For the love of God (24): Why I love Dorothee Soelle

A original post by Kim Fabricius

 

This is my fourth post in the series. I admit it: I’m a promiscuous pilgrim who likes to sleep around! I can also be fickle. Dorothee Soelle is a good example: while I love her dearly, she also gets on my nerves. But then so does my wife!

I discovered Soelle in the late seventies when I came across her little Political Theology (1971) in a second-hand bookshop. She did not come well recommended, as my main man Barth had said of her “that that woman should keep silence in church!” Nevertheless, there was something passionate and powerful about this working mother who would not shut up.

Soelle was certainly a persona non grata in the German theological establishment: never was she offered a chair in her homeland. But then Deutschland’s loss was New York’s gain, as Soelle became a professor at Union Theological Seminary (1975-1987). She thrived in the cultural pluralism and social activism of the Big Apple, which markedly influenced her theology, an eclectic mix of politics and poetry, mysticism and ecumenism. No ivory tower academic, Soelle visited both Vietnam and Nicaragua in the cause of her praxis of peace and justice.

Sure, Soelle’s fragmentary work lacked academic rigour and failed to engage both with tradition and with the theological heavyweights of her time. And, yes, her obsession with the Holocaust clouded her judgement when it came to contemporary Israeli politics. But the theological scene of the last three decades of the twentieth century would have been the poorer without this godly gadfly, who died in 2003, aged 73, while leading a workshop in Bad Boll. Just hours before, Soelle had read some protest poetry on the war in Iraq, but ended with words she had written to her grandchildren: “Don’t forget the best!”

Juxtaposing Soelle’s flawed theology with her political instincts and commitments, I am reminded of a conversation between Karl Barth and Martin Niemöller. Barth: “Martin, I’m surprised that you almost always get the point despite the little systematic theology that you’ve done!” Niemöller: “Karl, I’m surprised that you almost always get the point despite the great deal of systematic theology that you’ve done!”

Estudian cómo el cerebro responde a las experiencias espirituales

 

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Por El Mercurio / GDA

Durante una experiencia espiritual, las emociones y la razón se entrelazan en el cerebro. Por eso, ahora el llamado Proyecto del Cerebro Religioso, que llevan adelante académicos de distintas universidades estadounidenses, incluidas las de Utah y de Harvard, comenzó a estudiar con resonancia magnética algunas prácticas como la oración y los estados meditativos de quienes participan en servicios religiosos, para aclarar cómo responde el cerebro a ellas.

En un primer estudio, analizaron a 19 fieles de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, mormones, con un promedio de edad de 27 años, y que asistían a servicios en su iglesia cada semana. A ellos se les realizó una resonancia magnética mientras los sometían a varios estímulos, como escuchar oraciones, prédicas de algunos de sus pastores, citas bíblicas o les mostraban imágenes de sus líderes durante los servicios, entre otros. Ellos presionaban un botón cuando sentían que estaban teniendo una vivencia espiritual.

Así se vio que en esos momentos se activaban diferentes redes neuronales, partiendo de las áreas más profundas ligadas a las emociones.

“Estamos recién comenzando a entender cómo el cerebro participa en estas experiencias que los creyentes interpretan como espirituales, divinas o trascendentes”, dice el autor principal del trabajo y neurorradiólogo Jeff Anderson, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Utah.

“En los últimos años, las tecnologías de imágenes cerebrales han madurado, permitiéndonos abordar estas interrogantes que el hombre se ha planteado por siglos”, agrega el médico.

Los resultados de la investigación, respaldada por el Instituto Nacional de Salud Mental de EE.UU., se publicaron la semana pasada en la revista Social Neuroscience.

Redes cerebrales

Lo que se observa en el estudio es que “se activa el sistema límbico, ligado a las emociones de todo tipo, como el amor, el odio o la ira. Son áreas profundas y no conscientes del cerebro”, explica la doctora Evelyn Benavides, neuróloga y académica de la Universidad de los Andes.

Según explica, se trata de una parte más intuitiva, que no es controlable, y que corresponde a la vivencia menos modulada de la espiritualidad. Esta después se va elaborando más racionalmente, con la activación de áreas de la corteza prefrontal, donde se evalúa lo que pasa y finalmente se toman decisiones.

Para el doctor Anderson, en esta combinación de distintas redes cerebrales radicaría la tremenda influencia que tienen la religión y la espiritualidad en la toma de decisiones de las personas, las que afectan sus vidas y a su entorno social.

El mencionado proyecto pretende estudiar otros grupos religiosos cristianos con fuerte presencia en Occidente. Lo que se busca es comparar más adelante este conocimiento con estudios similares que ya se han hecho sobre mindfulness y meditación de tipo budista, prácticas espirituales con más arraigo en Oriente, pero que muchas veces van por caminos similares.

Así, esta iniciativa busca poder integrar estas experiencias como un aporte para el bienestar de las personas.

“La experiencia espiritual tiene un rol importante en la vida de los seres humanos, más allá de si se es oriental u occidental”, dice el psicólogo Claudio Araya.

En su opinión, lo más importante es la vivencia de la persona, que finalmente le produce bienestar y una sensación de estar conectado con los otros. “Algo fundamental para un mundo que está buscando sentido, una cosa que no es fácil encontrar en esta sociedad moderna en que vivimos”, añade.

En el caso del mindfulness, “si bien tiene su origen en el budismo, se trata de una técnica que trabaja con lo que es básicamente humano, no hay un discurso de fe de por medio”, dice Álvaro Langer, académico de la Universidad Austral de Chile e investigador del Instituto Milenio para la Investigación en Depresión y Personalidad (Midap). Él ha trabajado con escolares y universitarios, haciendo intervenciones de ocho semanas en que se les enseña esta técnica, con la que mejoran sus niveles de atención en clases y de concentración en las pruebas, lo que les permite disminuir el agobio que muchas veces sienten en el aula. “Una atención más enfocada, una sensación de calma y de gozo, se encuentran tanto en la religiosidad como en las técnicas orientales”, explica el doctor Anderson. Todo lo cual impacta positivamente en el bienestar de quienes participan de estas prácticas.

El Nuevo Día, Lunes 12 de diciembre de 2016.

http://www.elnuevodia.com/estilosdevida/hogar/nota/estudiancomoelcerebrorespondealasexperienciasespirituales-2270703/

Naled no es eco-sustentable

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Por: Michelle Gotay Morales

Envenenemos nuetra tierra

y terminaremos envenenados.

-(Sabiduría indoamericana)

Las personas que promueven fumigar con el insecticida organofosforado Naled no acaban de entender que profesionales y científicas/os locales e internacionales no avalan su uso por cuestiones de salud en nuestro ecosistema.

Este asunto crucial me recuerda a los federales y otras autoridades, las cuales no asocian el cáncer con toda la artillería lanzada por tierra, mar y aire en nuestra amada isla de Vieques. El hecho de que algo se haya utilizado con anterioridad no significa que es saludable para nuestros alimentos, mujeres embarazadas y sus criaturas, infantes, envejecientes e insectos que laboran a favor de nuestra agricultura.

Ya existe data empírica que certifica contraproducente el uso de Naled. Por lo tanto, exhorto al gobernador Alejandro García Padilla a que no autorice la fumigación de tan pernicioso químico.

Antes de ir al extremo con verter por aire el insecticida neurotóxico, se debe hacer hincapié en fumigar tradicionalmente con mayor frecuencia por cada municipio y que en cada hogar se realicen las prevenciones necesarias para evitar los criaderos de mosquitos (Aedes aegypti). Para esto, el gobernador debe impulsar a las alcaldesas y los alcaldes de hacer lo propio y el gobierno y las agencias pertinentes deben ser quienes eduquen o re-eduquen a la ciudadanía.

Aunque la fumigación aérea con Naled será con fondos federales, es más factible, saludable y económico educar por radio, prensa y televisión y exigir a las personas incumbentes en las alcaldías la fumigación tradicional que derrochar dinero en asperjar, poniendo en riesgo a corto y a largo plazo a las personas, animales, aire, mar y tierra o lo que es igual, nuestra casa común inmediata. Además, es un mal precedente ambiental.

Gobernador Alejandro García Padilla, sabemos que nuestra economía ha perdido grandes actividades por una desproporcionada publicidad sobre el virus del zika cuando la estadística de personas infectadas ha sido relativamente baja y un mínimo de mujeres embarazadas contagiadas. Pero usted como gobernador tiene la inmensa responsabilidad de cuidar todo lo que la mayoría del pueblo de Puerto Rico ha puesto bajo su tutela.

Y cada día se levanta un creciente número de personas, profesionales de la medicina, químicas/os, ecologistas, agricultoras/es, agronómas/os, ingenieras/os, legisladoras/es, alcaldesas, religiosas/os y estudiantes universitarios que estamos en contra del experimento de usar Naled en nuestro aire y suelo con la intención de erradicar el Aedes aegypti, causante no solo del zika, sino del dengue y del chikungunya. Los problemas que acarrea el mosquito son ciclícos y en aumento; ocurren todos los veranos sin fallar y en nuestro país tropical hay que regresar a lo básico, a educar al pueblo y la labor sanitaria realizada por las alcaldías.

Alejandro García Padilla, su deber con la ciudadanía como gobernador es decir no al químico que ya ha causado un gran mal a otras floras y faunas y es un nefasto cancerígeno (Cox, Caroline. “Insecticide Factsheet – Naled (Dibrom).” Journal of Pesticide Reform 22.3 (Fall 2002): 18. Print.).

Ante la data desfavorable del insecticida Naled, lo sensato es retornar a lo conocido y útil por el bien de nuestra eco-sustentabilidad.

La autora es estudiante doctoral de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: “Naled No Es Eco-Sostenible.” El Nuevo Día, Tribuna Invitada, 14 de julio de 2016. Impreso

Otro es el pecado

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Por: Michelle Gotay Morales/Especial para Claridad

A las mujeres

A los infantes

A los hombres

A las personas LGBTTIQ

Al placer A Puerto Rico

A la diáspora

A los(as) hispanos(as)

A nuestra casa común, el planeta Tierra

Las calles se confunden con el cielo. – Rosana

 

El eterno discurso del pecado es el mayor odio a la humanidad. Se adoctrina a las masas a considerar que la mujer es una propiedad. A las mujeres africanas se les prohíbe el placer mediante la extirpación del clítoris desde temprana edad. Todavía resuena la animalización a personas de etnias distintas. El texto bíblico ordena despreciar y apedrear a la mujer hasta la muerte, ha validado la esclavitud de mujeres, infantes y hombres, ha exigido la muerte de los hombres que se acuestan juntos, eufemismo moralista de relaciones sexuales entre ellos. Etc.

El concepto de pecado debe repensarse. Pocas veces o nunca se considera pecado las masacres perpetuadas a los(as) judíos(as) por la Alemania Nazi, la masacre de las indígenxs de América ante la Conquista, el colonialismo y neocolonialismo de los Imperios europeos y el norteamericano, la usurpación de bienes líquidos e ilíquidos de países, la explotación de infantes en la mano de obra, la pedofilia de curas restringidos en su sexualidad y de pastores libres para sostener relaciones consensuales o matrimoniales, la avaricia humana ante los limitados recursos que provee la naturaleza y el daño causado a la naturaleza, provocado por la producción y el consumo insostenible, y los variopintos homicidios y masacres a las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y queer, cuyas atrocidades más recientes fueron en Xalapa y Orlando. Estos pecados y muchos más nunca son aislados, ni realizados por una persona, porque siempre tienen como raíz el pecado, el pecado de ser diferentes a los hombres, las sexualidades, el color de piel, la edad para poder consentir, las naciones, las culturas y el mal interpretado y utilizado mandato de sometimiento y potestad.

Quien determina que tu vida es un pecado, te mata. Puede ser literal, puede ser por la tangente, pero siempre es realizado por personas que creen que están del lado correcto o sagrado del camino, de los(as) demás se puede prescindir por ser escorias profanas en el bando contrario.

La autora es estudiante doctoral en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

Publicado en: Claridad, En el Mundo, 30 de junio al 6 de julio de 2016: 25.

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Grace Paley, escritora y activista

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Por: Rodrigo Fresan

Grace Goodside, hija de ruso-ucranianos exiliados por orden del zar, nació en el neoyorquino barrio del Bronx en 1922. Firmó sus libros como Grace Paley. Falleció el pasado miércoles 22 de agosto [2007] en Thetford Hill (Vermont). Tenía 84 años de edad.

Una guía de escritores elaborada en el año 2000 por la revista digital Salon.com lo dice con las palabras justas y segura de que nadie podrá rebatir semejante afirmación: “Raramente se encuentran lectores a los que les gusta Grace Paley; porque a Grace Paley se la ama”. Y punto.

Hija de ruso-ucranianos socialistas exiliados por orden del zar en 1906 y nacida en el neoyorquino barrio del Bronx en 1922 como Grace Goodside (deformación anglo de Gutseit), Paley firmó siempre con el apellido de su primer y efímero marido apenas tres libros de relatos, breves en páginas pero inmensos en logros, que fueron más que suficientes para convertirla en una admirada Gran Dama de las letras de su país: Batallas de amor (1959), Enormes cambios en el último minuto (1974), Más tarde el mismo día (1985) todos reunidos en 1994 en Cuentos completos (Anagrama), que resultaría finalista tanto del National Book Award como del Pulitzer. Un joven Philip Roth fue quien, exultante, reseñó su primera obra en las páginas de The New Yorker. Pronto Susan Sontag, Donald Barthelme, Angela Carter y -más cerca, más jóvenes- Lorrie Moore y A. M. Homes se unieron y seguirán uniéndose al festejo.

Paley gustaba de definir lo suyo, con modestia, como “historias sobre gente normal” y se la puede ubicar sin demasiados problemas dentro de la tradición inmigrante-judeo-americana junto a Henry Roth, Isaac Bashevis Singer, Bernard Malamud y Saul Bellow. Lo que no impide distinguir, sin esfuerzo, sus rasgos más que particulares. Una ácida mirada femenina dentro de un territorio hasta entonces reservado a los hombres y una incansable necesidad de renegar de ciertas tradiciones ancestrales sumada a una pasión por oponerse a poderosos y opresores. Esto la llevó -ya desde la década de los cincuenta del pasado siglo, a propósito de la proliferación de armas atómicas- a convertirse en una respetada activista y “feminista a la que le gustan los hombres”, que alcanzó gran renombre durante las marchas contra la guerra de Vietnam. El título de uno de sus ensayos lo dice todo de su carácter: 365 razones para que no haya otra guerra. Paley -que gustaba presentarse como “pacifista combativa” o “anarquista cooperadora”- fue arrestada en 1978 por desplegar un estandarte antinuclear ante la Casa Blanca y siguió protestando hasta el último día contra la invasión de Irak.

Tal vez tanto movimiento atentó contra la quietud de la escritura de una muy esperada novela por parte de sus editores. “El arte es muy largo y la vida es muy corta”, se excusó Paley, quien reconocía ser “poco disciplinada” y alguien que supo “desarrollar hábitos de trabajo, pero todos malos”. Aun así, lo cierto es que sus ficciones cortas pueden leerse y apreciarse como una suerte de amplia y luminosa saga desarticulada, con personajes que desaparecen y reaparecen (la madre divorciada y de izquierdas Faith Darwin, en varios de sus cuentos, puede ser entendida como un transparente álter ego suyo aunque Paley prefería llamarla “una amiga muy cercana”, prosa precisa que anticipa modales posmodernos y finales donde nada parece acabar del todo. Uno de sus relatos más célebres Una conversación con mi padre, en Enormes cambios… funciona como credo estético a la vez que declaración de principios. Allí, un padre enfermo se queja de la vaguedad de los finales de su hija escritora y le pide, casi como última voluntad, “una historia sencilla, como las que escribía Maupassant o Chéjov, como las que solías escribir tú”. La hija lo intenta, quiere complacerlo; pero ya no se le ocurren ese tipo de tramas porque ahora “desprecia esa línea absoluta entre dos puntos y porque todos, reales o inventados, se merecen el destino abierto de la vida”. Así, el padre pierde y nosotros ganamos.

En lo que a Paley se refiere, ella consideraba que “la única obligación de un escritor pasa por dejar en este mundo un poco más de justicia de la que encontró al llegar”. Misión cumplida y -a su padre le habría complacido- final cerrado. Y también, de algún modo, a pesar de la tristeza del adiós, final feliz.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de agosto de 2007.

http://elpais.com/diario/2007/08/27/agenda/1188165601_850215.html

Hombres, devolvednos la cortesía

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Por Elvira Lindo
Este sábado quiero hablarles de un libro que viene muy a cuento. Conviene que comencemos a leer y hablar de política sin entregar la voz cantante al paso que marcan nuestros diputados. Hoy quiero mostrarles mi entusiasmo por un libro que ve la luz esta semana, La importancia de no entenderlo todo, de Grace Paley. Esta mujer fue tantas cosas que casi no sabe una por dónde empezar. Nació en 1922 en el Bronx y murió en 2007. Algunos la conocimos por la edición que Anagrama publicó de sus cuentos y ese único volumen sirvió para que algunos la amáramos. Alguien dijo que a Paley se la lee para amarla. Pero el libro que me encantaría que leyeran es una recopilación de sus experiencias como activista. Grace, con esa familiaridad se la nombraba, llegó al feminismo, a la literatura, al activismo contra la guerra del Vietnam, a las protestas sociales inspirada por su vida diaria. Era una de esas amas de casa, al estilo de Alice Munro, que escribían a ratos en la cocina, cuando los niños estaban en la escuela, pero al contrario que Munro su espíritu fue siempre social, alegre, comprometido, gregario, callejero, valiente. No vivió la maternidad de manera conflictiva, sino que se sirvió de ella para escuchar la voz de las mujeres y entablar conversaciones en los parques del barrio. Grace nos cuenta su crianza en un hogar de judíos rusos que encontraron en Nueva York refugio tras ser expulsados por el zar. En las conversaciones familiares encontró su primera instrucción política, por ser sus padres socialistas, pero a lo largo de su vida optaría por el compromiso con las causas concretas.

Todo está contado en la prosa de Grace de manera tan vital y alegre que parece que a esta mujer no le costara trabajo dejar a los críos de la escuela para unirse luego a los que tozudamente se manifestaban contra la guerra. Una de aquellas sentadas la llevó a la cárcel durante unos días y esa experiencia está en el libro. Tiene la facultad de encontrar la comedia y la humanidad hasta en tan crudas circunstancias. Estar en la cárcel fue una manera de entablar conversación con las otras presas, prostitutas, rateras, drogadictas, madres como ella; en la maternidad encontró Paley la ternura y el coraje.

La leo y siento que me contagia su falta de miedo y su resistencia ante la adversidad. Sus editores le reclamaron desesperadamente una novela pero ella no amaba tanto la literatura como para dejar de intervenir en los conflictos que agitaron su tiempo. Todo se cuenta a través de su vida, comenzando por sus reflexiones sobre el aborto, que entiende como una dura experiencia aunque confiesa no haber sentido culpabilidad alguna. Escribe lo que piensa. Ahí reside el valor de su voz. Una puede imaginar a esa mujer inquieta de pelos siempre alborotados entablar una conversación con uno de los policías enviados para dispersarlos. Encuentra al ser humano en cualquier ser humano.

Defensora de la resistencia pacífica, empecinada, que no se rinde, que apela a la desobediencia civil si es preciso. Junto a otras madres tozudas consiguió detener los planes del director de obras públicas de NY, Robert Moses, de atravesar Washington Square con una autopista. Fueron esas mujeres, lideradas por Jane Jacobs, las que plantaron cara al Ayuntamiento y se atrevieron a reclamar una ciudad más amable para sus hijos. La presencia de los niños en este libro es constante, y sí, señores, hablamos de política. Grace viaja a Vietnam para observar que la guerra desbarata tan abrasivamente la vida de la gente común que ya nada volverá a su ser. Los niños muertos, los niños huérfanos, pero también los niños que se quedan atrás en las clases de lectura de los colegios públicos de su barrio. ¿De dónde sacaba la fuerza esta mujer?

De fondo, siempre se aprecia, por supuesto, la lucha de una sociedad de iguales, hombres y mujeres, blancos y negros. Cuenta que en un viaje hacia el sur, cuando los negros tenían prohibido ocupar los asientos de los blancos, Grace le ofrece a una madre que de pie carga con su niño dormido, llevarle al crío en sus brazos. Un hombre blanco, observa la escena, mira al bebé con desprecio y dice, “ése tendría que estar colgado de un gancho”. Grace abraza al bebé que duerme confiado en sus brazos y es, dice, como si hubiera sido un presentimiento del nieto (también negro) que muchos años después amaría.

Hay que leerla. La política no puede dejarse solo en boca de los políticos. Cierras el libro queriendo parecerte a ella, a la feminista que amaba a los hombres, y que decía con sorna: “Las mujeres han comprado libros escritos por hombres desde siempre, y se dieron cuenta de que no eran acerca de ellas. Pero continuaron haciéndolo con gran interés porque era como leer acerca de un país extranjero. Los hombres nunca han devuelto la cortesía”.

Publicado en:

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/12/09/actualidad/1481293431_617270.html?id_externo_rsoc=FB_CC