grupos marginales.

La lectura bíblica para que tenga sentido y vida debe ser leída no sólo desde la fe, sino desde la praxis socio-histórica nuestra, o como dijo Karl Barth tener en una mano la Biblia y en la otra, el periódico.  Cuando se hace esto, se tensiona lo “diacrónico” con lo “sincrónico” y se forman nuevos discursos teológicos de vida, de liberación con un “proyecto histórico de paz, de justicia, amor y bienestar” (107).  Esa es su importancia exegética, hermenéutica y pastoral desde un contexto cultural distante y diferente.

Es por esto que Croatto propone la interpretación en el texto desde el horizonte cultural de quien lee, hacia adelante.  Toda lectura es producción de significado.  La revelación de Dios en Jesucristo no concluye la continua manifestación divina “en los acontecimientos de la historia humana” (114).  Esto es así, debido a la distancia entre las comunidades de fe en que se originaron y las comunidades de fe donde es releído y recreado. El texto se abre a muchas lecturas interpretativas y cierra su significado al mismo tiempo.  Toda persona o comunidad de fe relee e interpreta el texto bíblico -abierto y polisémico- para nuevas miradas interpretativas o nuevos marcos teóricos que tracen el puente entre dos mundos distanciados por el tiempo, la cultura y la identidad.[4]

Desde esa realidad personal y colectiva, el texto bíblico cobra sentido y pertinencia en la actualidad.  Y puede aducirse que la Biblia continúa hablando, produciendo sentido.  Por ende, Dios continúa liberando.

 

prensa

 

[1] Severino Croatto, José. Hermenéutica Bíblica. Para una Teoría de la Lectura como Producción de Sentido. Ed. rev. Buenos Aires: Editorial Lumen, 1994. Impreso.  La traducción portuguesa, inglesa y alemana es como sigue: Hermenêutica Bíblica. Sao Leopoldo-Brasil: Sinodal-Paulinas, 1986. Impreso.;  Biblical Hermeneutics. Toward A Theory of Reading as the Production of Meaning. New York: Orbis Books, 1987. Impreso.; Die Bibel Gehört der Armen. Perspektiven einer Befreiungstheologischen Hermeneutik. Alemania: Chr. Kaiser Verlag, 1989. Impreso.  Esta pequeña, pero valiosa obra acaba de cumplir sus treinta primaveras al ser publicada en Argentina.

[2] Un libro imprescindible para el quehacer exegético y hermenéutico fue escrito por el biblista López, Ediberto. Para que Comprendiesen las Escrituras: Introducción a los Métodos Exegéticos. San Juan: Seminario Evangélico de Puerto Rico, Fundación Puerto Rico Evangélico, 2003. Impreso.

[3] Phyllis Trible, Texts of Terror: Literary-Feminist Readings of Biblical Narratives (Overtures to Biblical Theology). Minneapolis: Fortress Press, 1984. Impreso.; Cf. Walter Wink, ed. Homosexuality and Christian Faith. Questions of Conscience for the Churches. Minneapolis: Fortress Press, 1999. Impreso.

[4] Cf. Rivera-Pagán, Luis N. Fe y Cultura en Puerto Rico. Quito: Departamento de Comunicaciones del Consejo Latinoamericano de Iglesias, 2002. Impreso.

 

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La Intersección Semiótica entre Cinematografía y Literatura en Las Buenas Conciencias

 

Michelle Gotay Morales[1]

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El cine instrumentaliza la libertad

    de la imaginación y la poesía.

      Luis Buñuel

 

Soy un cine adicto enfermizo.

 

La novela proclama su función

portadora de novedades.

Carlos Fuentes

 

      En la literatura latinoamericana, como bien se conoce, la literatura y el cine se intersecan. Carlos Fuentes utilizó la técnica cinematográfica como “punto de partida” en algunas de sus obras: La Región Más Transparente (1958), La Muerte de Artemio Cruz (1962), Cambio de Piel (1967), Cumpleaños (1969) y Diana, o La Cazadora Solitaria (1994), cuya trama trata acerca de la actriz, Jean Seberg. Mientras que Aura (1962), Zona Sagrada (1967), La Cabeza de la Hidra (1978) y Gringo Viejo (1985), entre otras, fueron narrativas llevadas a la pantalla grande.[2] Fernando F. Salcedo ha mencionado que la influencia del cine en la narrativa de Fuentes es “profunda y significativa” por ser “un observador agudo”.[3]

      Sin embargo, la crítica literaria no estudia esa influencia cinematográfica como técnica o estrategia experimental en Las Buenas Conciencias (1959).[4] Esto se debe a la estructura tradicional y lineal en que se narra la historia política, eclesial y sociocultural mexicana durante casi un siglo (1852-1946) a través de la etapa formativa y vocativa del adolescente Jaime Ceballos, hijo único del matrimonio formado por Adelina y Rodolfo Ceballos en el Guanajuato posterior al Grito de Dolores. El relato psicológico y espiritual de su vida, como tercera generación, dura poco más de tres años en la hacienda familiar Ceballos-Balcárcel, ubicada en el Jardín Morelos, cuando retorna de España el matrimonio constituido por Asunción Ceballos y Jorge Balcárcel del Moral, tíos de Jaime y protegidos por el presidente Plutarco Elías Calles. Dicho matrimonio busca conquistar posición central en la casa y ascender en la sociedad. Asunción trama en contra de Adelina, su cuñada y madre de Jaime, quien custodiará la puerta/Edén de la casa. Las vejaciones infligidas por Asunción y la falta de carácter de su esposo Rodolfo provocan la salida de Adelina de la laberíntica casa en la que deja a su hijo, hecho que a Asunción le permite satisfacer su frustrado deseo de maternidad.

      Luego de obras previas ambiciosas y complejas como Los Días Enmascarados (1954) y La Región Más Transparente (1958), Las Buenas Conciencias (1959) desconcertó a sus lectores por la aparente linealidad histórica en la estructura. Esa “realidad [histórica] reconocible y representada”, según el crítico John S. Brushwood, lleva a concluir que la obra adolece del “fenómeno artístico” o “semiótico”, según la nomenclatura teórica de Yuri M. Lotman.[5] Aunque Las Buenas Conciencias está dedicada al “gran artista” Luis Buñuel, por su parte, Aida Elsa Ramírez Mattei no logra vislumbrar las intrínsecas conexiones semióticas entre cine y literatura (9).[6] Es por esta razón que esta investigación se propone abordar la influencia semiótica del cine como elemento poético de novedad en la novela de Fuentes a mediados de siglo XX.

      La crítica diferencia el cine de la literatura por la secuencia, así como el cine usa la imagen y la literatura, la palabra.[7] Los elementos estilísticos conocidos y heterogéneos forjan, de acuerdo con Lotman, “significaciones artísticas… [y] efectos semánticos (metáfora)” para que el cine y la literatura despunten creativamente como arte”.[8] A pesar de que la literatura es más antigua que la cinematografía ambas comparten la imagen o recursos tropológicos, focalización, comunicación, acción, y ser artificios artísticos contenedores de otros. No obstante, la semiótica del cine le provee a la literatura la fragmentación en la secuencia temporal y espacial (crono-topía) del relato, y son comunes el contrapunto (collage), la construcción en paralelo, los desdoblamientos y la ruptura lineal en la narración (analepsis o flash-back y prolepsis o flash-forward). Si tales recursos cinematográficos generan en el lector la sensación de que está viendo una película la adaptación semiótica habrá logrado su objetivo.[9] A esta adaptación entre disciplinas estéticas la crítica nombra de “narratividad teatral y relato cinematográfico”.[10]

      Cuando Fuentes define el término “cine” apunta a las isotopías recurrentes en sus novelas, que son: la “identidad”, el “estilo propio”, el “tiempo” y el “nuevo lenguaje”.[11] Estas temáticas reflejan las inquietudes que ocuparon al escritor y las influencias recibidas por los críticos literarios y cinéfilos, Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán.[12] En la novela corta Las Buenas Conciencias, poesía e imagen cinematográfica forman una estructura. Lo poético contiene tanto la crítica de la diversidad social, así como el drama en su nomenclatura lingüística y retórica, ya sincrónica y diacrónica; en tanto, que la imagen secuencial y simultánea cinematográfica sostiene la cronotopía novelesca. De esta manera, el lenguaje poético y cinematográfico se equiparan y constituyen un lenguaje renovador en el ámbito latinoamericano, cuya representatividad histórica no solo se desea ficcionalizar, sino provocar movimientos inesperados en la construcción formal e interpretativa en la acción narrativa, expresada en la novela desde la ética: “Debe haber otro idioma, que no sólo refleje, sino que pueda transformar la realidad” (149). Según el teórico Lotman, el “plano” cinematográfico es intercambiable por la “palabra” literaria como portadora de “verdad artística”, “dinámica” y “novedosa”, cuyo lenguaje es plurívoco para Ludwig Wittgenstein.[13] A su vez, la poeticidad semiótica fílmica en la novela estampa el estilo narratológico del escritor. Siguiendo la poeticidad del cine, Las Buenas Conciencias trastoca la textualidad de la novela durante la “construcción interminable” de esta.[14] Esto sucede debido a que la narrativa adquiere agilidad y abundancia por los giros súbitos y las modificaciones abruptas de aceleración y desaceleración, que inducen el disloque narrativo e interpretativo debido a la amalgama de eventos y posicionamientos contradictorios, problematizando el discernimiento lógico entre lo histórico y lo ficcional en la narrativa para quien lee.

      La relación cine-literatura divide a la crítica en dos sectores, según manejan los signos de puntuación o la semiótica. Fuentes como estudioso del cine y la literatura tendió a la sobreabundancia totalizadora en sus obras, planteando un reto cuando se aplican modelos teóricos que no necesariamente se ajustan a la creatividad e imaginación autorial.

      El crítico español Manuel Villegas López elabora un sistema con cuatro signos de puntuación: “punto y aparte”, “punto y seguido”, “punto y coma” y “coma” equiparándolo con el cine.[15] Según el crítico, el “punto y aparte” equivale al proceso que divide la secuencia por medio del oscurecimiento del plano hasta que ennegrece completamente para dar paso a la próxima escena. En el caso del “punto y seguido” propone la desaparición paulatina de una imagen o evento por otra que le sustituye. El “punto y coma” se asemeja al “punto y seguido” con la diferencia que la entrada a escena es tangencial y empuja a la otra imagen, indicando cambio espacio-temporal. Mientras la “coma” ejemplifica el pase de una imagen por otra súbitamente. Aunque sugerente el modelo de Villegas López no se sujeta al manejo de signos de puntuación esbozado en Las Buenas Conciencias, donde se usan los dos puntos, puntos suspensivos y paréntesis reiterativamente; aunque utiliza todos los signos de puntuación. Lo que puede sugerir la confirmación teorética del crítico español en su uso para provocar afectación cinematográfica textual y en la recepción, aunque falla en el escogido sígnico para establecer el vínculo entre disciplinas.

      Por el momento expongo varios ejemplos con los signos de puntuación —dos puntos, puntos suspensivos, signos de preguntas y exclamación, así como los paréntesis—,  que esbozan la estilística literaria de Fuentes, o mejor dicho del narrador/lente cinematográfico, en Las Buenas Conciencias con el uso del bold.[16] Con los dos puntos podemos mencionar que “Sólo Francisco decidió unirse a la lucha liberal: militó en las filas del general Mariano Escobedo y, al cabo, fue capturado y mandado fusilar por el terrible Dupin en un llano de Jalisco” (22). Más adelante la cordobesa Margarita Machado expresará “No lo olviden: si somos algo, lo debemos al trabajo honrado” (23). En las escenas de Rodolfo, Jaime y Asunción se usan los puntos suspensivos. Rodolfo intentó sin resultados conquistar a su hijo: “Imagínate imagínate esta calle […] Imagínateimagínate que tuviéramos una maquinita, algo así como una bicicleta mágica para regresar al pasado y conocer, ¿a quién te diré?… ¡al Pípila!” (63). Cuando se hace la única referencia a escritos realizados por Jaime, cuya acción actancial no es representada en la novela. La novedad es la ausencia de cierre del paréntesis: “(Jaime hace composiciones primorosas.” (101). Y durante el ruego de Asunción para buscar la cercanía emotiva de Jorge, al enunciar: “(Abrázame) […] (Abrázame) […] (Nada te cuesta abrazarme. Mañana estaré tranquila.)” (179-180).

      Entre los críticos que estudian la semiótica cinematográfica se encuentran Fernando F. Salcedo y Lauro Zavala.[17] No obstante, es Salcedo, quien estudia las técnicas semióticas de enfoque y montaje de planos cinematográficos en la narrativa de Fuentes. Las técnicas de focalizar o enfocar la trama, sus actantes, temáticas, fenómenos, problemáticas e ideologías proveen la mirada lingüística omnisciente y externa con distintas posiciones de la cámara cinematográfica, que son intercambiables por ser equiparables. Esta semiótica narrativa

…crea la impresión de que el centro de visión está dado a través del lente de una cámara que se mueve por el escenario. La cámara va recogiendo todas las acciones de los personajes. Dentro del marco limitado del enfoque, se observan detalles significativos que son tomados de una realidad que es, a veces, simplemente el reflejo de otra. […] Al igual que la cámara, la narración se detiene en objetos, a veces distantes, los magnifica y presenta en sus más mínimos detalles. Otras veces el lente cambia de ángulo, se hace más abierto y abarca un horizonte muy amplio. Iguales cambios se hacen con el ritmo narrativo que a veces se acelera y otras se hace más lento.[18]

      Si bien Salcedo estudia el cine en la narrativa de Fuentes, Las Buenas Conciencias no se incluye en su investigación, pasando por alto la gran influencia de las técnicas semióticas fílmicas que proliferan en el corto relato.  Cronotópicamente la semiótica del cine es articulada literariamente en la novela para moverse entre personajes, sus lenguajes —ideológicos y culturales—, eventos u objetos desde distintas posiciones —homólogas, divergentes, paralelas o cruzadas— con el pan shot, que por momentos se detiene maximizando los detalles para evocar sensaciones sensoriales con el zooming y para enfocar distintos ángulos, recogiendo así mayor perspectiva en una escena desde un punto fijo y giratorio con el roving. Para Lotman, la yuxtaposición, paralelismo entre voces, encabalgamiento, acontecimientos y objetos son los elementos “significante[s]” en el argumento de la trama.[19] En el caso de Yuri Tynianov explica que el montaje semiótico

…no es un empalme de planos, sino una sucesión diferenciada de los planos, por eso precisamente se pueden suceder los planos que mantienen entre sí una cierta relación.  Esta relación puede deberse a la trama y también puede alcanzar un grado mucho más elevado y ser de carácter estilístico.[20]

       La intersección cine-literatura se efectúa mediante los tropos semánticos que, según la nomenclatura de Salcedo corresponden al enfoque y movimiento de la cámara en la novela.[21] Dichos tropos constituyen un “fenómeno artístico” novedoso para representar la realidad y, a su vez, proporcionan el realce distintivo del estilo narrativo. Fuentes le llamará “imaginación creativa” en el ejercicio incesante del lenguaje y el tiempo en el espacio o “geografía de la novela”.[22] La imaginación poética, en su sincronía y diacronía, está mediatizada por el cine en la narrativa.

      El investigador Lauro Zavala es quien desde la semiótica elabora un modelo meta-tipológico basado en los tropos semánticos ante los inexistentes marcos teóricos y de análisis en la tradición cinematográfica.[23] En su ensayo “Estrategias Metaficcionales en Cine y Literatura. Una Taxonomía Estructural” describe la metadiscursividad metonímica y metafórica que forjan los “mecanismos de autotextualidad”.[24] Con algunas modificaciones aplico su modelo a Las Buenas Conciencias.

      Zavala divide la enmarcación de planos metonímicos en “circular”, “diferida” y con “variantes”. Esta técnica fílmica es la retórica que fragmenta y combina elementos repetitivos. La repetición “circular” es la narración cuyo final se suscita como apertura (analepsis).[25] Solo con la lectura, la recepción se va enterando de cómo las problemáticas se van desencadenando hasta que se producen transformaciones en sus actantes, objetos y situaciones (prolepsis). En Las Buenas Conciencias la pequeña introducción de tres párrafos presenta el final como inicio, pero la dislocación temporal no se narra linealmente ni posibilita que sea enteramente circular. El primer párrafo simula anticipar lo que acontece posteriormente en la obra, cuya estructuración composicional es narrada a trazos sesgados debido a las elipsis que eliminan o modifican cláusulas para incitar movimiento y drama, mostrando desde su inicio un efecto cinematográfico. La novela concluye poco después del diálogo entre Jaime y Lorenzo; este último no es nombrado ni aludido en el prólogo, lo que equivale a la omisión de personajes. Por otra parte, se suscita añadido de oraciones inexistentes en el drama familiar. El último párrafo en el prólogo es, sin embargo, análogo al último párrafo del texto, con lo que se retoma la iteración circular metonímica del mito (11-12). Sin embargo, la metonimia utilizada es mayoritariamente cíclica por no ser idéntica.

     La metonimia de “repetición diferida” consiste en reproducir una escena con motivaciones y resultados distintos en contextos diferentes.[26] Existen tres escenas relativas a la madurez de Asunción, Jorge y Jaime, cuyas motivaciones y resoluciones varían cuando los actantes se refieren al crecimiento del protagonista en las que pueden observarse las yuxtaposiciones, oposiciones y acercamientos diferidos. Por su apego enfermizo a Jaime, Asunción enuncia su deseo de que no se efectúe su eventual desarrollo: “Que nunca crezca mi niño” (115). Para Jorge, el que Jaime creciera implica que éste fuera en contra de su vocación sacerdotal para dedicarse a la abogacía, profesión más lucrativa que le permitiría establecer las relaciones políticas y económicas necesarias para sostener la economía burguesa familiar. El tío desea que su desarrollo sea de prisa, razón por la cual expresa iracundo que la “maldita adolescencia” pase pronto (180). La historia mexicana, no obstante, recuerda que ambas instituciones sociales comparten la misma ambición. Más adelante, la cláusula emerge en labios de Jaime, quien ahora es un joven-adulto con angustiantes preguntas existenciales con su presente y futuro, pero también ante Lorenzo poco antes del final de la obra. Ambos amigos tienen como propósito continuar estudiando, aunque sus perspectivas entorno a las responsabilidades sociales y políticas difieren. Este joven-adulto lo expresa con el inmaduro infantilismo, así: “¿Por qué crecemos, Lorenzo? ¿Para qué? Ojalá siempre fuéramos niños” (237).[27]

      La intertextualidad o “reframing” es la metonimia que repite un modelo literario produciendo una obra nueva, ya sea mediante cambios o “variantes” estructurales o de contenido.[28] Las Buenas Conciencias contiene una variada intertextualidad que la configura estructural y temáticamente, con la cual el autor le añade su propia impronta. Entre estas, la influencia de Horacio de Balzac y Benito Pérez Galdós, quienes le proveen el discurso doble semiótico, tanto colectivo como individual, y la teatralidad o modo dramático en que se posicionan los actantes y objetos en la cronotopía escénica de la narrativa.[29]

      Con sus correspondientes diferencias, Las Buenas Conciencias se acerca al modelo estructural del Bildungsroman, siguiendo el de James Joyce, A Portrait of the Artist as a Young Man (1916). Estas narraciones comparten ser novelas de aprendizaje filosófico-teológico de corte crítico, antiburgués, anticlerical, antirepresión sexual y semibiográfico. Tales aspectos pueden observarse desde el título, los epígrafes de los alemanes Sören Kierkegaard y Emmanuel Mounier y la misma dedicatoria a Buñuel, representado como “… gran destructor de las conciencias tranquilas” (9-10). En la novela el evento central que marca la naciente espiritualidad de Jaime reúne los modelos narrativos de Kierkegaard y Stendhal. Acontece en Semana Santa y el Cristo “negro de faldón rojo”, custodiado por la clase proletariada y la clase empobrecida durante la procesión. El pensamiento kierkegaardiano se plasma en la diferenciación entre el Cristianismo y el Jesucristo de los Evangelios en Attack Upon Christendom (1854-1855).[30] En alemán como en inglés el significante Cristianismo tiene una carga ideológica de pensamiento dominante construido y naturalizado para que esa clase religiosa se sostenga mutuamente con el poder político conservador. Contrario al cristianismo de base promulgado por el Jesucristo histórico en favor de las personas desprotegidas en derechos, tanto civiles como humanos.

       Otra acepción intertextual surge con el negro y el rojo, aludiendo a la sotana y milicia, y a la Iglesia y la revolución respectivamente en la novela Rojo y Negro (1830) del francés Stendhal, cuyo protagonista Julián Sorel desea ascender socialmente omitiendo sus juicios, los que pudieran serle desfavorables en sus relaciones sociales: “La verdad era cruel, y sólo la mentira permitía la convivencia” (203).[31] Rojo y Negro es lectura compartida por los jóvenes en Las Buenas Conciencias, lo que constituye una metadiscursividad del género literario (129), al igual que la intertextualidad cinematográfica que se objetiva a sí misma en la novela. El cine surge como espacio cultural, económico y político con un discurso desmoralizador en la ciudad provinciana, enunciado por la mojigata y prejuiciada Pascualina, quien calca la recepción peyorativa del invento que revolucionó el siglo XX: “¡Ay, si tuviera el poder mandaría a cerrar cuanto cine haya! Bueno, no es que hiciera nada esta señorita, pero la de besos y cosas inmorales que había en la película” (103). La metadiscursividad entre el cine y la novela en Las Buenas Conciencias es doble. A su vez, es importante mencionar como intertextualidad dos novelas llevadas a la pantalla grande bajo la dirección de Buñuel: Él (1953), de Mercedes Pinto (1926), y Nazarín (1958), de Benito Pérez Galdós (1895). En ambos relatos los personajes principales son jóvenes religiosos.

      En cuanto a las tipologías metafóricas son aquellas centradas en la selección y sustitución mediadas por epifanías, reveladoras de verdades. Estas tipologías se dividen en condiciones “detrás de la cámara”, “historia detrás del personaje”, “ficción detrás de la realidad” y “autor detrás del narrador”.[32]

        Zavala denomina “detrás de la cámara” a la técnica metafórica más utilizada en la modernidad, el “distanciamiento brechtiano” o distanciamiento irónico. Esta cuestiona no solo la continuidad/ruptura secuencial espacio-temporal sino la verosimilitud entre planos o discursos narrativos. Un corte abrupto en Las Buenas Conciencias se percibe luego de la acalorada discusión entre el padre Obregón y Jaime: “El joven sale corriendo de la sacristía y el sacerdote permaneció sentado y después se cubrió el rostro con las manos” (225). En el párrafo siguiente acontece la reflexión mental dubitativa signada por paréntesis, que sugiere la estructura de la dramaturgia tan relacionada con el cine:

(“Dios mío. ¿He hecho bien o mal? Nadie me trae problemas; los pecados de esta pobre grey son tan monótonos y simples. He perdido la costumbre de los otros problemas. ¿He ayudado a este muchacho diciéndole la verdad? ¿O lo he frustrado? ¿He fortalecido o quebrantado su fe? Dios mío) (225).

     Esta escena rompe la secuencia ante un nuevo acto donde Obregón aparece cenando: “Pero al sentarse a cenar, el chocolate caliente le convenció de que había hablado bien, muy bien” (226). El cambio abrupto entre escenas se lleva acabo incluso en la manera de pensar del cura, quien duda en la primera escena y pasa a la certeza en la siguiente sin reflexión alguna. La ironía metafórica recae en el objeto, el chocolate caliente, que le provee seguridad de haber obrado correctamente.

        Otro ejemplo de corte abrupto y epifánico entre personajes acontece el Domingo de Pascua. Al Jaime descubrir la ausencia de genitalia en la figura del Cristo negro de faldón rojo mientras se encuentran en la iglesia: “Jaime levanta los ojos hacia la figura y no sabe si el cuerpo del Cristo es el suyo […] El resto del cuerpo es una cruz de palo que sostiene el torso herido y los brazos abiertos” (83). La secuencia es interrumpida con la próxima escena en la que aparece Ezequiel amenazándolo de muerte: “—Ni un grito, chamaco, o me lo tuerzo” (83). Será el narrador, quien explique que el tiempo ha transcurrido y Jaime está de vuelta en la casa: “Había regresado del templo silencioso, por las calles abandonadas, a la casa envuelta en siestas” (83).

        El otrora famoso recurso brechtiano en que el actante se dirige a la audiencia, en Las Buenas Conciencias, es inexistente.

       La metáfora de “epifanía del rol” es aquella en que la historia se perfila detrás del personaje.[33] Esta es una característica semiótica constante en la narrativa de Fuentes con los dobles o desdoblamientos y las tríadas con sus encuentros y desencuentros. Continuando con el cura Obregón, este personaje ficticio remite a Álvaro Obregón Salido, quien fuera el ex-Presidente y político revolucionario en la historia mexicana de principios de siglo XX.

        La trama de Las Buenas Conciencias contiene alocuciones y eventos paralelos entre Jesucristo y los jóvenes Jaime, Ezequiel y Juan Manuel. Nominalmente el protagonista Jaime Ceballos es quien posee las iniciales del Redentor. La metáfora, empero, no colapsa la individualidad, totalidad y diferencia entre ambos, como lo enuncia la narración: “Lograba distinguir una liga suya con la imagen de la cruz” (227. Énfasis mío).[34]

       El nombre de profeta bíblico lo porta Ezequiel Zuno, minero sindicalista y huelguista, cuyos eventos en su derredor tienen mayor correspondencia con Jesucristo y la Pasión. Tales hechos se anuncian desde su aparición la tarde del Domingo de Pascua cuando le interpela a cubrir sus necesidades inmediatas: “Óyeme. Tengo hambre y mucha sed” (86), al entrar de noche a Guanajuato y al mediodía en la casona (88), cuando procura la justicia laboral y económica para todas las personas: “Pero no eres tú solo. Ése es el problema […] Para buscar a otras gentes como las nuestras, para que todos juntos” (90-1), en la mención de 30 años (90) y durante el proceso público de aprisionamiento por cuatro soldados (83-96). A Juan Manuel Lorenzo lo une a Jesucristo pertenecer a una etnia minoritaria y empobrecida, que además lo acerca al protagonista Julián Sorel, protagonista de en Rojo y Negro, intertextualmente, y en que ambos desean progresar. Intratextualmente los actantes Juan Manuel y Ezequiel se asemejarán en el seguimiento por la justicia para la clase proletaria y sindicalista. Mientras Julián y Jesucristo se asemejan por ser hijos de un carpintero extratextualmente.

        La doble composición del nombre Juan Manuel remite al verbo de Dios encarnado en medio nuestro. Existe otro paralelismo histórico y literario con este personaje. El actante Juan Manuel reside en el callejón Juan Valle (149), cuyo homónimo histórico es el “Poeta de la Ribiera”, Juan del Valle Caviedes. Juan Manuel representa la necesidad de un nuevo lenguaje transformador en la ciudad. De tal manera su espiritualidad de pensador y hacedor añade meta-discursividad al relato ficcional del actante debido a la propuesta semiótica de un nuevo lenguaje capaz de transformar la sociedad por medio de la vía artística, como lo es la poeticidad estética en la narrativa, llevada a cabo con libertad imaginativa a través del cine, parafraseando a Buñuel. De aquí que Fuentes se asemeje al lingüista y cinéfilo Roman Jakobson, quien consideraba el lenguaje de índole poético en su sincronía y diacronía, por ende ambos comparten la semiótica del cine.[35]

      Adelina es una figura clave en la trama, aunque su presencia es atenuada y escueta. Entre la mujer desgastada y enflaquecida existe un paralelismo con Jesucristo, cuya gracia se distancia del fariseísmo legalista religioso, político y cultural, lo que la convierte en antípoda de Asunción. Después de ser expulsada de la casona, Adelina reaparece con el mote de “la Fina” en la cantina, ubicada en el Jardín de la Unión en Irapuato, lugar de encuentro de trabajadores (154). De esta manera se resigna a la cantina como lugar epifánico, lugar que fuera discriminado por la burguesía. Juan Manuel provocará la coincidencia entre Adelina y Jaime un sábado en el jardín proletario. El deseado y agraciado encuentro no columbró entre madre e hijo, lo que se suscita es el desencuentro por la novedad representativa de la madre. Esta actante taciturna será la detonante epifánica del Bildungsroman de su único hijo, quien sostiene una relación jerárquica con su lacónica madre, señalado por el “Cristo negro” con “faldón rojo”, quien enfrenta su entendimiento del amor debido a que Jaime desconoce ni reconoce a la mujer como su madre, de esta forma:

—Lo sientes fuera de ti y crees que puedes inclinarte a darle la mano sin perder tu dignidad; pero confundirte con la vida de tu madre no sería lo mismo. […] Pero tú solo amas a los humildes desde arriba. (227. Énfasis mío.).

      A nivel intertextual se establece una correlación entre Adelina y Fortunata en la obra galdosiana. No obstante, existe un disloque en el artificio literario entre palabras, situación precaria y el espacio que producen la afectación de incertidumbre entre veracidad/duda en la vida —laboral y sexual— de la mujer en el reinado de su hogar, aunque no acontezca escena alguna que verifique su desempeño como trabajadora sexual ni en su hogar ni en la cantina-jardín proletaria. El narrador expone la relación entre Adelina y Asunción intratextualmente junto al contraste de escenarios y representaciones eróticas privadas/públicas entre casona y cantina. Su madre a semejanza de Jesucristo fue convertida en víctima, abandonada y negada. Adelina será para Jaime a lo largo de la narrativa una “ella” distante, una otredad despectiva (75, 117). En este sentido, Jaime se igualará al apóstol Pedro.

      La “ficción detrás de la realidad” es el evento u objeto en que se yuxtaponen el plano ficcional y el plano referencial, dificultando la veracidad, así como a quién o a qué se le adjudica el significado.[36] De esta metáfora puede señalarse el collage letrado e ideológico —político y religioso— de dos nacionalidades. Los franceses Paul Féval, Alejandro Dumas, Ponson du Terrail y el inglés Gervasio Tilbury (15-6).  Del inglés dirá: “Tilbury sin ruedas” para afirmar inmediatamente, “carroza negra donde se alberga la polilla” (16. Énfasis mío.). Lo cual señala una objetivación masculina con el vehículo a través del lenguaje metafórico.

      La tipología metadiscursiva de Zavala adolece de las siguientes técnicas semióticas o tropológicas —metonimia  y metáfora— usadas en Las Buenas Conciencias, tales como: contrapunto o collage de uno-muchos-todos y el tiempo fijo vs los movimientos lentos y rápidos, así como las sensoriales.

     Como ya se ha podido observar el contrapunto es una de las técnicas retóricas y semióticas que caracterizan el estilo narrativo de Carlos Fuentes. La novela exhibe distintos ejemplos de contrapunto. La enumeración de escritores antes mencionados es un ejemplo de collage corto entre países. Los personajes, sin embargo, conforman un collage racial, género y clase de mayor amplitud y dispersión en la trama, pero significativo para la crítica socio-histórica y cultural mexicana de los siglos XIX y XX. Con dramático detalle la novela describe a la familia Ceballos —perteneciente a la estrata burguesa—, cuyo integrante y actante principal es Jaime, quien se relaciona con Ezequiel, obrero sindicalista de la mina que se encuentra fugitivo, y con Juan Manuel Lorenzo, quien es el personaje más polifacético de la novela por ser un indígena pobre, estudiante becado por el gobierno y empleado del taller de ferrocarriles.[37] Lorenzo comparte con Jaime, quien solo conociera devocionales, la lectura de un archivo académico nomádico y de contrabando (115, 117, 137, 139). Adelina, su madre, es la mujer sin parentesco criollo ni hacendado, y es desplazada a las afueras de la “gran casa de cantera” por su burguesa y cínica cuñada (13). Mientras se describe el pueblo guanajuatense —criollo y mestizo—en las fiestas de tradición popular (65). El único negro es Cristo, demarcando así su significativa importancia para la trama del relato. Señala el punto de partida de los prejuicios humanos de manera magnificada desde los tiempos de conquista y colonización española en la historia americana, según el diccionario literario de Fuentes.[38] El que tuviera faldón rojo señala la radical solidaridad con las personas más vulnerables y desprotegidas, aunque con suspicacia hacia las políticas oportunistas y desfachatadas de derecha, centro e izquierda.

      En el estudio semiótico del cine y los tropos es cardinal la kinesis o “cinésica”. La kinesis es la ciencia del movimiento representada tanto en el cine como en el teatro, que en la novela se puede aducir como un elemento tropológico.[39] El movimiento en Las Buenas Conciencias, según Aida Ramírez Mattei, es “lento” propio de las novelas costumbristas para articular la vida provinciana.[40] En varias instancias esa lentitud es alterada por movimientos súbitos, en parte ya señalados. Cabe mencionarse la articulación verbal al iniciar oraciones a lo largo de la novela, así como los posicionamientos de izquierda, centro y derecha, arriba y abajo que se homologan, divergen, paralelizan o cruzan durante el recorrido al interior de la casona, según la posición de los objetos (13-16; 45ss). Asimismo, en la narración de fijeza-movimiento y centro-periferia durante las fiestas populares de Semana Santa (63ss), y al comparar la casona burguesa con la cantina proletaria, en la cual el movimiento es la polifonía verbal e ideológica (153-158). Incluso, cuando el relato sostiene a Jaime en contacto con actantes de grupos menos privilegiados, desde sus progenitores hasta Juan Manuel y Lorenzo.

      El otro recurso utilizado por Fuentes es el sensorial en la cronotopía narrativa, como recurso metafórico. Los recursos visuales y espacio-temporales abren la narración de la novela ubicada en la ciudad de Guanajuato, la cual tiene forma serpentina (118) y es el paraíso cerrado o de desplazamiento por la lucha de controlar las posiciones de poder (139). La ambientación espacial de la casona es visiblemente polvorienta y vieja debido al deterioro simulado por los cortinajes o las máscaras, que con el recorrido del narrador/lente cinematográfico al interior de la casa produce el efecto de un vertiginoso laberinto (13). Pendían de sus paredes las fotos de los primeros Ceballos, los sables de su tío Francisco, los escudos citadinos, el enorme reloj de la sala, el cuadro del gobernador Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y un cuadro de la Crucifixión (14). Las puertas de la hacienda se van cerrando a medida que van muriendo sus habitantes. El pasado coleccionado y polvoriento se halla a la izquierda. Mientras es alquilada la parte derecha de la hacienda. El espacio interior era sombrío y claro como puede apreciarse

Una cortina de brocado lo separa de la sala más pequeña, sin luz […] Otra puerta semejante esconde la biblioteca con sillones de cuero renegrido, y de allí es posible pasar al corredor sobre el patio interior, donde fluyen el murmullo del manantial y el verdor de los líquenes. El corredor en escuadra da luz a la biblioteca, a la recámara principal y a la de Jaime (15).

      En adición, se tiene un recurso sensorial y espacio-temporal desde lo olfativo y sonoro, con Jaime en su recámara

Ha dejado la puerta abierta y huele la noche saturada. Un olor herboso asciende del patio. […] Entonces el reloj de gajos de sombra vuelve a apoderarse de la imaginación del muchacho, y su tiempo se desdobla […] Una mosca zumba cerca de la oreja de Jaime. […] Tiene dieciséis años, y las frases moduladas de la noche suntuosa, rica de pobladores menudos, invaden su cabeza con formas sensuales bañadas en el olor de fruta, de tierra húmeda, de viento caluroso (122-124).

      Este recurso sensorial acontece en Semana Santa pero se subdivide en afuera de la casona junto al pueblo solidario, quien cargaba el Cristo de “melena negra y faldón rojo”, durante la procesión, así como adentro de la iglesia en solitario. El joven de “ojos limpios” gozosamente se iniciaba en la degustación de “los sabores del mundo” entrelazado con el pueblo. El Viernes de Dolores elevó “los ojos al Cristo” y un “flujo avasallador y cálido” lo estremecía, sintiéndose otro, nuevo y con esperanza (63-5). El Domingo de Resurrección sube corriendo a buscar lo que permanece en la Iglesia, el Cristo, a quien le abraza los pies para descubrir que no son iguales. De esta manera el narrador hace una ruptura desacralizadora entre espacios sagrados y profanos, desestabilizando la moralidad en la Semana Mayor. La carencia de genitalia en la figura de Cristo señala, por otra parte, la disociación dogmática de la Iglesia Católica entre el sacerdocio y el cuerpo. El padre Lanzagorta así lo defiende y se lo exige a Jaime: “Te prohíbo pensar en un cuerpo desnudo. Te prohíbo pensar en cuerpo de mujer. Te prohíbo pensar en los placeres de tu propio cuerpo” (109).

      La auto-parodia del autor detrás del narrador o “narrador último”.[41] En Las Buenas Conciencias se anticipa desde el epígrafe de Buñuel y la letanía a “las conciencias buenas y tranquilas”, “gente decente” y “buenos católicos” a través de toda la novela. En su bitácora virtual afirma Fuentes sobre la novela:

…el bildungsroman de Jaime Ceballos me gusta porque me permitió acercarme a las contradicciones de la cultura católica en la que todos los españoles y latinoamericanos estamos inmersos, seamos creyentes o no. Leía mucho [en] esa época a Mauriac, a Mounier, y a Kierkegaard…”.[42]

    También, dirá: “la escribí en un momento de ruptura mía, muy traumática, con mi familia, con mi pasado, con mi educación religiosa, burguesa y demás, que traté de trasladar a la experiencia del personaje”.[43] La película Crossing Borders: The Journey of Carlos Fuentes (1989) confirma el anticlericalismo, anti-dogmatismo eclesial y anti-moralismo erótico, como crítica a la burguesía farisaica representada en Las Buenas Conciencias.

      Con estos ejemplos intento demostrar la intersección semiótica entre cine y literatura en la narrativa Las Buenas Conciencias, que no pudieron percibir los críticos literarios ni de cine, quienes catalogaron la obra de tradicional e historicista, Brushwood y Ramírez Mattei, y Salcedo, el cual no añade la segunda novela de Fuentes cuando estudia el cine. Sin embargo, el cine se anticipa como recurso teórico y semiótico desde la dedicatoria al cineasta Buñuel. Por ende, en la presente investigación se procura una nueva lectura a Las Buenas Conciencias para analizarla desde el lenguaje moderno cinematográfico —subrepticia y metadiscursivamente— como nueva forma de novelar, y el que fuera ampliamente utilizado por el “boom” y el “crash” latinoamericano.

      La literatura se distingue del cine debido a que aquella articula en secuencia; mientras este, procura la simultaneidad. Para Lotman, sin embargo, el “plano” fílmico se intercambia por la “palabra” literaria, procuradora de efecto “artístico” tropológico. Las Buenas Conciencias contiene no solo la imaginación creativa, sino que procura ser un “…gran laboratorio del tiempo”.[44] Siguiendo a Jakobson tanto la literatura como el cine comparten la diacronía y sincronía, y justo se intersecan a través de los tropos metafóricos y metonímicos, donde se fragua la poeticidad con el fraccionamiento cronotópico —temporal y espacial—.[45] Estos delinearán los posicionamientos del narrador/lente de la cámara cinematográfica, como lente apalabrado que disloca la secuencia y simultaneidad en la narrativa. Lo que  posibilita las variantes metonímicas y metafóricas que producen desaceleración o vertiginosidad, cercanía o lejanía, minimización o maximización, retrocesos o anticipaciones. A esto Zavala denominó los “mecanismos de autotextualidad” en su modelo meta-discursivo. La distinción entre los tropos radica en que la metonimia enmarca y la metáfora revela. La teoría semiótica del cine aporta el enmarque poético y literario a la cronotopía en la novela, aportando originalidad y renovación lingüística y retórica en el artificio narrativo de Las Buenas Conciencias, así como el efecto o afectación en la recepción, que señalara Pere Gimferrer.[46]

     Con un guiño Fuentes produce un “relato cinematográfico”, según García y Hernández, estructurado semióticamente de manera tradicional, luego de sus obras previas que al ser leída puede creerse que ve una película por su poeticidad y drama estético. Demostrando a la crítica su perspicacia y genialidad autorial al adaptar las técnicas del cine en la novela. No sorprende que la narrativa de Fuentes exceda los modelos teóricos del cine. En ese sentido se puede argumentar el conocimiento del lenguaje y la literatura, y el desagrado a las sujeciones de “dependencia técnica del cine”, como enunció el cineasta Buñuel.[47] Ambos usaron la técnica y la transgredieron. Después de todo, para Fuentes la novela es un proyecto de iteración e invención lingüística incesante, que acoge modernas formas culturales y teóricas para narrar novedosamente acerca de la humanidad inacabada, y con esto la civitas y la polis.[48] A esto la teórica feminista chicana Gloria Anzaldúa le llama “(r)evolución”, definiéndolo como “un nuevo sistema de valores con imágenes y símbolos conectores de personas junto al planeta” (Traducción mía.).[49] Fuentes estará de acuerdo, a su vez, con la misión socio-cultural y política del arte expuesta por Buñuel, quien afirmó:

In any society the artist has a mission. […] The artist is the eternal nonconformist. Thanks to the artist the powers that be are never able to say that everyone is in agreement with them. That small difference is very important. […] The artist describes authentic social relations with the object of destroying conventional ideas about these relations, of throwing into a crisis the bourgeois world’s optimism and of forcing the public to doubt the permanent nature of the established order.[50]

      Es a través del lenguaje semiótico del cine en Las Buenas Conciencias que se origina el lenguaje desacralizador, que desestabiliza cronotópicamente la moral religiosa, política, económica, étnica y sexual burguesa de la clase dominante en la provincia de Guanajuato, aunque el Bildungsroman de Jaime fracase:

No he tenido el valor. No he podido ser lo que quería. No he podido ser un cristiano […] No tengo más apoyo que esto: mis tíos, la vida que me prepararon… Me someto al orden… Perdón, Ezequiel; perdón, Adelina; perdón Juan Manuel. […] ¡Que cargara el diablo con los humildes, con los pecadores, con los abandonados, con los rebeldes, con los miserables, con todos los que quedaban al margen del orden aceptado!” (238).

* Con una notable diferencia editorial este ensayo fue publicado bajo el título de “Cinematografía y Literatura en Las Buenas Conciencias.” Cuadernos Americanos  147:1 (Enero-Marzo de 2014): 147-165. Impreso.

[1] Es estudiante doctoral de Literatura Puertorriqueña en la Facultad de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

[2] Cf. Fuentes, Víctor. “Confluences: Buñuel’s Cinematic Narrative and the Latin American Novel.” Discourse 26. 1-2 (Invierno-Primavera de 2004): 101. Impreso; Salcedo, Fernando F. “Técnicas Derivadas del Cine en la Obra de Carlos Fuentes.” Cuadernos Americanos 200 (1975): 17. Impreso. La investigación con lenguaje cinematográfico a la primera novela de Carlos Fuentes es la siguiente: Sommers, Joseph. “La Búsqueda de la Identidad: La Región Más Transparente.” Comp. Georgina García-Gutiérrez. Carlos Fuentes desde la Crítica. México: Taurus, 2001, 39-84. Impreso.

[3] Ibid. Salcedo.“Técnicas Derivadas del Cine en la Obra de Carlos Fuentes.” Cuadernos Americanos 200 (1975): 175. Impreso.

[4] Fuentes, Carlos. Las Buenas Conciencias. México, D. F.: Alfaguara, 2000. Impreso. En adelante todas las referencias a esta novela se indicarán entre paréntesis en el texto.

[5] Brushwood, John S. “Sobre el Referente y la Transformación Narrativa en las Novelas de Carlos Fuentes y Gustavo Sainz.” Revista Iberoamericana 47 (1981): 116-117. Impreso.; Lotman, Yuri M. Estética y Semiótica del Cine. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, S.A., 1979, 71. Impreso.

[6] Ramírez Mattei, Aida Elsa. “Las Buenas Conciencias: Una Novela Tradicional.” La Narrativa de Carlos Fuentes. Afán por la Armonía en la Multiplicidad Antagónica del Mundo. Río Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1983, 127-160.Impreso.

[7] Para una la lectura más abarcadora sobre cine y literatura, cf.: Gimferrer, Pere. Cine y Literatura. Barcelona: Editorial Planeta, 1985. Impreso.; Metz, Christian. Lenguaje y Cine. Barcelona: Editorial Planeta, 1973. Impreso.; Slovski, Víktor. Cine y Lenguaje. Barcelona: Editorial Anagrama, 1971. Impreso.; Chatman, Seymour. Coming to Terms: The Rhetoric of Narrative in Fiction and Film. Nueva York: Cornell University Press, 1990. Impreso.; McMahan, Elizabeth, Robert W.Funk y Susan Day. The Elements of Writing About Literature and Film. London: Longman, 1988. Impreso.; Stam, Robert, Robert Burgoyne y Sandy Flitterman-Lewis. Nuevos Conceptos de la Teoría del Cine. Estructuralismo, Semiótica, Narratología, Psicoanálisis, Intertextualidad. Trad. José Pavía Cogollos. Barcelona: Ediciones Paidós, 1999. Impreso; Aumont, Jacques; Alain Bergala y Marie Michel. Estética del Cine. Espacio Fílmico, Montaje, Narración, Lenguaje. Barcelona: Paidós, 1996.Impreso.; Scholes, Robert ed. Elements of Literature: Essay, Fiction, Poetry, Drama, Film. 4ta ed. Nueva York: Oxford University Press, 1991. Impreso.; Corrigan, Timothy, ed. Film and Literature: An Introduction and Reader. 2da ed. Nueva York: Routledge, 2011. Impreso.

[8] Ibid. Lotman. 1979, 71.Impreso.

[9] Estébanez Calderón, Demetrio. Diccionario de Términos Literarios. 6ta Reimpresión. Madrid: Alianza Editorial, 2008, 159-160.Impreso.

[10] García Berrio, Antonio y Teresa Hernández Fernández. Crítica Literaria. Iniciación al Estudio de la Literatura. 3ra ed. Madrid: Ediciones Cátedra, 2008, 343-344. Impreso.

[11] Fuentes, Carlos.“Cine.” En Esto Creo. México: Seix Barral, 2002, 19. Impreso.

[12] Perea, Héctor. “Fósforos ante la Pantalla (Secuencias Paralelas).” Anales de Literatura Hispanoamericana 32 (2003): 24. Impreso.

[13] Ibid. Lotman. 1979, 21-4, 39, 91. Impreso.; Wittgenstein, Ludwig. Philosophical Investigations. 50th Anniversary Commemorative Edition. Trad. G. E. M. Anscombe y Elizabeth Anscombe. 3ra ed. reimp. Massachusetts: Blackwell Publishing, 2003. Impreso.

[14] Fuentes, Carlos. Valiente Mundo Nuevo. Épica, Utopía y Mito en la Novela Hispanoamericana. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1990, 75-76. Impreso. Cf. Del mismo autor, “¿Ha Muerto la Novela?” Geografía de la Novela. Madrid: Alfaguara, 1993, 11-39. Impreso.; “The Novel Always Says: The World is Unfinished.” The New York Times. Sección 7: Columna 1 (Domingo, 31 de marzo de 1985): 25. Impreso. Por otra parte, cf. Rodríguez Monegal, Emir. “El Mundo Mágico de Carlos Fuentes.” Número 1:2 (1963): 144-159. Impreso.   

[15] Villegas López, Manuel. “Sintaxis del Cine: El Montaje.” Cinema: Teoría y Estética del Arte Nuevo. Madrid: Dossat, 1954. Citado por Demetrio Estébanez. 2008, 158-159. Impreso. Nótese que este texto teórico se publicó solo cinco años antes que Las Buenas Conciencias. Al decir esto, sin embargo, no intento sugerir que Fuentes conociera necesariamente estas tipologías para escribir la novela en estudio.

[16] Más adelante estos signos de puntuación se observarán en algunos ejemplos cuando se discuta la semiótica, como estructuradora de la cronotopía narrativa en Las Buenas Conciencias, que es la base teorética que sostiene el presente ensayo.

[17] Salcedo, Fernando F. “Técnicas Derivadas del Cine en la Obra de Carlos Fuentes.” Cuadernos Americanos 200 (1975): 175-197. Impreso.; Zavala, Lauro. “Estrategias Metaficcionales en Cine y Literatura. Una Taxonomía Estructural.” Elementos del Discurso Cinematográfico. Xochimilco: Universidad Autónoma Metropolitana, 2010. Impreso.

[18] Ibid.Salcedo. (1975): 178-9. Impreso.

[19] Ibid. Lotman. 1979, 92, 94. Impreso.

[20] Tynianov, Yuri. “Sobre los Fundamentos del Cine.” La Poética del Cine. Moscú: Kinopechat, 1927, 73. Impreso. Citado en Lotman, 1979, 151, n. 30. Impreso.

[21] Cf. Jakobson, Roman. “Lingüística y Poética.” Ensayo de Lingüística General. Trad. Jem Cabanes. Barcelona: Editorial Seix Barral, S.A., 1975, 347-372. Impreso.; Ibid. Salcedo. (1975): 178-9. Impreso. Cf. Le Guern, Michel. Metáfora y Metonimia. Trad. Augusto de Galvéz-Cañero. Madrid: Ediciones Cátedra, S. A., 1980. Impreso.; Stam, Robert. Film Theory. An Introduction. New Jersey: Wiley-Blackwell, 2000. Impreso.

[22] Ibid. Fuentes. “Novela.” En Esto Creo. 2002, 90-1. Impreso.

[23] Zavala, Lauro. “Estrategias Metaficcionales en Cine y Literatura. Una Taxonomía Estructural.” Elementos del Discurso Cinematográfico. Xochimilco: Universidad Autónoma Metropolitana, 2010, 7. Impreso.; Cf. Del mismo autor. Las Ironías de la Ficción y Metaficción en Cine y Literatura. México: Universidad Autónoma de la Ciudad de México, 2007. Impreso.; Cf. Currie, Mark, ed. Metafiction. Nueva York: Longman Critical Readers, 1995. Impreso.

[24] Ibid. Zavala. (2010): 6-7. Impreso.

[25] Para comprender la analepsis y prolepsis, cf. Eds. Marchese, Angelo y Joaquín Forralledas. Diccionario de Retórica, Crítica y Terminología Literaria. Trad. Joaquín Forralledas. 7ma ed. Barcelona: Editorial Ariel, 2000, 26, 170-171, 328-329. Impreso.

[26] Ibid. Zavala. (2010): 7. Impreso.

[27] Cf. El corto pero enjundioso análisis de Rivera-Pagán, Luis. “Laberintos y Desencuentros de la Fragmentada Identidad Cultural Mexicana.” Teología y Cultura en América Latina. Costa Rica: Universidad Nacional, 2009, 100-103. Impreso.

[28] Ibid. Zavala. (2010): 7-8. Impreso.

[29] Cf.Estébanez Calderón. 2008, 156-157. Impreso.

[30] Cf. La exquisita tesis doctoral recientemente publicada del teólogo mexicano Pérez-Álvarez, Eliseo. A Vexing Gadfly: The Late Kierkegaard on Economic Matters. (Princeton Theological Monograph-Book 112) Oregon: Pickwick, 2009.Impreso.

[31] Cf.Da Silva, María Aparecida, quien estudia la intertextualidad literaria estructural y temática en su excelente ensayo crítico: “Cuerpo Místico / Cuerpo Erótico: Las Buenas Conciencias y la Crítica a los Valores Católico-Burgueses.” Espéculo. Revista de Estudios Literarios VIII: 23 (Marzo-Junio de 2003): 3. Impreso.

[32] Ibid. Zavala (2010): 8. Impreso.

[33] Ibid. Zavala (2010): 8. Impreso.

[34] Cf.Da Silva (2003): 5, 20. Impreso.

[35] Cf. Puyal, Alfonso. “El Pensamiento Cinematográfico de Roman Jakobson.” ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura. 187: 748 (Marzo-Abril 2011): 411-420. Impreso.

[36] Ibid. Zavala. (2010): 9. Impreso.

[37] Cf. Elizondo, Virgilio. Galilean Journey: The Mexican-American Promise. Ed. revisada y ampliada. Nueva York: Orbis Book, 2000. Impreso.

[38] Cf. Fuentes. “Xenofobia.” 2002, 146-147. Impreso.

[39] Cf. Ibid. Marchese y Forradellas. “Cinésica.” 2000, 54. Impreso.

[40] Ramírez Mattei. 1983, 287. Impreso.

[41] Ibid. Zavala. (2010): 9. Impreso.

[42] Portal de Internet de Carlos Fuentes. “Cronología de una Biografía Errante.” 1959. Web. 29 de julio de 2013.

[43] Citado en Da Silva. (2003): 22, n. 3. Impreso.

[44] Ibid. Fuentes. “Tiempo.” 2002, 125. Impreso.

[45] Jakobson. 1975, 347-372. Impreso.; Ibid. Puyal. (2011): 414-5. Impreso.

[46] Cf. Gimferrer, Pere. Cine y Literatura. Barcelona: Editorial Planeta, 1985. Impreso. Citado en Estébanez Calderón. 2008, 159. Impreso.

[47] Ibid. Fuentes. “Cine.” 2002, 19. Impreso.

[48] Cf. Fuentes. 1990. Impreso.

[49] Anzaldúa, Gloria. Bordelands/La Frontera: The New Mestiza. 2da ed. San Francisco: Aunt Lute Books, 1999, 103. Impreso.; Cf. Soelle, Dorothee y Shirley A. Cloyes. To Work and To Love. A Theology of Creation. Filadelfia: Fortress Press, 1984. Impreso.

[50] Citado en Fuentes. Casa con Dos Puertas. México: Joaquín Mortiz, 1970, 214-15. Impreso.

Resumen

Se analiza la narrativa tradicional intersecada por la semiótica cinematográfica. La influencia semiótica del cine se aprecia en la narrativa de Carlos Fuentes desde sus inicios literarios. Su segunda novela, Las Buenas Conciencias (1959), retorna a la historización lineal, pero a partir de técnicas modernas del lenguaje artístico cinematográfico. De esta manera, Fuentes se inserta en nuevas formas de novelar en Latinoamérica, una veta poco explorada en esta novela.

Palabras Claves: Cine, Literatura, Novela, Semiótica, México, América Latina, Siglo XIX-XX

Abstract

The author analyzes traditional narrative intersected by cinematographic semiotics. The semiotic influence on film is identified in Carlos Fuentes’ narrative since the beginning. His second novel, Good Conscience (1961), returns to lineal historicization, but it departs from modern technics of artistic cinematographic language. In this form, Fuentes inserts himself in renewed ways of writing novels in Latin American, a vein less explored in this novel.

Key Words:  Film, Literature, Narrative, Semiotics, Mexico, Latin America, Century XIX-XX

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