Oscar López y los prisioneros políticos de 1895-96

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Oscar López y los prisioneros políticos de 1895-96

El martes 17 de enero se produjo –¡por fin!– el anuncio de la conmutación de la pena carcelaria impuesta al prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera. Sin ánimos de realizar una cronología de los prisioneros y prisioneras políticos puertorriqueños en cárceles extranjeras, conocemos que desde el siglo XIX han existido boricuas presos por delito de conspiración, sedición o por propiciar rebeliones separatistas: primero contra España y luego desde 1898, contra los Estados Unidos. Un ejemplo de esto lo fue el caso de los rebeldes del sureste de Puerto Rico.

En octubre de 1895, veintisiete puertorriqueños de los pueblos de Patillas y Arroyo fueron detenidos por pertenecer a sociedades secretas donde se conspiraba con el fin de separar a Puerto Rico de España. Sin embargo, a falta de pruebas, fueron liberados por la Guardia Civil (fuerza militar española a cargo de los asuntos de seguridad internos de España). Para el octubre del 1896 los arrestaron nuevamente y fueron sentenciados por el Consejo de Guerra en San Juan de conspirar para una rebelión y atacar a las fuerzas armadas. Durante el segundo arresto de los sediciosos, el Consejo exigió al Gobernador General de la Isla el traslado de los penados a cárceles en la península debido a que contaban con antecedentes en contra del régimen colonial. Por lo tanto, era considerado inseguro que cumplieran sus condenas en cárceles locales. Por esta razón solicitaron trasladado en el primer barco de vapor que saliera hacia España.

A su llegada a la península fueron recibidos por el gobernador interino de Cádiz, quien inmediatamente los envió a prisión. No obstante, en espera de la orden militar que indicaba las distintas cárceles donde cumplirían las condenas, los rebeldes arrestados permanecieron un año presos en Cádiz. Finalmente, por intervención del Ministro de Ultramar, Segismundo Moret, fueron indultados. Más de la mitad de los arrestados zarparon desde la península con destino a la Isla el diez de febrero de 1898.

Como maestro de historia se me hizo inevitable comparar y contrastar estos prisioneros políticos puertorriqueños finiseculares con el prisionero político Oscar López Rivera. Son sobrados los paralelismos en estas dos historias, tanto en los prisioneros políticos de Arroyo como en Oscar López. En ambos sucesos encontramos que tanto los presos políticos de Cádiz como López Rivera pertenecían a sociedades secretas que conspiraban con fines separatistas, fueron sentenciados por los mismos cargos y enviados a cárceles extranjeras a cumplir sus condenas. Por otro lado, contrastan los elementos de la condena entre ambos casos. A ninguno de los prisioneros políticos por los sucesos de Arroyo se les sentenció a más de diez años de prisión, ni por los cargos de conspiración para la rebelión, ni por los cargos de ataques a las fuerzas armadas.

Ahora bien, debemos enfatizar en la similitud del contexto histórico en que se han desarrollado ambos procesos de liberación. El momento en el cual fueron puestos en libertad los prisioneros arroyanos se estaba llevando a cabo la instauración del gobierno Autonómico para Puerto Rico, bajo la administración del Gobernador General Manuel Macías Casado. Mientras que, en la actualidad, Puerto Rico espera la liberación de Oscar bajo el control de una Junta de fiscalización, acordado por el gobierno federal y en los albores del centenario del establecimiento de la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños.

Desde noviembre de 1897, se exigió la liberación de prisioneros políticos en cárceles extranjeras por cargos de conspiración para la rebelión. Esperanzados, que el 2017, después de ciento veinte años, la historia se repite para que “Don Oscar” regrese a su casa y con él, la descolonización de nuestra Isla.

Publicado en: http://www.80grados.net

Libertad para Oscar: Ahora sí va

 

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Libertad para Oscar: Ahora sí va

El presidente estadounidense Barack Obama (2009 – 2017) faltando dos días para dejar la Presidencia y Casa Blanca, decidió conmutar a Oscar López Rivera, el más reciente preso político puertorriqueño y el más antiguo en cárceles norteamericanas durante la tarde del martes 17 de enero de 2017, cuya libertad será efectiva el mismo día en mayo del año en curso.

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El independentista fue detenido el 29 de mayo de 1981 en Glenview, Chicago.  Y condenado en septiembre del mismo año a 55 años carcelarios por conspiración sediciosa al pertenecer a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y luchar por la libertad de Puerto Rico.  En 1988 fue sentenciado a 15 años adicionales por un alegado intento de fuga.

Oscar con 74 años recién cumplidos el viernes 6 de enero, día trascendental en la cultura y sociedad puertorriqueña por la celebración de los Reyes Magos, ha cumplido 36 años de la sentencia impuesta por el Imperio Norteamericano, y de estos los más recientes estando encerrado en la cárcel federal FCI Terre Haute, en el estado de Indiana.

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“Si las agencias federales tuviesen una huella digital mía asociándome con cualquier cosa en que haya habido muertos, estuviera sentenciado a cárcel de por vida”, dijo en entrevista con El Nuevo Día, el 1 de diciembre de 2016.


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En la más reciente entrevista con El Nuevo Día, López Rivera mencionó que tan pronto salga de prisión irá a ver a su familia en Chicago. Pero, irá a vivir a su país. “(Quiero) disfrutar de Puerto Rico, de mi familia. Pero, a mí me gusta trabajar. Tengo unas destrezas – organizar, ayudar a los jóvenes – que quiero compartir con la gente”, dijo.

“Tengo la esperanza de que podré salir de la cárcel y que el tiempo que sea que me quede en este mundo dedicarlo a trabajar y luchar para ayudar a resolver el mayor problema que enfrentamos”, que es la situación colonial de Puerto Rico,  indicó López Rivera el pasado 6 de enero, cuando cumplió 74 años.

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López Rivera recibió también clemencia – condicionada a que cumpliera otros 10 años de cárcel-, en agosto de 1999, cuando el presidente Bill Clinton indultó a una docena de prisioneros de los grupos clandestinos Los Macheteros y la FALN.

Entonces, López Rivera – veterano de la guerra de Vietnam -, rechazó la oferta, principalmente porque los indultos no incluyeron a dos de sus compañeros – Carlos Alberto Torres y Haydee Beltrán.

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“Nunca, ni en Vietnam ni en la calle dejé a nadie atrás. Se me hizo difícil sabiendo que podía salir primero que ellos.  También en 10 años adicionales de cárcel no podía cometer ninguna infracción y en la prisión uno nunca sabe lo que el carcelero puede querer hacer”, dijo en 2013.

En 2011, con ambos en libertad, pidió entonces clemencia al presidente Obama.

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“Si él estuviera dispuesto a escuchar podría ver que todavía puedo ser productivo. No tengo nada por lo que se pueda decir que soy una persona maligna”, afirmó López Rivera en la más reciente entrevista con El Nuevo Día, reconociendo que una vez pasadas las elecciones presidenciales de 2016 crecieron sus oportunidades de ser excarcelado.

El prisionero independentista ha lamentado el alejamiento de su familia y la represión que sostiene sufrieron sus seres queridos.

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“Mis dos hermanos fueron llamados ante el Gran Jurado. Los dos rehusaron. Mi hermano menor cumplió 13 años de cárcel por rehusar declarar. Mi hermano mayor fue despedido de su trabajo. Mis hermanos no sabían absolutamente nada de lo que yo hacía. Nunca los involucré en nada. Una de las prácticas más feas era que los agentes iban a visitar a mi madre. Se metían a la casa cuando ella estaba fuera. Cuando ella regresaba la estaban esperando, diciéndole que si no me entregaban me iban a matar. En esos cinco años (en la clandestinidad) nunca vi un familiar mío. Cuando mi madre me dijo eso, para mí fue doloroso”, señaló recientemente López Rivera.

Para el movimiento “Nuestra revolución”, creado por el senador independiente y exprecandidato presidencial demócrata Bernie Sanders, después de 36 años en prisión, la excarcelación de López Rivera acentuará que a pesar de haber pasado 12 años en solitario “nunca estuvo solo”.

La familia de Oscar: su hermano José López Rivera, director del Centro Cultural Puertorriqueño en Chicago.

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Gracias, Dios.  Alegría, Alegría, Alegría.

Once recintos, una UPR

 

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Michelle Gotay Morales

 

La educación es el arma más potente para cambiar el mundo (Nelson Mandela).

Con la creación de la Universidad de Puerto Rico el jueves, 12 de marzo de 1903, nuestra Isla emprende el proyecto de educación superior más prestigioso hasta hoy día. Esto es así porque durante el año en curso el Recinto de Mayagüez logró colocarse entre las mejores 1,000 universidades a nivel mundial, según el Center for World University Rankings. Mientras, la UPR como institución logró posicionarse en el puesto 59 de 526 universidades iberoamericanas, establecido por el Ranking Iberoamericano, debido a su excelencia académica, no obstante esa posición alcanzada debe producir un estímulo adicional en la Universidad.

Consiste en promover con ahínco la investigación, pero no solo la docente, sino también la estudiantil. De esa manera, la producción intelectual de la juventud emprendedora será conocida con igual importancia y pertinencia que la docente a través de publicaciones en revistas académicas, pertenecientes a los once recintos universitarios y sus respectivas facultades y escuelas, y, a su vez, se den a conocer en el exterior.

En el mundo competitivo actual, tener la oportunidad de publicar investigaciones en revistas académicas y libros siendo estudiantes puede ser la llave que posibilite ingresar a una escuela graduada de los once recintos e incluso posteriormente integrarse al claustro de la Universidad de Puerto Rico o fuera del país. Además, el Estado debe mejorar la disponibilidad de becas para los/as estudiantes graduados/as.

Sus acervos bibliotecarios son imprescindibles y de incalculable valor, y pueden aportar nuevos horizontes investigativos. De ahí, la importancia de preservar las colecciones bibliotecarias de los recintos e impulsar una mayor diseminación de conocimiento con investigaciones noveles y de envergadura a través de revistas académicas y la Editorial, que aquilatan el buen nombre de quien la escribe y de la institución. También debe fomentarse más la importancia educativa, social y cultural que provee el presentar sus investigaciones o proyectos artísticos en conferencias y simposios o exhibiciones tanto locales como internacionales. La investigación académica y artística, y su cultura enaltecen el prestigio de nuestra Universidad glocalmente y, por ende, deben ser prioritarias su promoción y respaldo aún en medio de grandes crisis fiscales y económicas.

Otro asunto acuciante es su plan académico y su proyección nacional, las que deben valorar con igual importancia tanto a las facultades y escuelas con una visibilidad en su rentabilidad, las ciencias, las ciencias ambientales y las ciencias ecológicas aplicadas y la administración de empresas, entre otras, como aquellas con una invisibilidad en su productividad, como es el caso de las humanidades, entre otras.

Un ejemplo reciente de intentar hacer del Recinto de Río Piedras uno mercantil, fue cuando al Departamento de Estudios Hispánicos, uno de los más longevos y reconocidos, fuera puesto “en pausa” en 2011, mientras a otros los pusieron en una lista para tomar acción sobre ellos después. Una reflexión atinada sobre la literatura y el poder la hizo la primera directora del Programa de Estudios de la Mujer y Género Mara Negrón Marrero en medio de la más reciente huelga universitaria durante su segundo año consecutivo en 2011, y dice así: “Constato una gran distancia entre lo que enseño y lo que hacen y dicen las instancias de poder que ostentan los cargos más importantes del país”. Se me hace urgente hacer constar que todas las facultades y escuelas de la Universidad de Puerto Rico acrecientan por igual su brillo y brío con investigaciones, presentaciones o exhibiciones.

En adición, la educación de los once recintos debe ser como la profesada por el educador brasilero Paulo Freire, “La educación debe ejercer la libertad y la creatividad” y debe además estar edificada “sobre cimientos de verdad y sobre bases de bien”, según manifestara el educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos y Bonilla.

La UPR no sin retos tiene de frente un futuro esperanzador.

Michelle Gotay Morales es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

 

Miércoles, 14 de diciembre de 2016.

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