Persistiendo: el legado de Marcella Althaus-Reid

Conferencia en Buenos Aires honra la memoria de la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid

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Del 9 al 11 de julio se reunieron en el Instituto Universitario ISEDET, en esta ciudad, un grupo de cientistas sociales y de la religión para honrar la memoria de la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid.

Buenos Aires, sábado, 20 de julio de 2013

por Hugo Córdova Quero para ALC

La conferencia, organizada por Postcolonial Networks, GEMRIP y el Instituto Universitario ISEDET, contó con la asistencia de 20 participantes entre los que se destacó la presencia de una nueva generación de académicas y académicos que han hecho de la obra de Althaus-Reid su base para la tarea docente e investigativa.

Bajo el tema “Persistiendo: el legado de Marcella Althaus-Reid” participantes de Argentina, Colombia, Honduras, México y Estados Unidos iniciaron un diálogo interdisciplinario entre la teología sistemática, las teologías queer, la teoría queer, los estudios postcoloniales/decoloniales y la teología poscolonial en sintonía con la obra de Althaus-Reid. Los ponentes se centraron en temas tales como una “teología poscolonial, posmoderna y posliberadora”, una “deconstrucción de la noción de minoría como concepto colonial”, una “santidad queer”, el “movimiento de Pussy Riot en Rusia” y su conexión con una “teología indecente”, el “matrimonio igualitario en Argentina y las iglesias evangélicas”, una “relectura queer de Jueces 19 a partir de los feminicidios en Ciudad Juárez (México)”, una “ética de la perversión a partir de la indecencia como virtud”, y el “desafío epistemológico a la corporalidad de las teologías latinoamericanas”, entre otros temas.

Marcella María de los Angeles Althaus-Reid nació en Rosario el 11 de mayo 1952, hija de Ada y Alberto Althaus. Cursó el Bachillerato en Teología en el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET), del cual se graduó en 1986. Recibió su doctorado (Ph.D.) de la Universidad de San Andrés, Escocia, en 1994. Esposa de Gordon Reid, con quien residía en Edimburgo, Escocia. Al momento de ser nombrada como Profesora de Teología Contextual en New College, la Facultad de Teología de la Universidad de Edimburgo, Althaus-Reid se convirtió doblemente en la primera mujer enseñando teología en una universidad escocesa y la primera profesora de teología en New College en sus 160 años de historia.

Dotada de una profunda inteligencia y poder analítico, Althaus-Reid no tardó en ser reconocida en el mundo académico como un referente de una nueva generación de teólogas y teólogos de la Liberación, especialmente luego de la publicación de su primer libro, Teología Indecente, en el año 2000. Fue este libro el que produjo un cambio de paradigma en la teología mundial, ya que su contribución fue que el cuerpo, el género y la sexualidad son fundamentales para una teología encarnacional y liberadora.

Su crítica fue que el concepto de “los pobres” que construyera la Teología de Liberación en los ‘70s y los ‘80s no solo eran varones y mujeres heterosexuales, maridos y esposas “decentes”, sino toda persona que se encuentra alienada por un sistema opresor, sea este político, económico, cultural, social, religioso, sexual o corporal. Los “indecentes” son aquellos que no encarnan los sistemas rígidos de códigos morales que, en muchos casos, han sido construidos para limitar la vida de las personas. Su denuncia sobre el papel fundamental que las Iglesias Cristianas en general, y la teología en particular, han ejercido en la opresión, represión y culpabilización de millares de seres humanos en nombre de Dios, fue una voz profética en medio del mundo académico y religioso.

Prolifera escritora, docente y conferencista, Marcella publicó dos libros de su autoría, editó ocho colecciones en donde le dio la oportunidad a nuevas y nuevos pensadores para dar a conocer su producción académica, y publicó más de cincuenta artículos y capítulos en revistas especializadas y libros.

El fallecimiento de Althaus-Reid el 22 de febrero de 2009 dejó un vacío profundo pues su voz profética emergió como un icono de las teologías queer. Con la muerte emerge el mismo sentimiento que tenemos al leer el testimonio de los Evangelios sobre la experiencia de las y los discípulos frente a la muerte de Jesús. Ese sentimiento cuestionador de por qué las personas buenas mueren pronto; sin embargo, rápidamente nos surge la conexión con la resurrección, no como un dogma que haya de ser creído y repetido porque simplemente se nos lo ha enseñado, sino porque es la esperanza de que en Dios, de alguna manera, de algún modo, volveremos a vivir otra vez en comunidad. De esto Althaus-Reid supo escribir en su libro De la Teología Feminista a la Teología Indecente:

El hecho es que la resurrección de Jesús fue también un evento comunitario: mujeres y hombres fueron testigos de como él volvió de la muerte, caminó entre ellos y continuó el diálogo que existiera antes de su crucifixión. Cada muerte cambia la vida de quienes perviven, porque algo de humanidad les es removida, por lo tanto es legítimo pensar que, comenzando con la resurrección de Jesús, toda una comunidad de personas que sufrió su perdida cuando el fue crucificado, volvió a la vida. Sus ojos fueron abiertos en el sentido que la muerte cobró otro sentido; la resurrección se transformó en paradigma, mostrándonos la durabilidad e indestructibilidad de la vida y de la justicia (2004: 113, traducción nuestra).

Para quienes asistimos a la conferencia y tuvimos el privilegio de conocer a Marcella Althaus-Reid de una manera u otra, ese sentido de que la vida vale la pena ser vivida, pero que para vivirla hay que luchar, era una marca distintiva de su vida, fe, espiritualidad y obra. Su participación activa en la Comunidad de los Cuáqueros en Escocia es una muestra más de su compromiso profundo con una vida espiritual en comunidad. Su obra y legado pervive en quienes asistieron a esta conferencia y quienes alrededor del mundo continúan “persistiendo” en que un mundo mejor es posible.

Referencia

Althaus-Reid, Marcella. 2004. From Feminist Theology to Indecent Theology. Londres: SCM Press.

El autor es Doctor en Estudios Interdisciplinarios en Migración, Etnicidad y Religión (2009) por el Graduate Theological Union, en Berkeley, California, Estados Unidos, donde también recibió su maestría en Teología Sistemática, Estudios (Post)Coloniales y Teoría Queer (2003). Egresado del Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET) en Buenos Aires, Argentina (1998). Profesor Adjunto en el Starr King School for the Ministry, en el Graduate Theological Union. Miembro del Grupo de Investigación Transpacífico sobre Religión y Sexualidad (EQARS). Doctorando en antropología social, tesista de la Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea y licenciado en Comunicación Social.

Fuente: Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)

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Palabras que piden la voz alta

Palabras que piden la voz alta

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El colectivo literario Homoerótica celebra este viernes su octava lectura pública titulada “Altar de autores” y conmemora un año y medio de dar espacio a la voz homosexual en la literatura del País


“Hice el libro así:

gimiendo, llorando, soñando, ay de mí”

Alfonsina Storni

No es poco el olor a perfume. Ellos, de pantalón planchado y camiseta de botones que revela un par de brazos hambrientos de abrazos; ellas, alguna vestida de corbata y chaqueta y otra de labios pintados rojo sangre.

El punto es que hay producción en esos cuerpos cuyo modo de amar se mantuvo silenciado durante años. Va llegando el público y de repente hay un ambiente peculiar en el que todos los presentes se entienden al nivel más íntimo, como si se hubiesen visto desnudos. Se saludan como familia, se reclaman las ausencias y rememoran las presencias. Se sienten los nervios. Uno que otro repasa algún texto que lleva en su bolsillo. Otros, deciden no repasar nada y confiar en la espontaneidad del momento.

A la hora precisa se calma el bullicio y el micrófono solitario que, inerte, intimida sin esforzarse poco a poco se ofrece para dar la voz alta a los que están cansados de llevarla muy por lo bajo. Algo de eso probablemente sucederá este viernes en la octava lectura del colectivo literario Homoerótica que, desde febrero del 2009 por iniciativa del gestor cultural Ángel Antonio Ruiz, ha logrado organizar consistentemente un grupo de voces dentro de la literatura del País que no había encontrado foro ni espacio para difundirse.

reclamo de un espacio 

Si bien es cierto que en el pasado hubo esfuerzos discretos y no por eso menos meritorios, también lo es que hacía mucho que un grupo grande de escritores se organizaba de modo autogestionado para leerse, criticarse, intercambiar ideas por medio de talleres, apoyarse en esfuerzos de publicación y sobre todo escucharse unos a otros en la serie de lecturas públicas que organizan y que poco a poco han ido ganando público.

En esta ocasión la lectura -como algunas otras- parte de un taller que realizaron previamente en el que cada escritor debía seleccionar un autor y dialogar con su obra, a través del texto que leerá. Así pues, titularon “Altar de autores” esta próxima lectura que se llevará a cabo en la discoteca Starz en Santurce este viernes a las 7:00 p.m.

“El colectivo surgió en gran medida de la antología ‘Los otros cuerpos’, donde se dio un reclamo de un junte de escritores que buscaban un espacio”, cuenta Ruiz quien es enfático al establecer que, aunque se trata de un cuerpo de escritores que abordan en su obra la experiencia homosexual, no son autores “unidimensionales, también escribimos de otras cosas”.

“Una literatura humana”

Su observación apunta al debate en torno a la literatura con o sin apellidos. Decir literatura gay o no; ¿cuán saludable es verdaderamente para la concepción universal de la obra? Ellos y ellas ofrecen más de una respuesta.

“No hay literatura gay, pero sí hay una voz gay en la literatura”, puntualiza el escritor Luis Negrón, quien recientemente publicó su colección de cuentos “Mundo cruel”.

“Sí. Literatura con apellidos”, asevera directa la escritora Aixa Ardín, integrante del colectivo y conocida en los círculos literarios por sus llamativos libros hechos a mano.

“Al integrarme al colectivo encontré un espacio de expresión desde la dimensión artística. Cuando entré había pocas mujeres, pero poco a poco hemos ido ganando el espacio”, dice por su parte la reconocida activista a favor de los derechos de la mujer Amarilis Pagán.

“Para mí ha sido refrescante encontrarme con este grupo, porque la mayoría de los autores de mi generación se murieron en los ochenta y los noventa. Esta generación no tiene un sentido solemne de la literatura como lo tenía mi generación, son más cotidianos, con mucho humor, mucha ironía y sobre todo lo que trabajan es una literatura humana”, opina por su parte el escritor Abniel Marat, quien a sus 53 años es uno de los integrantes del colectivo que también funge como mentor, al igual que las escritoras Luzma Umpierre y Nemir Matos Cintrón a quienes homenajearon con motivo del Festival de la Palabra.

“Aquí ha habido éxito, porque en este país hay un lector para todas esas voces distintas”, añade Marat, quien acaba de publicar cuatro tomos de su poesía.

“En el grupo hay personas de 20 años hasta 60”, describe Ruiz. “Para mí ha sido una oportunidad de compartir experiencias, vivencias”, expuso por su parte Alexis Pedraza.

“Esperanza, libertad, perseverancia, familia, diversidad, regocijo, evolución, equidad, revelación e infinito”, son las palabras que van soltando uno a uno al pensar en lo que ha sido este año y medio de colaboración. Todo ello combinado con los miedos que han ido dejando atrás. “Al clóset, a las repercusiones, a encasillarse, a la invisibilidad, al desnudo, a la crítica, al silencio y a la vida”, son algunos de los miedos superados.

Lo dicen y están de acuerdo sin mirarse, se completan bien y ahora sus textos son micrófonos para otros. Palabras de pie, palabras de voz alta.

El Nuevo Día, Cultura, 16 de junio de 2010