Palabras que piden la voz alta

Palabras que piden la voz alta

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El colectivo literario Homoerótica celebra este viernes su octava lectura pública titulada “Altar de autores” y conmemora un año y medio de dar espacio a la voz homosexual en la literatura del País


“Hice el libro así:

gimiendo, llorando, soñando, ay de mí”

Alfonsina Storni

No es poco el olor a perfume. Ellos, de pantalón planchado y camiseta de botones que revela un par de brazos hambrientos de abrazos; ellas, alguna vestida de corbata y chaqueta y otra de labios pintados rojo sangre.

El punto es que hay producción en esos cuerpos cuyo modo de amar se mantuvo silenciado durante años. Va llegando el público y de repente hay un ambiente peculiar en el que todos los presentes se entienden al nivel más íntimo, como si se hubiesen visto desnudos. Se saludan como familia, se reclaman las ausencias y rememoran las presencias. Se sienten los nervios. Uno que otro repasa algún texto que lleva en su bolsillo. Otros, deciden no repasar nada y confiar en la espontaneidad del momento.

A la hora precisa se calma el bullicio y el micrófono solitario que, inerte, intimida sin esforzarse poco a poco se ofrece para dar la voz alta a los que están cansados de llevarla muy por lo bajo. Algo de eso probablemente sucederá este viernes en la octava lectura del colectivo literario Homoerótica que, desde febrero del 2009 por iniciativa del gestor cultural Ángel Antonio Ruiz, ha logrado organizar consistentemente un grupo de voces dentro de la literatura del País que no había encontrado foro ni espacio para difundirse.

reclamo de un espacio 

Si bien es cierto que en el pasado hubo esfuerzos discretos y no por eso menos meritorios, también lo es que hacía mucho que un grupo grande de escritores se organizaba de modo autogestionado para leerse, criticarse, intercambiar ideas por medio de talleres, apoyarse en esfuerzos de publicación y sobre todo escucharse unos a otros en la serie de lecturas públicas que organizan y que poco a poco han ido ganando público.

En esta ocasión la lectura -como algunas otras- parte de un taller que realizaron previamente en el que cada escritor debía seleccionar un autor y dialogar con su obra, a través del texto que leerá. Así pues, titularon “Altar de autores” esta próxima lectura que se llevará a cabo en la discoteca Starz en Santurce este viernes a las 7:00 p.m.

“El colectivo surgió en gran medida de la antología ‘Los otros cuerpos’, donde se dio un reclamo de un junte de escritores que buscaban un espacio”, cuenta Ruiz quien es enfático al establecer que, aunque se trata de un cuerpo de escritores que abordan en su obra la experiencia homosexual, no son autores “unidimensionales, también escribimos de otras cosas”.

“Una literatura humana”

Su observación apunta al debate en torno a la literatura con o sin apellidos. Decir literatura gay o no; ¿cuán saludable es verdaderamente para la concepción universal de la obra? Ellos y ellas ofrecen más de una respuesta.

“No hay literatura gay, pero sí hay una voz gay en la literatura”, puntualiza el escritor Luis Negrón, quien recientemente publicó su colección de cuentos “Mundo cruel”.

“Sí. Literatura con apellidos”, asevera directa la escritora Aixa Ardín, integrante del colectivo y conocida en los círculos literarios por sus llamativos libros hechos a mano.

“Al integrarme al colectivo encontré un espacio de expresión desde la dimensión artística. Cuando entré había pocas mujeres, pero poco a poco hemos ido ganando el espacio”, dice por su parte la reconocida activista a favor de los derechos de la mujer Amarilis Pagán.

“Para mí ha sido refrescante encontrarme con este grupo, porque la mayoría de los autores de mi generación se murieron en los ochenta y los noventa. Esta generación no tiene un sentido solemne de la literatura como lo tenía mi generación, son más cotidianos, con mucho humor, mucha ironía y sobre todo lo que trabajan es una literatura humana”, opina por su parte el escritor Abniel Marat, quien a sus 53 años es uno de los integrantes del colectivo que también funge como mentor, al igual que las escritoras Luzma Umpierre y Nemir Matos Cintrón a quienes homenajearon con motivo del Festival de la Palabra.

“Aquí ha habido éxito, porque en este país hay un lector para todas esas voces distintas”, añade Marat, quien acaba de publicar cuatro tomos de su poesía.

“En el grupo hay personas de 20 años hasta 60”, describe Ruiz. “Para mí ha sido una oportunidad de compartir experiencias, vivencias”, expuso por su parte Alexis Pedraza.

“Esperanza, libertad, perseverancia, familia, diversidad, regocijo, evolución, equidad, revelación e infinito”, son las palabras que van soltando uno a uno al pensar en lo que ha sido este año y medio de colaboración. Todo ello combinado con los miedos que han ido dejando atrás. “Al clóset, a las repercusiones, a encasillarse, a la invisibilidad, al desnudo, a la crítica, al silencio y a la vida”, son algunos de los miedos superados.

Lo dicen y están de acuerdo sin mirarse, se completan bien y ahora sus textos son micrófonos para otros. Palabras de pie, palabras de voz alta.

El Nuevo Día, Cultura, 16 de junio de 2010

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